Voces femeninas: el epistolario de Margaret Plahte, una mirada a México y la Revolución Mexicana (1910-1920)

Diana Arauz Mercado*
 
   
 
 

La voz femenina como fuente documental directa en torno a la narración y/o participación en sucesos históricos, es una temática desarrollada desde hace pocas décadas gracias a la continua investigación archivística además de la traducción, publicación y difusión de trabajos sobre autoras poco conocidas (1). Así pues, las biografías, diarios, relatos, memorias, tratados, libros, libros de viajes (2) y por supuesto las cartas escritas en primera persona por mujeres o mandadas a escribir por ellas, han constituido útiles aportaciones no sólo para la Historia de las mujeres y los estudios de género (3) sino también importantes referencias políticas, jurídicas, filosóficas, literarias o artísticas a la hora de reabordar la historia de los siglos XIX y XX tanto en Europa como en América. Algunas de estos documentos, nos llegan de la mano de la escocesa Frances Inglis Calderón de la Barca (Edimburgo 1804-Madrid 1882) con su obra La vida en México durante una residencia de dos años en ese país, publicada en 1843 donde describe a la sociedad mexicana contrastándola con la de los Estados Unidos y Europa; las tres publicaciones de la pionera feminista Ethel Alec-Tweedie (Londres 1862-1940), editora, historiadora, periodista y viajera por más de veinte años a los Estados Unidos, Rusia e India. Escribió en 1901, America as I Saw It; 1906, The Marker of Modern Mexico. Porfirio Díaz y once años más tarde, México. From Díaz to the Kaiser. Por la misma época entre 1916 y 1917, otra periodista, Edith O´Shaughnessy (Carolina del Norte 1876-Nueva York 1939), aportó Diplomat´s Wife in Mexico y Diplomatic Days, ilustrándonos sobre las complejidades políticas, diplomáticas y económicas entre los períodos de Porfirio Díaz a Victoriano Huerta, hasta la coyuntura 1913-1914 (4). En definitiva el conjunto de lo que implicó la experiencia vivida en espacios privados y públicos, el oficio, educación, perspectiva histórica y origen socio económico de estas escritoras e intelectuales, daría un juicio y una valoración propia a su época, dignos de reinterpretarse en nuestros días (5).

 

En ese orden de ideas en lo que atañe a la Revolución mexicana, retomaremos algunas fuentes documentales que nos retratan la participación de mujeres en dicho conflicto (6), pero alejados de narraciones femeninas que puedan describir con candidez la complejidad del escenario político vivido durante dicho período (7). De esta forma, se estudiará brevemente la correspondencia mantenida entre los años 1910-1920 por Plahte Lie y sus suegros Thomasine y Jonas Lie, gracias a los documentos editados por su cónyuge -el diplomático noruego Michael Li- reeditados y publicados a través de la sobrina nieta de Margaret (8), interesada en que dicha documentación trascendiera las fronteras del ámbito noruego. Aclaramos desde ya que el presente artículo se limitará a exponer la particular óptica de Plahte Lie sobre los hechos históricos que era testigo (9), bajo la lente de quien perteneciendo a círculos diplomáticos recién configurados, visitaba por vez primera un país en plena Revolución conducido por la llamada “senda del progreso” (10). Se sigue el estricto orden cronológico en que la autora fechó las misivas y resaltamos exclusivamente sus estancias dentro del territorio mexicano.

 

ACERCAMIENTO BIOGRÁFICO A MARGARET ANN PLAHTE. PRIMER CONTACTO CON MÉXICO

 

Proveniente de una familia de la alta burguesía que le proporcionó una educación formal, Plahte -de madre inglesa y padre noruego dedicado a los negocios- fue la única sobreviviente de cuatro hijos. Al enviudar, Frithjof Plahte se casa en segundas nupcias con la noruega Marie Birch y cuando Margareth tenía 15 años, la familia se traslada definitivamente a la actual Oslo, lo cual contribuyó a cultivar en todos sus miembros una relación más cercana con la vida cultural de aquel entonces (11), en especial, con integrantes de las corrientes pictóricas.

 

Así pues, las primeras imágenes de Margaret Ann Plahte Lie (Inglaterra 1863-1955) nos llegan a través del arte. Su colega noruega, la artista Asta Norregaard, realizó en París hacia el año 1881 un retrato de ella titulado Maggie emprendiendo un viaje. En él, observamos a una joven y elegante señorita al lado de sus baúles. Tres años más tarde posaría en otra fotografía parisina, esta vez acompañada de su pequeña hija Daisy, fruto del primer matrimonio con el pintor Christian Skredsvig a quien había conocido en la casa de Paul Gauguin. La muerte de la pequeña llevaría a la ruptura de la pareja. Después de obtener el divorcio por resolución real en 1898, contrae nupcias con el diplomático Michael Lie con quien viaja a México en 1910, tras su nombramiento como primer delegado plenipotenciario noruego en México (12).

