Guadalupe Alemán,
orfebre de sensibilidades

José Luis Puga Sánchez
 
   
 
 

 

30 años invertidos en descubrir y pulir en adolescentes el gusto por el teatro. 30 años que encuadran la producción de cuando menos 30 obras teatrales. 30 años moldeando cuerpos, sensibilidades y espíritus de 3 mil jóvenes aproximadamente.

 

30 años como maestra del taller de teatro del Colegio de Bachilleres, plantel 01. Ese fue el periodo de su vida que Guadalupe Alemán Ramírez dio por terminado apenas el 28 de junio de este 2015, etapa vivencial que le dejó marcada la cara con surcos de arrugas, una gran sonrisa y ese intenso brillo en sus ojos. Irradia felicidad por, así lo siente, el deber cumplido.

 

Hippies en la tierra prometida

 

Todo empezó en ese ya lejano 1981, cuando en su faceta de hippies tardíos Guadalupe Alemán y Alejandro Jara Villaseñor, su compañero de vida en ese momento, llegaron por vez primera a Tlaxcala en huaraches y largos pelos en la cabeza ambos y en la cara él. Alejandro había buscado y conseguido una plaza de medio tiempo para impartir clases de francés en la Universidad Autónoma de Tlaxcala (UAT)… la arrastró a ella y se sambutieron en su estrechísimo bocho azul clásico cargado con títeres, ropa, libros y una mar de esperanza.

 

Ese olor a viejo que vagaba en las calles, los edificios escurridos de historia y una suerte de relación pueblerina entre los lugareños, logró enamorar a la pareja de la pequeña Tlaxcala y decidieron quedarse.

 

Encontraron un ambiente como de “una memoria olvidada”. Trabajaba Rogelio Paredes como mimo y ocasionalmente montaba obras teatrales. Los payasitos Tolín por ejemplo, que existían y algunas cuestiones escolares que se hacían… Ese era el teatro en Tlaxcala… No había más.

 

El teatro Xicohténcatl se usaba para eventos de gobierno, eventos políticos, y esporádicamente llegaba algún evento de alguna institución. Recuerdo –dice Guadalupe- un grupo de danza folclórica de Chihuahua que era muy numeroso, cerca de 40 bailarines en escena y como público habíamos 10 gentes. Y luego el Issste que tenía un proyecto cultural en los años 80 tanto de talleres literarios como de un circuito que hacían con artistas que enviaban. Esa era la utilización que se daba al teatro Xicohténcatl.

 

Y éramos mínimos los que asistíamos el teatro Xicohténcatl para eventos culturales. El teatro se veía como vacío y a veces había más arriba del escenario que abajo.

 

No había público, no había grupos, no había programas…

 

No había teatro en el teatro…

 

El parto

 

Multitud de oficinas de gobierno conocieron entonces a una afanosa Guadalupe Alemán, quien cargada de propuestas y de proyectos buscaba emplearse. El sistema Colegio de Bachilleres (Cobat) jugó el volado y la contrató como maestra de teatro, con la encomienda de formar y poner en práctica un taller que complaciera la demanda de los alumnos en artes escénicas.

 

Habituada de siempre a que la cultura es ninguneada y menospreciada por todos y en todos lados, toleró el salario de miseria que se le asignó pero sin ninguna otra prestación. Ni en nómina fue incluida; cobraba por honorarios y sólo firmaba un recibito. ¿Aguinaldo? ¿Seguridad social? ¿Vacaciones?... Lejos, todo eso muy lejos.

 

Pero como todo aquel que se adentra en el arte y decide habitarlo de por vida, Guadalupe sabe que ser artista es también una suerte de apostolado, por ello aparta los problemas mundanos, contiene esa soliviantada cabellera suya y pone manos a la obra. Pero encuentra que su área de trabajo es llana y literalmente las catacumbas, aquellos oscuros, húmedos, fríos y tétricos sótanos nacidos desde que el edificio era sede del Instituto de Estudios Superiores del Estado (IESE), hoy un agónico Palacio de la Cultura. Ahí donde negras leyendas hablan de virginidades perdidas, de golpes, de secuestros cuando Los Gavilanes cazaban en Tlaxcala.

