Indefensa y arrinconada
la música tradicional

José Luis Puga Sánchez
 
   
 
 
Danza y música tradicional de carnaval

 

Los mexicanos, los tlaxcaltecas, desconocemos a ciencia cierta y en gran amplitud la importancia de la música tradicional que nos envuelve. Es más, la música que nos llega etiquetada como mexicana, no es tradicional, es música creada por las industrias culturales.

 

Amparo Sevilla, investigadora del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), está provista de las herramientas metodológicas y de conocimiento necesarias para sustentar su afirmación. Y añade cuentas al rosario: el gran desinterés demostrado por el gobierno, por los gobiernos en todos sus niveles hacia las expresiones musicales propias, reflejado en la diferencia en los presupuestos orientados a respaldar la música académica, la clásica y de orquestas, con los incentivos canalizados a los músicos de pueblo, de las comunidades.

 

La investigadora visitó Tlaxcala para tratar de sacudir conciencias, para construir voluntades, para abonar nuestro entendimiento. Y en esa obstinación resalta que las sinfónicas cuestan a nivel estatal “miles y miles de pesos y en casi todas las sinfónicas que hay ahora en el país, el 50 por ciento son músicos extranjeros y también, por supuesto, está la música comercial”.

 

Su preocupación hoy es, y lo subrayó, que los estados del país, los festivales, contratan ya la cultura Televisa. Respaldan, y muy caro, a los artistas que están conectados con Televisa. “En ningún festival estatal veo que haya música del propio estado y menos música tradicional. Y no estoy hablando de la música de mariachi que conocemos ahora, sino de músicas que se gestaron hace mucho, mucho, mucho tiempo, que tienen una profundidad histórica muy importante”.

 

Esa ausencia de conocimiento la extendió hacia el municipio, donde se minimiza el valor social y cultural de los músicos de su propia localidad… y son gente que se conoce que existe ahí. “Conocen a don fulano, don perengano, y no les dan ningún reconocimiento en ningún momento. Yo creo que los institutos de cultura tienen que hacer mucho trabajo con los alcaldes… mucho trabajo”.

 

Sabe que es un imposible, o cuando menos así lo piensa ella, pero los primeros a quienes se tendría que capacitar, educar, es a los políticos y a los funcionarios. “Entonces en cuanto entran los alcaldes, hacer una reunión para medio darles a entender la riqueza que tienen al ladito de sus narices, en la esquina de su casa”.

 

Además, la difusión de la música es casi inexistente en televisión, cine y radio. Y ese es uno de los principales problemas. La música tradicional perdió espacio social. “¿Qué quiere decir esto? No se escucha ni de relajo en ninguna radio, en nada. Desaparece del espacio público de los medios. Hay muy pocas radios, como ejemplo Radio Educación o Radio Universidad, pero la verdad es que casi no se escucha”. Lo que hay en la radio y en la televisión “lo saben ustedes de sobra”, cada vez menos en los espacios donde antes sí se daba, que son las fiestas religiosas, las bodas, los cumpleaños y otros espacios rituales y lugares de esparcimiento.

 

Muchos alcaldes -abunda Amparo Sevilla- venden la fiesta tradicional, el espacio social, a las cervecerías. Hemos visto que concesionar a una cervecería le da mucho dinero al ayuntamiento. Y hemos visto en muchos lados que está el músico tradicional en una esquinita, compitiendo con unos sonidazos que obviamente barren. En muchos lugares antes había fiestas y estas fiestas ya no existen, ya no se da que estén presentes los músicos de una manera cotidiana en la boda, en el bautizo, los cumpleaños, la fiesta religiosa, en fin. Y esta es una pérdida muy lamentable. Entonces de músicos de bandas tradicionales, por ejemplo con servicio comunitario, se pasó a esto. Se rompe así la formación de músicos jóvenes. Se rompe la cadena de la transmisión generacional.

 

Adicionalmente, recrimina que en los cursos y talleres de las casas de cultura no se enseña la música y el baile tradicional, “sino coreografías inventadas, porque todo lo que sacan los ballets folclóricos es puro invento… y tienen la desfachatez de decir que están rescatando. ¡No rescatan nada! Transforman todo. Trastocan todo… para el turismo”.