 

La autora decide entonces mantener correspondencia con sus suegros, el autor noruego Jonas Lie y su esposa Thomasine, develando en sendas cartas de forma ágil y minuciosa sus impresiones sobre la geografía, gentes, costumbres, luchas políticas y de clases en torno al México convulso de la década mencionada, a través de sus propios viajes y vivencias mientras acompañaba en actividades diplomáticas a su segundo esposo. El arribo de nuestros protagonistas en 1910 a tierras mexicanas, se produce con ocasión de los festejos para el Centenario de la Independencia, hecho acompañado de una difícil y tensa situación también en política internacional en cuanto que el país nórdico pretendía liberarse de su unión con Suecia y ser nación independiente. Lo que en la práctica hacía efectiva dicha libertad era precisamente -según explica Margaret Plahte- generar su propia representación diplomática y política exterior (13).

 

En esta forma correspondió a la pareja y a Plahte Lie como embajadora de su país, compartir en primera persona diversas conversaciones, tertulias, actividades culturales, diplomáticas e intercambios epistolares (14) con distintos políticos, ministros y hombres destacados de la Revolución: Porfirio Díaz, Francisco Madero, Francisco de la Barra, Victoriano Huerta, Venustiano Carranza y Álvaro Obregón (15).

 

RESIDENCIA EN MÉXICO Y PRIMERAS AUDIENCIAS CON PORFIRIO DÍAZ

 

La correspondencia de Margareth Ann Plahte con su familia política se inicia el 10 de septiembre de 1910 narrando el viaje por mar a La Habana y México, no sin mostrarse preocupada por tres decesos a bordo causados por la viruela. El episodio queda superado días más tarde, al desembarcar en Veracruz y dar sus primeras impresiones: “(…) tenía yo que fijarme en todo lo extraño, los tipos de indios con sus sombreros de ala ancha, las palmeras, la vegetación tropical y las casas de techo plano, deslumbrantemente blancas con balcones de madera. El cielo intensamente azul y un sol calcinante” (16).

 

Ya instalada en su residencia de México, nos ofrece una detallada ubicación de la ciudad describiendo con precisión pies de altura y características geográficas en comparación a las ya lejanas montañas de Noruega; refiere que las calles son hermosas, con grandes avenidas plantadas de árboles y varios almacenes franceses donde surtirse de todo. En el entorno privado, llama su atención el excesivo seguimiento de la servidumbre y amas de llaves quienes no la dejan ni moverse, “la acompañan hasta para lavarse las manos y están listos con la toalla para secarla” (17). Su primera impresión respecto al Estado mexicano, es que al parecer “tiene tanto dinero como el desierto la arena (…) la ciudad se ilumina todas las noches hasta el 30 de septiembre” (18).

 

En la primera audiencia de la pareja con Porfirio Díaz, Plahte describe al presidente como una persona de gran personalidad, con expresiones faciales y corporales que denotan vitalidad (especialmente al subir y bajar las escaleras de su residencia, “aquí donde la altura afecta tanto el corazón”); en una segunda audiencia el 20 de diciembre de 1910, es presentada a la primera dama, Carmen Romero Rubio y Castelló de Díaz (19). Los matrimonios mexicano y noruego comparten una larga velada, de la cual la autora destaca:

 

“Don Porfirio mencionó entonces sus actividades anteriores cuando se trataba de liberar a México de la intervención extranjera, y contó que en 1865, siendo el gobernador del estado de Oaxaca y después de intensas batallas, había sido hecho prisionero por las tropas del mariscal francés Bazaine, pero que después de una reclusión bastante larga se había escapado de la prisión descolgándose por una reata” (20).

 

Posteriormente, después de salir el grupo de invitados a disfrutar del bellísimo bosque de Chapultepec (21) llamó su atención -señala en el epistolario- los variados atuendos, monturas y trajes utilizados por distintos sectores sociales. Así describe los detalles:

 

“(…) me interesó ver a todos los hacendados -varios cientos- que se presentaron montados en sus elegantes cabalgaduras y con sus trajes pintorescos, pantalones ceñidos al tobillo con botonadura de plata desde la cintura hasta los pies y chaquetas cortas de ante, de color natural, ricamente bordadas con cintas de plata. Sus sombreros de ala ancha bordeada con banda de plata. La montura en el mismo estilo, adornada y repujada con plata y grandes pieles de animal colgando a ambos lados de la silla de montar. Por la montura se conocerá a la gente”. En relación a los indios, la mayoría de ellos “llevan tan sólo la vestimenta más necesaria, calzones blancos de algodón, una camisa o blusón cortos y un sombrero ancho, así como sandalias en los pies. Una manta de lana roja, sarape -tiene una abertura en el centro para sacar la cabeza- y sirve tanto de abrigo como de cobija, y a menudo también como una combinación de cama y cobija. Los nativos no temen acostarse sobre la tierra y pasar la noche donde sea. Las mujeres tienen faldas floreadas en colores claros, con frecuencia con enaguas de encaje blancas abajo, así como blusas de colores claros y un chal, reboso, largo con flecos largos que coquetamente se echan sobre la cabeza y un hombro” (22).