 

En ese inhóspito cubil, con vecindades ilustres como la de Martín Rojas y su taller de artes plásticas, como la de Juventino Sánchez de la Vega con su taller de oratoria. Tres almas perdidas y hundidas en el inframundo, pero dispuestas a vencer a la adversidad o morir en el intento.

 

Con el aliento y el empuje de la familia Xochitiotzin, el taller de teatro abre actividades en 1985 con 20 o 25 alumnos. Había –explica Guadalupe Alemán- mucho desconocimiento hacia la cultura y el arte, pues porque no tienen oportunidad de ver casi nada.  Y resultado del trabajo y de la sensibilización alcanzada, la matrícula del taller crecía cada año. Esos 20 iniciales fueron 30 un año después, 40 al siguiente, luego 50… hasta que el alrededor de ocho años alcanzar los 100 alumnos, promedio que mantuvo hasta su actual despedida.

 

La reconquista del Xicohténcatl

 

Al año de formado, en 1986 Desiderio Hernández Xochitiotzin propone a Guadalupe Alemán el montaje de la obra de Miguel N. Lira ‘Vuelta a la tierra’ en el teatro Xicohténcatl, “porque yo lo hice ahí –me dijo- en los años 50 y pinté las escenografías. Y yo tengo las escenografías”. Ese fue el primer trabajo importante del taller.

 

Antes –recuerda- hicimos otro trabajo pequeño en el Xicohténcatl para que lo viera el doctor Sabino Yano Bretón, trabajo muy rudimentario, una obra que en los 30 años del taller siempre se presentó porque verdaderamente es muy divertida y a los alumnos les gusta mucho: Barrionetas.

 

Pero formalmente el teatro regresa al teatro Xicohténcatl con la obra ‘Vuelta a la tierra’, con escenografías pintadas por el maestro Xochitiotzin, con el grupo de danza de la maestra Isaura Ramos “Chaguita”, con la asesoría literaria de Juventino Sánchez de la Vega, con el apoyo de Rogelio Luna y con mi dirección… ¡Y tuvimos teatro lleno!

 

El taller crecía, se fortalecía, avanzaba. Si el Cobat tuviera -imagina Guadalupe Alemán- un taller de teatro en cada uno de sus 24 planteles y si en promedio cada taller atiende a 100 alumnos, como en mí taller, serían 2 mil 400 alumnos que cada año estarían tallereando. ¡Imagínese!

 

Hoy sólo los Cobat de Tlaxcala y Apizaco tienen taller de teatro y en todos los demás en la materia de Literatura los maestros tienen que hacer un montaje, pero son maestros de literatura, no de teatro.

 

Y durante sus 30 años de labor docente, un con un promedio de cien alumnos por año, Guadalupe Alemán atendió a ¡3 mil alumnos! aproximadamente… Ella sola.

 

La mayoría de edad

 

El programa docente del taller registró una marcada evolución. Desde el solo montaje del año fundacional, hasta la actual planeación de cada clase durante el año, tanto en la parte teórica como en la dinámica, plan que, sin embargo, se aplica solo parcialmente en razón del reducido tiempo disponible para el taller en el calendario de actividades general del Colegio de Bachilleres.

 

El Cobat pagaba a Guadalupe Alemán 20 horas, lo que significa que los alumnos regulares sólo acuden a cuatro sesiones del taller al mes. No hay más… por el reducido espacio físico disponible y por las pocas horas devengadas. “Y en cuatro horas al mes no se puede enseñar teatro. Esto quiere decir que al taller del Cobat no van a aprender teatro, se van a sensibilizar únicamente. Y aquellos que desarrollan una mayor afinidad con las actividades escénicas, les di más atención y más apoyo con apuntes y los libretos”.

