Los murales de Xochitiotzin,
mirada al espejo profundo

Manuel Aguilar Moreno *
 
   
 
 
Fragmento del mural de Xochitiotzin "La caída de los dioses"

El muralismo es un arte, por definición y por su naturaleza, político y social; no puede desprenderse de esa característica, y ha contribuido de manera sustantiva a la formación de la identidad nacional mexicana. Tlaxcala tiene en Desiderio Hernández Xochitiotzin una contribución fundamental para la construcción de la identidad tlaxcalteca.

 

Diego Rivera, José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros, Juan O ‘Gorman e inmediatamente después, en orden cronológico y de importancia, se localiza Xochitiotzin

 

Para hablar de José del Sagrado Corazón de Jesús Desiderio Hernández Xochitiotzin, es necesario hablar primero del muralismo mexicano.

 

MURALISMO DE FRENTE Y PERFIL

 

Xochitiotzin nació en 1922, en el momento en que Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros estaban pintando sus murales en el Colegio de San Ildefonso de la ciudad de México.

 

El muralismo mexicano, como todos sabemos, es un movimiento de arte público que inicia en 1921 bajo el apoyo de José Vasconcelos. Un movimiento que incluso fue ideado por el Dr. Atl originalmente, aunque el Dr. Atl casi nunca pintó murales, pero es uno de los creadores de la idea de expresar la historia a través de murales.

 

Muchas personas creen que este movimiento tiene más influencia de Europa que otra cosa. Pero hay que aclarar que la pintura mural existe en México desde la época olmeca, luego tenemos la pintura de Teotihuacán, los mayas, Cacaxtla, etcétera, hasta llegar a los aztecas.

 

Además, nuestros pintores tuvieron influencia de otros artistas europeos, porque fueron a Europa donde estuvieron en contacto con diferentes corrientes y conocieron, por ejemplo, los murales medievales en Italia, eso creó una inspiración también, pero la gran maravilla es que ese arte ya venía de nuestros ancestros prehispánicos.

 

La intención del muralismo era educar a las masas analfabetas que al final del porfiriato eran el 90 por ciento del país. O sea: teníamos un 10 por ciento de gente que sabía leer y escribir y el 90 por ciento que no. Entonces la idea de crear estos libros de historia pintados, que en realidad eso son los murales, totalmente gráficos con los que empieza el muralismo, totalmente visuales, la idea era que el pueblo analfabeto pudiera entender de manera visual la historia y la cultura de su propio país y de sus propias regiones, claro en ese momento bajo la óptica de los principios sociales y políticos de la revolución mexicana.

 

En el devenir de este nuevo arte, de esta nueva experiencia de educar a través de elementos visuales, hay que recordar, por ejemplo, que además de los murales en los edificios públicos, Vasconcelos mandó maestros rurales a todo el país en una época que era hasta peligroso, porque los caciques los mataban porque era enseñar y darle poder a la gente. Entonces cuando llegaban y se daban cuenta que nadie sabía ni tenía idea de lo que era un libro, tuvieron que empezar con libros ilustrados. Y así existen libros que fueron ilustrados por José Clemente Orozco, precisamente para ser libros visuales. De ahí surgió, muchos años después, la idea del libro de texto gratuito que el gobierno vuelve a retomar, en este caso con la pintura de otro muralista: Jorge González Camarena (la imagen de la patria –Victoria Dorantes, oriunda de Tlaxco, Tlaxcala- con la bandera) y que por más que fueron criticados, tuvieron una función importante en la educación de esas generaciones.

 

Estamos en esa efervescencia de mundo nuevo, postrevolucionario, donde se tiene que comunicar de otra manera con el pueblo.

 

Siqueiros, con el apoyo de sus compañeros muralistas de esa primera generación, tales como Diego Rivera, José Clemente Orozco, Javier Rivero, Alva de la Canal y varios más, proclaman en un manifiesto el objetivo del muralismo, publicado en 1924 en periódico El Machete. Cita:

 

Repudiamos la pintura llamada de caballete y todo el arte de cenáculo ultra intelectual por aristocrático, y exaltamos las manifestaciones de arte monumental por ser de utilidad pública. Proclamamos que toda manifestación estética ajena o contraria al sentimiento popular es burguesa y debe desaparecer porque contribuye a pervertir el gusto de nuestra raza, ya casi completamente pervertido en las ciudades. Proclamamos que siendo nuestro momento social de transición entre el aniquilamiento de un orden envejecido y la implantación de un orden nuevo, los creadores de belleza deben esforzarse porque su labor presente un aspecto claro de propaganda ideológica en bien del pueblo, haciendo del arte, que actualmente es una manifestación de masturbación individualista, una finalidad de belleza para todos, de educación y de combate”. Fin de la cita.

