Siglo y medio del teatro
Xicoténcatl... y lo que falta

Armando Díaz de la Mora
 
   
 
 
Escena del montaje Círculo vicioso, en el Xicohténcatl

 

Este texto fue leído por su autor en la presentación del libro El teatro Xicohténcatl es de todos, de Rubén Antelmo Pliego Bernal, acto ocurrido el 8 de octubre en el Museo de Arte de Tlaxcala (MAT), dentro del festival cultural por la fundación de Tlaxcala

 

 

Se trata de la primera edición, calientita, apenas tiene un mes y medio de haber salido de la imprenta. Es una edición particular. El autor, ya con varios libros publicados anteriormente, suma uno más. Me refiero al maestro Rubén Antelmo Pliego Bernal. 153 páginas, más 14 de apéndice y glosario. Tapa en rústica. Un esfuerzo importante en estos tiempos, por lo que sólo son 200 ejemplares.

 

Uno podría esperar un texto histórico, en el sentido estricto de la cronología, de la suma de datos, del análisis de la información, en fin, ortodoxo en la metodología de la historia.

 

Sin embargo, sin apartarse del discurso histórico, el abordaje es con enfoque a una lectura ligera, amena. Su lectura personalmente me provocó repensar y reflexionar como no lo había hecho antes. Así, en este momento más que describir el libro, quiero compartirles estas inquietudes que me surgieron.

 

Los ocho actos nos hablan del devenir de un edificio que sobrevivió dos etapas muy complicadas, en las que pudo ser derribado para darse otro uso al espacio, la primera en la última parte del siglo XIX y la siguiente a mediados del XX. Después regreso a este tema.

 

Hay otro momento no explicado hasta la fecha y difícil de interpretar: la construcción del teatro de la ciudad, después convertido en el cine Matamoros. La negativa para que sea vendido a un particular, pero que finalmente terminó siéndolo el señor Ignacio Rodríguez.

 

¿Qué razones existieron para construir un edificio que compitiera con el viejo teatro que apenas 40 años antes había sido mejorado sustancialmente? Es una tarea pendiente y no lo digo para nuestro autor, que además lo hemos platicado fuera de este texto que hoy nos convoca.

 

Antes de comentar aspectos tan importantes para la cotidianidad de la ciudad de Tlaxcala ¿y por qué no?, de gran parte del estado, quiero regresar a esos dos momentos en que sobrevive.

 

Pero vamos por partes. El edificio es mencionado por primera ocasión, de acuerdo a la investigación de Rubén, en el primer trimestre del año de 1861, y debemos dar el crédito al prefecto de la ciudad como el de la iniciativa, el señor Antonio Rojas.

 

El sitio, la calle real, nombre totalmente apropiado para la época ya que corresponde al camino que conectaba a la ciudad con la vía México-Veracruz como ya lo hemos demostrado en otro sitio.

 

Un pequeño edificio, básico, es lo que podemos deducir de la información de nuestro libro, con las limitaciones presupuestales de la época y de la propia ciudad que seguía sin crecer más allá de la iglesia de San José o de la actual calle Zitlalpopócatl; es decir, una información lógica es la que tenemos.

 

Pero aparece en el escenario y no me refiero al del teatro propiamente, sino al de la vida pública, al frente de la administración don Próspero Cahuantzi, y en 1888 inaugura las mejoras sustanciales al edificio. No se derrumba, no se cambia de sitio para tener su propia obra, sino que mejora el que ya se tiene para impulsar el crecimiento social a través de la cultura, un aspecto olvidado e intencionadamente negado a don Próspero: la preocupación por la educación y por la cultura. Sin embargo, esas mejoras no las realiza el gobierno, seguramente las facilita y contribuye de alguna manera a que se hagan. Y esto es sencillo de entender porque en 1906 será adquirido por el gobierno; es decir, pertenecía a un particular. Una secuencia lógica, porque el primer teatro de la década de los 60 (sic) es edificado con aportaciones particulares, no es una empresa gubernamental.

 

Me parece que es crucial este momento porque sienta las bases que harán que hasta el día de hoy esté en pie el teatro. La magnitud de la obra haría poco práctico y hasta impopular ya su desaparición.

 

El siguiente momento es con don Rafael Ávila Bretón que realiza obras de mejoramiento que hasta la fecha subsisten y que en las últimas décadas sólo se les ha dado mantenimiento. Un sólo ejemplo: el barandal de los palcos dejó de ser de madera para ser de mampostería y es probable el crecimiento de uno o dos pisos, que seguramente no se tuvieron en su primera etapa. Es decir, la estructura básica sigue siendo la misma con modificaciones.

 

Rubén (Pliego Bernal) nos lleva de la mano para entender la manera en que el teatro involucró a la sociedad tlaxcalteca dentro de su edificio.

 

Situación lógica al no existir otros espacios en los primeros 60 años del siglo XX en la ciudad capital.

 

A pesar del teatro de la ciudad que ya mencioné y que incluso se propone vender, el Xicohténcatl no pierde su preponderancia. Incluso podemos aventurar, sólo como una idea, que ese primer intento de venta y finalmente que lo hayan hecho, es por el fracaso al no poder competir con el teatro estatal.

 

Sobre el auditorio denominado Cuauhtémoc y luego cine, tampoco logra competir, por supuesto, por sus características particulares. Por cierto, ¿nombre mexica en pleno corazón de Tlaxcala? A veces nos falla. Hay escuelas con el nombre de Ignacio Ramírez, enemigo declarado de Tlaxcala, o de Antonio Díaz Varela que luchó contra Tlaxcala. En fin, esa es otra historia.

 

Luego en la década de los 70 del siglo pasado aparecen tres espacios: el auditorio circular del centro de capacitación 82 de la calle Hidalgo, en 1969-1970, sin los elementos de un teatro; en 1974 el auditorio de la Sociedad de Geografía, Historia, Estadística y Literatura, con camerinos y telón así como espacio para tramoya, pero que tampoco logró funcionar como teatro, y en 1975 el teatro del Seguro Social, con camerinos, foso de orquesta, tramoya, telón, iluminación, que en su momento creó expectativa entre la sociedad, llegando a ser el sitio para recibir al presidente de la República en algún momento, sigue siendo utilizado para diversas actividades pero no logró consolidarse en el imaginario colectivo.

 

En la década de los 80 surge el teatro Universitario, pero corre igual suerte, a pesar de contar con elementos necesarios.

 

Hay un momento, en 1978-1980, en que el Xicohténcatl es cine, cuando se procede a derribar el edificio del cine Matamoros y en compensación al dueño le permiten usar este espacio en tanto se construyen los cinemas del boulevard Revolución. Pasan en estreno Kramer vs Kramer, me dijeron vas a llorar, les dije que no, y pues, sí, se me salieron las lágrimas.

 

Es decir, la imagen del teatro Xicohténcatl no ha perdido su presencia en la sociedad tlaxcalteca, es un legado cultural, en el sentido amplio y lato de la palabra, desde que era el sitio en donde los que fuimos estudiantes del jardín de niños “Enrique Pestalozzi” nos presentábamos con nuestros números músico-teatrales; en que fue el sitio de coloquios de historia, de náhuatl, de coronaciones, de destapes políticos, de cursos, de reuniones de trabajo; es decir, un centro vital de esa sociedad.

 

Hoy mantiene esa presencia. Todos quieren realizar sus actividades en el teatro, como símbolo del recinto cultural por antonomasia. El simple hecho de anunciarse en este sitio da prestigio.

 

El teatro Xicohténcatl es de todos…

 

 

 

Contacto: piedra.de.toque@live.com

 

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