Convoca Enrique Olmos a
defender el teatro local

Piedra de Toque
 
   
 
 
En el Festival Tlaxcala Cuna del Teatro 2014

 

Apenas había cerrado el telón de la IX Muestra Estatal de Teatro, la del pasado 2014, cuando Enrique Olmos de Ita, quien había sido integrante del jurado, difundió una carta por medio de su blog personal Puro Drama.

 

El documento digital tiene claro un mensaje de aliento hacia los creadores locales, convoca a aceptar y asumir la responsabilidad de emplear las actividades escénicas como una manera de vernos, de sentirnos y de interactuar. Finalmente tiende sobre la mesa una serie de propuestas encaminadas a organizar y solidificar esta actividad en el estado.

 

Olmos hace un año, pese a visitas anteriores, empezaba a delinear el rostro real y preciso de la cultura en Tlaxcala, de las artes en este entorno y de los artistas con sus particularidades. Vio entonces la faz tumefacta y adolorida de un boxeador. Misericordioso, quiso entonces dar agua al sediento:

 

 

REFLEXIONES DE UN OBSERVADOR EN LA MUESTRA ESTATAL DE TEATRO DE TLAXCALA 2014

 

Enrique Olmos de Ita

 

            En su obra Distinción, el sociólogo francés Pierre Bourdieu, después de discutir sobre el capital simbólico en la sociedad actual, traza una línea argumentativa en la que establece que aquellos signos (disposiciones) que delatan los orígenes y la trayectoria vital de las personas (y yo agrego, de las sociedades también; y es aquí donde conjeturo sus ideas a favor de las artes escénicas como un proceso civilizatorio más, como un genuino proceso de trabajo colectivo) y éstos signos tan destacados por Bordieu utilizan como vehículos de expresión el cuerpo, la altura, la postura, la manera de andar, el porte, el tono de la voz, el estilo del habla, la sensación de comodidad o de disgusto, en resumen el gesto en sí mismo, para entender o acaso atisbar este capital simbólico habría que observar con detenimiento, según mi juicio, la forma en la que producen ejercicios escénicos, de todo tipo, más allá del ritual de la vida cotidiana. Puesto que estos entes, estos sujetos que forman sociedades y los grupos que se manifiestan a través de ellos para acomodar en su contexto propuestas estéticas que hablan al mismo tiempo de sí mismos y de la expectativa que quieren cumplir, en una suma perenne de reflexiones: el arte de crear arte, de propagarlo y debatirlo. 

 

            Así la Muestra Estatal de Teatro de Tlaxcala (METT), es una metáfora suspendida en el tiempo de su sociedad. Es una forma de entender el tiempo y el espacio de una comunidad, en este caso tan heterogénea como el propio estado de Tlaxcala; con sus carencias, con sus virtudes, defectos y posibilidades de acción e interacción. 

 

            Tlaxcaltecas, ustedes no organizaron una Muestra Estatal de Teatro, ustedes construyeron una metáfora de Tlaxcala, de su forma de organización civil, de su relación con las instituciones, con la apropiación del espacio público, con las preocupaciones y temas consustanciales a su forma de establecer puentes entre minorías. Y no me refiero solamente a los organizadores, sino al aparato de acción y reacción entre el público, el resto de la comunidad teatral, los técnicos, los funcionarios y los medios de comunicación; ejercicios como éste son, antes que otra cosa, puentes sensibles entre creadores, empresas e instituciones para con un público amplio e indeterminado. 

 

            Durante una semana no asistimos a un tropel de obras de teatro, en realidad fuimos testigos del modo en que Tlaxcala y su comunidad escénica se ve y se escucha, se entiende y comprende el contexto. Y cómo se ofrece a los ciudadanos de su estado ese proceso vital. 

 

            Por lo tanto, a partir de mi experiencia personal, de lo visto en la METT y de las opiniones escuchadas y derivadas de este ejercicio, propongo a la comunidad en general lo siguiente: 

 

- Mejorar las condiciones de la convocatoria, y pensarla para grupos profesionales. Quizá hacer dos muestras, una para grupos profesionales con aspiraciones de lograr un circuito posterior y otra muestra para escolares y aficionados. 

