Cacaxtla con horas de vida contadas

José Luis Puga Sánchez
 
   
 
 
Fragmento original del Mural de la Batalla

 

¡Cacaxtla muere!

 

¡Cacaxtla es destruida lenta pero inexorablemente!

 

A 40 años exactos del descubrimiento de Cacaxtla, el 13 de septiembre de 1975, el llamado es angustioso y lo emiten dos personas profundamente conocedoras del proceso de rescate y conservación aplicada a la zona arqueológica arquetípica de Mesoamérica. Dos personas intensamente comprometidas con la historia, con nuestra historia… y lo que queda de ella.

 

Rosalba Delgadillo Torres y Andrés Santana Sandoval por separado y desde su muy particular experiencia, acusan la visible degradación que sufren tanto las construcciones como los murales, resultado de la permanente acción de elementos naturales como viento, lluvia, humedad, sol, etcétera.

 

Hoy el mural de la batalla, estudiado por especialistas del mundo entero y conocido en todo el planeta por la calidad y conservación de sus pigmentos al momento de su descubrimiento, es una pálida sombra de lo que algún día fue y nunca volverá a ser… ¡y las instituciones oficiales no detienen el deterioro!

 

Pero además, ambos arqueólogos, asistentes al trabajo de parto de la zona hace cuatro décadas, denuncian que en los recientes seis u ocho años se ha emprendido un proceso de “inventar” construcciones que nunca han existido, o por lo menos no hay registro de su existencia previa. El visitante puede hoy ver en la zona escalinatas, descansos, taludes y tableros que nunca existieron. Se falsea la constitución del complejo.

 

Soledad de siglos

 

No ha habido en Cacaxtla, como en otras zonas arqueológicas –recrimina Andrés Santana- el seguimiento por un grupo de personas, que deberíamos ser de Tlaxcala en este caso, que le diéramos seguimiento y mantenimiento periódico a estos conjuntos. Pasa como con los automóviles: cuando uno está prestando el automóvil y tiene varias manos que lo van manejando, terminan deteriorándolo porque uno ya conoce las mañas a su auto. Así las debilidades de la zona arqueológica, por ejemplo en mí caso que tengo tantos años de conocerla, ya las conozco, pero los que llegan cada año o cada dos años a hacer el trabajo, empiezan de cero, empiezan experimentando, empiezan aprendiendo. Eso es lo que ha deteriorado realmente las pinturas y los monumentos en general.

 

Vinculado siempre a Cacaxtla directa o indirectamente, Santana es poseedor de uno de los registros fotográficos más amplios de la zona. “Eres el experto mundial. Nadie más conoce esa zona como tú la conoces”, le habría dicho un amigo. “Y pues sí es cierto”, corrobora el mismo Andrés la afirmación. “He estado tantos años ahí. He visto pasar a tantas personas. He visto lo que han hecho bien y lo que han hecho mal”.

 

Para Rosalba Delgadillo los elementos naturales tienen un fuerte impacto en las pinturas murales de Cacaxtla. Un desacierto a su juicio fue haber quitado, en el caso del mural de la batalla, el techo y las cortinas que lo cubrían, ya que evitaban el impacto constante de tierra y pequeñas piedras hacia los pigmentos. Al retirar la protección tienen este ataque constante. Otra: “en invierno el sol, como va muy acostado, pasa por debajo de la gran techumbre e incide directamente también en los murales. Los elementos naturales han tenido así ese quehacer de destrucción”.

 

En el retiro de esas protecciones –lamenta- no intervenimos los arqueólogos. “Hay un proyecto de restauración y conservación hacia los murales; plantean el retiro (de las protecciones) de los murales por la estética, porque no se veían bien, porque los techos eran feos… y no pensaron que la función era de protección y lo importante ahí no era la estética de los murales, sino su conservación. Y esto ha conllevado a su paulatina destrucción”.

 

Pero Rosalba es aún más incisiva. Recalca que han incidido directa y profundamente en la degradación de los vestigios “las malas intervenciones de restauración. Gente sin experiencia, muchos estudiantes, los traían ahí a hacer sus prácticas. Obviamente si había que limpiar mecánicamente el polvo que tenían con un pincelito, pues se les pasaba la mano y los raspaban, retiraban los pigmentos, los químicos que utilizaban hacían reacción con los pigmentos, veíamos algodones con alcohol que se traían la pintura, se traían el negro que es tizne, aplicaban técnicas que se ponían de moda en Europa pero que con los años se vio el daño que conllevaron. Fue un laboratorio de pruebas. Y no era posible que en esos murales tan hermosos, con unos pigmentos tan claros, con una composición en cuanto a estilo y proporción, se dañaran de esa manera”.

