Sobrevive tres años la Escuela Latinoamericana de Títeres

José Luis Puga Sánchez
 
   
 
 
Títeres de Taiwan en el festival 2015

 

 

Adentrada en un largo viacrucis que cuenta ya más de 400 días, la Escuela Latinoamericana del Arte de los Títeres (ELAT) mantiene su esencia y su hambre de crecimiento vigentes. A poco más de tres años de formada con el espíritu de acercar a los titiriteros de todo el continente, la escuela ha debido sortear el menosprecio de su propia institución fundadora y madre: el Instituto Tlaxcalteca de Cultura (ITC), quien la fue comprimiendo poco a poco en el Museo Nacional del Títere, su sede primera, hasta lograr desalojarla. Violencia intrafamiliar.

 

A hurtadillas, contra su propio espíritu de grandeza, la escuela emigró o fue arrojado al Centro Cultural de Chiautempan, donde la compasiva alma huésped le acogió y mantiene con cierto decoro, apenas el necesario para no perder su dignidad… Pero preparan ya su plan académico para 2016.

 

Nacimiento con la mirada al cielo

 

Nacida en marzo de 2012 con la asistencia del mismísimo Jacques Trudeau, secretario general de la Unión Internacional de la Marioneta (Unima), en esas iniciáticas palabras el director del ITC, Willebaldo Herrera Téllez, habría de fijar un luminoso destino continental para la escuela, situada en la cuna de la compañía de marionetas Rosete Aranda: Huamantla. Y en la misma cama del otro ilustre vástago: el Museo Nacional del Títere (Munati). El festival, el museo y la escuela juntos habrían de potenciar el ADN titiritero de la ciudad.

 

De inmediato el consejo académico, conformado por Patricia Ostos, Raquel Bárcena (fundadora también del Munati), Carlos Converso y Alberto Palmero como coordinador de la escuela, se dio a la tarea de diseñar el plan académico y curricular de una licenciatura, que en su momento debería someterse el escrutinio y aprobación de la SEP y de Conaculta.

 

Pero del dicho al hecho hay micho trecho, juega el viejo refrán popular.

 

Un espacio peleado a muerte para la vida

 

La escuela –reseña Alberto Palmero- ha sido un campo de experimentación porque surgió con el entusiasmo de crearla, pero cuando la empezamos a construir vinieron entonces todas las dificultades, empezamos a descubrir cosas que podíamos hacer y qué no podíamos hacer. Descubrimos también lo difícil que es el arte de los títeres y lo difícil que es trabajar con titiriteros y lo difícil que es preparar todo un plan de clase para poderlo impartir a titiriteros.

 

Los titiriteros hoy –apunta- son todólogos. Todo lo hacen pero lo hacen por necesidad. Y al hacer todo el titiritero va descubriendo, pero siempre se interesa más en la construcción de títeres, pero con ello se va diluyendo la dramaturgia, la actuación o la dirección escénica. Cada titiritero a fuerza de la necesidad se ha hecho especialista en algo, pero basado en la práctica, en la experiencia. Ahora queremos unir cada libro, cada experiencia personal, escuchar lo que cada quien tiene que decir, pero a su vez demostrar la importancia de que escuchen también.

 

Al inicio del proceso académico en la escuela la prioridad era formalizar la escuela ante la Secretaría de Educación Pública, pero “después descubrí que ese no era el asunto; el asunto primero era demostrar que la escuela era necesaria y hacer cambiar a los grupos, para después ahora sí formalizar la escuela. Y hoy la escuela ya ha tomado una visión latinoamericana y con eso la escuela se va ampliando”.

 

El proyecto de la licenciatura consecuentemente está detenido. Palmero deposita en dos razones el inmovilismo: el dilema fue abrir la licenciatura o la especialidad. Pero después dije: ni licenciatura ni especialidad. Lo que hay que demostrar es que la escuela funciona, que hay un cambio con los titiriteros, eso es lo primero que tiene que demostrar. Después veremos si es especialidad o licenciatura… Y los resultados son estos: ya tenemos cuatro grupos asesorados y hay cambio en los grupos. No digo que hay un cambio a superestrellas ni nada de eso, pero sí hay un cambio en esos grupos.

 

El proyecto de la licenciatura está detenido. Se está trabajando con diplomados y se han dado en dirección escénica, actuación, diseño y ahora se están dando talleres. “Pero lo que más ha dado resultado, lo hemos visto, son los talleres y la asesoría, y más aún la asesoría”.

 

Aquellos grupos que cuantifican mayor participación en los talleres, aquellos que demuestran mucho más interés, a esos grupos se les proporciona un asesor, cuyos honorarios son cubiertos por la escuela. Y son asesores reconocidos como Carlos Converso, como Aidé Boeto, como Moisés Cabrera… y se han visto resultados –presume Palmero- porque trabajan la dramaturgia, la actuación, el diseño… Asesorías y diplomados conforman la actual oferta académica de la Escuela Latinoamericana de Títeres.

