Modelos desautorizadores de mujeres
en cuentos tradicionales

Cristina Segura Graíño*
 
   
 
 
Thomas Czarnecki y sus princesas de Disney muertas

No siempre se valora la transcendencia de los cuentos infantiles, se considera que son “cosas de niños” y que su único cometido es entretener. Por el contrario, pienso que los cuentos son el primer contacto que tienen las personas con la literatura y, por ello, son importantes en la vida y en el pensamiento posterior. Los cuentos no suelen ser para leer, por lo menos los tradicionales, sino para oír. Para que los oigan los niños y niñas desde su más tierna infancia y, de esta manera, vayan asumiendo unos modelos, unas formas de comportamiento y un pensamiento que se adecue con el dominante. Los cuentos tienen, por ello, una importancia transcendente en la formación de niños y niñas, pues a través de ellos se transmiten los modelos de acuerdo con los principios del patriarcado. Los cuentos posiblemente tengan y hayan tenido mayor arraigo entre las clases inferiores de la sociedad y, sobre todo, en el medio rural. No obstante, todos los niños y niñas, desde hace siglos, las primeras narraciones que escuchan están protagonizadas por Caperucita o Blanca Nieves y en ellos siempre hay un príncipe, un héroe, que protege, salva a la protagonista y se casa con ella. El modelo que se propone es, por tanto, totalmente patriarcal y muestra, en líneas generales, como una niña pobre y maltratada, incluso por su propio padre, si ella se comporta adecuadamente puede llegar a ser feliz casándose con “un príncipe”. El marido es siempre “el príncipe” de cualquier mujer. Los cuentos hay que valorarlos como reflejo de la mentalidad dominante sobre las mujeres y como ejemplo a seguir por las niñas. Ahora me interesa destacar lo que en los cuentos se refiere a las mujeres, pues con referencia a los hombres también se crea un modelo masculino, que tampoco se adecua con la realidad social, pero que siempre es mucho más amable que lo que se propone para las mujeres. El cuento es oral en el medio rural, sobre todo para oír lo que alguien cuenta, pero también en los medios urbanos algo más cultos, para que alguien lea y el resto oiga.

 

Los cuentos parecen una ingenua diversión para entretener a los niños y niñas al final del día, pero mi tesis es que son instrumento para modelar su pensamiento y comportamientos. De los niños y, para lo que aquí me interesa, sobre todo de las niñas que luego serán mujeres. Los cuentos tradicionales pertenecen a la cultura popular, se transmiten por vía oral y el origen de muchos de los cuentos más conocidos es muy remoto, alcanza la antigüedad y han estado presentes a lo largo de la tiempos en la vida de las personas, de las mujeres, que es lo que me interesa. Charles Perrault fue el primero que los refleja en un escrito. Pero quien les da categoría literaria son los hermanos Grimm, sobre los que voy a insistir, aunque haré una breve referencia a Perrault, para marcar las diferencias entre el pensamiento de uno y de otros, también la evolución de los contenidos atendiendo a la diferente mentalidad del burgués siglo XVII francés y del Romanticismo alemán.

 

Los cuentos elegidos para este análisis son, posiblemente, los más conocidos: Caperucita Roja, La Cenicienta, La Bella Durmiente y Blanca Nieves. Los tres primeros son recogidos por Perrault y por los hermanos Grimm después. Blanca Nieves, en cambio, tiene una ascendencia totalmente germánica, los Grimm la incluyen en su recopilación, pero su fama actual se debe sin duda a la película de Walt Disney de 1937, Snow White and the Seven Dwarfs, una de las primeras películas, con metraje convencional, de dibujos animados y en color.

 

Actualmente el cine ha colaborado a la divulgación de estos cuentos tradicionales, cuyos argumentos han sido utilizados para transmitir modelos de comportamiento, además de para entretener. Por supuesto que los cuentos siempre han tenido esta doble misión, entretener, que es la función más aceptada, pero también, en todos los tiempos, a través de ellos, insisto, se han transmitido modelos de comportamiento. Esto es muy importante pues el público mayoritario de los cuentos son niños y niñas y al mostrar las actuaciones de hombres y mujeres en los cuentos, se están proponiendo los modelos ideales que ellos y ellas deben seguir, junto a otros comportamientos rechazables que deben evitar los niños y las niñas pues les acarrearán peligros. En todos los cuentos tradicionales se reproducen los modelos patriarcales y se refuerzan. Ellos son el príncipe (Blanca Nieves, La Bella Durmiente o la Cenicienta) o el valiente e inteligente cazador (Caperucita). Los padres no son modelo, son viejos y no muy inteligentes, se despreocupan de las hijas, consideran que no son de su incumbencia. Las hijas pertenecen al ámbito doméstico y eso es función femenina. Por eso, en cuanto enviudan, siempre vuelven a casarse. El modelo femenino se idealiza para que las niñas asuman cuales deben ser sus actitudes durante la vida. Sobre ello insistiré.

 

