Los tejidos tradicionales de los
grupos originarios de México

Arturo Gómez Martínez *
 
   
 
 
Hilanderas tradicionales

¡Más de la mitad de los pueblos indígenas en México ha desaparecido!

 

Hasta antes del proceso de industrialización en México, la apertura comercial con la revolución industrial, los procesos dinámicos de la época prehispánica habían saltado toda la Colonia, incluso habían saltado la Independencia. Es hasta la revolución mexicana, con la apertura de caminos, el tren, que empieza a tener contacto comunicativo y comercial con el resto del mundo, hay entonces una gran transformación.

 

Esto empieza hace un siglo apenas. Pero justamente hace medio siglo, de 1900 a 1950 todavía encontramos como una especia de apogeo étnico del país. Pero de 1950 al 2000 es el gran cambio, primero por el sistema de educación formal en México y luego por las grandes aperturas comerciales y las políticas indigenistas que aplica el país.

 

Ese sistema educativo fue erróneo, sobre todo porque subestimó a las culturas étnicas, les prohibió hablar sus idiomas indígenas para poder enaltecer y posicionar el idioma castellano, que era el idioma nacional. Imponer el idioma castellano conllevó a crear el nacionalismo mexicano: que todas las regiones de México sintieran una misma identidad.

 

Hasta antes de 1950 había identidades regionales. Un yucateco no sentía lo que sucedía en el norte de México… y viceversa. No había esa conciencia colectiva del nacionalismo, eran regionalismos. Ese es el gran cambio, el gran salto.

 

Las culturas indígenas empiezan a recibir propiamente atención de política pública a partir de 1980, cuando las instituciones crean ya parámetros para atender a las comunidades indígenas. Se empieza a rescatar y a valorar los idiomas indígenas, las artes. Se les empieza a crear conciencia a los pueblos de que no son culturas menores, sino que están en igualdad que todas las culturas del mundo y que pueden forjar su propia cultura en el futuro, tratando de pendular entre la modernidad y la tradición.

 

Rasgo fundamental en todas las culturas indígenas mexicanas es sin lugar a duda la elaboración de textiles. Existe en resguardo en el Museo Nacional de Antropología un huipil que se atribuye a la Malinche, que es del siglo XVII-XVIII. Es una pieza importante que fue adquirida entre Puebla y Tlaxcala, no se sabe bien, pero que preserva muchas técnicas que están registradas en el Lienzo de Tlaxcala, en los documentos históricos de Tlaxcala. Tiene hilo entorchado con pluma, que era la forma de decorar textil de la región Puebla-Tlaxcala. Es un huipil de tres lienzos tejido en algodón hilado a mano, de color blanco y café; tiene hilos de lana, tiene hilos de seda y está teñido con varios colorantes, entre ellos caracol púrpura, que es de la región de Oaxaca, y también grana cochinilla, añil y muchas otras flores parásitas que crecen en esta región

 

Abordar el tema de los textiles indígenas de México, implica conducirse a través de los hilos que traman los procesos culturales e históricos de un territorio diverso en identidades étnicas y rico en expresiones artísticas. Desde la época prehispánica a la actualidad se han sumado múltiples aportaciones de diversas latitudes y tiempos, hasta construir tradiciones textiles bien definidas regionalmente.

 

La estructura de las telas consigna el saber de muchas generaciones. Originalmente surgió como una necesidad para cubrir el cuerpo de las consecuencias climáticas, más tarde adquirió otras connotaciones como derivación de las relaciones sociales, políticas, religiosas y económicas. Así las ropas y accesorios se convirtieron en elementos de cultura material, que por mediación del cuerpo lograron ser los vehículos idóneos donde se encarnan los símbolos, códigos comunicativos que demuestran el poder, la estratificación social, la moda, la apreciación estética y la configuración económica.