 

CORRESPONDENCIA 1910-1912

 

A un par de meses de residir en México (noviembre de 1910) y compartir experiencias diplomáticas, sociales y lúdicas con otras mujeres de su entorno como escritoras, intelectuales e incluso arqueólogas (23), la autora conoce más a fondo el medio que la rodea y cambia su tono literario por uno más drástico, descriptivo de la realidad bélica del convulso 1910. Afirma que la vida humana era “mercancía barata en México” y que las cosas se hacen de otra forma que en Europa; aprecia que en la ciudad no haya malaria como en la zona costera, pero le preocupa que de vez en cuando se presenten epidemias de tifo (24). Señala en forma abierta que encuentra a su alrededor a una población ignorante y que “por eso fácilmente se deja instigar y engañar” (25).

 

De igual modo en misiva del 27 de noviembre de 1910, Plahte Lie da cuenta de los disturbios políticos en las pequeñas ciudades circunvecinas, la tensión manifestada en distintos sectores de la población (su marido y ella no son excepción) y que se supone la insurrección ya había sido contrarrestada sustancialmente, a pesar de que Madero “promete oro y bosques verdes”, expresión noruega equivalente a “prometer milagros”:

 

“El caudillo de los revolucionarios se llama Francisco I. Madero; y se dice que todos los que han sido descubiertos que, de una u otra manera han tenido contacto con él, han sido fusilados o arrestados. Que Madero tiene agentes secretos en todas las ciudades grandes. La causa es la próxima reelección del presidente, el general Porfirio Díaz, para el nuevo período electoral que inicia el 2 de diciembre. En Puebla… resultaron muertas ciento setenta personas entre las tropas federales y los revolucionarios… aquí también hubo una demostración contra los extranjeros, especialmente los norteamericanos, en la que gritan: ¡Abajo los gringos! Parece ser que el refrán es México para los mexicanos, fuera los extranjeros, los estadounidenses que les quitan el pan a los nativos” (26).

 

Revisada la prensa del día siguiente, Plahte Lie comenta el enfrentamiento en una batalla entre las tropas federales y los revolucionarios en el estado de Chihuahua, a veinte horas en ferrocarril de la capital colindante con la frontera de los Estados Unidos (27). Madero –concluye- quiere confiscar las propiedades del gobierno en esa zona.

 

Como era lógico suponer y por cuestiones de seguridad diplomática, el matrimonio Lie abandona ciudad de México. Así pues, a 21 de mayo de 1911 la autora continúa su epistolario desde un hotel de Veracruz, advirtiendo sobre los rumores de que los rebeldes buscaban interrumpir el abastecimiento de agua y luz en la capital; de los tumultos partidarios de Madero quienes so pretexto del concepto “libertad” aprovechan para robar, saquear y destruir lo que encuentran por el camino. Menciona la inutilidad que representaría dejar visible la bandera noruega al exterior del hotel donde se alojaban, ante la sinrazón de la muchedumbre enardecida. Advierte en esta carta que muchos señores y también su marido, han pasado noches en vela custodiando espacios y portando revólveres; los ferrocarriles fueron suspendidos en muchos lugares, los trenes saqueados y la gente asesinada (28).

 

La entrada de Madero a la ciudad de México (29), es descrita por Plahte en medio de los famosos movimientos telúricos que acompañaron el suceso: “En este momento redoblan los tambores, la entrada del caudillo de los revolucionarios, Francisco I. madero. Su casa está en la misma calle en que vivimos ahora… Ha sido éste un tiempo que deja su marca tanto en México como en nuestras caras, creo yo… ¡Deberían ustedes de haber estado aquí esta noche! ¡Un temblor tremendo y peligroso! Nos mecíamos de aquí para allá como si la casa se encontrara sobre grandes sillas mecedoras. Que no se haya destruido, es completamente incomprensible … Respecto a Porfirio Díaz, que por decirlo así se encontraba amenazado de muerte aquí, sucedió que tuvo que salir a escondidas con su familia a media noche en el tren a Veracruz… y a pesar de que la simpatía estaba ahora con Madero, gritaron “Viva Porfirio Díaz” (30).

 

La autora reinicia sus cartas a finales de marzo de 1912, mencionando: “Todo palidece en estos días ante el deseo de poder vivir en paz… Cada día, nuevas emociones”. Es decir, tiene claro que la Revolución va a continuar. Declara en forma abierta que el nuevo presidente es un idealista con buenas intenciones, pero sin la comprensión de que el desarrollo de un país debe darse gradualmente, con disciplina y orden. Esto es triste de ver -afirma la autora en su epistolario- pues las grandes riquezas naturales mexicanas en agricultura, minas o yacimientos petroleros no son explotadas lo suficiente; la vida comercial se ha apagado, mientras que los trabajadores de ferrocarriles discutirán la huelga. Los sucesos trágicos continúan según el amplio relato de Plahte: El general que estaba en frente de las tropas federales al norte de Chihuahua –agrega- se suicidó, al comprobar el triunfo de los rebeldes. Por último, el matrimonio Lie parte a La Habana en el mes de abril. No volvemos a tener noticias a través del epistolario de Margareth Ann hasta febrero de 1913.