Considero que los cuentos tradicionales se pueden relacionar con la Querella de las Mujeres. Posiblemente en los tiempos en los que se inicia de forma canónica la Querella de las Mujeres, esto es finales del XIV, principios del XV, los cuentos tradicionales ya debían de circular oralmente. El libro de la Ciudad de las Damas se escribe en 1405 como respuesta, en buena medida, a un pensamiento dominante contrario a las mujeres. La Querella tradicionalmente se ha considerado como el rechazo a un cuento, a un largo poema, el Roman de la Rose (Guillaune de Lorris autor de la primera parte y Jean de Meung de la segunda, respectivamente publicadas en 1240 y 1280), es un largo cuento culto, un “roman”, una novela, pero, al fin un cuento, en el que se reproduce el modelo femenino patriarcal. Desde el primer momento se conoció escrito, en cambio los cuentos tradicionales primero circularon de forma oral, bastante antes de que fueran escritos por Perrault en el siglo XVII. Por lo menos esto lo defienden los expertos en este tema, lo cual no quiere decir que antes no se conocieran. En los cuentos no sólo se reproducen los modelos patriarcales, como analizaré más adelante, sino que se pretende transmitir, sobre todo por las mujeres de la familia, que son quienes cuentan los cuentos a los niños, inculcándoles de esta manera, desde “la más tierna infancia”, los modelos patriarcales. Por ello, mi atención y valoración de los cuentos, como instrumento del patriarcado para mantenerse y fortalecerse. La obra de Christine de Pizan y de tantas otras mujeres, que también escribieron cuentos reivindicando a las mujeres, no tuvo la aceptación y permanencia que estos cuentos tradicionales, totalmente patriarcales. Me pregunto qué impulsa en la actualidad a seguir contando estos cuentos por las mujeres a sus hijos y no les muestran otros cuentos como los de Elena Fortún o de otras mujeres que han escrito fuera del pensamiento dominante. ¿Por qué Celia no fue una heroína y un modelo como en cambio sí lo fue Antoñita la Fantástica? Me refiero a mi niñez y juventud. La Historia de las Mujeres, su construcción, debe tener en cuenta el pensamiento dominante en cada momento sobre las mujeres y los modelos de comportamiento que proponen las distintas sociedades. Los cuentos tradicionales tienen un gran valor pues son comunes a todas las sociedades occidentales, por lo menos desde el siglo XVII, y el análisis de la realidad social de las mujeres a lo largo de la historia tiene diversos tipos de fuentes, pero los cuentos, por su universalidad, pueden ayudar a comprender la realidad social en la que se desarrolló la vida de las mujeres (1).

 

Charles Perrault (París, 1628-1703)

 

Familia burguesa, buena educación y estudios sobre Derecho son las características personales de este autor. Estuvo siempre dedicado al estudio y se mantuvo al margen de los problemas sociales del momento. Fue funcionario gubernamental desde 1654 y secretario de la academia francesa desde 1663. Fue protegido de Colbert y, gracias a esta protección, pasó a ser funcionario real primero (1665) y después secretario real (1671). Fue nombrado académico y después fue elegido canciller (1673) de esta institución. Se había casado (1672) con Marie Guichon con la que tuvo cuatro hijos. El nacimiento del último fue causa de la muerte en el parto de la madre. Perrault no volvió a casarse. Hasta entonces había gozado de la protección del poderoso ministro de Luis XIV, pero tras la muerte de su mujer empezaron las desdichas profesionales y personales. Quedó relegado a bibliotecario de la academia y tuvo que ceder su puesto de primer funcionario real.

 

La mayor parte de sus cuarenta y seis obras fueron escritas a la familia real francesa. No obstante, éste no fue su único objetivo pues también escribió ‘Memorias de mi vida’ e ‘Historias y cuentos del pasado’ (1683) o ‘Los cuentos de mama Gansa’ que se publicaron en 1697. Esta es la única parte de su obra que ha perdurado. Es la primera vez que alguien se preocupa de escribir los cuentos para que no se pierdan, los había recopilado de la tradición oral o de leyendas. Son cuentos morales que pretenden educar, pero también entretener. Siempre hay al final una moraleja. Pero los finales siempre son felices, pues pretendía divertir en una época complicada como fue el siglo XVII francés. Fue considerado como frívolo por escribir cuentos con este propósito. Pero considero que esto no se corresponde con la realidad. Todos los cuentos que recopiló y que redactó, pues se conocían por tradición oral, tienen una moraleja útil para educar a las niñas y a los niños. Se preocupó por rastrear en autores antiguos antecedentes de estos cuentos tradicionales. No obstante, afirmaba que su propósito era agradar y divertir, como son la mayoría de los cuentos tradicionales. Los cuentos populares generalmente tienen una moraleja muy explícita, muy clara, para que cualquier persona, las niñas y los niños, la puedan entender fácilmente. Siempre al final se recompensa la virtud y se castiga el vicio. Y siempre se respeta el orden patriarcal.

 

La obra de Perrault, sobre todo la valoración de los cuentos, muestra su preocupación intelectual y su modernidad, que también se encuentra en algunos de sus escritos a favor de los escritores modernos. Fue un gran trabajador y responde más a la mentalidad propia del XVIII, a la bonhomía de los ilustrados, es el reflejo de una determinada mentalidad popular. Perrault, viudo que no volvió a casarse, posiblemente tendría una preocupación mayor por sus hijos que otro hombre que no estuviera en su situación, y contaría los cuentos a sus hijos. Cuentos que son el reflejo de una mentalidad tradicional, en la que las mayores desgracias se cuentan con un todo alegre y sin darle mayor importancia. Esto manifiesta una concepción propia y diferente a la de los escritos cultos. El cuento entretiene, divierte y educa. Pero de forma amable, desde una perspectiva que trivializa las mayores desgracias, que al final del cuento siempre se solucionan. La virtud siempre se premia y también siempre se castiga el vicio.

 

Los hermanos Grimm, Jacob (1785-1863) y Wilhelm (1786-1859)

 

En el prólogo a la edición que he manejado (GRIMM, 2009) el hijo de Wilhem, Herman Grimm, cuenta la vida de ambos hermanos, Jacob (1785-1863) y Wilhem (1786-1859). Jacob fue soltero y Wilhem se casó con Dorotea Wild y tuvo bastantes hijos, uno de ellos, Herman, traza una sucinta, pero próxima, biografía de los dos hermanos e insiste en el origen de la recopilación de cuentos. Los hermanos vivieron siempre juntos, en la misma casa y trabajaron en lo mismo. Fueron al colegio en Kassel, de cuya universidad fueron un tiempo profesores, aunque estudiaron en la Universidad de Magburgo. También fueron profesores en Gotinga de cuya universidad fueron expulsados por sus planteamientos nacionalistas a favor de Federico Guillermo IV de Prusia, el cual les recompensó nombrándoles profesores de la Universidad de Berlín. Se implicaron frente a Napoleón y defendieron el nacionalismo alemán con sus ideas y con su obra, pues aunque son conocidos por los cuentos, su obra más importante fue el inicio de un Diccionario etimológico, actualmente de treinta y tres volúmenes, sobre el uso del alemán.

