En Tlaxcala único original
de teatro evangelizador

José Luis Puga Sánchez
 
   
 
 
Escena de la reproducción El sacrificio de Isaac

 

No se conserva ni un solo original de texto del teatro de evangelización de principios de la colonia. No hay nada. Eso decían investigadores nacionales y extranjeros… de la UNAM… el mismísimo Miguel León Portilla. No quedó nada. Todo fue arrasado, aseguraban.

 

Pero un buen día de la segunda mitad del reciente siglo XX, el investigador y nahuatlato tlaxcalteca Luis Reyes (muerto en los estertores de ese mismo siglo) encontró uno, que se publica bajo el título “La pasión de Tlatlacuitepec”.

 

Todos sin excepción se rindieron ante la evidencia: hay cuando menos un original en toda América… y está en Tlaxcala.

 

Guadalupe Alemán Ramírez, de luenga cabellera escénica, recupera y recrea el proceso del teatro evangelizador, con el que la corona española, señaladamente la iglesia, o las iglesias mejor dicho, aniquilaron las ricas culturas precolombinas que nacieron y florecieron en Mesoamérica.

 

En las obras de teatro –reseña- se ponían en escena los conceptos dictados por el canon cristiano, pero representados mediante conceptos nahuas. A través del uso de la escenificación teatral, los frailes perseguían imponer a la población náhuatl la doctrina católica; sin embargo, los pueblos indios adoptaron el mensaje cristiano y la actuación teatral mediante el uso de su propio lenguaje y las prácticas teatrales inherentes a su propio capital cultural. Es decir: lo adaptaron a sus realidades.

 

Durante este proceso encontraron en estas formas de expresión, el espacio necesario para resistir e incluso vivificar su propia cultura; aún más: mediante el uso de un doble lenguaje y la manipulación escénica, lograron transformar los contenidos cristianos en denuncias contra el sistema opresor.

 

En el caso de “La pasión de Tlatlacuitepec”, fechada en 1591, los diálogos de los actores nahuas transforman una escena tradicional de la narrativa de la pasión de Cristo, en una forma de resistencia y denuncia ante la autoridad española, por las condiciones de la vida de la población india en Tlaxcala, tal es el ejemplo de la escena del arrepentimiento de Judas –comenta Alemán-, en donde la tradicional narrativa cristiana es transformada en una escena de denuncia social que retrata de una manera contundente las condiciones de vida de la población tlaxcalteca. Esta denuncia se expresa en imágenes que no dejan ninguna duda de su significado: Los macehuales no tenían ni ropa, ni comida, ni milpa. En el caso del monólogo del arrepentimiento de Judas, que es una justificación por la venta de su maestro, el personaje de Judas describe las carencias que padecen él y su familia… Y menciona:

 

“... sólo ando desnudo, ando en andrajos. Estoy desamparado. Lo siente mi cuerpo, mi mujer, mis hijos. Ellos pasan diario en pobreza. No hay alimento, no tengo casa, ni milpa, ni propiedad”.

 

Estas condiciones de vida imperaban en la Tlaxcala de finales del siglo XVI y durante toda la época colonial. En este sentido, la interpretación de la escena en esa temporalidad, se convierte no sólo en una denuncia, sino en una actitud vindicativa y de resistencia: es decir, en un acto político, debido a que el cabildo indio tlaxcalteca estaba en contra de las políticas del gobierno español para la congregación de los indios y la consecuente pérdida de tierras y propiedades.

 

El proceso de evangelización mediante el teatro inició cuando aún el humo de la pólvora usada en la conquista de la hoy república mexicana no se había diluido.

 

El pueblo tlaxcalteca regaba los campos con un espíritu combatiente, siempre alerta, detestaban la cobardía y hacían gala del honor y de la valentía. Y este pueblo tenía una gran habilidad para las artes escénicas, como lo manifiestan los cronistas franciscanos y dominicos de la época.

