Títeres manipulados

Editorial
 
   
 
 

 

Pirotecnia y juegos verbales. Fantasía y fuga. Manipulación y pobreza.

 

Cuántas percepciones más pueden extraerse de la actividad teatral de títeres que en Tlaxcala se desarrolla.

 

Recién clausurada la edición 30 del Festival Internacional de Títeres Rosete Aranda, es posible hacer ya un corte de caja en las tres áreas que envuelven esta actividad en el estado: el festival, el Munati y la escuela latinoamericana.

 

                                                   Festival Internacional de Títeres

 

30 años desde su oficialización, cuando fue “retomado” de las manos de Alejandro Jara Villaseñor, quien acompañado por Guadalupe Alemán había realizado tres festivales con sus míseros recursos pero su incontenible voluntad y pasión.

 

El festival vivió sus momentos de gloria, de congruencia consigo mismo y con su historia, cuando llegó a todos los municipios de Tlaxcala. ¡Todos!. Las 44 municipalidades de ese entonces vieron llegaron la pequeña caravana multicolor de los muñecos animados. Emiliano Zapata, Terrenate, Francisco Villa… municipios eternamente olvidados, que en su vida nunca había recibido una actividad cultural, entonces fueron tocados por los pequeños seres articulados. El festival fue entonces congruentemente para los tlaxcaltecas todos.

 

Y la historia del titiritero errante cobró vida nuevamente, fiel a sí misma.

 

Paralelamente las exposiciones, los ciclos de películas alusivas a los títeres en la sala Miguel N. Lira, los talleres de elaboración, manipulación, dramaturgia, elaboración de guiones… las funciones internas nocturnas y cerradas entre titiriteros, verdaderos laboratorios de mejoras para cada espectáculos, resultado de las observaciones de los asistentes. Todo reventaba en un mismo sentido: el teatro de títeres y su evolución.

 

Y llegaron los mejores: Javier Villafañe, Emmanuel Márquez, Mireya Cueto, Carlos Converso… El escenario local burbujeaba de expectativa y emoción… Y la gente respondía.

 

Después, durante la administración de Alfonso Sánchez Anaya y la dirección de José Antonio Aguilar en el ITC, en aras de vender funciones se abrieron extensiones del festival en otros estados, pero se sacrificaron espacios ganados en nuestra entidad. Los más alejados, los miserables de siempre, fueron los cortados en un gobierno festinado con un supuesto sello social.

 

La luz de los títeres empezó a iluminar la región, pero oscureció el cielo en muchos municipios tlaxcaltecas.

 

Y desde hace dos años no hay extensiones en otros estados, en confesión pública del titular del ITC, Willebaldo Herrera, porque nadie las solicita ya. Pero tampoco crece la cobertura interna.

 

El informe oficial rendido al gobernador por los organizadores, coordinados por Jaime Flores, habla de más de 30 mil espectadores en los 35 municipios cubiertos. Interesante sería que se difundiera públicamente el reporte pormenorizado y evento por evento: conocer los números precisos y la manera de obtenerlos ya que la medición de asistencia debió ser en extremo difícil puesto que no se entregaron boletos y hubo casos como el Xicohténcatl donde incluso se montaron dobles funciones, no siempre la segunda a sala llena, pero en contraparte el teatro del IMSS no vivió un lleno a lo largo del festival, pero sobre todo la única persona comisionada por parte del ITC para esa plaza, apenas abría la puerta para ingreso del público y desaparecía hasta la siguiente función. ¿Cómo media la asistencia desde la distancia?

 

El malestar es patente en titiriteros: Alberto Palmero deslindándose públicamente del festival previo a su inicio. Después circularía la versión de que los organizadores, concretamente Jaime Flores y Fausto Hernández como indiciados, habrían efectuado llamadas a los grupos que les interesaba participaran en el festival, pero a nombre de Palmero y de Emmanuel Márquez, no del ITC únicamente. Palmero despejó dudas vía Facebook: él no fue parte de la organización. Y Emmanuel Márquez, recién llegado de Francia se habría desplazado inmediatamente a Tlaxcala –se especuló- para exigir explicaciones por la utilización indebida de su nombre sin su conocimiento, con la amenaza incluso de demandar a la organización… Y Emmanuel Márquez tuvo funciones no previstas inicialmente en la programación del festival, jugosamente pagadas. Pero el titiritero dejó en claro su sentir en una entrevista publicada en este mismo número de Piedra de Toque.

 

El Festival Internacional de Títeres Rosete Aranda retrocede peligrosamente en su impacto, en su trascendencia, en su esencia y en su espíritu. Lenta y persistentemente las instituciones públicas minan, adelgazan, roen el festival, cuyo estado de salud se agrava año con año.