 

Todos estos elementos siguen vigentes si nos miramos a nosotros mismos desde cómo nos vestimos, qué telas utilizamos, qué marcas utilizamos, cómo están hechas nuestras ropas, cómo va implícito pues en nuestro cuerpo. Esto no es una cosa nueva, aparece desde los principios de la historia de la humanidad.

 

Desde la antigüedad los grupos humanos crearon textiles de acuerdo a las características físicas regionales y de los recursos naturales ahí existentes. Emplearon materias primas de fibras semiduras como las agaváceas, estos son los magueyes, el izote que es un tipo de maguey mucho más alto como árbol (Yucca gigantea), el chichicaxtle que este es un árbol que también se le quita la corteza parecido al lino que también se hacían telas sobre todo en Puebla, Tlaxcala y la región de Oaxaca (Urera caracasana) y el jonote (Eliocarpus, es una fibra también un árbol leñoso appendiculatus); el algodón (Gossypium) por sus fibras blandas fue el más utilizado en la fabricación de las mantas y hasta el día de hoy podemos encontrarlo en variedades de color blanco, café, amarillo y verde.

 

Estos algodones no han sido pigmentados sino son producto de la inteligencia de las comunidades agrícolas, que por medio de selección de las fibras y las semillas históricamente lograron estos pigmentos sin necesidad de utilizar los tintes.

 

Durante la Colonia se sumaron la lana de las ovejas y la seda producida por los gusanos (Bombyx mori), además telas de lino importadas. Esto es muy importante porque a las fibras de algodón que había mayoritariamente y que se conocen en México, se suman otras fibras donde no se podía producir mediante la agricultura. Tlaxcala fue uno de ellos donde la lana de las ovejas se acogió muy puntual, tan es así que se hicieron reglamentaciones y se crearon las primeras fábricas para generar estos hilos de lana y en la actualidad están la industria de la producción de hilos, la industria de la producción de los paños de lana.

 

Los infinitos hilos que componen los lienzos han sido motivo de invenciones tecnológicas y de reflexiones estéticas, el uso de las matemáticas adquiere sentido con la mecanización de las técnicas de manufactura y las decoraciones constituyen el acervo iconográfico que nos remite necesariamente al pensamiento cosmogónico.

 

¿Qué queremos decir aquí? que los textiles no son elementos folclóricos, no son elementos que son bonitos por sí. Por supuesto que son estéticos, bonitos, pero detrás de ellos encierran muchísimos otros elementos, encierran lo que diríamos la ciencia tradicional de las comunidades, eso que por mucho tiempo hemos llamado empirismo. ¿Son conocimientos empíricos? no, por supuesto que también hay grandes reflexiones, tienen elementos de química, elementos de física, elementos de contabilidad, matemática y de muchas otras reflexiones en cuanto a la composición propiamente de las telas.

 

También el arte textil fue motivo de reflexión de las ciencias formales, la computación por ejemplo. Toda la industria cibernética surgió precisamente de las reflexiones del textil a partir de lo que llamaríamos pixel ahora, que sería la puntada de una tela.

 

La calidad y la comodidad de las ropas parecen siempre insuficientes, hay una búsqueda constante que insta al dinamismo, a la invención y a la innovación. El uso y la función original de los textiles han sido transformados, los ámbitos de acción territorial se han movido del medio rural hacia las ciudades, incursionando en los procesos económicos cada vez más diversos y amplios que alcanzan los mercados del arte y del turismo mundial.

 

Muchos de los estados actuales están preocupados precisamente por cómo convertir en mercancía la producción artesanal, entre ellos los textiles, esto ha sido muy complicado precisamente porque no nos hemos enfocado a reflexionar qué son los textiles tradicionales, sobre todo los indígenas, que son más allá de simples telas producidas por máquinas o manos. Entonces los textiles indígenas son bienes culturales y lo que se comercializa son productos culturales. Creo que tenemos que aprender un poco de esto.