 

EL NUEVO PRESIDENTE Y LOS PERSONAJES REVOLUCIONARIOS

 

El retorno de la pareja diplomática a la ciudad de México en febrero de 1913, es señalado por Plahte Lie con la queja de que el correo había sido suspendido. Una vez más fueron testigos de las acciones bélicas, esta vez observando desde una azotea los heridos y muertos que yacían en la plaza del Zócalo, al tiempo que se izaban las banderas extranjeras en todas las legaciones:

 

“Inmediatamente después de nuestra llegada a la legación alemana, comenzó un fuerte cañoneo entre la Ciudadela y el Paseo de la Reforma donde los maderistas habían colocado sus baterías… El tiroteo continuó todo el día. Podíamos escuchar constantemente cómo los proyectiles de fusil y de ametralladora pegaban en el muro de nuestro dormitorio… Algunas familias alemanas fueron llevadas en automóvil al suburbio de Tacubaya, donde la legación alemana les había conseguido una casa y donde no había tiroteo… La lluvia de granadas resultó ser una oportunidad apropiada para toda clase de asaltos y robos. Las bandas operaban por todas partes y la situación empeoró cuando las puertas de la cárcel de Belén fueron abiertas y aproximadamente tres mil presos salieron libres. La cárcel se encontraba en medio de la línea de fuego y por eso dejaron salir a los presos” (31).

 

Estaba decidido -según había escuchado la escritora en una recepción de la embajada norteamericana- que Madero saldría con su familia la noche del 22 de febrero por Veracruz.

 

A finales de abril de 1913, Plahte Lie, en queja abierta del estado de deterioro en que se encontraban su salud y sus nervios debido a la constante tensión a que se veían sometidos todos los miembros del grupo diplomático, nos relata algunas líneas de la intimidad doméstica, siempre relacionada con el mundo exterior: seguía el ritual acostumbrado de las siete de la mañana en compañía de su doméstica Josefa estudiando periódicos y haciendo balance de los encabezados, de las ciudades sitiadas, o calculando la bajada monetaria del peso.

 

En relación a asuntos políticos llamó poderosamente su atención que en el discurso pronunciado por el presidente Huerta con motivo de la posesión destacara estar orgulloso de su origen indígena, fuera jocoso y humorístico, hasta el punto de afirmar “Yo soy hombre feo”, y nombrara a dos de sus ministros Duques de Xochimilco y Tacubaya, con el propósito de “hacerlos más finos”. En palabras de la noruega, Huerta parecía ser simpático, inteligente y sencillo, opinión que transformaría más adelante, cuando éste decide arrestar a toda la Cámara de Diputados acusándola de conspirar en su contra (32); en sus cartas de febrero de 1914, expresa que si el gobierno no tiene medios de poder suficientes para detener a los rebeldes, se desatará la anarquía. Preocupada por la situación económica y sin olvidar las funciones asignadas e intereses en la diplomacia, Plahte denunciaba constantemente las pérdidas causadas a los patrimonios de los extranjeros en los diferentes distritos controlados por aquellos.

 

Las notas en las que informa y describe a detalle la actuación de los protagonistas del período revolucionario, ocupan un lugar destacado en la colección epistolar de la autora:

 

“Zapata, Villa y Carranza causan estragos cada uno por su lado. Zapata hace que todo el estado de Morelos y hasta las cercanías de ciudad de México, Tlalpam (sic) y Xochimilco, se vuelvan inseguros. Asolan y saquean por todas partes. Villa, en el norte, ha confiscado grandes y valiosas tierras en el estado de Chihuahua y ha tomado prisionero al sobrino del ex ministro del Exterior, Creel, quien es copropietario de esas propiedades, y exige medio millón de dólares como rescate. Todos los españoles han sido expulsados del estado de Chihuahua y solamente les han dado diez horas de plazo. Especialmente los villistas parecen comportarse como auténticos bandidos y hay toda clase de rumores respecto a sus crímenes. Carranza por lo menos tiene una idea, o sea, cumplir firmemente con la Constitución, lo que, sin embargo, no evita que también sus bandas se comporten de la manera más soez” (33).

 

El matrimonio Lie permaneció en La Habana entre 1914 y 1916 (34). La travesía de dicho viaje fue marcada en el epistolario de la escritora al haber observado con horror algunos cuerpos de bandidos fusilados colgando de los postes de telégrafo a manera de advertencia (35). La pareja regresaría oficialmente al país para volver a formar parte de la legación noruega de honor, esta vez, del presidente Carranza (36). La situación política y militar parecía algo más sencilla y clara, pero Villa y Zapata seguían cada uno en sus correspondientes distritos (37), según palabras de Plahte Lie.

 

La escritora criticó duramente a Carranza por el hecho de ocurrírsele ofrecer un banquete a todo el cuerpo diplomático en tiempos de guerra (año 1917), mientras su tono literario se mostraba un poco más positivo que en años anteriores: “Al haber un poco de paz, se olvida todo lo malo y horroroso”, sin embargo, era imposible dejar de relatar que en los últimos tiempos los bandidos seguían practicando el método de tomar como prisioneros a gentes extranjeras y pedir rescate en dinero a cambio de su libertad. Respecto a las nuevas elecciones, aclaraba que Obregón era un hombre autoritario y no se dejaría sacar del juego fácilmente; que ya estaba acostumbrada a que la Revolución estallara en cada elección presidencial y que no le quedaban dudas que los intereses económicos en México, eran lo realmente valioso para el partido de turno. A pesar de lo anterior y de todas las experiencias acumuladas, Margareth Ann Plahte cierra su colección epistolar en 1920 con el regreso a su país natal, no sin antes señalar: “México estará siempre para mí en luces de bengala!!!”.