 

La Escuela de Conservación del mismo Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) –acusa- es increíble lo que hizo al utilizar la zona para estudiantes… ¡Es increíble lo que esos murales pasaron!

 

Como era Cacaxtla y estaba de moda –reflexiona-, todos querían venir a Cacaxtla, tan cerca de la ciudad de México… y todos ahí hicieron sus experimentos… y los resultados son evidentes.

 

Polémico desde su mismo nacimiento como idea, el techo de la zona central del complejo arqueológico tiene defensores y detractores, acepta Andrés Santana: aquellos que defienden la techumbre porque preserva ciertas condiciones de luz, humedad y temperatura, pero que favorece también la aparición de microorganismos en las paredes y en las pinturas que la van degradando. Y aquellos que pugnan por el retiro de la techumbre, con el argumento de que la excesiva exposición solar provoca resequedad que deteriora aceleradamente muros y pinturas.

                                                                                                    

… Y en 2006 se cayó el techo y desde entonces se le ha dado mantenimiento pero “muy por encimita pero hay cosas que necesitan darle un mantenimiento desde hace muchos años: el techo está unido con tornillos, hay que sustituir los tornillos porque aunque parece que es un techo sólido en realidad se está moviendo con el viento, con todo. Eso va deteriorando los tornillos. Tiene que hacerse un mantenimiento preventivo. El problema es que no se hace preventivo. Se deja hasta que… como cuando se cayó. Ese problema que provocó la caída es un problema añejo. Tenía muchos años que el agua se acumulaba en la techumbre y se desbordaba. Se le agregaron tubos de desagüe. Ninguna solución era suficiente”, dice Andrés Santana.

 

Para Rosalba Delgadillo la techumbre, “innegablemente”, ha cumplido una función, así sea parcialmente. Los muros –explica- que forman parte del edificio llamado El Palacio, están hechos de adobe y cada año los aguaceros destruían una capa de adobe, entonces optamos por ponerle una cama de adobe moderno, para que fuera el adobe moderno el que se destruyera; sin embargo no era suficiente, los aplanados guardaban humedad, nacían plantas y se desprendían. Esos muros han podido ser conservados.

 

Los aplanados cuando recién se excavaba –paladea Rosalba su recuerdo- eran perfectamente albos, blanquísimos, hasta deslumbraba estar excavando porque eran muy blancos. Mientras no se puso el techo las lluvias llenaron de microorganismos y mancharon de negro irreversiblemente esos aplanados de cal blanquísimos. Todavía está la evidencia a pesar de la techumbre.

 

El techo sí cumplió su función… en parte. Porque lluvia viene de noreste hacia suroeste, entonces toda la parte del área donde uno sube, esos edificios el viento todo el tiempo lograba meter las gotas de lluvia, pero también hidrataban un poco las estructuras, porque al poner el techo y no recibir humedad, también se fue como resecando.

 

Los murales –recalca intensamente- que desde las primeras excavaciones tuvieron un trabajo de conservación desde Puebla, porque en ese tiempo el INAH era Puebla-Tlaxcala, y han tenido menos intervenciones lógicamente, son los murales del edificio A, los que se descubrieron primero y curiosamente son los que están mejor conservados.

 

- ¿Por qué?, se le pregunta

 

- Porque les metieron menos mano.

 

- ¿Por qué les metieron más mano a uno y a otro no?

 

- Pues porque escogieron el mural de la batalla no sé por qué. Allí es donde hicieron todos los experimentos habidos y por haber y las consecuencias son obvias. El otro edificio afortunadamente casi no lo tocaron. También tiene problemas graves de conservación, pero son menos evidentes: el sacerdote jaguar, el amarillo, como si le hubiera dado viruela, formó como reacción química circulitos donde se está desprendiendo el amarillo y está quedando el blanco, pero es evidente si lo ve uno de muy cerca… y en el resto del mural no se percibe un daño tan alto.

 

En el caso del templo rojo tiene mucha presión de todos los rellenos que tiene arriba, entonces se sigue moviendo, se sigue fracturando… y el soporte es tierra, así que ese mural también está sufriendo mucho, le inyectaron demasiados consolidantes químicos plásticos y ahora tiene una capa allí blanquisca, parece leche que se está escurriendo muy evidente, cuando era un rojo nítido, brillante; ahora se ven las lechadas de plástico que tiene encima, se sobresaturaron con los plásticos líquidos que le inyectaron.

 

Irreal realidad

                                                                  

El reciente pasado tiene visos de tragedia para ambos experimentados arqueólogos. Perciben un cercano desastre arqueológico, patrimonial, cultural, artístico, social, político, turístico… total en Cacaxtla. Lentamente Cacaxtla es destruida, engullida por una Cacaxtla que nunca existió.