 

La división del trabajo y la especialización por género es una característica de los pueblos indígenas. La actividad textil es propia de las mujeres y los conocimientos se transmiten en un contexto familiar de madres a hijas. Las enseñanzas inician a manera de juego, así aprenden a hilar, tejer y bordar; la instrucción formal ocurre en la adolescencia que guiadas por las abuelas se entrenan a seleccionar y a transformar los materiales; asimilan los diseños ornamentales, lo que son la imagen y decodifican los símbolos iconográficos, aprenden los significados.

 

Las mujeres jóvenes se vuelven diestras en el oficio. En esta etapa de su vida elaboran las mantas más finas y sofisticadas en decoración, bueno también en esta etapa de la vida, en todas las sociedades de México hasta antes del siglo XX, se hacía lo que se conoce como dechado de virtudes: todas las señoritas, sobre todo de las ciudades, tenían que tener esta habilidad y en algunos casos como Puebla y Oaxaca, llegaban hasta cosas bastante extremas: la familia del novio, cuando se van a casar, revisaba estos dechados y eran motivo de crítica, o de burla o se deshacían los matrimonios por no poseer las habilidades y los conocimientos requeridos que serían significativos en crear una familia.

 

El estilo y el patrimonio iconográfico se enseñan mediante los dechados, que son los muestrarios de bordados y tejidos que atesoran las familias; los utilizan como patrones para la copia de las imágenes y se heredan de madres a hijas por muchas generaciones, consultándose como un acervo del conocimiento, habiendo ocasiones en las que se hacen las reproducciones facsimilares para compartirse entre más miembros de la familia.

 

Y esto es propiamente como se va a heredar todo este patrimonio de los dibujos. Me tocó un pleito familiar en el estado de Puebla, donde el objeto de la discordia no era propiamente el objeto textil como tal, sino como la imagen, entonces como eran cuatro hijas y solo había una colección de dechados, entonces había que hacer cuatro copias y en una de las copias les faltó reproducir la imagen de una ardilla. La hermana demandó a la hermana mayor por no haberle pasado esa imagen, y resultó el objeto antiguo motivo de un obsequio que me dieron a mí, o sea no les interesaba propiamente el textil tal sino la imagen, como representa la imagen para poder transmitir los conocimientos.

 

Los preceptos del diseño están estrechamente vinculados con la forma textil y la aplicación de las imágenes ornamentales. Aquí lo que estoy diciendo es que las artesanas no se les ocurre nada más bordar lo que quieran bordar, sino que tienen una planeación, hay un proyecto mental, no está escrito pero hay un proyecto mental desde los materiales, los hilos y cómo van a estructurar las imágenes con la tela, eso implica un estudio formal del soporte, si es tela ya tejida, si lo van a tejer, cuánto hilo tienen y con qué elementos cuentan.

 

Las artesanas conciben previamente la obra de manera mental y realizan procesos para su ejecución que implica la selección de los materiales, colorantes, implementos, técnicas de manufactura  y acabados.

 

El acto de diseñar involucra conocimientos aritméticos, geométricos y artísticos. Puede realizarse por una persona o intervienen otras en las diferentes fases, pero siempre hay un supervisor que hace que el proyecto se apegue en lo posible a la concepción original, para tal fin las labores se dividen y se interconectan, aunque el esfuerzo final recae en la artífice que realiza los acabados.

 

El textil vinculado a las personas adquiere valor como mecanismo comunicativo, denotando las características de sus hacedores o portadores. Los contenidos simbólicos no son propiamente sistemas de escritura lineal que se puedan leer como libros, son testimonios gráficos que nos introduce a manera de conceptos la lógica de la vida cotidiana, social y religiosa de los pueblos.

 

Algunas iconografías textiles están estructuradas en un sistema de signos ideográficos sumamente complejos, sin embargo otras mantienen un extraordinario realismo de lo que desea comunicar. Asociados con el color definen el estado anímico, la naturaleza temperamental, la orientación cósmica y el estado civil de sus portadores.