 

Muy cercana al teatro griego y clásico, Guadalupe Alemán se confiesa muy influenciada por la corriente surrealista, por todo lo que es el mundo sobrenatural, por todo lo que es el misterio de la vida, por todo lo que es el misterio del arte. Esa es –explica- como una línea de trabajo que he llevado siempre, en mucho recargado en las teorías de Konstantin Stanislavski.

 

Todas las obras del Cobat llevan un coro, aunque la obra original no lleve ninguno. Y pongo el coro para que puedan participar 80 o cien alumnos. De la asistencia anual al taller, el 95 por ciento nunca ha participado en una obra de teatro, el 80 por ciento jamás ha visto una obra de teatro y el 70 por ciento nunca ha entrado a un teatro. Y nuestro público normalmente son los padres de familia, de los cuales el 80 por ciento es la primera vez que entran a un teatro.

 

Y al cabo de 30 años de trabajo, el taller sigue trabajando en condiciones físicas muy difíciles. Actualmente se trabaja en el gimnasio del plantel 01 del Cobat, ubicado en El Sabinal. “Está debajo de las escaleras y es un saloncito que mide 4 metros de ancho por máximo 8 metros de largo. Seguimos trabajando en condiciones verdaderamente difíciles para hacer montajes como los que actualmente se hacen con 80 o 100 alumnos”.

 

Tenemos ahora –añade- que salir a trabajar a los jardines porque el espacio del saloncito es insuficiente. Y cuando estamos por terminar un montaje, solicitamos el gimnasio tres tardes, no más porque siempre están los deportistas ahí, y juntamos a los 80 o a los 100 alumnos participantes y en tres ocasiones se monta la obra. Y de ahí vámonos al teatro.

 

El tiempo detenido

 

30 años de evolución académica y artística no tuvieron eco en la situación contractual. 30 años de formar actores, actrices y públicos. 30 años que ningún impacto tuvieron en su situación laboral. “Los maestros de actividades artísticas ganamos muy poquito dinero. Yo nunca pude rebasar 20 horas. Jamás. Me voy a jubilar con un sueldo muy pequeñito. Yo soy una gente muy honesta y nunca pude rebasar… nunca me presté absolutamente para nada para tener más horas. No. Las condiciones de los maestros de actividades artísticas siguen siendo muy precarias, tanto desde el punto de vista del salario, que es mínimo, como desde el punto de vista de los apoyos. De ese mismo salario tiene que salir las producciones que hacemos. De ahí sale todo”.

 

La maestra de teatro del Cobat que está en proceso de jubilación, más que ganar… ¡pagaba!

 

Desde ese punto de vista -lamenta- las actividades artísticas, los maestros… somos considerados como maestros de segunda. No solamente en el Cobat, sino en todas las demás actividades.

 

Y existimos maestros preparados en las actividades artísticas. En una época hice un proyecto en el Cobat para que el taller (de teatro) se conjuntara con el área de historia y con el área de literatura. Y entonces hice un guión escénico y una obra de teatro que presentamos, basada en la vida de Domingo Arenas y su importancia en la revolución mexicana (…). Y no, los maestros de historia de aquella época desconocían la importancia de Domingo Arenas y no les interesaba. Cuando me acerqué a los maestros de literatura para proponerles hacer algo sobre Miguel N. Lira, una maestra me dijo: ¿pero por qué ese señor si nada más escribió como cinco poesías?... Y yo hice un guión escénico y montamos una obra que se llama ‘Vida y obra de Miguel N. Lira’.

 

Pero no quedó ahí. Guadalupe Alemán buscó y se entrevistó con el entonces gobernador Héctor Ortiz a quien planteó su proyecto: que la obra de Miguel N. Lira fuese incluida en la materia de literatura del Colegio de Bachilleres. “Miguel N. Lira cuando llega a Tlaxcala y observa que los jóvenes de su época no conocían su historia, se va a México y con muchos trabajos logra que se incluya en los planes de estudio de lo que era la preparatoria en aquel tiempo, el IESE (Instituto de Estudios Superiores del Estado), la materia de Historia de Tlaxcala… y lo consigue de manera oficial… aunque después desaparece”.