 

Los Grimm fueron unos grandes trabajadores y estudiosos de lo alemán, posiblemente por su implicación política sobre la reunificación de su nación. Fueron intelectuales que se relacionaron con las personas más sobresalientes en el pensamiento de su época y estuvieron dedicados a la investigación y publicación de obras sobre la historia de Alemania, costumbres, leyendas y cualquier otro tema que reforzara la identidad alemana. Con el estudio y publicación de temas relacionados con lo alemán, colaboraban en la lucha por la unificación de Alemania, aportando unas bases históricas y lingüísticas, además, por lo que aquí interesa, las costumbres tradicionales del pueblo alemán. En los cuentos pretendían ofrecer la concepción y los valores de lo alemán, para que desde la más tierna infancia los niños y niñas los fueran asumiendo. Fueron profesores, pero su trabajo más estable fue como bibliotecarios. Tuvieron relación con los intelectuales de la época, como los Brentano, y estuvieron muy influenciados por Goethe. Son un ejemplo del romanticismo alemán, aunque han sido trivializados pues la parte de su obra que ha alcanzado más fama y es más conocida son los cuentos.

 

La tarea de los Grimm fue de recopiladores, pues los cuentos no son originales de ellos, sino cuentos tradicionales, transmitidos oralmente desde tiempos remotos. Pero los Grimm, al trasladar los cuentos a la escritura, aunque la trama central se mantiene, los matices, el pensamiento, los escenarios, las relaciones entre las personas o los paisajes, todo ello está profundamente influido por el romanticismo alemán. Su obra, en este sentido, es semejante a la de Perrault, aunque el móvil de uno y de otros es diferente. Perrault era un bibliófilo que consideró importante la conservación de cuentos tradicionales, mientras que ellos, que sin duda también se preocuparon por la conservación de los cuentos, lo que querían manifestar son los valores tradicionales del pueblo alemán. En su obra, insisto, demuestran su amor por la naturaleza, por la nación germana, por las tradiciones familiares. Un respeto grande a la familia como ellos mostraron viviendo siempre juntos como una familia extensa, pues junto a los dos hermanos, a Dorothea la mujer de Wilhem, a los hijos, vivieron otra serie de parientes y personas allegadas y, sobre todo, las criadas de la familia, que conocían pequeñas narraciones populares con las que entretenían a los niños y que supusieron una fuente oral de primera categoría para la recopilación de los cuentos.

 

Valoro los cuentos tradicionales como una fuente que no debe desperdiciarse para la construcción de la historia. Los cuentos en su origen son orales y pueden sufrir variaciones según el paso del tiempo, pero en el momento que se escriben, en este caso por primera vez en el siglo XVII por Perrault, reproducen el pensamiento de aquel momento y son modificados, no en las tramas, sino en el contexto, en los matices y en las relaciones entre las personas por los Grimm. Por supuesto que no pueden servir para construir la historia convencional, pero si para la historia de la vida cotidiana, pues desde luego reproducen las costumbres y las formas de relación entre las personas. Tamizado todo por el pensamiento patriarcal dominante que utiliza los cuentos para proponer modelos y formas de relación entre las personas.

 

En 1812 fue la primera edición de los cuentos de los Grimm. Son cuentos populares a los que quita la espontaneidad original por un afán perfeccionista. Utilizan fuentes orales, su madre, la abuela, sus hermanas, las criadas, cualquier mujer que pudiera contarles un cuento. Pero ellos elaboran estas informaciones y construyen unos cuentos en los que la naturaleza tiene una gran presencia, pero también la maldad. No debe olvidarse que comulgan con los principios del romanticismo alemán. Son cuentos muy farragosos, más que los de Perrault sobre el mismo tema. Han perdido la espontaneidad de lo oral. Son reelaboraciones intelectualizadas fruto de una moral luterana influida por las ideas nacionalistas. No son cuentos para entretener a niños y niñas, como las versiones de Perrault, que posiblemente pensaba en sus hijos, sino para educar. Los niños y, sobre todo, las niñas deben hacer siempre caso a los mayores, cosa que no hizo Caperucita. Pretenden ser ejemplarizantes.

 

Para los Grimm, los cuentos forman parte del patrimonio cultural de la nación alemana, son la historia cotidiana de las personas del pueblo, que en algunas circunstancias se vuelve mágica. Ellos oían las narraciones y, posteriormente, las escribían. Eran historias que se habían guardado en la tradición y ambos hermanos, cuando trasladaban lo oral a la escritura, lo adornaban y lo adecuaban con su pensamiento de románticos nacionalistas. En cada texto rememoraban a las mujeres que se los habían contado, por supuesto cuando eran niños, pero fue después, cuando decidieron escribirlos para que se conservaran. Fueron siempre mujeres quienes les contaban los cuentos. En todos hacen mención a ellas, las recuerdan y les rinden un homenaje. Hay una mujer, “la campesina”, Sra. Viehmän, que fue la que les contó la mayoría de los cuentos, ellos la reivindican pues su conocimiento, de estas historias, consideran que es una riqueza cultural del pueblo alemán que debe conservarse. En la 2ª edición que se hizo enseguida, incluso se incluyó un retrato de ella. “La campesina” es un símbolo de la nación alemana, pues supo atesorar y conservar un patrimonio cultural que para los Grimm representaba la cultura popular de la nación alemana.

 

Hay un tema que quiero plantear como hipótesis, pero sobre el que no voy a hacer aseveraciones categóricas pues no tengo suficientes elementos de juicio, que por otra parte no voy a buscar pues es un aspecto tangencial a mi interés en la representación de las mujeres en los cuentos tradicionales de los Grimm. Como había hecho un tiempo antes Perrault, ellos escriben los cuentos tradicionales para que se conserven. En su redacción hay diferencia con los textos que estableció Perrault en los Cuentos de mama Oca. Estos son más espontáneos y naturales, son cuentos totalmente populares, mientras que los de los Grimm son algo más turbios e insinúan, sólo insinúan, cuestiones sexuales. Ellos, los Grimm, o por lo menos el soltero Jacob, que fue quien terminó la obra, es posible que tuviera algo de obseso sexual, pues parece que lo que quieren evitar es que las niñas caigan en manos del lobo como aconteció con Caperucita, sobre lo que ya se ha valorado por algunos.