 

Es muy claro y muy fuerte el objetivo y lo que está detrás de esta nueva expresión que llegó incluso a influir a muchos países del mundo. Fue una gran novedad histórica y hubo mucho interés de artistas de todas partes del mundo de querer hacer muralismo y emular el muralismo en sus propios países.

 

Los murales no tienen un valor comercial, por lo tanto no se pueden vender ni comprar y son elementos permanentes en algunos edificios públicos de importancia en México a los que todo mundo tiene acceso. Los murales no se pueden esconder para un grupo privilegiado de gente. Es un arte para todos.

 

MURALES PALACIEGOS EN TLAXCALA

 

Desiderio Hernández Xochitiotzin se formó en ese ambiente del México postrevolucionario y estudió en la Academia de Bellas Artes de Puebla. Allí conoció la obra de artistas como José Guadalupe Posada o Agustín Arrieta, tlaxcalteca de Chiautempan. Con un influjo sobre la obra de Xochitiotzin, académicos todos, se cuentan Rodrigo Gutiérrez –pintor de “El senado de Tlaxcala”, expuesto en el Museo Nacional de Arte-, Francisco Goitia y Diego Rivera. Todos dejaron una significativa influencia en el trabajo de Xochitiotzin.

 

Dibujante, pintor, grabador, escritor, arquitecto, cronista, catedrático, investigador y restaurador, Desiderio Hernández Xochitiotzin fue el último sobreviviente de la segunda generación de los grandes muralistas del siglo XX, entre quienes se puede enlistar a José Chávez Morado, Gabriel Flores, Raúl Anguiano, Guillermo Chávez Vega, Alfredo Zalce y algunos más.

 

El sacerdote e historiador jesuita Felipe Pardiñas comenta sobre el artista tlaxcalteca: “Desiderio es un pintor popular cristiano y moderno, porque es auténticamente popular y legítimamente mexicano en el paisaje, en la expresión del sufrimiento y en la fuerza expresiva de su pintura”.

 

En 1947 presenta su primera exposición importante y ahí decide dedicarse a la pintura, una difícil decisión cuestionada incluso por su esposa, porque dedicarse al arte siempre es una aventura que no sabes a dónde te va a llevar.

 

Y la pintura lo llevó a crear el mural sobre la fundación de Huamantla; el mural ‘Semblanza histórica de Reynosa y sus contornos’, existente en esa ciudad tamaulipeca; los murales en la Capilla del Pocito, en Ocotlán, Tlaxcala; un mural creado en el museo del manantial Peñafiel sobre la historia de la ciudad de Tehuacán, Puebla.

 

En 1953 en poeta y dramaturgo Miguel N. Lira sugiere a Xochitiotzin pinté un mural sobre la historia de Tlaxcala. Dice Lira: “Xochitiotzin es dueño de una sensibilidad muy propia que desarrolla con ironía, con sátira, enfrentando la vida, la muerte en forma graciosa. Ha conseguido explorar el alma escondida del mexicano y lo ha expuesto a los ojos de todos en sus recodos más enraizados”.

 

Así, en 1957 el artista se lanza a lo que será su obra capital y que lleva por título “Historia de Tlaxcala a través de los siglos y su aportación a lo mexicano”. Habla así de la historia, de su historia que está aquí y de su conexión con el resto de lo mexicano.

 

El lugar que seleccionó es ideal para hablar de este cruce de los caminos de la historia de Tlaxcala, las casas reales, el lugar donde estaba el cabildo indígena es el lugar donde tenía que estar el mural. Un lugar donde hay confluencia de la gente: el palacio de gobierno.

 

La historia en los murales inicia en el patio, en un recorrido lógico. Con una superficie total aproximada a los 500 metros cuadrados, al cual Xochitiotzin dedicó más de 40 años de su vida, es un verdadero códice monumental. Presenta una narración opuesta a la historia oficial que engrandece a los aztecas y estigmatiza a los tlaxcaltecas como traidores.