 

REFLEXIONES FINALES

 

La correspondencia de Margareth Ann Plahte, en un inicio dirigida a sus suegros, constituye una invaluable fuente documental tanto del México que observó por vez primera una viajera con ojos del otro lado del Atlántico, como de los hechos que describen las experiencias vividas durante la Revolución mexicana desde su particular y oficial posicionamiento como mujer anglo-noruega procedente de la alta burguesía. En ese sentido las palabras de la autora, protagonista directa de los sucesos del país donde residía (los informes diplomáticos de las gestiones realizadas por su marido ocupan en el documento un lugar complementario) adquirieron triple peso a lo largo de un siglo. Por un lado, informar a los suyos durante diez años sobre el conflicto bélico -a Noruega no siempre llegaban noticias sobre México-. De otro, contribuir hasta nuestros días con la mirada proyectada hacia otras ventanas como testimonio útil para seguir abonando reflexiones a un período histórico tan complejo como lo fue el revolucionario, desde la participación de mujeres pertenecientes a estatus determinados y posicionamientos políticos-económicos concretos, y por último, abrir nuevos diálogos donde podamos interpretar que algunos líderes revolucionarios reconocieron la contribución de las féminas y apelaron a su concepto de nacionalismo.

 

Las cartas describen no sólo el escenario diplomático, político y bélico desde la ciudad de México sino también la geografía, costumbres, cultura e imágenes pintorescas mexicanas a través de la voz de quien empieza a descubrir las desconcertantes maravillas de un nuevo país -acaso no tan progresista como se afirmaba en los círculos diplomáticos- en permanente conflicto bélico. La autora enriquece el contenido de su obra cuando se traslada a otros escenarios como Cuba, Nueva York, Berlín, España o Noruega, pero el hilo conductor de las relaciones con México durante la década 1910-1920 y su capacidad de observación social, se mantienen intactos.

 

De igual modo, los actores políticos que atraviesan el epistolario van más allá de su papel protagónico de presidentes o dictadores y se retratan -gracias a una pluma femenina- en lo que todos los hombres públicos también son: seres de carne y hueso, padres de familia, gentes de vida cotidiana y porque no, derrochadores de simpatía, alegría o risas en épocas convulsas. La valía del corpus documental de Plahte Lie radica. precisamente, en haber sabido conjugar la importancia de los sucesos desarrollados en espacios tanto públicos como privados a la hora de narrarnos su versión sobre la Revolución, dando eco a otras voces que complementan las de soldaderas, coronelas, periodistas, intelectuales, etcétera, de la Revolución mexicana.

 

Por último, las aspiraciones de Noruega al pretender su independencia, la construcción de las nacientes relaciones diplomáticas entre ese país y México, el hecho de que Noruega fuera pionera en implementar el derecho al voto femenino, más las experiencias adquiridas dentro y fuera del ámbito diplomático por Plahte Lie constituyeron causas importantes para motivar a otras mujeres de su tiempo a mantenerse en observación crítica y escritura constantes en Europa y América. El despunte de los movimientos de mujeres y en el caso mexicano, las primeras ligas feministas (1912) o el primer congreso feminista en Mérida (1916) de la mano de personajes relevantes como Elvia Carrillo Puerto, dan cuenta de ello.

 

No se equivocaba Camilla Plahte en el año 2010, al insistir en recuperar un lugar dentro de la historia para esta colección documental. Sin lugar a dudas ambas escritoras han obsequiado una bocanada de aire fresco tanto a los análisis sobre la Revolución mexicana como a la Historia de las mujeres en México, tarea a veces olvidada al pretender reconstruir el imaginario de nuestros continentes.

 

 

 

 

(1) A manera de ejemplo, podríamos citar de CABRÉ I PAIRET, Monserrat y RUBIO HERRÁEZ, Esther (eds.): Marie de Gournay. Escritos sobre la igualdad y en defensa de las mujeres. Madrid, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 2014; la traducción y estudio sobre la obra de Mary Wollstonecraft a cargo de LOUIS GONZÁLEZ, Marta: Vindicación de los derechos de la mujer. México, Taurus, 2013 o la aportación de la vida y obra de Cristina Trivulzio di Belgioioso en ARRIAGA, Mercedes y GONZÁLEZ, Estela: De la presente condición de las mujeres y de su futuro. Madrid, Arcibel, 2011. Finalmente de LÓPEZ-CORDÓN, M.ª Victoria: Madame de Staël. Reflexiones sobre el proceso de la Reina. Madrid, Abada, 2006.