 

Por tanto, las niñas deben estar en sus casas, en los espacios domésticos, pues en lo público, si no cuentan con la protección del príncipe, están expuestas a mil peligros, al lobo. Siempre ocurren las desgracias cuando abandonan lo doméstico y salen solas a lo público. Es decir, sin la compañía de un hombre, aunque vayan cinco o más mujeres juntas. En cierta medida se está reflejando, de forma sinuosa, el despertar de las niñas a la pubertad. El príncipe, el lobo, los enanitos… en los cuentos de niños esto no aparece. Las niñas corren y caen en peligros porque salen de sus casas solas o invaden espacios prohibidos como la Bella Durmiente. Ellas pretenden ser independientes y conocer lo oculto. Esto no es propio de una mujer decente, que debe estar en su casa y conocer sólo lo que en ella aprende. Es posible que este matiz se deba a la última redacción de Jacob, el soltero impenitente. ¿Por qué fue soltero si no era clérigo cuando en aquella época lo habitual era formar una familia estable? ¿O es posible que estuviera tan unido a su hermano que no quisiera abandonar la casa familiar, su hermano, su cuñada… y por eso no se casó? ¿O, es posible, que las mujeres no fueran de su interés?

 

Los cuentos

 

Los cuentos elegidos por mí son cuatro, los más famosos: Caperucita Roja, La Cenicienta, La Bella Durmiente y Blanca Nieves. Perrault no recoge Blanca Nieves en sus Cuentos de Mama Gansa, como ya he indicado. El mensaje de todos ellos es muy similar, pero cada cual lo matiza según su pensamiento, que responde a la época en la que vivieron. Perrault es afable, alegre y positivo. Los Grimm son complicados, negativos, terroríficos y tortuosos. Su traslación a la escritura de los cuentos es muy farragosa. Perrault es mucho más directo, sencillo y divertido. Tiene momentos jocosos. Los Grimm aportan un cuento no conocido por Perrault, Blanca Nieves, que además de ser muy complicado, es muy oscuro, con una fuerte carga sexual implícita, que los niños y niñas no apreciarían, pero si cualquier mayor que lo leyera con atención.

 

He elegido estos cuatro cuentos por varias razones. En primer lugar porque son, posiblemente, los más conocidos entre los cuentos recopilados por Perrault y los Grimm. Además, los personajes femeninos protagonistas son muy significativos: Caperucita, Cenicienta, la Bella Durmiente y Blanca Nieves están en el imaginario colectivo por lo menos de todo lo que se conoce como el mundo Occidental y, posiblemente, tras su adaptación al cinematógrafo por Walt Disney, incluso por buena parte de lo que se conoce como Tercer Mundo. Son cuatro narraciones cortas que han gozado de reconocimiento casi universal. Perrault es espontáneo, natural e, incluso, divertido. En cambio, la redacción de los Grimm parte de un pensamiento político y ellos reelaboran los textos de acuerdo a él. Los mismos cuentos en Perrault, aunque en líneas generales el argumento es el mismo, tienen un tono mucho más festivo y espontáneo. Sobre todo con respecto a los personajes femeninos. Para el francés las niñas son ingenuas y responden al modelo común, en los Grimm son mujeres con decisión propia y sus acciones tienen cierta turbiedad. Por supuesto que en ambos casos todas ellas responden al modelo patriarcal femenino. Ellos parten, para la escritura de los cuentos, de un pensamiento político que les hace reelaborar estas narraciones. Perrault simplemente escribe lo que conoce de memoria, posiblemente desde niño, y que él transmite a sus hijos.

 

Una de las características de los cuentos de los Grimm es una violencia gratuita en relación a las mujeres y una fuerte misoginia. Ellas siempre se equivocan, lo hacen mal, engañan, desobedecen… Si efectivamente quien culminó la obra fue Jacob, es posible que él fuera quien introdujera los matices. Se sabe que continuó oyendo narraciones tras la muerte de su hermano y trabajando en los textos. Percibo, y es una hipótesis imposible de probar, una cierta homosexualidad en las redacciones definitivas. Los personajes masculinos, sobre todo los jóvenes, son guapos, valientes, inteligentes, perfectos… Las chicas también son guapas, pero siempre se equivocan, engañan, no obedecen. Incluso Cenicienta, la más perfecta de ellas, es artera, con su familia y con el príncipe. Están ocultando su identidad. Todas ellas son desobedientes con las normas, a pesar de ser presentadas como excepcionales. Pero su excepcionalidad se deriva de su belleza, no de su comportamiento. Los hombres mayores, los padres de las heroínas, generalmente están dominados por sus mujeres, el padre de Cenicienta es el mejor ejemplo. Y no pueden permanecer solteros, por ello, en cuanto enviudan, dan una madrastra a sus hijas.

 

La mayor parte de los cuentos se desarrollan en el medio rural. De los elegidos en este caso, el único que es urbano es la Cenicienta, los otros tres son en el bosque. El bosque es un lugar simbólico. Está lleno de peligros para una mujer, pero al mismo tiempo es acogedor y protector para personas que no cumplen con las normas convencionales, los Enanitos, por ejemplo. Y, sobre todo, es un espacio masculino, de hombres fuertes, el príncipe de Blanca Nieves y el de la Bella Durmiente, el cazador de Caperucita. Ellos dominan la naturaleza y se desenvuelven en el bosque con facilidad. Las mujeres deben estar en sus casas y si salen de ellas es por causa mayor, Blanca Nieves para huir de la madrastra, o por un error, Caperucita es una atolondrada. Pero Cenicienta, disfrazada de princesa, acude sola al baile, un espacio público. Las niñas y las chicas que aparecen todas son curiosas, desobedientes, trabajadoras, no son tontas y al final logran lo que quieren, que menos Caperucita que es una niña, es casarse con un príncipe. Y todas son guapas, si son buenas. Las feas, en cambio, son malas. ¿O son malas porque son feas y no encuentran novio y están amargadas? El fin de toda mujer es casarse. Si son obedientes, “hacendosas” e inteligentes lo conseguirán. Pero tienen que ser guapas.