 

La historia de Tlaxcala es polémica, especialmente por su alianza con los españoles en su afán de derrotar a sus opresores mexicas, lo que a la postre va a propiciar la conquista de México y la subsecuente era colonial. No hay que olvidar que cada grupo indígena era una unidad separada y cada uno luchaba contra los otros por su libertad y por su autonomía. La historia moderna exonera a los tlaxcaltecas de ese injusto adjetivo de traidores, porque ha demostrado el error de los gobiernos nacionalistas del siglo XIX y parte del XX, que en su intento de definir la identidad mexicana construyeron una idealización del pueblo azteca y una falsa visión de un mundo indígena integrado… que simplemente no existía. Esa óptica centralista discriminó la presencia de los diversos grupos étnicos existentes y por ende, reduce el concepto del mestizaje, que es un proceso fundamental en la creación de gran parte de nuestra nación, reduce el mestizaje a una simplificada mezcla de aztecas y españoles… lo cual es falso.

 

Mucha gente no entiende aún el papel de Tlaxcala en esta compleja situación de la conquista.

 

El mural de Xochitiotzin busca la reivindicación de la historia de un pueblo valiente, indómito y culto que se resistió a la humillación y hostigamiento por parte de los mexicas desde tiempos muy anteriores a la llegada de los españoles. Pretende en su obra la dignificación de la historia de su tierra y exalta el orgullo de ser tlaxcalteca. Todo lo que pinta tiene un respaldo de cuidadosa investigación.

 

Los pasajes prehispánicos y coloniales del mural de la historia de Tlaxcala, se basan en el estudio serio y la brillante interpretación que Xochitiotzin hace de códices y crónicas coloniales. Este trabajo no es la mitificación artística de una historia, se trata de un estudio interpretativo y muy preciso de la historia narrada por las crónicas más primarias que tenemos, tales como la ‘Historia de Tlaxcala’, de Muñoz Camargo, o el ‘Lienzo de Tlaxcala’.

 

En el mural aparecen desde los grandes mitos fundacionales, aparecen las peregrinaciones en busca de la tierra prometida, los cataclismos, la tragedia y el sacrificio, los ritos y costumbres, la interacción entre dioses y hombres, hazañas de los héroes… todos estos temas los trata Xochitiotzin en su argumentación.

 

Planeó 24 segmentos de su historia, con un manejo extraordinario del color, la luz y el espacio. Tiene un manejo muy preciso y ordenado del espacio como expresión narrativa. Para mayor precisión, yo considero que en el manejo y ordenamiento del espacio como expresión narrativa, Xochitiotzin no le pide nada a Diego Rivera, incluso en ciertos aspectos lo supera; el manejo que hace es mucho más natural. Me gusta también la pintura de Diego Rivera, tiene su importancia histórica definitiva, pero me parece mucho más natural, más orgánico cómo maneja el comportamiento de sus figuras en el espacio Xochitiotzin que Diego. Las figuras de Diego están más ensayadas, se ve un poco de exceso de academicismo en Diego Rivera, su trabajo es más ‘geometricista’, las figuras están acomodadas de una manera como más estudiada, mientras que en Xochitiotzin vemos un poco más de espontaneidad.

 

Los 24 segmentos pictóricos de Xochitiotzin van acompañados de textos bilingües en español y en náhuatl, lo que rompe con el muralismo de los años 20s y 30s, que son sin letras porque la gente no sabía leer. Todo es visual.

 

De 1957 a 1967 se hicieron los primeros 21 segmentos en la planta baja de Palacio de Gobierno, que corresponde a la historia de la Tlaxcala prehispánica: los primeros 5 segmentos para la llegada del hombre a América y el arribo de los grupos indígenas al valle de México. Los segmentos 6 y 7 tienen que ver con la llegada de los nahuas en particular al valle tlaxcalteca y el encuentro con el águila legendaria. Secuencialmente sigue la fundación de los señoríos de Tlaxcala: Tizatlán de Xicohténcatl, Tepectipac de Tlehuexolotzin, Ocotelulco de Maxixcatzin y Quiahuixtlán de Zitlalpopocatl. Prosigue la enseñanza de las fiestas del dios Camaxtli, deidad máxima de los tlaxcaltecas.