 

(2) FERRÚS ANTÓN, Beatriz: Mujer y literatura de viaje en el siglo XIX: entre España y las Américas. Valencia, PUV-Biblioteca Javier Coy, 2011.

 

(3) Vid. GALEANA, Patricia (coord.): La historia de las mujeres en México. México, Instituto Zacatecano de Cultura Ramón López Velarde, 2010; ARAUZ MERCADO, Diana: “Imagen y palabra a través de las mujeres medievales (siglos IX-XV). Primera parte: Mujeres medievales del Occidente europeo”. Escritura e Imagen, Revista Científica de la Universidad Complutense de Madrid, 1 (2005-2006) 199-220; “Imagen y palabra a través de las mujeres medievales. Segunda parte: Mujeres medievales en los reinos hispánicos”. Escritura e Imagen, Revista Científica de la Universidad Complutense de Madrid, 2 (2005-2006) 147-172.

 

(4) Véanse las referencias bibliográficas aportadas al final del presente artículo. Otras dos escritoras no vinculadas con el ámbito diplomático se enfocarían más en la defensa de sus intereses patrimoniales, como fueron los casos de las extranjeras residentes en México, Kate Rosalie Evans (Murt, Australia, 1879-1924) y Rosa King (India, 1865-México, 1955). De la primera, conocemos su libro The Rosalie Evans Letters from Mexico (1926), un compendio de la correspondencia enviada a diferentes periódicos norteamericanos e ingleses durante el gobierno de Obregón defendiendo sus haciendas y patrimonio en la ciudad Puebla; en el caso de King —amiga de Huerta, admiradora de Zapata—, denunció, describió y analizó a través de Tempest over Mexico: a Personal Chronicle (1935), en su calidad de propietaria hotelera en Cuernavaca, además de los efectos económicos y políticos dejados por la Revolución, a distintas personalidades de su tiempo. (LÓPEZ GONZÁLEZ, Valentín: “Viaje de la Marquesa Calderón de la Barca por Tierra Caliente”. Cuadernos Históricos Morelenses, 2 (2000) 3-44; HENDERSON, Timothy: The Worm in the Wheat: Rosalie Evans and the Agrarian Struggle in the Puebla-Tlaxcala Valley of Mexico 1906-1927. Montgomery, Auburn University, 1998 y KING, Rosa: Tempest over Mexico: a Personal Chronicle. Boston, Little, Brown and Company, 1944).

 

(5) Para un replanteamiento metodológico sobre la forma de abordar el estudio de las mujeres desde la perspectiva de género vid., RAMOS ESCANDÓN, Carmen: “Señoritas porfirianas: mujer e ideología en el México porfirista, 1880-1910”. En RAMOS, Carmen (coord.): Presencia y transparencia: la mujer en la historia de México. México, El Colegio de México, 2.ª edic., 2006, pp. 145-161.

 

(6) PONIATOWSKA, Elena: Las soldaderas. México, Conaculta-INAH, 5.ª reimpr., 2010 y CANO, Gabriela (compil.): Género, poder y política en el México posrevolucionario. México, Fondo de Cultura Económica, 2010.

 

(7) MEYER, Lorenzo: Prólogo a la obra Indómita. Cartas a Noruega sobre la Revolución Mexicana. México, Conaculta, 2010, pp. 15-20.

 

(8) PLAHTE, Camilla: Indómita. Cartas a Noruega sobre la Revolución Mexicana. México, Conaculta, 2010.

 

(9) La autora describe los acontecimientos y en ocasiones los debate plasmando sus consideraciones, pero no los analiza.

 

(10) RAMOS ESCANDÓN, Carmen: “Señoritas porfirianas: mujer e ideología en el México progresista, 1880-1910”, op. cit., p. 146.

 

(11) PLAHTE, Camilla: Indómita. Cartas a Noruega sobre la Revolución mexicana, op. cit., p. 22.

 

(12) Como correspondía a una mujer burguesa de su época, Maggie —así llamada por familiares y amigos cercanos— se situó política y literariamente detrás de su cónyuge. Él, firmó como autor una primera edición del libro que hoy comentamos en el año 1929 (edit. Gyldental) bajo el título Mi vida como diplomático develando desde el prefacio que su esposa era la verdadera escritora. La obra contenía los textos de México, Estocolmo y Madrid. Años más tarde, la obra se reeditó con el nuevo título y la autoría correspondiente. (PLAHTE, Camilla: Indómita. Cartas a Noruega sobre la Revolución mexicana, op. cit., pp. 28-29 y 172 y ss).

 

(13) Sobre el tratado de unión Suecia-Noruega entre 1814 y 1905 y el posterior reconocimiento de Noruega como reino independiente en el último año mencionado, vid. LE BAS, J.: Historia de Suecia y Noruega. Barcelona, Imprenta del Imparcial, 1845 y ESTÉVEZ MARTÍN, Alejandra (traducc.): Historia de Suecia. Madrid, Akal, 2011.

 

(14) “He estado muy ocupada durante largo tiempo con un informe que he escrito en limpio pues he aprendido a escribir en máquina y de esta manera, si es necesario, puedo copiar cartas y escritos para M., cuando el canciller no alcanza a hacerlo”. (Ciudad de México, a 27 de noviembre de 1910. En: PLAHTE, Camilla: op. cit., p. 46).

