La política cultural de México y la
nueva realidad demográfica de EUA

Carlos J. Villaseñor Anaya
 
   
 
 
El ingenio de Antonio Gaudí

Los recientes movimientos en la titularidad de la embajada de México en los Estados Unidos y la subsecretaría de América del Norte (SRE), me hacen suponer que se ha comprendido que los efectos negativos del discurso del precandidato presidencial del Partido Republicano, Donald Trump, no se deben a ocurrencias exóticas de un individuo aislado y que tampoco cesarán a la conclusión de su campaña.

 

Ya en mi texto “Trump y los latinos, una consideración constitucional”(1), reflexionaba que una parte del éxito que ha tenido el discurso vociferante, insolente, prejuicioso y segregacionista de Donald Trump, se puede explicar a partir de la creciente importancia social, económica y política que está teniendo aquella fracción de la población norteamericana que se representa a sí misma como de origen latino o hispano (16%); y de los cuales, la mayoría de ellos se define como de ascendiente mexicano (54.1%).

 

Y es que en tan solo 10 años (2000-2010), la población Latina (2) en EUA creció un 43% (35.3 a 50.5 millones3) y su poder adquisitivo se ha incrementado a un ritmo del 10% anual, para pasar de 1 (2010) a 1.5 billones (2015) de dólares por año (4). 

 

Con base en esas cifras, se estima que en el año 2040 los hispanos serán la segunda minoría poblacional más importante (33%), inmediatamente después de los blancos, que ya no serán mayoría absoluta. Así también, el número de latinos estará por arriba de las minorías afrodescendiente (14.7%) y la asiática (8.2%). También se proyecta que, en ese mismo año, los Estados Unidos serán el país con el mayor número de hablantes de español en el mundo (5).

 

Por otra parte, debemos recordar que la sociedad norteamericana ha sufrido muy profundos cambios en los últimos años. Baste mencionar, como ejemplos, el ataque terrorista del 9/11 (2001) y la crisis económica del 2008, para comprender que la sociedad norteamericana ha visto desmoronarse aceleradamente el estatus quo con el que terminó el siglo XX.

 

En ese entorno de cambio súbito y, sobre todo, a partir de una sensibilidad que está a flor de piel, resulta relativamente fácil atribuir la culpa de los males que los aquejan, al otro que es distinto a un nosotros. Y si esa transferencia se escenifica de manera tal que cause un alto impacto emocional, la generación del mito es casi segura. 

 

En ese orden de ideas, el discurso violento, machista, radical y polarizante de Donald Trump en contra de los mexicanos, los latinos y otras minorías, ha sido un vehículo ideal para que una parte importante de la población haya apropiado emocionalmente el mito de que son esos otros los culpables de la desaparición del “american way of life”. Es evidente que, bajo esa lógica, la virulencia de la reacción sea directamente proporcional al conservadurismo del sujeto de que se trate.

 

Desde la perspectiva de los sectores más conservadores, quienes hasta hace pocos años eran solamente el jardinero, la sirvienta, el cocinero o el albañil, que habían migrado de manera ilegal a los EUA; en tan solo unos pocos años, aumentaron su importancia numérica, ampliaron su presencia geográfica, incrementaron su poder adquisitivo, ganaron espacios mediáticos y alcanzaron una mayor representación política.

 

Al día de hoy, del 100% de las personas que en los Estados Unidos se identifican como latinos (50,5 mill/2010), al menos el 75.8% es nacida (64.3%) o naturalizada (11%) como ciudadana de los Estados Unidos de América. Eso no significa que el restante 24% sea necesariamente un inmigrante ilegal, pues pueden ser habitantes de los EUA con visa de trabajo, de estudiante o de turista. Y aunque sigue existiendo un número importante de inmigrantes ilegales de origen latino, desde el año 2009 se ha observado una tendencia decreciente de migrantes mexicanos ilegales que ingresan a EUA.

 

Un excelente ejemplo de la nueva presencia de los hispanos en EUA es la Señora Rosa Guamataotao Ríos, quien desde el 2009 funge como la 43ra tesorera de los Estados Unidos. Ella es la sexta latina en ocupar ese cargo, la tercera mujer hispana y la segunda México-americana que de forma consecutiva ocupa esa posición. Todos los dólares impresos desde el 2001 llevan estampada la firma de una mujer latina, justo allí, a la derecha de Washington, Lincoln, Jefferson y Franklin.

 

Otro ejemplo que ayuda a explicar la nueva visibilidad de lo latino en los EUA, es que la cobertura de cada una de las cadenas de televisión Univisión y Telemundo, alcanza a la mayoría de los hogares en los Estados Unidos.