 

La Bella Durmiente del bosque. Es un cuento bastante insulso y algo complicado. En la redacción de los Grimm los reyes, los padres de la Bella Durmiente, sólo invitaron a doce hadas, porque no tenían más que doce platos de oro. La trece dijo: “A los 15 años se pinchará…”. Pero el hada buena consiguió que no muriera, sino sólo se durmiera. Blanca Nieves también tiene etapas catalépticas. Los príncipes se enamoran de ellas por su belleza cuando están dormidas. Caperucita se acuesta con el lobo, una gran osadía. La cama es un mueble que aparece recurrentemente en estos cuentos. La cama no es sólo para dormir. El único de los personajes femeninos de estos cuentos que no está en algún momento en la cama es Cenicienta, porque duerme en la cocina. Pero en los otros tres cuentos, de un modo o de otro, vivas, dormidas o catalépticas, las mujeres están en la cama. Además Caperucita y la abuelita la comparten con el lobo.

 

Tras el accidente de la Bella Durmiente pasaron cien años y las espinas rodeaban todo, pero, cuando el príncipe intenta entrar, las espinas se convierten en rosas. Vio tan bella a la protagonista que no pudo contenerse y la besó. El impulso sexual masculino es incontrolable, pero la culpa es de ella por ser tan guapa, no de él. Tras el beso ella despertó. ¿Las mujeres estamos “dormidas” hasta que aparece nuestro príncipe? ¿Sólo debemos estar despiertas para él? ¿Las mujeres sólo despertamos cuando un hombre nos besa? Nuestra vida no comienza hasta entonces. El cuento tiene una moraleja explícita. La Bella Durmiente es desobediente y curiosa, por eso se pincha el dedo y se queda dormida. Un castigo. En esta narración las mujeres no son ejemplares. La madre es muy convencional, está preocupada por aparentar y como su vajilla no tiene más que doce platos sólo invita a doce hadas. El hada no invitada es cruel. Las buenas, en estos cuentos, suelen ser las niñas, las vírgenes. Las mujeres casadas, las viejas pueden ser malas. En cambio los hombres siempre son buenos. Los jóvenes e incluso los viejos, aunque éstos suelen estar dominados por sus mujeres, el padre de Cenicienta es el mejor ejemplo, y cuando no se comportan debidamente es por la presión de sus mujeres, que son viejas. La belleza, la bondad y la juventud suelen acompañarse. Las hermanas de Cenicienta son más viejas que ella.

 

Caperucita Roja. La caperucita es roja, como símbolo de la pubertad. Caperucita es una niña de pueblo que no sabe que es malo pararse a hablar con desconocidos. Es ingenua, pero también es desobediente y atolondrada. En este cuento se contiene un mensaje de obediencia a las niñas. Deben atender a la madre y hacer lo que ella les indica. Si no es así y se van con el lobo, acaecerán desgracias a toda la familia. El lobo la engaña para que se acueste con él y ella se deja engañar. Se desnuda, se acuestan y se desarrolla la escena inolvidable: “Abuelita porque tienes….” Es posible que se acueste desnuda, pues le sorprende que la abuela, el lobo, esté en camisón. El cazador es el hombre bueno, valiente y protector. El lobo es el hombre malo que engaña. Indica a Caperucita la belleza del bosque para que se entretenga en coger flores y él poder preparar todo para cuando llegue Caperucita a la casa de la abuela.

 

Este cuento, desde mi punto de vista, tiene una fuerte carga sexual en la redacción de los Grimm. Posiblemente la cama sea uno más de los símbolos sexuales que en su redacción se insinúan. En el cuento aparecen indicios claros de un acto de seducción. Por ejemplo: “el lobo corrió las cortinas”. ¿Para qué no le reconociera? Al lobo se le reconoce con cortinas o sin ellas, si se le quiere reconocer. Las cortinas cerradas crean un ambiente íntimo. La recreación en la seducción a Caperucita, todo el cuento se centra en ella, sin duda complacía a quien estaba escribiendo. También es posible que Jacob no se casara, me atrevo a insinuar, no porque no le gustaran las mujeres, sino porque quien le gustaba eran las niñas. Mientras que en los cuentos de Perrault no hay referencias sexuales, en los de los Grimm, junto al amor ideal asexuado, hay una carga sexual, mayor o menor, pero siempre se puede encontrar algún indicio. Por ejemplo: ¿Por qué el príncipe cuando despierta a la Bella Durmiente no se casa con ella, sino que se pasa un tiempo largo haciéndole visitas sin comunicar a nadie su descubrimiento?

 

El cazador es el hombre bueno. La madre y la abuela de Caperucita son dos atolondradas. La madre manda a la niña sola a través del bosque ¿Por qué no iban ella o las dos si el bosque era un lugar peligroso, en el que había lobos? Las niñas, en muchas ocasiones, pueden estar solas, por ello deben aprender que hay que hacer caso a las madres, no desviarse del camino que ellas indican y llegar pronto a casa. Pero quien resuelve el problema es el cazador. El cazador domina el bosque, protege a las mujeres, es el modelo masculino en una sociedad burguesa, pero, también, hace referencia al guerrero.