 

Ortiz contestó de manera afirmativa a su propuesta y se incluyó la obra de Lira en el Cobat… “Pero después vino otro director y quitó todo… y actualmente ya no existe”.

 

Vivero

 

Y sucedieron las generaciones de alumnos, los hermanos que relevan a los mayores, y luego entraban los primos, la hermana menor… y así sucesivamente. Parió entonces el taller. Alumnos que terminaban su bachillerato pero se iban enfermos del incurable mal del teatro… y continuaron el sendero.

 

30 años de trabajo.

 

30 años de formar actrices y actores.

 

¿Las consecuencias?

 

Bueno –suspira satisfecha- esto inicia a partir de que José Luis Castilla termina su bachillerato, alrededor de 1989 o 1990, y manifiesta su intención de estudiar la carrera de teatro. Y yo, un año antes había estado en la Universidad Veracruzana tomando un módulo de dirección escénica, y por ello dejé muchos amigos en la Facultad de Teatro… Y cuando José Luis (Castilla) decide estudiar teatro, le aconsejo la Universidad Veracruzana, más fácil que la ciudad de México para una gente de provincia.

 

Viene entonces el problema económico para que pudiera cursar los estudios. Conseguimos entonces la primera beca en cultura con la gobernadora Beatriz Paredes Rangel. Yo personalmente hablo con ella y se consigue que nos pague el primer año de la carrera de José Luis… y José Luis estuvo becado toda la carrera, porque siempre tuvo muy buenas calificaciones. Primero por parte del gobierno del estado y después llegaron las becas de Conaculta.

 

Es ahí –señala- donde se puede decir que inicia la profesionalización del teatro en Tlaxcala. Fue una lucha con la sociedad con la sociedad, con los padres de familia y con las cuestiones económicas.

 

Recelos Guadalupe siempre escuchó y con mucha gente:

 

“¡Qué!... Va a estudiar teatro… ¿Y de qué va a vivir?”… “¡Qué es eso!”… “¡Nnoooo!”… “¡Cómo!”… “¡Se va a volver homosexual!”… “¡No, no, no…!”…

 

Después de José Luis Castilla, se va José Luis Alfaro, se va Anita Paredes, quien aunque nunca estuvo en el taller, se va por la motivación del taller, porque es muy amiga de José Luis y se van los dos.

 

Erick (Barba) ya estudia en Puebla… Faustino Ríos Temix se va a Puebla. Faustino Ríos es uno de los más completos exalumnos que tenemos: estudió la carrera de teatro y estudio la carrera de danza… es un excelente bailarín y coreógrafo. Y siguen saliendo más alumnos: se va Tamara, se va Lupita Martínez, se va Lizbeth y más… pero ahora todos a Puebla.

 

Y producto de la sensibilización es por ejemplo de Fredy Alfaro, primo de José Luis Alfaro, quien representa a los que no se fueron a estudiar la carrera de teatro, pero con la sensibilización que tuvieron ya que desde niño iba a ver las obras con José Luis Alfaro, descubrió así su vocación. Y Fredy no se fue a estudiar teatro… pero sigue haciendo teatro… y vive del teatro.

 

También Arturo Pulido y su esposa Wendy Murillo. También ellos iban a ver las obras de teatro del taller.

 

Una anécdota: fui a México el año pasado donde es difícil encontrar gente… pues me encuentro a una persona y me para:

- Maestra, soy fulana de tal (Nancy Tlapanco), yo fui alumna suya de teatro…

- Pues mucho gusto.

- Sí, el taller…

- ¿Y qué haces Nancy?...

- ¿Qué cree maestra?, me dedico al teatro…

- ¿Cómo...?

- Sí maestra. Yo estudié Ciencias de las Comunicación pero quería estudiar teatro y no me dejaron. Pero quedé tan entusiasmada que aplicó mi carrera y soy promotora de grupos teatrales… Me dedico al teatro, maestra.