 

Habla Andrés Santana: De los últimos 6 años a la fecha lo que están haciendo está realmente muy mal porque están reconstruyendo sin mayores bases, eso inclusive las normas internacionales, la Carta de Venecia que norma en todo el mundo al conservación del patrimonio, carta firmada por México en la cual la Unesco se apoya para vigilar el cumplimiento en la conservación de los monumentos, no la estamos cumpliendo. Es como tantas otras leyes y normas que no se respetan.

 

Y la continuación de ésta a su juicio fraudulenta práctica persiste por el temor inclusive en los mismos trabajadores del INAH, de que “la autoridad tome medidas arbitrarias en contra de uno. A mí por defender Cacaxtla me demandó el instituto (INAH) y me pasé 5 años en los tribunales defendiéndome para que no me corrieran. Y nadie quiere arriesgarse. A mí me acusaron de supuestamente haber faltado al trabajo equis cantidad de días, cuando en realidad estaban hasta mis vacaciones incluidas. Algo absolutamente administrativo, nada que tenga que ver con el desarrollo profesional. Fue una demanda absurda y lo único que querían era desplazarme de aquí. Me mandaban a Durango, lejos de Tlaxcala. Pero gané y gané mi regreso y aquí estoy. Pero mucha gente tiene temor ante esas situaciones porque pues sí es riesgoso. Ya sabemos que en México al que denuncia lo convierten en culpable”.

 

Seis años “reconstruyendo” partes que no había. Y mi temor es que vayan a intervenir la parte de arriba, que es lo primero que se descubrió y que está protegido con el techo. Ahí no le tiene que hacer nada. Tienen que arreglar el techo y a eso no se le ha metido la mano y cualquier día… un temblor fuerte… no sé… no dudo que algún día va a pasar algo y puede ser por lluvia, por temblor, por desgaste, por cualquier cosa.

 

La voz es ahora de Rosalba Delgadillo: Cacaxtla plantea una serie de problemas de conservación que, a pesar de la tecnología de hoy en día, no hemos logrado proteger.

 

Finalmente no se está reconstruyendo. Cuando se reconstruye es que se me cayó un piso y lo vuelo a poner; se me cayó el muro y lo vuelvo a poner. Aquí se está prácticamente inventando escalinatas, descansos, taludes y tableros. Es increíble lo que está sucediendo.

 

Tienen un objetivo muy claro, según ellos, que es evitar que el basamento, que ahora está reseco, se colapse y se derrumbe totalmente. Entonces le están poniendo como un cinturón en la parte de abajo y el objetivo final va a ser retirar la techumbre en un tiempo no muy lejano, tengo entendido. El techo se garantizó por 20 años y ya se cumplieron el 2008.

 

- ¿Y cómo quedará la zona?

 

- No sabemos, desconocemos el proyecto.

 

El sombrío desánimo en ambos arqueólogos, Andrés Santana busca retraerlo con una idea que lo azoga tiempo atrás: la creación de una especie de vigilantes de la zona, “los amigos de Cacaxtla”, idea que ha lanzado repetidas ocasiones pero sigue hoy sólo en el imaginario, pues reclama impulsores… y hasta ahora nadie lo ha sido.

 

Pero Andrés Santa Sandoval está por tomar la iniciativa. El primer paso será integrar un grupo de personas coincidentes en interés. Conformado el grupo se procedería a interrogar a expertos sobre las mejores vías a seguir. Recabadas las opiniones especializadas se integrarán las propuestas. Sería más o menos como hacer una ONG, delinea Santana.

 

“En la época de Tulio Hernández hubo ya una asociación de este tipo, donde inclusive recabaron obras artísticas. Yo fui a ese evento en (la ciudad de) México con Silvia Pinal, y artistas donaron sus obras para ayudar a construir la techumbre, aunque fue un sentido más político pero con el fin de ayudar a poner una protección.

 

“Ahora habría que hacer una asociación que de alguna manera picara las espuelas al instituto (Nacional de Antropología e Historia) cuando se vaya por otro lado. Corregir el camino y el instituto que haga su trabajo… pero que lo haga bien. Es todo”.

 

Todos los monumentos, todos, –advierte- de deterioran. Cacaxtla se va a seguir deteriorando. Pero lo peor es que se está falsificando la historia y va a llegar el momento que hasta el turismo va a perder el interés cuando esto se sepa a nivel más amplio. Es como el caso de Xochitécatl, que es más de la mitad reconstruido y los mismos custodios, los guías de turistas dicen: eso está hecho, no se descubrió. Y eso a un mediano o largo plazo le puede suceder a Cacaxtla.

 

Además, que se sigan deteriorando las pinturas. Cuando las quieran desmontar de ese lugar, ya va a ser demasiado tarde.

 

 

 

contacto: piedra.de.toque@live.com

 

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