 

Cenicienta o el zapatito de cristal. Cenicienta es dulce y bondadosa y las hermanas altivas y orgullosas. La madrastra domina al padre que es buena persona y no quiere disgustos con su segunda mujer. Las cenizas, entre las que vive la huérfana de madre, son símbolo de penitencia. Ella no ha hecho mal, no tiene madre, pero su padre no lo hace bien pues apenas se ocupa de ella y consiente el mal trato que sufre. Está rodeada por símbolos domésticos como los ratones. En la redacción de los Grimm, Cenicienta está continuamente visitando la tumba de su madre que vela por ella desde el cielo. Al año de su muerte el padre de Cenicienta se había vuelto a casar con otra viuda que tenía dos hijas. Los hombres no debían estar solos, sin una mujer que atendiera lo doméstico, por ello no hay censura a su segundo matrimonio. En cambio la madrastra no es una buena mujer. Debía de haber permanecido viuda cuidando de sus hijas, a las que no ha sabido educar pues son egoístas, holgazanas, presumidas… Las hermanastras le quitan el cuarto a Cenicienta y todo lo que en él había y la reducen a la condición de criada que duerme en la cocina. Ella es el modelo femenino perfecto: Se levanta temprano, acarrea el agua, enciende el fuego, guisa la comida para toda la familia, lava la ropa y, en fin, trabaja todo el día. Este es el modelo patriarcal al que debe adecuarse la vida de las mujeres. Si así lo hacen tendrán un premio. Cenicienta el único consuelo que tiene es ir a la tumba de su madre y relacionarse con un avellano que plantó cerca de dicha tumba y con dos palomas que hablan con ella y le dan todo lo que precisa para conquistar al príncipe, los vestidos que se pone cada una de las tres noches.

 

Los hombres se enamoran de las mujeres por su apariencia. Cenicienta es trabajadora, alegre, solidaria, buena hija, guapa… Pero si no fuera bien vestida el príncipe no se hubiera fijado en ella. Siempre la quiere acompañar a la casa, pero ella desaparecía, tanto el primer día como el segundo. El príncipe pregunta a todo el mundo por ella, incluso al padre de Cenicienta que no la ha reconocido. El padre responde al modelo de hombre viejo, un poco bonachón, despreocupado de todo, pues confía lo doméstico a su mujer. El tercer día el príncipe ha puesto pez en el suelo y a Cenicienta se le pega una sandalia. El Príncipe es inteligente y gracias a su treta encuentra a Cenicienta. Las hermanas se habían cortado el dedo gordo del pie una y el talón la otra para lograr que el zapato les fuera bien. Son ridiculizadas atendiendo al estereotipo de mujer obsesionada por casarse, planteamiento muy masculino. Las palomitas que estaban junto al avellano de la tumba de la madre, que son amigas de Cenicienta, al final sacan los ojos a las hijas de la madrastra, como castigo al maltrato que habían dado a Cenicienta. Ellas no son hermanastras, aunque así se les denomina, pues son hijas del primer marido de la madrastra. Es un cuento muy truculento en el que se insiste en que las mujeres, además de ser bellas y jóvenes, las “hermanastras” ya son algo mayores y no han logrado casarse, deben ser sobre todo buenas hijas y muy trabajadoras.

 

El cuento de Blanca Nieves no es recogido en la recopilación de Perrault. Es también una tradición oral, aunque hay algunos relatos alemanes en los que aparecen datos que luego confluyen en la redacción de los Grimm. Parece que su fuente de inspiración es la historia real de una niña María Sophia von Erthal que vivió en Lohr (Alemania) en el siglo XVIII. La madrastra la maltrataba y fue protegida por siete enanitos, que posiblemente eran mineros de baja estatura, para que pudieran circular fácilmente por las galerías de las minas. Los Grimm adornaron el cuento y Walt Disney contribuyó a divulgarlo y a su fama con el terrorífico largometraje de dibujos animados que asusta y hace llorar a cualquier niña que lo ve por primera vez.

 

Parece que en el primitivo cuento cuando el cazador deja en el bosque a Blanca Nieves, ella sólo tiene siete años. Encuentra una casita y unos hombres pequeñitos que se dedican a buscar minerales, los mineros. Ellos llegan a la casa y no la reciben bien y empiezan a decir: “Mi sillita, mi platito, mi pan, mis legumbres, mi tenedorcito, mi cuchillito, mi vasito”. Todo pequeñito, como de juguete. No pueden ser siete hombres, pues Blanca Nieves no podía convivir con ellos, pues esto sería la deconstrucción de un harem y esto no podía contarse a niños y niñas. Aunque al principio ellos pretenden que la chica se vaya, al final acceden a que se quede, si se ocupa de la casa: cocinar, hacer las camas, lavar la ropa, coser y tejer “y tenerlo todo en orden y limpio”. Se reconstruía una situación ideal, ellos trabajan en lo público, la niña se encarga de lo doméstico. Todos tan felices.

 

La madrastra la perseguía obsesivamente ¿sólo tiene celos de ella por su belleza o es que es la titular de la herencia de su padre y, por tanto, la madrastra no puede disfrutarla? Sea por la competencia obsesiva en la belleza o por otra cuestión, la madrastra intentó matarla sin éxito de formas muy ingeniosas. Se disfrazó de buhonera para poder aparecer por el bosque y venderle o regalarle los instrumentos que van a conseguir que muera de forma en apariencia accidental: primero unos cordones que la ahogan y que los enanos cortan; luego un peine envenenado, los enanos se lo quitan. Y, por fin, la manzana envenenada que parece que la hace morir. Era tan guapa que la pusieron en un ataúd de cristal. Un príncipe que pasó por allí de forma accidental, ¿sería el dueño de las minas? quiso comprar el ataúd. Los enanos no querían, pero él insistió y, al discutir sobre el ataúd, tropezaron y el ataúd se cayó. Blanca Nieves también cayó y el golpe hizo que expulsara el trozo de manzana. Es posible, se ha especulado, que no fuera una manzana lo que la madrastra ofreció a Blanca Nieves, sino belladona que la hizo dormir y que era bien conocida en la zona donde vivía la protagonista de la historia que inspiró este cuento.

 

A la madrastra, como castigo, le pusieron unas sandalias de hierro al rojo vivo y la hicieron bailar con ellas, hasta que murió. La crueldad está presente siempre en estos cuentos infantiles y de forma especial en éste, que, insisto, Perrault no debía conocer. ¿Pretendían, los Grimm, educar a niños y niñas en el horror? ¿Qué se acostumbraran a él? ¿O los redactores eran unos masoquistas que se complacían con estos horrores? ¿Puede relacionarse con los horrores góticos propios de los románticos? Recordemos las leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer.