 

Importantísimo esto, cómo estructuran la imagen y cómo codifican, cómo pueden transmitir mensajes, y eso sucede también en la actualidad con muchos de los jóvenes que le quitan la marca de la ropa interior y se lo pegan al exterior, porque va a denotar otro elemento simbólico.

 

Las imágenes decorativas pueden clasificarse por su forma en vegetales, animales, geometría y entes sagrados. Por su contenido se dividen en cosmogónicos, míticos, cotidianos y de la naturaleza. Las representaciones vegetales y animales son muy comunes, pues representan lo que hay en su entorno, hay especies silvestres y domesticadas.

 

Las decoraciones geométricas se equilibran en una simetría bilateral o se conjunta en cenefas y paneles, destacan los rombos escalonados, quincunces, serpientes emplumadas, guías florales, estrellas y rosetones. Existen símbolos sagrados como santos, vírgenes, diablos, ángeles, guardianes, águilas bicéfalas, árboles de la vida y elementos híbridos.

 

Las formas básicas de los textiles tradicionales se reducen al manejo de la línea recta que posicionado en varias direcciones. Se pueden estructurar figuras planas de cuadrados, rectángulos y triángulos y esto es cultural. En la época prehispánica no había tijeras, sí se recortaba con navajas pero no se recurría tanto a cortar en línea curva, entonces esa lógica la hemos heredado hasta la actualidad y muchas de nuestras ropas perciben solo una línea recta.

 

El vestido tradicional se hace mediante piezas cuadrangulares o segmentos ensamblados de tiras que se unen por costura, adicionalmente llevan pliegues, dobleces, alforzas, jaretas y anudados.

 

Algunas ropas no requieren corte con tijeras, pues cada una de las piezas se hace por separado y en el tejido se cierran las telas, eso que llamamos rematar. Las mujeres son las que más han conservado las formas arcaicas del vestido, destacan el enredo, la faja, el huipil, el quechquemitl, el huipil es una cosa rectangular como bolsita y el otro es una capita.

 

Las cintas para el pelo y los paños para cargar y tapar; adicionalmente emplean blusas, tocas, mandiles, pañoletas, rebozos y bolsas y lo que vaya entrando según la moda, todo se va involucrando.

 

La ropa de los hombres son diseños coloniales consistentes en pantalón y camisa de algodón, jorongo y pañuelo. En algunos pueblos coexistieron las fajas para sostener el pantalón cuyo uso imita la función del braguero (maxtlatl), nadie usa formas antiguas del vestido; todas son formas coloniales que fueron impuestas por los frailes evangelizadores, porque el concepto de pudor era completamente distinto, cómo cubrir el cuerpo, y eso fue una cosa muy trágica. Mientras a los indígenas nunca les pasaba por la cabeza que eso era motivo de vergüenza, el otro pensaba en esa lógica.

 

Lo mismo sucede con las tilmas y los paños de cadera, esto para los hombres. Para los infantes se usan pañales y sábanas, algunos otros textiles son para el menaje de la cocina y para los rituales: servilletas, básicamente.

 

Los implementos para fabricar textiles son en apariencia limitados. Para el hilado se usa el malacate que no es otra cosa que el huso, un palito y un trompito como si fuera pirinola y con eso se hace el hilo de diferentes grosores, desde hilos muy finos hasta hilos de diferentes capas que permite hacer torzales, un solo hilo, propiamente un hilo y al conjunto de hilos llamaríamos torzales. También se emplea la rueca con manivela o de pedal, esto llega por supuesto con la época colonial. Si vamos a Santa Ana Chiautempan por supuesto que vemos ahí como están las hilaturas coloniales todavía.