 

Las autoridades españolas recurrieron por ello a la religión para aplacar y controlar a este pueblo guerrero. La competencia con los mexicas la reflejaban los tlaxcaltecas no sólo en el combate, sino en mejorar también sus manifestaciones culturales.

 

Los mexicas representaron en 1539 una obra espectacular, “La conquista de Rodas”, en lo que era la gran Tenochtitlan, con muchísimos indígenas que eran quienes representaban las obras; los españoles sólo dirigían y coordinaban, nunca se involucraban en la participación. Los actores eran los indígenas.

 

A representación en la gran Tenochtitlan acude una pequeña delegación de tlaxcaltecas. Espiaban y estaban siempre atentos a los acontecimientos en la gran Tenochtitlan. Un ejemplo: en 1487 el día de la inauguración del templo mayor –relata Guadalupe Alemán, basada en fuentes que no identificó- los tlaxcaltecas desdeñan la invitación de Ahuizotl, quien agranda enormemente el imperio mexica pero no consigue someter a los tlaxcaltecas. Sin embargo, ese día los tlaxcaltecas presencian la ceremonia desde un mirador, ocultos entre colgantes hierbas. Desde ahí admiran la magnificencia de la ciudad, la riqueza de los mexicas y el poderío que tenían, al ofrecer miles de cautivos al sacrificio, incluyendo tlaxcaltecas que habían sido llevados como ofrendas por los tributarios de los mexicas, esto desde el punto de vista social, económico y político, pero desde el punto de vista teatral hacen los mismo: van a ver esta gran manifestación a la gran Tenochtitlan.

 

Regresan a su tierra los tlaxcaltecas y empiezan a organizar el montaje que nombran “La conquista de Jerusalén”, que es representada el mismo año de 1539 en la hoy Plaza de la Constitución de la capital tlaxcalteca.

 

En este todo proceso es fundamental la participación de fray Toribio de Benavente ‘Motolinía’, quien fungió como “guardián” en varios períodos en Tlaxcala. Jugó un papel muy importante en la conquista cultural y puede ser visto además como el primer cronista teatral de América, a la luz de sus iniciáticas reseñas sobre aquellas grandes manifestaciones teatrales, de las que otra manera desconoceríamos actualmente, con todo el tamiz de la religión que nos trajeron las órdenes españolas.

 

Así pues, los tlaxcaltecas observan la representación de “La conquista de Rodas”, regresan y me imagino –elucubra Guadalupe Alemán- que Motolinía les dice: ¿y ahora qué van a hacer ustedes?... por esa rivalidad entre los dos pueblos. Empiezan a organizar entonces “La conquista de Jerusalén” y ese mismo año -1539- presentada. Todos los edificios que ahora vemos en la Plaza de la Constitución, que son del siglo XVI, apenas estaba iniciando su construcción, y lo que hace Motolinía y varios de los participantes es derribar algunas partes y construir una gran escenografía alrededor de la plaza de armas.

 

Alemán abre un paréntesis: Con estas dos obras de teatros: “La conquista de Rodas” y “La conquista de Jerusalén”, entra a América lo que hoy conocemos como “la danza de moros y cristianos”. Todas las demás obras tenían que ver con pasajes bíblicos, pero en estas dos obras ya cambia totalmente la temática.

 

Las obras representadas eran adaptaciones muy cuidadosas de la manera, la espiritualidad y el temperamento de los tlaxcaltecas, que para estas fechas habían adquirido una mezcla cultural y que participar de una manera tan asombrosa como lo redacta Motolinía, complementaba el vacío dejado por su cultura antigua.

 

Guadalupe Alemán continúa con la narración de Motolinía: y fueron cuatro representaciones que para sacarlas en prosa fue bien menester todo el viernes y en sólo dos días que quedaban lo aprendieron. Esto quiere decir –resalta- que en dos días los jóvenes tlaxcaltecas aprendieron los libretos, se tradujo al náhuatl y se hicieron cuatro representaciones… ¡En dos días!

