Han dejado de ser exigentes
los escritores en Tlaxcala

José Luis Puga Sánchez
 
   
 
 
Reencarnación de Efrén Minero

 

Hay muchos escritores en Tlaxcala que no quieren ir hacia la profesionalización. Y no lo hacen porque no quieren abandonar la comodidad, no quieren abandonar la posibilidad de dejar de salir en el periódico, porque temen eliminar la posibilidad de que el instituto de cultura les publique, detestan alejarse de ese cierto reconocimiento del que gozan. Así se explica el narrador Iván Farías la reticencia de muchos colegas suyos para alejarse de Tlaxcala y oxigenar en otras latitudes y con otras vivencias y personas su visión y su producción.

 

El estado de Tlaxcala experimenta un largo letargo en su producción literaria (cuento y poesía, porque la novela es inexistente), estado de postración que Farías fundamenta en el desde su percepción decremento en el nivel de exigencia de los escritores locales. Han dejado de ser exigentes quienes escriben en este estado. Lamenta que se han dejado perder los lugares que se habían ganado, “que estaban ahí. Por ejemplo, la Pinacoteca era un lugar donde había muchas cosas, y de pronto lo dejaron perder; acabo de pasar y veo que estará cerrado 90 días. ¿Por qué permiten que se cierre tanto tiempo? ¿Por qué dejan que ese espacio se pierda? ¿Por qué dejan que un montón de espacios se vayan perdiendo? Porque ya no lo exigen. Creo que el nivel de exigencia del autor también debería ir por ahí, buscar lugares…”.

 

En un hábitat semidesértico, erizado de zarzas y de lijas oficialistas, los escritores viven y trabajan en la semiclandestinidad. Sin ediciones por parte del Instituto Tlaxcalteca de Cultura, sin presentaciones de libros, sin conferencias, sin talleres. Pero la magnitud de esa tormenta invernal no ha sido lo suficientemente poderosa como para sacudir a la gran mayoría de los trabajadores de la cultura. Pocos, muy pocos salen a nuevos retos, a nuevas oportunidades. Y no lo hacen porque “es cómodo, es sencillo y no hay como una exigencia: puedes entregar las cuartillas que quieras, puedes hacer esto; no hay como que tienes que pensar en un tema que pueda generarte lectores. Creo que es debido a eso, a una como seguridad. Y no es porque yo lo piense así o porque yo sea… yo soy un escritor incipiente, pero si me calan los escritores gringos que me gustan mucho”.

 

Sí, a Iván Farías le calan “los gringos… yo me quedé mucho con la idea gringa protestante (de protesta): si cierran este lugar yo abro otro lugar… No me lo va a dar el gobierno, pues yo lo voy a hacer, yo voy a abrir otro lugar”.

 

- ¿Falta entonces perspectiva, o ambición…? porque la actividad está decayendo en todos sentidos.

 

- Sí, y no sólo es culpa de papá gobierno, sino de uno que no exige, que no pide, que reviva lugares o que reabra sitios. El único lugar que sé que existe es el que montó Isolda Dosamantes, La Galería de la Nube.

 

Iván retoma entonces su motivación para salir hace tres años y medio del pesebre y explorar nuevas rutas: una de las cosas por las que decidí irme fue porque… bueno ya había publicado en el instituto de cultura, publicaba seguido en El Sol de Tlaxcala y yo sentía que tenía que dar como otro paso y seguir y seguir y seguir trabajando en el sentido de la profesionalización, porque me ha afectado mucho leer escritores gringos, en especial hay un escritor policiaco que se llama Lawrence Block y otro que se llama Elmore Leonard. Block tiene un manual que se llama Tejiendo la telaraña, cómo crear historias, y lo que marcaba mucho Block era profesionalizarse, ser profesional, es decir cobrar, es decir poder vivir de eso… y te dabas cuenta que en Tlaxcala, y en general en muchas partes de la república, no puedes vivir de eso si no te has hecho como un nombre… y el lugar que queda más cerca es el DF.

 

Y una de las consecuencias de independizarse, de profesionalizarse, de cobrar por el trabajo realizado, es una mayor exigencia. Hay un editor, hay una persona que te dice: sabes qué, ese texto no va a entrar, ese texto no va aquí, tienes que cambiarle, no puedes mandarme tanto, tiene que pertenecer a ciertos caracteres, y yo creo que esa parte de la profesionalización te nutre mucho, te hace crecer mucho y creo que en general al interior de la república en Tlaxcala hace falta eso: la profesionalización. Pedir que te paguen por las colaboraciones, no hacerlo de gratis. Porque cuando, como se dice el que paga manda, cuando te pagan hay un grado de exigencia y hay un cambio en ti, porque eso quiere decir que también tú tienes que dar lo mejor de ti. Y no es que yo me haya convertido en un súper escritor, en una cosa así, pero ya me adapto a tiempos, te vas dando cuenta que hay determinadas cosas que tienes que ir haciendo para sacar una novela, dejar los cuentos… A mí me gustan mucho los cuentos, pero la industria editorial te pide novelas si quieres publicar en una editorial grande: Planeta, Océano… Es parte de ese rollo de profesionalizarse.

 

Y yo -confiesa- tengo una obsesión con el cine. A mí me gustaría que alguna vez una historia mía la llevaran al cine, entonces ese es como el camino.

 

Y en Tlaxcala llega un momento de que ya no puedes pasar de eso, ya no puedes romper ese momento, y eso es lo que yo veo con muchos compañeros que tienen mucho talento, que tienen esas habilidades, pero que no quieren.

 

 

 

 

Contacto: piedra.de.toque@live.com

 

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