 

Para el tejido destaca el telar de cintura, integrada con maderas rollizas, varas y mecates que se disponen sobre dos capas de hilos verticales entrecruzados, en otros lugares se teje en telares de estacas, eso es el norte de México. Así también en instrumentos de pedales de origen colonial. A los españoles les llamó mucho la atención estos telares tan simples de las comunidades indígenas, y traen los telares coloniales para acelerar el proceso productivo, pero a los indígenas no les interesaba producir masivamente, sino el acto de decorar las telas y cómo brincar de una técnica a otra en una misma tela, cosa que no se podía en telar de pedales, ni tampoco ha podido competir con los telares industriales contemporáneos.

 

Las telas ordinarias se estructuran en una técnica sencilla que se llama tafetán, es el principio básico para conformar una manta en la que se intercalan perpendicularmente las tramas sobre las urdimbres, que es ese como ajedrez que vemos en nuestra ropa. Otros procedimientos de ligamento complejo se realizan con el manejo manual o apoyado con un proceso de mecanización, incorporando una serie de varas de lizos sobre las capas de hilos interceptados, de esta manera se obtienen gasas, sargas, tapiz, tejido en curva y telas dobles.

 

Son estas telas muy decoradas que se pueden mecanizar aparentemente. Una tela sencilla se teje derecho y revés, derecho y revés; una tela compleja implica matemáticas, lleva hasta 40 varitas que llamamos lizos que implica mover los hilos matemáticamente, entonces la señora o el tejedor tiene que tener una habilidad matemática muy compleja para poder mover el palito 49 con el 1, el 48 con el 2 y así sucesivamente… entonces es muy complejo.

 

Para la decoración se utilizan hilos suplementarios, esos son hilos adyacentes que no forman parte de las telas (brocados) o complementarios, a veces dentro de las mismas telas se meten hilos que forman parte de la misma tela y llamamos labrado de urdimbre sobre la trama, para así formar los dibujos. Existen acabados decorativos como puntas anudadas en macramé o entorchados mediante materiales plumarios, semillas y chaquiras.

 

Otras técnicas ornamentales se hacen con aguja lográndose los bordados, deshilados y uniones en randa. En importancia son el punto de cruz, al pasado, plumeado, damasco, florentino, de cadenilla, hilvanado, pespunteado y deshilado.

 

Esto es complejo decirlo pero ya cuando los miramos sobre los objetos y le preguntamos a una persona común, nos va a decir que se llama pepenado, o en alguna lengua indígena lo va a decir y esto no es otra cosa que la labor de la aguja.

 

Antes o posterior a la estructuración textil igualmente se adorna a través del teñido por reserva, así se obtiene el jaspeado (ikat). ¿Qué cosa es esto? Son los rebosos, esos rebosos pintitos que se les ve a las señoras, que trae partes blancas y partes negras, donde está blanco no se pintó, ahí le habían amarrado, anudado con un hilo apretado y lo sometieron a la tinta y cuando lo sacan de la tinta, ya seco le desatan el nudo y es la parte blanca que va quedando. La habilidad y maestría del tintorero logra hacer dibujos matemáticamente, también tiene que alinear los hilos y dependiendo la cantidad de nudos va a lograr escalonar sus dibujos.

 

Hay otros que se llaman estampado selectivo que es el tritik y plangi, no son otra cosa que estos adornos modernos que se les hace a las playeras: se les anuda con unas ligas, se les somete a la tinta y donde estaba la liga pues no se pintó. Otros con cera, se hace el dibujo con cera, se somete a la tinta, donde estaba la cera no logra teñirse y crea el dibujo por estampado.

 

La riqueza de los textiles indígenas está en la utilización de tan variadas técnicas para su confección y ornamentación, los estilos y características las hace únicas, que difícilmente se equiparan a los avances de la revolución tecnológica. Los implementos de trabajo, a pesar de ser sencillos se manipulan con mucha complejidad y habilidad para lograr la maestría en las obras de arte.