 

Extraordinaria la proeza de los religiosos poniendo en prosa náhuatl el texto de cuatro autos medievales en tan corto plazo, pero también inaudita la hazaña de aquellos muchachos indígenas, discípulos de los franciscanos, al aprender en dos días los parlamentos de memoria, festeja la veterana maestra de artes escénicas.

 

La habilidad de aquellos jóvenes para las tareas escénicas era particularmente asombrosa, y venía no de su contagio con las formas occidentales, sino de su propia cultura. El teatro fue el primer lazo de unión en el doloroso encuentro de dos razas, que más tarde prevalecerá hasta el siglo XVI cuando salen las 400 familias, que –hace poco- las estaban representando como de una manera muy festiva, ahora ya cambiaron un poco, pero creo que no fue fácil dejar toda su cultura, dejar toda sus tierras para poblar el norte del país, piensa.

 

Aquí –aclara Alemán- hay una cosa muy importante: los fines que perseguían los frailes era la conversión de los indígenas a la religión católica y la eliminación de sus antiguas creencias; hacer de ellos leales súbditos de la corona española y prestar servicio a la iglesia y a sus órdenes religiosas. Había ahí un trasfondo político, sin embargo creo que algunos de los frailes, como Motolinía, tenían un gran aprecio por los indígenas, los defendían, pero igual tenían que cumplir con el objetivo que la corona les estaba imponiendo.

 

Las mujeres, como en el teatro medieval y en el teatro griego, quedaban excluidas de la representación. En el teatro griego se trabajaba con máscaras y no participaban las mujeres, igual que en el teatro medieval y viene el teatro de evangelización y pasa lo mismo. Actores, cantantes y danzantes eran hombres indígenas del pueblo.

 

Los personajes que aparecían en las obras de teatro de evangelización eran sencillos, no tenían una estructura dramática compleja. Los argumentos no eran complicados y su desenlace era previsible. El valor literario se dibuja apenas en los textos que son de una belleza notable y que se enriquecen al traducirlos a la lengua náhuatl, ya que ésta cuenta con innumerables metáforas. Por supuesto, todas las obras fueron representadas en náhuatl, porque ya para esta fecha los religiosos franciscanos habían aprendido la lengua náhuatl, sabían que era una herramienta muy poderosa de penetración y eran ellos quienes traducían los textos bíblicos para conformar lo que fue el teatro de evangelización.

 

Los principales espacios de representación en Tlaxcala fueron los patios del ahora ex convento de San Francisco y la capilla abierta de San José. A veces mucha gente piensa que en esta capilla, que es la capilla del Rosario, fue donde se dieron las manifestaciones. No fue ahí. Dentro del convento, según dibujo del siglo XVI de Diego Muñoz Camargo, había otra capilla que era llamada la capilla de San José, que ya no existe. Y es ahí de donde salen todas estas manifestaciones religiosas. También las calles aledañas y la plaza de armas, hoy Plaza de la Constitución.

 

El valor teatral está en algunos de los trabajos que cuentan con un gran dramatismo, con acompañamiento musical, grandes escenarios musicales… ejemplo la obra “La conquista de Jerusalén” en la que participaron mil 500 actores.

 

En esta etapa temprana del siglo XVI estaban muy cercanas todavía todas esas reminiscencias indígenas de la época prehispánica, en la que se hacían grandes festividades con la participación, igual, de miles de gentes.

 

Los tlaxcaltecas, como los mexicas, tenían una gran habilidad para confeccionar vestuarios, maquillaje, todo el arte plumario, danza… Entonces todo este bagaje se fusiona con lo que traen los frailes, de todo lo que eran las procesiones del Corpus Cristi en España, con lo que se cumple el proceso de evangelización en la Nueva España.

 

Ejemplo: al término de la presentación de “La conquista de Jerusalén”, se hace una gran fila y todos se bautizan. Suponemos que fue Motolinía quien los bautizó. Eso demuestra la efectividad del teatro de evangelización para lograr la conversión de los indígenas, consumada ya la conquista militar.