 

Hay -acusa- una desaparición paulatina de variantes de interpretación y afinaciones. Se está homologando -explica- a 440 (un tipo de métrica) lo que en México, en las músicas tradicionales, había en gran número. “Había un montón de afinaciones distintas y ahora se homologan, se pierden instrumentaciones, se pierden afinaciones, se meten instrumentos donde no había, en fin. Y a mí me preocupa mucho que en esta homologación se fomente mucho la fusión de la música tradicional. Si ustedes se dan cuenta las instituciones están provocando fusiones: hay una beca del Fonca (Fondo Nacional para la Cultura y las Artes) que se llama ‘músicos tradicionales’. Supuestamente esta beca a los músicos tradicionales les apoya… pero… cualquiera de ustedes puede entrar, meter su proyecto y decir ‘yo meto mi proyecto para seguir siendo músico en mi localidad’, pero les obligan a hacer fusión para la beca. Y eso es terrible porque desde los funcionarios que no saben nada de música tradicional, creen que crear es fusionar y no saben que dentro de la propia tradición siempre se está creando, y ustedes saben muy bien que cuando tocan una pieza, la tocan diferente cada vez. Hay creación”.

 

En una incesante espiral descendente, Amparo Sevilla prosigue su enumeración de grietas: Hay edición de discos sin permisos, sin créditos ni dividendos para los músicos. Todas las instituciones hemos grabado sin pagar, y los músicos pierden derechos porque cuando una institución graba, es la institución la que tiene el derecho de la grabación. Entonces si van a grabar, yo les pediría que tuvieran mucho cuidado que se tuviera claro en dónde quedan los derechos de esas grabaciones. Además, los músicos ocupan mucho tiempo para esas grabaciones. Yo creo que es justo pagar y que no pierdan sus derechos de las grabaciones.

 

Y lo peor de todo: no tenemos legislación. En México no existen los derechos colectivos, y ese es un gran problema porque la música de las comunidades indígenas, por ejemplo, ¿quién tiene los derechos? Entonces llega Lila Dawns y hace de la música zapoteca lo que se le… le inspire su marido gringo, que siempre le mete la onda gringa, la señora se pasea por todo el mundo diciendo que está dando a conocer la música mexicana… y ¿qué pasa ahí con los derechos del pueblo zapoteco? Pues no hay derechos colectivos.

 

Otro gran problema. Uno más: se perdió el espacio social para la creación, recreación y apreciación de estas músicas tradicionales, entonces urge instrumentar acciones para generar presencia y visibilidad. Pero aquí hay un problema en la visibilidad. “Ustedes saben que ahorita la Unesco está dando declaratorias de patrimonio de la humanidad: el mariachi ya es patrimonio de toda la humanidad, pero también la música de los purépechas, que se llama pirecuas, y además la danza de los voladores. Pues resulta que nosotros estamos haciendo investigación a nivel comunitario y realmente estas declaratorias de la Unesco están generando muchísimos problemas, porque otra vez resulta lo mismo: los ganones son las empresas, no los músicos; ese es el gran problema de la visibilidad”.

 

Visibilidad, pero en control de los creadores, no de los empresarios, exige.

 

Hay ruptura en transmisión de conocimiento. Entonces es muy importante trabajar en la formación de nuevas generaciones de músicos que se interesen por continuar, “aunque toquen lo que quieran, pero que no se pierda ese conocimiento simultáneo y paralelo de sus músicas tradicionales”.

 

En ese somero y fugaz recorrido por las enfermedades de la música tradicional, Amparo Sevilla acepta que casi ningún mexicano, casi, “conocemos toda la música tradicional que hay en el país. Cuando llegamos a conocer, conocemos lo de nuestro propio estado, pero en realidad no tenemos idea de toda la riqueza que hay”. Hay que generar acciones para valorar esta música y generar conocimiento.

 

 

 

 

Contacto: piedra.de.toque@live.com

 

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