La cultura en el voto

Editorial
 
   
 
 

Como cada primavera las minifaldas, como cada año nuevo las promesas de purificación, como en cada juramento al cargo el voto de honestidad, así cada inicio de campaña proselitista electoral l@s candidat@s se afanan en construir una fotografía de popularidad, persiguen un acercamiento con la sociedad sobre la que esperan influir.

 

A cuatro meses de la definición en urnas de la más grande elección en Tlaxcala a la fecha, candidatos y candidatas exploran ya contactos con la grey artística, ya sus encomenderos abren las rutas, se hacen presentes en las reuniones de artistas, ya l@s candidat@s despliegan espejismos de interés por el quehacer artístico en el estado, ya enarbolan un supuesto conocimiento de la cultura nuestra.

 

Cíclicamente, el fenómeno se reproduce cada periodo electoral.

 

Ellas y ellos, candidatas y candidatos, todos buscan votos y con ese interés no desechan ninguna posibilidad de acercarse a sus potenciales electores. Sus emisarios hablan del conocimiento que en el terreno del arte y la cultura blande su candidat@. Aseguran que tiene mucho, enorme interés en apoyar este campo de la actividad humana y, por eso mismo, llama a trabajar juntos en la construcción de planes y políticas públicas para el sector. Hay ya, aseguran, un plan de trabajo base, están los cimientos –recalcan ufanos- para la construcción de un gran edificio que atesore la cultura. Solo falta –surge la llaga- la opinión de los creadores, solo falta su aportación para terminar de moldear la nueva sociedad para nuestra –su- pequeña circunscripción.

 

Y hay y habrá encuentros, varias reuniones. Se analizarán propuestas, se dará cuerpo a pequeños sistemas de políticas públicas y todos al final, entendidos de que la tarea es inacabable, se dirán satisfechos. Algo se avanzó, pensarán.

 

Y ya en el vendaval que las campañas proselitistas esparcirán en todo el estado, el polvo del desinterés cubrirá gran parte de lo abordado, mucho de lo consensado. L@s candidat@s dirigirán ahora su interés hacia su verdadera prioridad: el poder político. El arte y la cultura serán entonces objeto de museo: expuestos en una vitrina donde nadie los toque y vistos por casi nadie. Esa ha sido la experiencia colectiva en todas las campañas electorales, trátese del partido que se trate.

 

En los municipios la situación es aún más dramática. No ha habido candidat@s que valoren lo suficiente al arte y la cultura para realizar un trabajo amplio y sostenido en sus campañas, menos aún para confeccionar políticas en el sector aplicables en sus administraciones.

 

¿Y el Congreso local? Nada. Todo muerto. No hay una ley general de fomento al arte y la cultura y ninguno de “nuestros representantes” lo percibe. Existe una ley que norma la actuación del Instituto Tlaxcalteca de Cultura (ITC), pero no la hay para el festinado Centro de las Artes. ¿Y el colorido muestrario de costumbres y tradiciones que cintilan en todos los recovecos del estado? Ningún diputad@, y menos aún aspirante, lo ha percibido lo suficiente como para proponer alicientes legales para esta actividad.

 

Tlaxcala resuma historia, arte, tradiciones y costumbres, pero viven solo en su parte social. La administrativa y la política bajan los ojos y pasan de soslayo. Interés no existe.

 

Hoy que por alcanzar el poder algunos candidat@s voltean hacia el voto ciudadano, convendría que hicieran públicos sus proyectos en cultura, sería necesario que se divulgarán sus acuerdos con los diversos grupos y personas del mundo del arte local, fundamental resultaría que verdaderamente se construyeran programas y políticas en conjunto.

 

¡Más que una necesidad, es una urgencia!

 

 

 

 

 

Contacto: piedra.de.toque@live.com

 

Regresar al inicio de esta página


Diseño y desarrollo: Iomedia