El Centro de las Artes: ¿sonrisa o mueca?

Editorial
 
   
 
 

 

Lo que debiera ser una transformación, un avance, una evolución hacia niveles superiores de bienestar cultural. Cuando la puesta en operación del Centro de las Artes tendría que ser un acto refundacional de las artes en Tlaxcala, es en los hechos casi una fuga, una mudanza a hurtadillas. Es un ITC que sin ningún aspaviento, casi en secreto, traslada sus bártulos a Apizaquito, lejos allá de los incómodos medios de información… y de sus usuarios.

 

Desde su mismo anuncio de creación, hace alrededor tres años, el proyecto del Centro de las Artes ha sido tan celosamente guardado que quienes tienen la responsabilidad de operarlo tal parece que lo desconocen. Además, el vacío informativo no impide que los interesados se olviden del proyecto, lo que se provoca es la especulación, la suposición. No existen los vacíos informativos. Cuando la información está ausente, la suple el rumor.

 

Hasta hace menos de un mes la información esparcida a cuentagotas hablaba de que el rescate de la ex hacienda y el diseño del Centro de las Artes corría a cargo de la UNAM. Era esa prestigiada institución, la mejor del país, la responsable del Centro de las Artes y el camino que tendría que seguir.

 

Y la UNAM nunca dijo esta boca es mía. Graciosamente sus funcionarios eludieron contacto con prensa y creadores. Y cuando alguien escapaba al cerco informativo y llegada a ellos, la respuesta siempre fue lacónica: Secoduvi tiene la información. Vayan allá.

 

El gobernador en tres o cuatro ocasiones, en actos públicos, sólo adelantó que el centro ofrecerá dos licenciaturas: en música y en artes plásticas. Esa fue toda la información disponible para los interesados en el arte, no solamente en la arquitectura o el rescate de edificios históricos.

 

Pero hoy nos enteramos del arribo a Apizaquito de una comitiva del Centro Nacional de las Artes (Cenart), encabezada por su director general, para, consigna un comunicado oficial, diseñar el programa académico del Centro de las Artes de Tlaxcala.

 

¿Y la UNAM?

 

Ahora bien, versiones no oficiales hablan de que esa comitiva del Cenart tendría toda la voluntad de acercar los programas al estado, acompañar con su experiencia y sus recursos la operación del centro local, pero no, no desarrollarían el programa académico. “No vamos a imponer nada, ustedes tiene que decirnos en qué puntos los apoyamos: programas, docentes, asesorías… ¿qué quieren?”, habría dicho Ricardo Calderón Figueroa, director general del Cenart.

 

El hecho es que hoy el Cenart, o quien sea, y no la UNAM, tendría que diseñar el programa académico del Centro de las Artes de Tlaxcala. Dicho de otra manera: no existe aún un programa académico… pero el ITC corrió hacia allá aún sin líneas telefónicas, sin señal de internet… ¿Por qué la prisa? ¿Para hacer qué…?

 

Enormemente satisfactorio sería que la sonrisa de unos cuantos sea la de todos. Grato sería que los tlaxcaltecas todos irradiemos placer que veamos reflejado en la prensa, no sólo las sonrisas de los hermanos Solana, felices porque la casa de sus abuelos luce arreglada.

 

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