 

Los segmentos 10 y 11 tratan el tema de la reconquista de Texcoco por el rey Netzahualcóyotl. A continuación trabaja las guerras floridas y la enemistad del reino de Tlaxcala con los mexicas. Los segmentos 14 y 15 corresponden a la batalla de Atlixco y el incendio de Huejotzingo, importante porque solamente dos grupos indígenas pudieron derrotar a los mexicas: los tlaxcaltecas y los purépechas de Michoacán… y ésta es la victoria tlaxcalteca. La narración pictórica de Xochitiotzin continúa con el sacrificio de Tlahuicole, un otomí que pertenecía al ejército tlaxcalteca. El cuadro 17 contiene una imagen bellísima sobre las fiestas de la diosa Xochiquetzalli, la consorte de Tláloc, quien representa la belleza, la fertilidad y de alguna manera la salud… el agua terrestre y Tláloc el agua celeste, esta dualidad entre lo femenino y lo masculino, lo que viene de arriba y lo que viene de abajo.

 

La siguiente figura tiene un texto puesto por Xochitiotzin: “El hombre primitivo, nómada y cazador descubre el teocintle o maíz divino y después de cultivarlo por milenios, lo transforma en nuestro maíz que año tras año cubre maravillosamente toda la superficie de nuestra tierra desde tiempos inmemoriales”. Este texto se refiere a lo que llamamos la domesticación del maíz, cuando pasa de ser silvestre a ser manipulado por los hombres. El centli o maíz, germen de nuestra fuerza, fue el creador de nuestras grandes culturas precolombinas; fue considerado como la mazorca de oro y en sus múltiples formas fue y sigue siendo el alimento principal de México.

 

A continuación Xochitiotzin traza un autorretrato donde está pintando a Chicomecoatl, la diosa del maíz. En el cuadro están también padre y abuelo del muralista. Una metáfora de la vida humana: el maíz que se reproduce en sí mismo y va generando en forma eterna las generaciones.

 

En la siguiente imagen otro elemento muy importante del paisaje mexicano es el métl, o maguey. Nosotros deberíamos usar la palabra métl parta señalarlo, pero en cambio usamos la palabra maguey que es como algunos de los primeros españoles llamaban a una variedad de métl de las islas de Caribe. Dice Xochitiotzin: “El métl o maguey es el árbol de las maravillas, de donde se extraen muchas cosas: un licor como aguamiel que fermentando en tinaja se convierte en un vino que bebido templadamente es muy saludable”. Está hablando del pulque. De esta rica planta también se hace fibra para hacer vestido, calzado, mantas, capas, cordeles, sogas, hilos para cocer y a falta de madera, sus hojas sirven para construir un hogar y además también generan alimento y medicina múltiple. Toda la tierra mexicana está llena de métl.

 

Una der las cosas que más llamó la atención de los conquistadores fueron los mercados indígenas, el famoso tianquixtli, con su enorme riqueza de productos y de variedades. Ya Bernal Díaz del Castillo escribía: “… qué lástima que tengamos que destruir todo este mundo con maravillas que nunca habíamos visto en nuestros viajes por Europa…”. Y el famoso mercado de Ocotelulco es la siguiente imagen en el mural.

 

La imagen 21, “la profecía del regreso de Quetzalcóatl”, es también un tema significativo para todos los pueblos náhuatl. La leyenda dice que Quetzalcóatl prometió regresar después que es derrocado por las fuerzas oscuras de Tezcatlipoca. Se despide y desaparece en el mar por el oriente y dice: voy a regresar el día 1 ácatl o 1 caña… y ese es el día en que Hernán Cortés pisa Veracruz.

 

La siguiente imagen del mural, situada en la escalera monumental en la pared norte de Palacio de Gobierno de Tlaxcala, aparece la conquista de Tenochtitlan y la alianza hispano tlaxcalteca. Aquí viene el inicio del periodo colonial y el papel que tiene Tlaxcala, papel que con mucha importancia Xochitiotzin presenta. La siguiente secuencia presenta el encuentro de Cortés con los señores de los cuatro señoríos, con lo que se inicia la alianza hispano tlaxcalteca.

 

La narración pictórica ofrece a continuación uno de los momentos de la guerra de conquista, donde están los guerreros tlaxcaltecas prácticamente despedazando a guerreros águila aztecas o guerreros del sol, que eran prácticamente la élite del ejército azteca. Prosigue otra imagen con todo el drama de la conquista, la destrucción de la gran capital del imperio azteca, con la caída de Huitzilopoxtli, el dios tutelar azteca; ningún otro pueblo tenía a ese dios; simbólicamente aquí Tlaxcala destruye el sol de los aztecas, llamados a sí mismos ‘los hijos del sol’.