 

(15) Son pocos los documentos con voces femeninas (siglo XIX/inicios del XX) que abordan diálogos directos con políticos, presidentes, diplomáticos u hombres públicos relevantes del entorno mexicano (un ejemplo valioso lo encontramos en los documentos escritos por la primera dama Margarita Maza de Juárez, a su esposo, Benito Juárez). Ante dichas carencias documentales el epistolario escrito por Margaret Plahte Lie, constituye ir más allá de un simple “integrarse al rumor de los días” y de los acontecimientos revolucionarios. Vid. SÁNCHEZ, Andrea: “De la correspondencia de Margarita Maza de Juárez”. Suplementos al Boletín del Instituto de Investigaciones Bibliográficas, 2 (1976) 19-56 y MONSIVÁIS, Carlos: “De cuando los símbolos no dejaban ver el género (Las mujeres y la Revolución mexicana)”. En CANO, Gabriela (compil.): Género, poder y política en el México posrevolucionario, op. cit., p.16.

 

(16) PLAHTE, Camilla: op. cit., p. 38.

 

(17) Queja similar expresaría en relación a su viaje a Cuba en febrero de 1911 al denunciar el verse obligada a permanecer mucho tiempo en el interior del hogar, pues no estaba bien visto que las señoras estuviesen solas en la calle. (Ibídem, p. 57).

 

(18) Ibíd., p. 41, último día del mes en que se celebraban las fiestas conmemorativas.

 

(19) Tamaulipas 1864-Ciudad de México 1943. Hija de Manuel Romero Rubio, colaborador en el gobierno de Porfirio Díaz. Casó con éste en 1881, justo año y medio después de fallecer Delfina Ortega, primera esposa del dictador. Conocemos de su actividad como primera dama, a través de las cincuenta y dos cartas enviadas desde el exilio al administrador de bienes de la familia, Enrique Danel, entre los años 1911 a 1923. Las misivas fueron remitidas desde Francia, España, Alemania, Suiza y El Cairo. Constituyen fuentes documentales de interés al plasmar la visión de Romero Rubio sobre asuntos públicos y privados desde el exilio, ante la compleja situación que atravesaba su país. (Archivo Carmen Romero Rubio de Díaz, Archivos y Manuscritos, Fondo Reservado UNAM, en http://bnm.unam.mx/index.php/hnm-fondo-reservado/ archivos-y-manuscritos?start=2, consultado el 25/01/2014).

 

(20) PLAHTE, Camilla: op. cit., pp. 53-54.

 

(21) Dos años antes (1908), se había construido la Casa del Lago, lugar donde se realizaban destacadas fiestas de la sociedad porfirista. Durante las fiestas del Centenario, Chapultepec recibió en su castillo a embajadores extranjeros y personajes ilustres.

 

(22) PLAHTE, Camilla: op. cit., pp. 41-42. Los atuendos descritos por la autora contrastaban enormemente con la última moda de las señoras burguesas —incluso para disfrutar días de campo— y los trajes portados por la totalidad de miembros de los cuerpos diplomáticos en ceremonias no oficiales. (Ibídem, pp. 202 a 209 y PONIATOWSKA, Elena: Las Soldaderas, op. cit., pp. 50, 76 y 77).

 

(23) Sobre la presencia revolucionaria de mujeres pertenecientes a diferentes estratos sociales (escritoras, periodistas, maestras, secretarias, empleadas asalariadas, soldaderas, voceras, coronelas, cocineras, enfermeras, propagandistas, contrabandistas, prostitutas, etc.), vid. TURNER, Frederick: “Los efectos de la participación femenina en la Revolución de 1910”. Historia mexicana, 16, 4 (1967) 603-620; ARAUZ, Diana y GUILLÉN, Bertha: “Historia, mujeres y revolución: Un repaso a la historiografía mexicana a propósito de los diálogos con América Latina”. En DEL VAL VALDIVIESO, M.ª Isabel y SEGURA GRAIÑO, Cristina (coords.): La participación de las mujeres en lo político. Mediación, representación y toma de decisiones. Madrid, Almudayna, 2011, pp. 65-78 y GARCÍA, Claudia: Las mujeres en la Historia de la prensa. Una mirada a cinco siglos de participación femenina en México. México, Demac, 2012, pp. 75-94.

 

(24) PLAHTE, Camilla: op. cit., pp. 45-51.

 

(25) Ibídem, p. 46. Dichos juicios de valor no constituían una novedad de parte de las escritoras extranjeras. Años atrás (1843) la ya mencionada Frances Inglis Calderón de la Barca en su libro La vida en México…, describía duramente las costumbres y nivel cultural del país que visitaba y empezaba a conformarse en su etapa independentista. Aunque el reconocimiento oficial de la obra y su autoría se dio hasta principios del siglo XX, autores como Ignacio Manuel Altamirano, Heriberto Frías o Manuel Payno, afirmaron en su tiempo que la pluma de la cronista escocesa representaba otra de las falsedades literarias que contribuían al desprestigio de México. (Vid. TEIXIDOR, Felipe (traducc.): La vida en México por Madame Calderón de la Barca. México, Porrúa, 1959).