 

Y una nueva visión germina en la cubana cabeza de Palmero: que la escuela pudiera apoyar, por ejemplo con el transporte, a aquellos alumnos interesados en continuar su capacitación en Europa con connotados maestros. “Estoy pensando eso para proponerlo”.

 

La escuela crece, asegura experimentado titiritero. Ha habido acercamientos –asegura- de Colombia, de El Salvador, Nicaragua, Colombia, Paraguay, Argentina “que quieren venir a tomar cursos a la escuela, pero aún no tenemos condiciones. Hay que crear condiciones: que la escuela tenga una sede oficial, espacio que cuente con área de hospedaje, auditorio, un taller de construcción, un taller de danza, de actuación, de pantomima, que tenga músicos”.

 

Solo en esta parte final de 2015 la escuela recibió el trabajo directo de tres profesores “de los más importantes de Latinoamérica”: Salvador Lemis, dramaturgo y director; Aidé Boeto, actriz y dramaturga, y Alberto Logni en dirección escénica. “Ellos han estado en la escuela y hay que ver cómo han cambiado los alumnos. Y muchos de los actuales alumnos son reincidentes, han asistido a varios cursos y talleres en la escuela”.

 

Sí, el impacto puede ser muy importante con los talleristas. Pero la inmensa mayoría de titiriteros locales no asiste a la escuela, fenómeno que Palmero atribuye causales multifactoriales, pero sólo como algo movedizo, tenue, delgado. “Información han tenido, porque se difundió por todas partes: prensa, radio, televisión. Pero no lo sé. No sé qué decir…”, acepta pesaroso.

 

Totalmente fuera de su comprensión un fenómeno tal de abandono por parte del gremio tlaxcalteca, Alberto Palmero elucubra, trata de encontrar explicaciones. “No he hablado con ellos. A lo mejor piensan que ya lo tienen todo. A veces creas un personaje y ese personaje lo haces tan famoso, con tremendo impacto en el público, y ya crees que ya llegaste. Aquí no se llega. Nunca llegas. Las puestas en escena son propuestas y las puestas pueden bajar o subir del escenario. Las tienes que cambiar porque no funcionó, pero a veces tienen un espectáculo con buena propuesta y con eso viven… es lo mismo, y lo mismo, y lo mismo… No cambian. Pero tiene qué cambiar. También hay quien vive de fiestas infantiles y piensa que ya con eso lo resolvió. Hay grupos que no han venido ni quieren venir a la escuela. No, yo soy teatrista y no necesito eso. Yo estudié teatro, así nos dicen”.

 

Abogan alumnos por comprensión y apoyo

 

Dos de los alumnos privilegiados de la Escuela, Néstor Montes García del grupo Kokonetes y Alberto González Jiménez de Teatrarte, festinan su experiencia y su aprendizaje.

 

Montes pondera la calidad de los profesores, quienes han llevado a su grupo a una notable mejoría en su trabajo, lo que ha redundado –dice- en el ensanchamiento de su campo laboral. Y el grupo Kokonetes es precursor, ya que surge en el primero diplomado en la Escuela Latinoamericana del Arte de los Títeres, aunque individualmente los dos integrantes (Aidé Briones Valverde y él mismo) tengan su trayectoria particular anterior

 

“Y esos tres años en la ELAT representan un abismal aprendizaje. Antes en Tlaxcala nos preparábamos empíricamente, lo que nos enseñaban nuestros compañeros titiriteros… muévele así… hazle así… ponlo acá… ponle allá. Pero a raíz del primer diplomado nuestra visión se torna completamente diferente, ya que aquí vemos que todo lleva un sistema y si ese sistema no está bien aplicado, no vamos a generar un producto satisfactorio para el público”.

 

Alberto González Jiménez, director de Teatrarte y a la vez delegado en Tlaxcala de Unima, equipara el nivel de la ELAT con el de las grandes escuelas de Europa. “Se estrenó ya el trabajo del primer grupo asesorado a través de la escuela, trabajo excelente, y hay otros tres grupos trabajando con asesorías. Hay talleres, se empieza a dar lo que queríamos nosotros: la profesionalización”.

 

Acepta también la muy escasa respuesta local a la escuela. “Muchos de ellos creen que están en un nivel muy alto y tienen la profesionalización, cuando en realidad no es así. Es triste ver que la escuela nos da la oportunidad de asistir a talleres con maestros internacionales, y gratis, y no asistimos. Pero si se pusiera un costo, lo primero que harían sería pegar de gritos y decir que la escuela debe ser gratuita. Y hoy que es gratuita no llegan. Y todos, ¡todos!, han recibido invitación, tanto de la escuela como de la delegación de Unima”.