 

- Luchar por los espacios públicos; por los teatros del estado en definitiva y evitar la tiranía de los técnicos. Situar al teatro Xicohténcatl como el eje de la recuperación, con temporadas para los grupos locales y trabajando también los fines de semana. Inconcebible que el teatro más emblemático del estado permanezca cerrado durante los días del ocio.   

 

- Crear una asociación o confederación de grupos locales profesionales, una AC donde confluyan la mayor parte de los grupos de artes escénicas del estado y puedan presentar proyectos en común para atraer recursos más allá de las instituciones culturales. 

 

- A través del ITC lograr un fondo estatal de gestión de derechos de autor para que los grupos puedan solventar total o parcialmente el coste de los derechos autorales. 

 

- Configurar un inédito y continuo Circuito Estatal de Artes Escénicas dividido en la necesaria direccionalidad de públicos: Teatro para niños y jóvenes y teatro para adultos que incluya propuestas de intervención en espacios alternativos y/o no convencionales. El Circuito puede crecer a diversas instituciones y nutrirse de recursos externos al ITC, además de elaborar convenios con instituciones educativas y empresariales.


- Lograr la obtención, diseño y realización de estructuras técnicas (estructuras lumínicas, auditivas y multimedia) propiedad de la comunidad en su conjunto, que puedan prestarse a los grupos para su itinerancia. 

 

- Que las obras de la METT provengan de una curaduría previa y que todas las obras a presentar reciban un pago estándar por dicha exhibición de su trabajo. 

 

 

 

 

Un año después, ya convertido en asiduo visitante al estado, y con los teatreros en control casi total de la organización de la muestra respectiva, Enrique Olmos atestigua la mudanza del Instituto Tlaxcalteca de cultura (ITC) al cristalino Centro de las Artes.

 

Dice acopiar entonces multitud de quejas y pesares de miembros de la comunidad artística en general y teatral en particular ante la orfandad que amenaza proyectos y vidas. Humano al fin, el dramaturgo se enternece pero a la vez se exaspera: ninguna de esas expresiones de desaliento y de furia tiene la fuerza suficiente, o el valor, para alcanzar la superficie. Públicamente casi nadie dice nada y con esa carta poder el traslado continúa.

 

Encariñado y solidarizado, Olmos lanza entonces una arenga por medio de su blog. Busca inyectar sangre en ese cuerpo que yace semi inerte sobre el escenario de la vida en Tlaxcala. Quiere despertar el instinto de supervivencia. Pretende que los artistas se afiancen en lo suyo, que se asuman como posesionarios de sus derechos, que son de la sociedad toda también:

 

 

 

 

CARTA A LOS ARTISTAS TLAXCALTECAS

 

Queridos colegas y amigos del estado de Tlaxcala:

 

Llevo más o menos tres años asistiendo con cierta regularidad al estado de Tlaxcala, para acompañar, si acaso asesorar proyectos de interés cultural y artístico, emprendimientos de la comunidad cultural en general. Ha sido por medio del Instituto Tlaxcalteca de Cultura y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. 

 

Más allá de las satisfacciones personales, los nuevos amigos y las charlas en diversos rincones de la capital, mi interés ha ido creciendo respecto a las políticas culturales del estado y en general ante la cantidad y calidad de gestores culturales, empresas creativas en ciernes, iniciativas escénicas y de producción artística profesional o formativa.

 

En Tlaxcala hay talento, no cabe duda. Y un aprecio por la cultura que no es común en el país. Además, un espacio geográfico que acompaña. Las condiciones están puestas para hacer del estado una potencia cultural a nivel nacional.

 

No ahondaré, queridos amigos y colegas, en las circunstancias que han impedido que esto ocurra, son muchas y se necesitarían decenas de cartas para clarificar el panorama. Me centraré solamente en un acontecimiento que me parece fundamental para entender la compleja relación entre creadores-instituciones-público en Tlaxcala. La falta de unión, de coalición entre creadores de diversos orígenes y estilos.

