Epitafio

Editorial
 
   
 
 

La tarde juega en el patio mientras estás líneas sudan y se forman. El día anterior, ayer domingo, en cajas de cartón llenas de boletas se había decidido, al parecer pues faltaba el 20 por ciento de información, que la ruta política se mantendría inalterable.

 

Y en ese lodazal había quien festejaba y quien sollozaba.

 

El rumor del fin envuelve ya a la administración actual.

 

El eco sexenal, como calificó el poeta Jair Cortés a las “malas acciones” en cultura, empieza a apagarse para quienes cobran aún en el Instituto Tlaxcalteca de Cultura. Vendrán ahora los estertores de salida, ese nervioso querer hacer lo que nunca se hizo, esa culpa soterrada que transpira miedo… miedo al dictamen social, pánico a la historia, porque la continuidad arroja una pálida cobija de impunidad a la parte administrativa.

 

Seis meses son apenas un destello imposible de atrapar para quien ha vivido en la oscuridad cinco años, ciegos a la sustancia, muertos de espíritu.

 

Hay quien, con sus razones, implora el imposible de estirar este último aliento. Busca sorber los vestigios de una sabia que algo lo alimentó un lustro. Un programa que le sirvió, una beca que lo ayudó, un espacio que se le brindó…

 

El reflujo, sin embargo, es inmenso. Un siseo apabullante de inconformidad crece y se esparce en el ambiente. Muchos son quienes descreen del discurso oficial, quienes han salido lastimados en su relación con las instituciones.

 

El resultado electoral tiene su importancia, la que sea para cada quien. Pero el real valor recae en quienes viven de y para el arte. Ellos son quienes han visto no su vida, porque esa es suya, pero sí sus oportunidades ajadas, los programas manoseados, los recursos marchitos.

 

Proyectos viables, tangibles, amplios y profundos, ¡esa es la demanda!

 

El hartazgo roza niveles insurrectos.

 

La nueva administración, quienes lleguen a la administración de las instituciones culturales, tiene ante sí la infausta labor de oxigenar el enrarecido espacio oficial. Reaprender el camino es tarea titánica para los nuevos funcionarios. Cauterizar heridas, restañar ánimos, enderezar entuertos, izar velas y zarpar con vientos de bonanza hacia es oasis percibido, es olor dulce para activar espíritus.

 

Las feromonas mueven montañas.

 

En la segunda mitad de los 60 y principios de los 70 el mundo conoció el rock. El progresivo fue una de sus ramificaciones. Y del reino unido para el mundo King Crimson adelantó nuestro momento actual:

 

 

Epitafio 

El muro en el que los profetas escribieron 
Se está agrietando en sus uniones. 
Sobre los instrumentos de la muerte 
la luz del sol brilla refulgente. 
Cuando cada hombre está desgarrado 
con las pesadillas y los sueños, 
¿Nadie estaba la corona de laurel 
cuando el silencio ahoga los gritos? 

Confusión será mi epitafio,

mientras me arrastro por un camino agrietado y roto 
Si lo hacemos, todos podremos sentarnos y reír.

pero me temo que mañana estaré llorando, 
Sí, me temo que mañana estaré llorando. 

Entre las puertas de hierro del destino, 
las semillas del tiempo fueron sembradas, 
y regadas por las obras de los 
que conocen y son conocidos; 
El conocimiento es amigo mortal 
cuando nadie comprende las reglas. 
El destino de toda la humanidad 
está en manos de los necios. 

Confusión será mi epitafio,

mientras me arrastro por un camino agrietado y roto 
Si lo hacemos, todos podremos sentarnos y reír, 
Pero temo que mañana estaré llorando, 
Sí, temo que mañana estaré llorando.

 

 

¿Y ahora qué?

 

 

 

 

contacto: piedra.de.toque@live.com

 

 

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