 

O gente que me encuentro en los pueblos y son quienes dirigen las cuestiones de teatro popular, la pasión y todo eso en sus pueblos. Gente que estuvo aquí en el taller de teatro.

 

Este taller de teatro se fue diseminando en todo Tlaxcala.

 

Su impacto estatal

 

El taller ha tenido un impacto muy importante en las artes escénicas en Tlaxcala, muchos de sus egresados “son quienes en este momento están haciendo un movimiento teatral, con muchas dificultades, pero son quienes están haciendo el movimiento teatral. Y me da gusto por la gran diversificación que todos tienen”.

 

Guadalupe Alemán individualiza a cada exponente de su taller:

 

José Luis Alfaro está preparándose mucho. Platico con él y lo veo muy preparado en el área académica. Qué gusto para mí, que leo tanto y me preparo tanto, sentarme frente a un exalumno y platicar de las corrientes teatrales.

 

A José Luis Castilla lo veo como un gran promotor cultural y director, porque es muy inquieto.

 

 A Lizbeth Pimentel, que ganó un premio de actuación a nivel internacional, la veo como actriz.

 

Tamara ganó en la muestra, es muy buena actriz y promotora cultural. Está ya haciendo una maestría.

 

Erick Barba se dedicó a lo que es el teatro de calle… y lo veo bien, trabajando.

 

Faustino Ríos, como coreógrafo… muy bueno. Es una gente muy completa: buen director de teatro, pero también como coreógrafo. Y con una felicidad a flor de piel.

 

Lupita Martínez es muy buena actriz, quien está tramitando ya su titulación.

 

En esa diversidad, todos tienen un impacto en Tlaxcala… y creo que pueden hacer un muy buen equipo de trabajo.

 

Diagnóstico actual

 

En un momento en el cual la gente de teatro protesta y se reúne, reprocha y organiza, lucha e intenta enderezar lo chueco, Guadalupe Alemán Ramírez se conduele de ver un teatro muy desorganizado. No hay –recalca- unión entre la gente de teatro. No hay un programa oficial dirigido a las artes escénicas. Yo tengo un proyecto completo pero no hay un programa oficial que incida verdaderamente en las artes escénicas. No existe y es necesario que se haga. Es urgente.

 

Con una existencia similar temporariamente al taller de teatro del Cobat, en 30 años el Instituto Tlaxcalteca de Cultura no ha sido capaz de diseñar y llevar a la práctica un amplio y profundo, incluyente, programa de apoyo a las artes escénicas. ¿La razón?: “considero que las instituciones no han tenido el tiempo suficiente como para cuajar un proyecto verdadero de cultura. Se han dedicado todos estos años a hacer cosas como sueltas, como porque hay que hacerlo… allá… acá… nos dicen de México que hay que hacer esto… nos dicen acá que hay que hacer esto otro. Pero no ha llegado todavía alguien que diga cuáles son las necesidades específicas y que diga: vámonos por aquí… aquí… aquí… Con este proyecto. No ha habido todavía nadie, institucional, que tenga el tamaño para decir: nos vamos sobre esto”.

 

Para que exista un programa institucional completo –a la vez incita que propone- se requiere del conjunto de todos: instituciones y todo el sector escénico de una manera seria, comprometida, y nos vamos sobre eso. Se han hecho muchos intentos. Se han sentado las gentes a platicar, se empieza a hacer algo… y se diluye.

 

Aquí mucha responsabilidad tenemos… Yo no he estado en ninguna de esas reuniones (recientes de la gente de teatro entre sí para definir propuestas y posiciones), porque ya les dejo el campo a ellos, a los jóvenes. Y me han invitado. Porque si yo estoy, sé que me voy sobre algo y ¡Vámonos! ¡Vámonos! ¡Vámonos!... Y no, ya no es mi papel. Lo que yo tenía que hacer, ya lo hice. Ahorita tengo otras cosas qué hacer. Pero lo que se requiere es como un líder, que tenga la consistencia, que se pare firme y que lleve un proyecto.

 

Hace falta humildad, hace falta unión, hace falta profundizar en los conocimientos…

 

 

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