 

A tres años de su apertura –agrega- la escuela ha evolucionado tanto que nosotros mismos, quienes hemos sido asiduos alumnos, nos dimos cuenta que lo que hacíamos no estaba bien hecho, que necesitábamos profesionalizarnos en cuanto a dramaturgia, en cuanto a dirección, en cuanto a actuación, en cuanto a iluminación, en cuanto a diseño… Ha evolucionado bastante, nos ha ayudado bastante en nuestro trabajo. En tres años se ha avanzado lo que en muchos más no había sucedido, aunque digan que el ITC nos daba talleres.

 

Los apoyos institucionales hacia los grupos y hacia la escuela –acusa- no han fluido como debieran. Ellos (el ITC) siguen manejando una pequeña elite. La escuela ha sido relegada y todo por cuestiones de personas con una mentalidad tan pobre que en su momento lejos de participar y profesionalizarse, dijeron: no, nosotros nos quedamos del lado de la vaca institucional a seguir mamándole, diciéndoles que somos los mejores, cuando en realidad, y lo hemos visto, no son.

 

La urgencia de los resultados

 

Alberto Palmero hace frente a la situación: Todo nuestro mensaje es: ¡ven!, ¡ven!, ¡ven! Y no es fácil como está la situación en estos momentos en el país. ¡El titiritero tiene un compromiso moral!... y si no lo tienes estás perdido porque lo conviertes en negocio nada más.

 

Acaban de darse talleres para mejorar la redacción y la construcción de historias, sobre teatro de sombras. Y vienen varios talleres sobre nuevas técnicas en el mundo de la construcción de títeres. Eso estamos buscando… ¡tiene que haber un cambio!, ¡Tiene que haber un cambio!

 

Festeja que el presupuesto de Conaculta para la escuela se mantenga cuando menos un años más. Y la necesidad más apremiante de la escuela es un espacio adecuado y propio, “ya sea en Españita o en medio del Popo. Es escuela latinoamericana. Es de toda América… Y hay la posibilidad de que reciban ese espacio. Estamos en conversaciones con Conaculta y el Instituto Tlaxcalteca de Cultura para ver si ya oficialmente se da. Creo que hay algo por ahí”.

 

La reactivación del proyecto de la licenciatura podría suceder el año que viene, en 2016, cuando se elabore toda la fundamentación…

 

- ¡El año que viene es el último del gobierno del estado!...

 

- Así es…

 

- ¿Podrán?

 

- No sabemos…

 

Lo que pasa con la escuela –festeja- es algo maravilloso. Fue un proyecto pero se convirtió en una cosa grandísima. La escuela es reclamada ahora por todo el mundo. Los titiriteros quieren la escuela y no sólo en el país, también en otros países. Tenemos pedidos de Colombia, Nicaragua, Paraguay que quieren venir el año que viene a la escuela…

 

¿Y ahora qué vamos a hacer?... ¡Ni yo sé lo que vamos a hacer!

 

Y Palmero fija la urgencia en la disyuntiva entre especialidad o el diplomado. El consejo académico deberá decidir muy pronto. De paso, desechó rumores sobre una eventual salida de Patricia Ostos y Raquel Bárcena del consejo académico. “No, de ninguna manera. Lo que puede pasar es que el proyecto termine como tal. Eso sí puede pasar, aunque hasta ahora está todo el apoyo de Conaculta para esto”.

 

Ahora –añade- lo que han dado los festivales (Rosete Aranda) a sus 30 años, es una cantidad de grupos de titiriteros que necesitan especializarse. No son titiriteros: o son educadores, o son diseñadores, o son de las artes plásticas o son otras cosas, pero no tienen carrera como titiriteros. A esos grupos hay que especializarlos. Y esos pocos grupos es lo que ha dado el festival, no ha dado más. No pueden decir nada. Una maestra no es directora de teatro. Eso es lo que han dado festivales, festivales, festivales…

 

Aparecen grupos e inmediatamente los contratan, los mandan a funciones, los mandan aquí o los mandan allá…

 

- ¿No hay un sistema, una política, que los conduzca y los forme?, se le pregunta.

 

- No. La única política que ha existido es que se han ofrecido todo tipo de talleres, responde.

 

Dentro de los talleres de dramaturgia se ha descubierto, como ejemplo, que los titiriteros tienen facilidades para eso. Pero ya no regresan. No hay un seguimiento. El interés mayoritario es la construcción (de títeres).

 

Resultados, resultados, resultados… Esa es la premisa urgente de Alberto Palmero. Es la sobrevivencia de la escuela.

 

Y optimistas, preparan ya el plan académico para 2016.

 

 

 

Contacto: piedra.de.toque@live.com

 

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