 

Urgente es, tal como la demanda Emmanuel Márquez, un replanteamiento del evento… incluso más, diseñar una verdadera política pública que tuviera vigencia todo el año, no sólo los 15 días del festival. Una estrategia que promoviera y acompañara permanentemente a los grupos de títeres para proveerles de herramientas que mejoren su calidad, su visión. Pasar de una casi simbólica infraestructura a un real sistema de circulación estatal de los grupos con sus obras por todo el estado. Convenir intercambios con otros estados y la asistencia a otros festivales, pero resultado única y exclusivamente de la calidad, no de los favoritismos.

 

Urge un repensar no del festival… de la política gubernamental en cultura toda.

 

                                                       Museo Nacional del Títere

 

El proceso es idéntico: pensado como un espacio para resguardar emociones más que muñecos, para vivir y revivir una historia moldeada por miles de experiencias, para retomar y retransmitir una esencia y una pasión, el Museo Nacional del Títere lentamente ha sido apartado de la vida social.

 

Este año su director, Armando Rosete Rivera, fue merecedor de subir a un estrado sólo en la clausura del festival, y sólo después del regaño público del gobernador a los organizadores del festival durante la inauguración, por no convocar al director del Munati a la conferencia de prensa para la presentación del mismo.

 

Antes, el Munati prácticamente fue ignorado en el desfile inaugural.

 

Dos años atrás, en 2013, la inauguración del festival y su consecuente desfile aún tenían lugar en Huamantla, sede del Munati y cuna y residencia de la familia Rosete Aranda y su descendencia. Un buen día se decidió cambiar la fecha del festival: trasladarlo de julio-agosto, cuando los niños viven sus vacaciones de verano y tienen todo el tiempo del mundo para su esparcimiento, cuando Huamantla vive su fiesta patronal y su feria, para llevar el festival de títeres a octubre, cuando los niños están de lleno en periodo de clase, cuando las tareas son agotadores y tiempo falta para cumplirlas sin poder salir de asueto, cuando la feria de Tlaxcala capital tiene lugar.

 

Con la realización en la capital del acto y del desfile inaugural del festival, el evento recibió un golpe de centralización. Una de sus consecuencias fue la mínima participación, este año, del Munati y sólo el golpe público de autoridad del gobernador logró rescatar un poco de su maltrecha dignidad.

 

En organización, en la curaduría, en su oferta de servicios al público, en su diseño museográfico… el Munati exige ya una revisión y una reingeniería.

 

                                             Escuela Latinoamericana del Teatro de Títeres

 

Inaugurada tres años atrás en un ambiente festivo y hasta de cierta altivez, presente hasta en el bombo de su nombre, la Escuela Latinoamericana del Teatro de Títeres contó con el mismo presidente mundial de Unima (Unión Internacional de la Marioneta) en el acto inaugural. A partir de ese momento empezó la impartición de talleres, en tanto su consejo académico se dio a la tarea de allegarse de información e iniciar el diseño de una licenciatura en títeres, la primera de su tipo en México.

 

A su creación se le asignó un espacio en el centro cultural Huamantla, sólo a pocos pasos del Museo Nacional del Títere. Uno potencia al otro.

 

Pero el idilio ITC escuela latinoamericana de títeres duró menos que un suspiro. Con poco más de un año de edad la escuela empezó a verse mermada en sus espacios, en sus provisiones y en su libertad. Empero, el mayor daño lo acusó en el respeto.

 

El espacio físico que se le asignó paulatinamente fue apisonado, se comprimió, se hizo más y más chico hasta que desapareció. Entonces el trato que el ITC le prodigaba era como al hijo que aparece sin desearlo.

 

Y fue más que el espacio físico. Los recursos económicos, técnicos y logísticos para la escuela entraron en franco deterioro.

 

Se expandió entonces el rumor de su desaparición. Se especuló sobre la renuncia en masa del consejo académico… Todo parecía naufragar.

 

Esa vida indigente que amenazaba a la escuela tuvo un alto cuando, caritativamente, el centro cultural Chiautempan le abrió un rincón de su reducido mesón. Es ahí donde hoy la Escuela Latinoamericana del Teatro de Títeres boquea desesperadamente para no morir de asfixia.

 

“Ya sea en Españita o en medio del Popo” la escuela seguirá, confía un reacio a caer en la amargura Alberto Palmero. Es Latinoamericana. Es de toda América, insiste.

 

Pero el proyecto de la licenciatura está detenido indefinidamente.

 

El ITC sin el menor asomo de respeto ha menospreciado, insultado a la escuela y consecuentemente al proyecto que la sustenta. No se trata de sobre valorar el espacio físico donde se ubique, pero si de evaluar la actitud oficialista hacia la escuela.

 

Ese es el discurso más elocuente.

 

 

 

 

Contacto: piedra.de.toque@live.com 

 

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