 

(26) PLAHTE, Camilla: op. cit., p. 47. No es nuestro objetivo entrar a analizar o debatir en torno a la complejidad y consecuencias político revolucionarias del conjunto de sucesos aquí señalados. Al respecto, puede revisarse el estudio de LARA, Luis: De Porfirio Díaz a Francisco I. Madero: la sucesión dictatorial de 1911. México, Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana, 1985, así como el Epistolario: Archivo de don Francisco I. Madero. México, Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana, 2 vols. 2.ª edic., 1985.

 

(27) Otro testimonio revolucionario dentro de la misma geografía chihuahuense, lo aporta la reciente publicación de ENCISO CONTRERAS, José: Dr. E. Brondo Whitt. La División del Norte (1914), por un testigo presencial. México, Tribunal Superior de Justicia del Estado de Zacatecas, 2014.

 

(28) PLAHTE, Camilla: op. cit., pp. 61-63.

 

(29) Vid. https://www.youtube.com/watch?v=fIgoia8I_24, Archivos del Instituto Nacional de Antropología e Historia.

 

(30) El 7 de noviembre de 1911 Plahte y otras tres damas de la diplomacia fueron invitadas a presenciar la posesión del presidente Madero. Como la puerta por la que tenían que pasar —a través de un coche— no se abrió, la muchedumbre se colgó al automóvil mientras gritaba a las señoras ¡Fuera los gringos! agrediendo en los brazos a una de ellas. Los caballeros llegaron más tarde —explica Plahte— pero “a causa del respeto que infunden sus uniformes bordados en oro y sus sombreros picudos con plumas blancas, pudieron pasar más fácilmente”. La cercanía y el espíritu de la navidad hicieron olvidar el incidente. La autora relata cómo intercambiaron costumbres navideñas con sus sirvientes habituales y otros invitados nacionales y extranjeros en sus residencias. (PLAHTE, Camilla: op. cit., pp. 65, 76 y 81).

 

(31) Ibídem, pp. 94-98.

 

(32) Ibíd., pp. 104-107.

 

(33) Como salta a la vista, villistas y zapatistas no fueron bien vistos por la autora mientras que Venustiano Carranza aparece descrito en su epistolario como hombre inteligente, amable y de autoridad inflexible. El lema “México para los mexicanos”, es resaltado por Plahte Lie en sus misivas a la vez que describe como violentos y terriblemente sanguinarios hechos concretos derivados de la Revolución, tales como la forma en que el capital británico perdía el control en materia ferroviaria; una nueva modalidad de pedir dinero (secuestro) capturando extranjeros, incluso con cargos consulares, o matanzas como las acontecidas en la ciudad de Torreón donde fueron asesinados y mutilados alrededor de trescientos chinos. (Ibíd., pp. 69 y 118).

 

(34) Mientras tanto en 1914, se llevaba a cabo la recuperación de una plaza estratégica que abriría el paso del norte al centro de la República mexicana llevando a un acuerdo temporal a las fuerzas carrancistas y villistas. La participación femenina durante este y otros episodios de la Revolución, la encontramos referenciada en sendos documentos fotográficos. (Vid. SALMERÓN, Pedro e IBARROLA, Bernardo: La gran batalla de Zacatecas 23 de junio de 1914. México, Clío, 2014, pp. 48-49, 87, 96, 98, 105, 112, 131 y 167).

 

(35) Como es conocido, cada sector social tuvo su propio impacto con los sucesos revolucionarios en su papel de protagonistas, testigos o víctimas. En el caso de la vida cotidiana de las mujeres abundan las referencias judiciales por violaciones y delitos pasionales, entre otros muchos. Vid. a manera de ejemplo el caso de violación de Carlota Beck, o el asesinato del diplomático Carlos Félix Díaz a manos de Magdalena Jurado, en DE LOS REYES, Aurelio, “Crimen y castigo: la disfunción social en el México posrevolucionario”. En GONZALBO, Pilar (dir.): Historia de la vida cotidiana en México V, vol. 2, Siglo XX. La imagen, ¿espejo de la vida? México, El Colegio de México, pp. 301-343.

 

(36) PLAHTE, Camilla: op. cit., p. 135 y ss. Durante estos dos años Margareth Ann no perdió contacto con México, pues recibió ininterrumpidamente cartas de diferentes personalidades tratando asuntos públicos y privados incluyendo las de su camarera indígena, la india Josefa (firmaba como “la última de sus servidores”), quien durante ese tiempo cuidó y administró la casa de la pareja diplomática.

 

(37) Unos meses después de la batalla mencionada —Zacatecas— Villa y Zapata entraron a la ciudad de México marcando el triunfo de la revolución popular. (Vid. doc. 66198 SINAFO, Fototeca Nacional-INAH, en SALMERÓN, Pedro e IBARROLA, Bernardo: La gran batalla de Zacatecas… op. cit., p. 171).

 

 

* Universidad Autónoma de Zacatecas

 

 

 

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