 

Con base en esos antecedentes, es claro que la política cultural de México en su relación con la nueva realidad demográfica de los Estados Unidos de América, ya no puede limitarse al canon de mostrar que nuestro país es –desde hace muchos siglos—origen de civilizaciones y centro productor de expresiones artísticas y culturales relevantes para la estética occidental; ni, mucho menos, que nuestra diversidad creativa se limita a la producción de expresiones folclóricas merecedoras de una visita turística, a un lugar exótico de sol y playa.

 

La activa presencia de nuestros connacionales en los Estados Unidos en los ámbitos económico, social, educativo, de las comunicaciones y como turistas, demanda una política cultural que se dirija específicamente a generarles mejores condiciones para su estancia temporal en ese país y en su relación con los habitantes de los Estados Unidos.

 

Lamentablemente, el discurso de Trump ha roto muchos límites que antes era políticamente incorrecto cruzar y que ahora se han vuelto sumamente frágiles, de donde hay que actuar rápidamente en el ámbito simbólico, para restituir la noción de que es socialmente reprobable la violencia verbal, física o moral en contra de los mexicanos. Hay que hacer patente que los mexicanos son mayoritariamente un visitante legal que va a los Estados Unidos con objetivos que son mutuamente benéficos. 

 

Respecto de los migrantes ilegales, se deberá hacer una clara diferenciación entre la aportación que hacen a la cultura y los valores de los EUA: la unión familiar, el trabajo duro, la honradez y la valoración de sus tradiciones, por ejemplo; y las posibles deficiencias de su estatus migratorio, sin que lo segundo contamine a lo primero. 

 

En estricto sentido, dichas acciones conforman una vertiente cultural de la fundamental labor consular de actuar en defensa de nuestros connacionales en el extranjero.

 

Si bien en un primer momento se hace indispensable hacer circular elementos emocionales y racionales que combatan las bases del mito que ha fertilizado el discurso xenofóbico de Donald Trump, en el mediano y largo plazos deberemos construir -en alianza estratégica con los ciudadanos norteamericanos que se identifican como de origen latino/hispano o español- los cimientos de una percepción más amplia y diversa de la aportación que hace la diversidad creativa mexicana contemporánea al mundo y, de manera muy particular, a los Estados Unidos. Y no me refiero necesariamente a las artes y la cultura, sino a la amplia diversidad de códigos, símbolos y significados que nos dan cohesión y sentido a los mexicanos de hoy. 

 

Todo ello abre también una excelente oportunidad para que México sea el líder en el diseño e implementación de una política cultural de la Alianza del Pacifico. No está de más recordar que desde Chile hasta Washington, el rostro de América que dialoga con Asia, a través del océano Pacífico, lo hace mayoritariamente en español. En el contexto de esa poderosa dinámica de intercambio comercial, debemos atender la necesidad estratégica de que nuestro vehículo de comunicación siga siendo portador de contenidos simbólicos de origen latino e hispánico. No es un tema menor, de cara al 2040.

 

Por lo pronto, un efecto positivo del discurso de Trump, es que indirectamente ha legitimado y transformado en políticamente correctas, las acciones que hagamos todos –latinoamericanos, iberoamericanos y norteamericanos- en favor del más pleno ejercicio de los derechos culturales de los visitantes latinos a EUA y de los ciudadanos norteamericanos que se reconocen como descendientes de alguna de esas naciones hispanoparlantes. Ojalá y aprovechemos la oportunidad. 

 

 

 

 

(1) El texto completo está disponible en la siguiente dirección electrónica:

http://www.academia.edu/23291607/TRUMP_Y_LOS_LATINOS_UNA_CONSIDERACION_CONSTITUCIONAL

 

(2) En el texto los términos hispano y latino se usan indistintamente y se refieren al grupo de población de origen latino, hispano o español, conforme fue definido en la pregunta 8 del Censo de Población 2010 de los Estados Unidos de América.

 

(3) Información del texto La Población Hispana: 2010, publicado por la Oficina del Censo de los EUA.

Disponible en la siguiente dirección electrónica:   http://www.census.gov/prod/cen2010/briefs/c2010br04sp.pdf

 

(4) El Estado del Consumidor Hispano: El Imperativo del Consumidor Hispano, publicado por NILSEN, en el segundo trimestre del 2012.Disponible en la siguiente dirección electrónica:

http://www.nielsen.com/content/dam/corporate/us/en/microsites/publicaffairs/StateofHispanicConsumer Report2012_Spanish.pdf

 

(5) Información del texto Enciclopedia del español en los Estados Unidos 

Anuario del Instituto Cervantes 2008. Disponible en la siguiente dirección electrónica:

http://cvc.cervantes.es/lengua/anuario/anuario_08/

 

 

 

contacto: piedra.de.toque@live.com

 

Regresar al inicio de esta página


Diseño y desarrollo: Iomedia