 

No es cualquier objeto folclórico o cualquier objeto que está asociada a la simple ropa. Implica muchos conocimientos, implica la producción intelectual tradicional de las comunidades, de muchas generaciones, de eso que llamamos saber hacer, que no es lo mismo tener el conocimiento que tener el saber hacer, es decir la habilidad con las manos, uno puede explicar cómo se hace pero si nunca lo ha hecho es muy difícil poder transmitir, entonces, vemos que en la producción textil hay una producción intelectual propiamente y un saber hacer que implica las manos conectadas con el cerebro y con un conocimiento colectivo de las comunidades.

 

Este conocimiento textil es un conocimiento colectivo, nunca es individual y difícilmente vamos a lograr autorías o artistas únicos, sino son actividades artísticas colectivas, creaciones milenarias, conocimientos que se han conjuntado que implican muchísimas cosas, la ciencia del color por ejemplo, la noción de cómo concebir el color y eso va implícito en la decoración y en cómo hacer los pigmentos y trasladarlos al textil y, por otra parte, cómo hacer que esos colores como tal tengan un significado y un apego a la moda y a la estética.

 

Hemos visto por ejemplo que en la época contemporánea hay tendencias, nuestra ropa que a veces va plegada a nuestro cuerpo, hay modas en que no va plegada a nuestro cuerpo; hay telas que se transparentan, hay otras que no; a veces criticamos a nuestras generaciones, vemos una foto de hace 30 años, decimos “¡ay! que ridículo estaba mi abuelito”, su camisa se transparenta, pues no, era la moda, era la concepción de esa época y entonces, reflexionemos en este contexto sobre el quehacer de estos textiles tradicionales y eduquémonos en muchas cosas, eduquémonos que son elementos folclóricos, son elementos de arte, son elementos que tienen ciencia, son elementos patrimoniales que nos pertenecen también porque son estas generaciones de nuestros padres, abuelos que los crearon y están dispuestos hacia nosotros.

 

En nuestras manos está cómo preservar este conocimiento, cómo transmitir y por otra parte como educar a nuestros hijos y al resto de la población. Esto que tenemos en México y que es muchísimo, que es el textil tradicional y que podemos dinamizarlo, ¡por qué no! La industria de la moda contemporánea está retomando todos estos elementos, pero hay que retomarlos con respeto, pues hay que retomarlos con un conocimiento bien aplicado y que sepamos venderlos como bienes culturales y no como mercancías.

 

La propiedad intelectual es un tema muy complejo en el mundo. Precisamente el capitalismo, la apertura comercial, nace de la individualidad… y las culturas tradicionales nunca son individuales, siempre son colectivas, lo que implica que los conocimientos, los saberes en general no tengan autoría propia, sino sean propiedad colectiva.

 

El Instituto Mexicano de Propiedad Industrial crear la modalidad de marcas colectivas, pero no alcanza a proteger los productos indígenas, porque también las regiones no tienen fronteras bien establecidas, no sabemos dónde empieza y termina una tradición. El mismo Tlaxcala donde empieza y termina con relación a Puebla, con relación al Estado de México en términos culturales. Por supuesto que hay una delimitación fronteriza territorial, política, pero las culturas pasan de allá a acá y viceversa, porque históricamente así ha sido, y eso ha complicado que se legisle en términos muy formales en materia de frontera espacial. Los espacios y los tiempos de las comunidades indígenas son completamente distintos y son compartidos.

 

Se tendría que crear una legislación muy adecuada a eso, de mucha discusión, de cómo hacer que las culturas se vayan enlazando. No por delimitaciones políticas, sino por delimitaciones culturales, por tradiciones. ¿Dónde empiezan a diluirse y dónde se conforman bien ya ciertas tradiciones? Tendríamos que crear legislaciones sobre organización colectiva y no organización individual.

 

 

* Subdirector de etnología del Museo Nacional de Antropología del INAH

 

 

 

 

contacto: piedra.de.toque@live.com

 

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