 

El ‘Siglo de oro tlaxcalteca’ en los murales de Xochitiotzin representa esos 100 años después de la conquista, que es cuando Tlaxcala logra sus momentos de brillantez histórica y una serie de privilegios que desgraciadamente van a perder cuando a los tlaxcaltecas los convierten en mexicanos. Eso es interesante: siempre nos han enseñado que era bueno que se lograra la independencia de España, porque hay que ser libre, hay que tener autodeterminación, porque es mejor ser cabeza de ratón que cola de león. Siempre aprendimos eso, pero es cierto solamente en la óptica azteca, quienes perdieron todo el poder y se acabaron. Pero en el caso de Tlaxcala, cuando se conforma la nación como la conocemos pierde sus privilegios y el estatus de república independiente. A Tlaxcala sí le afectó la independencia de España.

 

En la escena 24 de su obra, la última pintada, tenemos el siglo XVIII y en siglo XIX, pero para narrar etapas importantes y difíciles de la historia tlaxcalteca, Xochitiotzin tuvo que apretar sus imágenes puesto que se suspendieron los apoyos gubernamentales para su mural y estaba incierta su continuación. No tenía más paredes para pintar, además.

 

El proyecto quedó inconcluso con la muerte del muralista, pero tenía ya prevista la continuación de su narración pictórica y abordar la revolución, pero por lo menos llega a un momento crítico que produce el México moderno, que es la caída del porfiriato, Aborda aquí la independencia, el imperio de Iturbide, la invasión de los Estados Unidos donde destaca el coronel Xicohténcatl de Tlaxcala en el batallón de San Blas, la Reforma, la invasión francesa…

 

Con el fallecimiento del maestro Xochitiotzin en 2007, faltó por incluir una alusión a los reyes de España, que el artista ya había planeado, y a los viajes de colón. También faltó lo concerniente al siglo XX, donde se iba a plasmar la revolución mexicana de dos formas distintas: lo militar y lo institucional, y así se podría vislumbrar la entrada al México moderno y la proyección hacia el futuro de lo que él llamaba lo mexicano. Su plan llegaba casi hasta nuestros días para explicar cómo estamos aquí, porque venimos de todo esto. Es la identidad local, regional de ustedes.

 

Ojalá hubiera manera de que se terminara el mural. No sé… Cuahutlatohuac (hijo de Desiderio)… o alguien que pudiera ligarse al trabajo del maestro… pero poder terminar el mural sería algo muy bello y cerraría totalmente la idea de esta obra colosal.

 

Xochitiotzin fue un hombre de ideas, de principios, lo que lo llevó a navegar contra la corriente en muchos casos. Él siempre trabajó en lo que le gustaba, la pintura, y con su talento artístico que él llamaba 'la difícil pasividad’ emprendió grandes retos en su campo. Su obra plantea muchas preguntas, pero también propone muchas enseñanzas.

 

Sobre su forma de trabajar, él decía: “el tema lo proyecta uno con todos sus detalles, pero muchas veces no es claro cómo se da el resultado final. La realización es una aventura emocionante que conlleva improvisación, resolución de problemas y cambios de rumbo. Eso es lo que hace apasionante el proceso, pues también lo inesperado va a formar parte del todo”.

 

La pintura mural es un trabajo sublime y a la vez trágico. El mural inmortaliza al artista, pero el precio se paga con su vida misma. El mural es el medio pictórico más difícil, que requiere más trabajo y un talento especial del pintor para el manejo del espacio, sin embargo al mural no se le puede poner un valor comercial. El artista deja su vida y su espíritu plasmados en su obra y ese precio no lo puede pagar nadie. Ser muralista es una inmolación consciente.

 

Xochitiotzin, al igual que Orozco en Guadalajara, o Miguel Ángel en la Capilla Sixtina, se dio cuenta que ninguna remuneración podía pagar su trabajo de 40 años, de modo que cuando el artista mural llega a ese momento, a descubrir esos, quién le va a pagar 40 años, cuánto puede valer una vida humana de 40 años, es entonces que el artista decide que esa obra monumental será un generoso regalo a su pueblo, su ciudad, su estado o su región.

 

Desiderio Hernández Xochitiotzin hizo un regalo al pueblo de Tlaxcala… y consecuentemente a México.

 

* Ingeniero electrónico, maestría en educación, posgrados en historia y doctorado en historia del arte y antropología. Ha trabajado tanto en educación como en investigación. Fue director de la  preparatoria jesuita de Guadalajara. Hoy es profesor en historia del arte latinoamericano y universal en California State University, donde imparte una clase sobre muralismo mexicano.

 

 

 

 

contacto: piedra.de.toque@live.com

 

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