 

Para que cautivara y mantuviera la atención del pueblo, las obras estaban hechas para que todo se comprendiera sin esfuerzo, que fuera claro y edificante con sólo verlo. Contribuían los impactantes escenarios, las procesiones para que el público quedara cautivado con el acontecimiento y se cumpliera el objetivo de la evangelización. Por supuesto, los espectadores, como en el teatro griego, como en el teatro medieval, se contaban por miles.

 

La presencia de Motolinía en Tlaxcala fue determinante para contar con una descripción muy meticulosa en su obra “Historia de los indios de la Nueva España”, escrita con sensibilidad y pasión y una de las narraciones más reveladoras de los acontecimientos escénicos que tuvieron lugar en nuestro estado.

 

Ya en la etapa moderna –dice una embelesada Guadalupe Alemán- el investigador tlaxcalteca Luis Reyes, recientemente fallecido, nos legó el descubrimiento de más obras de teatro y esas obras… Actualmente estoy encabezando un proyecto que se llama “Memoria histórica de los pueblos de Tlaxcala”, proyecto que consiste en recuperar los textos que tiene que ver con todas las artes escénicas en los tres siglos que duró la colonia. De este proyecto hemos hecho cinco publicaciones y cuando ha habido oportunidad, hemos hecho la representación de la obra en náhuatl.

 

El primer texto publicado es la citada obra de teatro llamada “La pasión de Tlatlacuitepec”, que descubrió Luis Reyes, obra que el maestro fecha a finales del siglo XVI. Después de todos los estudios realizados sobre todo en la UNAM, se había manifestado que no existen los textos originales de las obras de teatro de evangelización. Solamente los relatos, en este caso en Tlaxcala, de Motolinía. Pero el maestro Luis Reyes, con sus investigaciones acalla esos señalamientos de muchos grandes investigadores que han venido a las presentaciones de los libros y a las representaciones, incluyendo al doctor Miguel León Portilla, porque se supone que no existen… y en Tlaxcala sí existen. Y aquí está la obra del siglo XVI, con un texto original.

 

El más reciente texto publicado en este proyecto es “El sacrificio de Isaac”, cuya representación se realizó en el atrio del ex convento franciscano, dirigida por la maestra Graciela Orozco, ya que consideramos que el teatro, como tercer género de la literatura, está escrito para ser representado.

 

El siglo XVI –remata eufórica Guadalupe Alemán- fue testigo de uno de los más grandes hechos que ha vivido la humanidad: el inicio de la extensión de Europa sobre el continente americano. El calificativo “conquista” incluye la violenta lucha armada que sometió a los pueblos indígenas y el proceso de conversión al cristianismo, la llamada conquista espiritual, que insertó a los naturales de América en los patrones de la cultura occidental.

 

Ambos procesos trajeron como consecuencia la imposición de instituciones económicas y políticas que transformaron la realidad de las comunidades indígenas.

 

En este sentido, el análisis presentado nos permite estudiar a través de las fuentes escritas en náhuatl, el diálogo entre el evangelizador español y el proyecto de resistencia y negociación náhuatl, pero también nos acerca al estudio de la función social de estas obras, que además de ser representadas con motivos edificantes, también servían de pretexto a los pueblos para reunirse y convivir, manteniendo así las redes de solidaridad y alianzas tan necesarias para su supervivencia cultural, mismas que perduran hasta la actualidad.

 

Esto se puede constatar en las fiestas de los pueblos tlaxcaltecas en donde los fiscales organizan tanto las celebraciones religiosas como las profanas. Y el tiaxca (principal), por tradición, tiene que dar de comer y beber a todo el pueblo y aquellos invitados de otros pueblos, manteniendo así los lazos de solidaridad que nos fueron heredados desde tiempos inmemoriales.

 

 

 

 

Contacto: piedra.de.toque@live.com

 

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