Sexo sin sangre en la UAT

José Luis Puga Sánchez
 
   
 
 

 

Presentado como un musical de concientización hacia la juventud, materia prima en su ámbito de trabajo, el montaje Sexo, sexo, sexo es en realidad la reafirmación de los valores que dice combatir. La obra está vestida con todo el ropaje del teatro comercial que la televisión nos ha endosado por décadas, con sus telas anodinas y superficiales.

 

"Sexo, sexo, sexo es una comedia de 18 sketches escritos para promover la reflexión entre los jóvenes sobre el tema de la responsabilidad y la madurez en materia sexual”, dice la publicidad arengadora distribuida por la Compañía Universitaria de Teatro de la Universidad Autónoma de Tlaxcala (UAT), quien presentó el montaje este diciembre. Pero no, el escenario muestra algo muy diferente, a ratos opuesto.

 

Siete actores asumen papeles de jóvenes alienados, justamente formados con la televisión comercial, que ven las relaciones de pareja como algo puramente sexual… y esa es su crítica.

 

El final tiene la solución, la suya: nada de sexo sin amor. Nada más. Peligrosamente cercano a la visión conservadora de sólo sexo en el matrimonio.

 

No se asume a cabalidad, y con responsabilidad también, el derecho al placer: parejas que unen sus propias visiones del mundo y, sin dejarlas de lado, crean una nueva en conjunto, donde la sensualidad y la sexualidad tienen vida propia, sin ataduras, aunque sí con un compromiso. Las telarañas de ver al sexo sólo sujeto a algo más, sin valor por sí mismo, lastran gravemente el montaje.

 

Otro mensaje engañoso: la homosexualidad tiene su espacio en el musical. Se bosqueja una relación entre dos chavos, pero uno apenas lo susurra y el otro lo niega. Es una relación en la semioscuridad, como la inmensa mayoría en la realidad. Pero en el curso de la obra usan el personaje del homosexual en repetidas ocasiones, no precisamente la relación ya identificada, sino algo más genérico, cualquier homosexual… y en esta serie de intervenciones el trato hacia el personaje es de burla, de menosprecio, de escarnio.

 

Cuando finalmente el personaje homosexual identificado como pasivo decide “salir del clóset” y mostrarse públicamente como quiere ser, como se siente ser, lo cual implica la aceptación de su condición, el “amigo” y “consejero” le conmina a no hacerlo. ¿Para qué? Le sugiere tomar conciencia de sí mismo y aceptarse, pero en su interior. Ahí estará mejor, escondido, donde no se vea, donde no hiera susceptibilidades, la moral y las buenas costumbres.

 

Hilvanadas y enlazadas con pasajes que quieren ser humorísticos, las coreografías son, eso sí, rotundas y tajantes afirmaciones del talante de la obra: perfectamente pueden ser para los video clips de Yuri… o de Belinda… o de… ¡qué se yo!

 

Las voces de ellas son rescatables, buenas, con manejo de escalas. Hay un desenvolvimiento actoral sobre el escenario con cierta soltura, pero las técnicas son las mismas de cualquiera de los programas “cómicos” de Televisa: risa fácil basada en la sorna, en la superficialidad, en la banalidad. Son las mismas viejas fórmulas que viven aún gracias a un público alienado, desinfectado y acrítico modelado por intereses llanamente comerciales.

 

Hay aquí una confusión entre el significado antropológico de cultura, con sus creaciones y productos artísticos, y aquello que nos presentan como entretenimiento, con sus propios valores. No hay una diferenciación de cualidades, calidades y valores.

 

En un entorno universitario, donde los jóvenes moldean ya su visión del mundo y el papel que jugarán en su vida y en la de muchos más, deseable es que pudiéramos recibir propuestas frescas, liberadas y liberadoras. Que vean las relaciones de pareja, cualesquiera que sea su signo, como el contacto de dos vidas, de dos espíritus, de dos sensibilidades. Jóvenes con las herramientas éticas, filosóficas y de comprensión capaces de cuestionar el mundo y remodelarlo de una mejor manera.

 

No hay ni por asomo en Sexo, sexo, sexo modelos masculinos críticos, capaces de construir relaciones de pareja cimentadas en la igualdad de derechos y de obligaciones. No hay modelos femeninos que asuman a plenitud su papel de mujeres interactuando con el sexo y con la vida social y profesional en estrecha relación… No hay personajes que asuman el sexo como parte de la vida en toda su simpleza, belleza y complejidad.

 

Tiene la Compañía Universitaria de Teatro de la UAT por delante un gran trabajo y una más grande responsabilidad: Montar propuestas artísticas y culturales que formen personas conscientes, críticas y visionarias. La compañía representa al centro de educación superior más grande en el estado: educar es su sino fundacional.

 

 

 

 

Contacto: piedra.de.toque@live.com

 

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