 

Hemos discutido al interior de las aulas del ITC diversas formas de alcance y generación de proyectos a favor del arte y la cultura en la entidad, simulacros de convocatorias, planes de explotación, encuestas a pie de calle, se revisaron carpetas y proyectos culturales. Incluso en la parte teórica, se han generado debates de intensidad plausible. ¿Qué falta para que esos proyectos, ideas y emprendimientos lleguen a buen puerto? Evidentemente la complicidad de las autoridades del estado –no existe, por ejemplo, una línea de crédito para proyectos creativos– pero también y sobre todo una confederación de empresarios y emprendedores culturales y creativos. Es tarea ciudadana, civil. Capacidad para organizarse, dejar de bregar en solitario.

 

Esta carta tiene una motivación por todos conocida, la paulatina mudanza de las actividades administrativas, pero también formativas, artísticas y culturales del edificio del ITC en el centro de la ciudad hacia otro espacio, lejano y por descubrir.

 

Al respecto, he recibido decenas de quejas en privado, pero no he visto ninguna movilización consistente, acción o intervención social, postura gremial o colectiva de alto alcance. Ante la inminencia del suceso, saber que la ciudad de Tlaxcala perderá un edificio emblemático –hermoso, por otro lado y funcional– dedicado a las artes y la cultura, algunos gestores podrán enfocarse en cubrir ese nicho de mercado, verlo como oportunidad y no menoscabo.

 

Sin embargo, me preocupa qué sucederá con muchas de las iniciativas que he tenido el privilegio de conocer, por ejemplo una orquesta infantil y juvenil de percusiones con material reciclado en una comunidad rural, el rescate de tipografía tradicional y originaria, un circuito de teatro profesional o la consolidación de un centro cultural independiente en Ocotlán, por mencionar sólo algunas, ¿podrán seguir asistiendo a los talleres y asesorías del ITC? ¿Las condiciones del transporte, los horarios y la nueva disposición administrativa permitirán a los gestores en ciernes seguir dialogando? 

 

Me entristece que la capital de Tlaxcala pierda un sitio emblemático para la propagación del arte y la cultura, que desaproveche el protagonismo urbano y prestigio social, que el arte se considere un bien público para las comisuras, destinado únicamente a la periferia. Pero me preocupa más la pasividad, frente a los cambios políticos que los perturban –muchas interrogantes en privado, pero pocas manifestaciones colectivas en el espacio público– que se suman a otras cuestiones; el destino del “elefante blanco” que duerme el sueño de los justos al lado del hasta hace unos días edificio del ITC, la remodelación de la Casa del Artista y los criterios para su uso y programación, la imposibilidad de los grupos locales para acceder al Teatro Xicoténcatl  (en especial fines de semana), los insuficientes (mal nacional) programas de estímulos y la necesidad de estar verdaderamente conectados con el público, con los ciudadanos tlaxcaltecas en todos los municipios.

 

No los quiero aburrir, sólo pedirles que sean beligerantes y críticos, también con sus procesos creativos y de producción; exigentes cuando no existe claridad desde las instituciones y comprometidos en colectivo. Es una tarea nacional, pero en Tlaxcala reviste cierta urgencia. Ojalá el nuevo ITC y el Centro de las Artes sean oportunidades para crecer. No olvidemos que la cultura es un derecho constitucional, parte de nuestro afán es garantizarlo.

 

Con aprecio, su amigo y compañero,

 

Enrique Olmos de Ita

 

 

 

 

 

 

 

Enrique Olmos de Ita es dramaturgo con casi una veintena de montajes profesionales extraídos de sus guiones teatrales, con puestas en escena en México, España, Costa Rica, Argentina y Singapur. Ha publicado todas sus obras teatrales en antologías o volúmenes personales, llegando a una decena de libros.

 

Ganó el XI Premio Internacional de Autor Domingo Pérez Minik en Tenerife, España (2008) por la obra Inmolación y ese mismo año fue galardonado con el Premio Nacional de Dramaturgia MHC (2008) en México por la obra Job. Ganó en 2011 el Premio Ricardo Garibay con el libro de relatos Bestia desollada y el Premio Marqués de Bradomín que otorga el gobierno de España por Era el amor como un simio. Además, el Premio Internacional Sor Juana Inés de la Cruz por la obra Bacantes after party. También es Premio Nacional de Dramaturgia para Niños y Jóvenes en México por la obra Hikikomori 2.0 en 2012.

 

En el año 2013 recibió el Premio Nacional de la Juventud en Palacio Nacional por su destacada trayectoria artística.

 

 

 

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