 

Una lectura feminista de los cuentos tradicionales

 

Atendiendo a los cuatro cuentos analizados, posiblemente los más conocidos y reconocidos, voy a plantear una serie de hipótesis sobre los contenidos de dichos cuentos. Voy a hacer una lectura de los modelos que se proponen, unos favorables y otros desautorizadores, sobre todo de las mujeres, aunque alguna referencia haré a los modelos masculinos. Todo ello dentro de un pensamiento feminista y en relación a la Historia de las Mujeres, pues los cuentos han ocupado parte de sus vidas. Considero que los cuentos tienen una importancia transcendente puesto que son los primeros modelos que se ofrecen a las niñas y niños. Se les inculcan unos valores, los contenidos en los cuentos, que hace que se les eduque, tanto a ellas como a ellos, en los principios patriarcales. Junto a ello, a la creación de un modelo femenino maligno, la Querella de las Mujeres, las mujeres que no aceptaban la maldad femenina, ofrecieron en sus escritos a mujeres que existieron a lo largo de la historia, u otras legendarias pero reconocidas como ejemplares, que fueron bondadosas, sacrificadas, trabajadoras que son recordadas en los textos que constituyen la Querella.

 

Las mujeres en los cuentos se dividen en dos grupos, buenas y malas. Las protagonistas son muy jóvenes y muy bellas. La belleza y la bondad suelen ir unidas y también la juventud. Las madrastras son viejas y envidiosas. Caperucita y la Bella Durmiente tienen madre, pero no es muy buena, en los Grimm, incluso se insinúa que es bruja. No se preocupan demasiado de las hijas. Las otras dos, Cenicienta y Blanca Nieves, tienen madrastras y hermanastras, todas malas. Los cuentos son para las niñas que están entrando en la pubertad como Caperucita, que deben seguir el ejemplo de las protagonistas y se casaran con un príncipe o salvaran la vida gracias a la intervención de un cazador. Ambos son modelos masculinos reconocidos.

 

El poder político, el príncipe, y el poder militar, el cazador.

 

Los hombres que aparecen responden a modelos como el príncipe, que siempre es bueno, listo y consigue lo que quiere. Dará muchos hijos a su mujer y todos serán felices. Los padres son bonachones, pero no se ocupan de las hijas, son viejos, las madrastras los tienen dominados. ¿Por qué los dominan? Ellos son ricos, en este aspecto no dependen de ellas. Solos tampoco están pues tienen una hija, que puede atender a lo doméstico, y en todos los cuentos queda manifiesto que, ambas, Cenicienta y Blanca Nieves, son buenas amas de casa. ¿Es por el sexo por lo que las madrastras consiguen de sus maridos todo lo que pretenden? Caperucita parece que no tiene padre. La protege el cazador, como a Blanca Nieves, que parece que tampoco tiene padre. Ambos padres han muerto o han desaparecido. No hay ninguna referencia. ¿O acaso son malos padres y no se ocupan de las hijas? ¿O lo normal era esta situación? Las hijas, por supuesto no los hijos, corresponden a lo doméstico, que es propio de las mujeres, de las madres. Un hombre no puede estar sin mujer, entre otras cosas no puede ocuparse de una niña, según el pensamiento común. En cambio, una viuda no debe casarse, debe permanecer en lo doméstico, dedicada a sus hijos e hijas. Las madrastras que aparecen en los cuentos son malas mujeres, pues a pesar de ser viudas, han vuelto a casarse, no responden a lo correcto dentro de la mentalidad patriarcal. Los modelos ejemplares son el príncipe y el cazador. Corresponden al modelo masculino patriarcal, son el guerrero y, en la paz, el cazador. Ambos matan de forma justificada.

 

Menos Caperucita Roja, que es atolondrada por su juventud, se distrae y la engaña el lobo, las otras tres mujeres, Cenicienta, la Bella Durmiente y Blanca Nieves, son bellas, trabajadoras, buenas y no son tontas, por el contrario son bastante inteligentes y consiguen siempre lo que pretenden. Pero su fin es casarse con un príncipe, aunque esto no se dice nunca. Cumplen el modelo de mujer burguesa, hacendosa, aunque estén en situación difícil. Se imbuye en las niñas el pensamiento de que si son sumisas, obedientes, buenas y trabajadores, acabaran casándose con un príncipe, su marido, el rey de la casa para ellas. Se les manda el mensaje subliminal de que si se portan así, aunque sufran, acabaran teniendo un premio, el marido. Caperucita también es hacendosa y buena pues va a llevar comida a la abuela enferma. La Bella es hacendosa pues quiere aprender a hilar. Las mujeres siempre deben estar trabajando. El modelo ideal es Blanca Nieves que atiende una casa con siete personas, además de ella.

 

Las mujeres malas que aparecen, como el hada al que no han invitado cuando nace la Bella Durmiente o las madrastras, las hermanastras, todas son envidiosas. Las hermanastras son el contramodelo, sólo les preocupa su aspecto. No son hacendosas, son vagas y frívolas. No quieren a Cenicienta, no son muy listas y todo les sale mal. Esto es un castigo a su falta de dedicación a lo doméstico y al abandono y desprecio a una niña, la hija de su padrastro. No cumplen con lo estipulado por el sistema patriarcal sobre las obligaciones femeninas. Por eso no consiguen lo que pretenden. La abuelita y la madre de Caperucita están un poco distraídas y no se ocupan demasiado de la niña. La abuelita es vieja y enferma, la madre debe ser viuda, pues el que soluciona los problemas es el cazador, es quien les salva. Si obviamos a las heroínas, que son, todas, la misma mujer, pues responden perfectamente a lo preceptuado por la sociedad patriarcal sobre el comportamiento femenino, las otras mujeres están condenadas al fracaso, no consiguen lo que pretenden, precisamente por no cumplir con las obligaciones domésticas. Por ello están condenadas al fracaso. La mujer doméstica es la valorada y premiada con una buena boda. El mensaje es muy claro y perceptible por cualquiera. Es un mensaje que, a lo largo del tiempo, a las niñas se les está repitiendo desde su más tierna niñez.

 

Los hombres son buenos, pero no pueden vivir sin una mujer, son despreocupados de las cosas domésticas y se vuelven a casar, pero son confiados y piensan que las madrastras serán buenas con sus hijas. No quieren discutir. Los enanos no pueden vivir solos, necesitan una mujer. Todas ellas se encargarán de todo lo doméstico. Los hombres jóvenes son los príncipes que son buenos y listos y saben distinguir la belleza y la bondad de las chicas. Los enanitos no pueden ser niños, pues no pueden estar solos en medio del campo, pero tampoco pueden ser hombres pues Blanca Nieves no puede vivir con siete. Son hombres pero son pequeñitos, ella los tratará como a sus hijos.

 

El cuento de Caperucita pretende enseñar la obediencia a las niñas a no hablar con desconocidos pues el mundo está lleno de peligros, los lobos, que son los hombres. Ellos cuando pueden, con engaños como el lobo, se meten en la cama de las niñas. El lobo se ha travestido materialmente en la abuelita, pero los hombres se pueden travestir como buenas personas para meterse en la cama de las mujeres. Las mujeres, las niñas, no deben hablar con desconocidos pues todos pueden convertirse en lobos. El cuento tradicional tiene un fuerte componente erótico que los Grimm reflejan.

 

Conclusiones

 

Los cuentos se oían, llegaban a todo el mundo, a gente popular y no culta, con poca formación. En ellos se refuerza el modelo masculino, todas las mujeres se casan con un príncipe, su príncipe, y lo consiguen siendo obedientes, sumisas, alegres y trabajadoras. Todas estas cualidades las convierten en bellas. Los cuentos tienen un gran papel en la formación de las mentalidades y en la creación de modelos. Los tratados, los sermones, los escritos llegan a determinadas clases sociales, los cuentos llegan a todo el mundo, a las niñas que los están oyendo continuamente y a los niños que se deben convertir en el guerrero valiente que arrostra peligros y siempre sabe elegir a la mejor chica. No tenemos otros datos de ellos, los hombres sólo son valientes y consiguen lo que quieren, mejor la que quieren, que es bella y por la que han sentido una fuerte atracción sexual, por su belleza, y se han enamorado sin conocerla, sólo por su aspecto externo. Son seres hermosos que les atraen sexualmente y las consiguen, algunos sin boda, como en la Bella Durmiente. Cuando ya la han conseguido, ella se encargará de todo y ellos podrán descuidarse, pues las mujeres hacendosas en sus casas son buenas administradoras y contribuirán a la riqueza familiar, que siempre la sociedad considera que se debe al marido. Todo ello es una falacia, los príncipes cuando se casan se convierten en el padre de Cenicienta y se despreocupan de todo. El cazador de Caperucita debía de estar soltero.

 

La Querella de las Mujeres fue un movimiento de mujeres que cuestionaron el pensamiento patriarcal dominante. Antes de ellas y después de ellas, muchas otras mujeres lo hicieron también a lo largo de la historia, pero de forma aislada. A partir del siglo XV y en el XVI hubo un clamor sordo de mujeres que reivindicaban su inteligencia y demostraban con sus actos, escribiendo, ejerciendo el poder, estableciendo una religiosidad propia y, sin duda, con un legado histórico transcendente. Antes otras muchas también lo habían hecho y otras seguirían sus pasos. Pero en aquellos tiempos, el fin de la Edad Media y los inicios de la Modernidad, un periodo de transición, las mujeres se querellaron ante la injusta apreciación que la sociedad dominante tenía de ellas. Pero dejaron un legado que no se perdió y resurgió intermitentemente hasta finales del siglo XVIII y abrió el camino al pensamiento feminista. El patriarcado utilizó los cuentos tradicionales, estables a lo largo de tiempo, para educar a las niñas en unos determinados valores. Los cuentos narran historias fantásticas, pero en realidad están ofreciendo comportamientos patriarcales a los que las niñas deben adecuarse.

 

Es discutible el valor del cuento tradicional para construir la historia de las mujeres. Pero, sin duda, es una fuente que debe valorarse como muestra de un pensamiento y de una organización social determinados. Proponen modelos de comportamiento sobre todo a las niñas y son un instrumento para educar a las personas y para reforzar la sociedad patriarcal. Están presentes en la vida de niñas y niños y con ellos se intenta formar los modos de comportamiento de acuerdo con el pensamiento dominante, el patriarcal. Para el conocimiento de lo cotidiano en la vida de las personas, para conocer la historia de las personas que no tienen historia, sin duda los cuentos son un referente que no debe olvidarse, pues en los valores, en los principios que en ellos se defienden, se ha educado a generaciones de niños y niñas desde siglos.

 

La historia de las mujeres debe atender a todo tipo de fuentes. Las fuentes literarias van consolidándose, posiblemente los cuentos deben tener también una consideración, no para recrear acontecimientos, pero sí se debe valorar en el momento de analizar la vida cotidiana, los comportamientos, las acciones y actos de las personas en el acontecer histórico. Igualmente para valorar como, a lo largo de la historia, el modelo de comportamiento que se propone es estable: El hombre, el triunfador sobre el mal, y la mujer, el ama de casa perfecta. La historia de las mujeres debe valorar la fuerza de un modelo femenino estable que, a lo largo de los tiempos, se ha cuestionado por un pensamiento propio de las mujeres, en sus escritos, con sus actos, con sus obras, con su presencia en la sociedad. Los cuentos, la literatura, han sido a lo largo de los tiempos un instrumento patriarcal para unir a las mujeres a unas formas de vida. Pero la literatura también ha sido utilizada por las mujeres para expresar un pensamiento propio, diferente al dominante.

 

 

* Universidad Complutense de Madrid

 

(1). Este trabajo está relacionado con Proyecto de Investigación I+D HUM 2007-65586/ HIST La Querella de las Mujeres (ss. XIV-XVI) y sus repercusiones sociales y políticas (2007-2010) del que he sido investigadora principal.

 

 

 

 

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