Brillante festival de blues... casi sin blues

José Luis Puga Sánchez
 
   
 
 
Regina Orozco en el Xicohténcatl

 

En el festival de blues sólo faltó el blues… o hubo pero en proporciones mínimas. En general, lejos, muy lejos, del género musical motivo del festival. Y cuando menos tres de las intérpretes reconocieron su lejanía con esta forma de música negroide, afroamericana, pues.

 

Aquella estructura armónica clásica más usual de doce compases en el blues poco, muy poco se asomó al teatro Xicohténcatl, y cuando lo hizo fue siempre en complicidad con el jazz, o el bolero, o la balada romántica, o cualquier otro género musical.

 

Pero no, de ninguna manera fueron malos conciertos. Al contrario, en todos hubo el sello de calidad propio de cada cantante, aún en casos criticables como el de Guillermo Briseño. Fueron buenos conciertos todos… pero de jazz, bolero, muy poco blues. Hasta una balada de Dulce y Paloma Negra de José Alfredo Jiménez se escucharon en el teatro.

 

Y hubo más…

 

Prestigio hubo de sobra, experiencia –individual y acumulada- sin lugar a la menor duda, calidad plenamente demostrada… pero sólo por momentos, fundamentalmente en el último concierto, hubo empatía entre público y cantantes. Algo pasó, algo impidió que la comunión se realizará a cabalidad.

 

Yekina Pavón, Cecilia Toussaint, Verónica Ituarte, Baby Batiz, Guillermo Briseño, Margie Bermejo y Regina Orozco son nombres sobradamente suficientes para lograr un buen espectáculo, pero eso sucedió sólo en contados momentos… muy pocos para la expectativa creada.

 

Y la asistencia promedio a los siete conciertos tampoco fue la deseada. Lleno sólo hubo en el último concierto, el de Regina Orozco, y se explica en mucho por su cercanía con Televisa y su actividad en ese segmento del video que se llama telenovela, horno de figuras plásticas con enorme respaldo publicitario.

 

Yekina Pavón

 

40 años de trabajo en escenarios y pocas veces –lo confesó- tiene la oportunidad de hacer blues, solo blues –y no hizo solo blues esta ocasión-. Interpretó temas del canto espiritual, como identificó al ritmo precursor del blues, pero también algún bolero, algo de los Beatles. Vaya, hasta cantó ‘El silencio’, tema de Beatriz Paredes Rangel, cantautora medianamente conocida en Tlaxcala.

 

Por momentos Yekina logró conectar emocionalmente con el público que registró una media entrada en el teatro Xicohténcatl. Empeño y ganas las extendió sobre el escenario. Habló, cantó, gesticuló y sólo en contados instantes consiguió que sus espectadores marcará el ritmo con su cabeza, sus manos o lo que fuere. Más de 60 años de vida y su voz mantiene aún su brillo, pero hoy no se pudo todo.

 

Antes, ante periodistas Yekina tuvo una confesión: Yekina se siente ya desplazada por el relevo generacional, aunque hubo “una época que tuve mucho apoyo… y llegan nuevas generaciones…”. Además, convocó a todos sus escuchas, presentes física o espiritualmente, a que “dejemos de tenernos tan abandonados”. Incluso dijo sentirse preocupada: “Sé que hay un municipio aquí (Tenancingo), una población donde preparan gente incluso para explotar sexualmente a mujeres. Creo que es el tiempo de demostrar el amor no permitiendo eso, porque ahí puede estar tu hija. Si no nos cuidamos unos a otros, ¿a dónde vamos a ir a parar?”.

 

Cecilia Toussaint

 

Mucho más frío de lo esperado fue el concierto de Cecilia Toussaint. Ella misma inició con una actitud alejada, tibia… y el público permaneció indiferente. Cecilia después trató de enmendar el camino, pero ya no le fue posible corregir entuertos.

 

El teatro Xicohténcatl, con poco más de la mitad de su aforo, permaneció sólo expectante mientras Cecilia cantaba boleros e incluso cuando interpretó temas de su etapa con ‘Arpía’, la actitud fría del público no cambió mucho. Viejos temas conocidos como ‘La viuda negra’, ‘Cómo no te voy a odiar’, ‘Esquizofrenia’, Una vez más’, ‘Aquí me quedo’, ‘Sácalo’ y ‘Prendedor’ no lograron calentar a los asistentes, salvo en contadas ocasiones.

 

¿Pruebas? En una de sus interpretaciones más conocidas, a la mitad de la canción Cecilia y su grupo se detuvieron intempestivamente... y el teatro quedó envuelto en un mutismo de sepulcro. Cantante y grupo esperaban que el público a capela siguiera la interpretación, así lo han hechos muchas veces antes, pero esta vez el público permaneció impávido, no hubo una sola voz que cantara. Fue claramente visible el asombro de Cecilia, y lo expresó.

 

- ¿No la recuerdan? Preguntó.

 

- No me hagan sentir más vieja. Canten, convocó…

 

Y ella misma tuvo que recurrir al atril para leer la letra que estaba interpretando. Ese olvido también de ella que reclamaba al público le fue restregado con silbidos y risas.

 

Antes del concierto, ante los medios de información, Cecilia había reconocido que alejarse de su etapa rockera le ha atraído serias críticas... y ella lo resiente.

 

Renuente a asignar etiquetas a los géneros musicales, porque “nací en una familia musical por todos lados, por tanto mis gustos y mi espectro musical siempre fue muy amplio, para mí no había blues, o rock, o bolero, o cha cha cha… para mí era la música. Hoy estoy en la madurez, pero satisfecha… y no me arrepiento de nada”.

 

A lo mejor a la gente –añade- hay cosas que no les pueda gustar, que no puedan entender, porque de pronto, como dicen todos, la rockera está cantando canciones de Cri-Cri. Pero siento que he hecho lo que tengo que hacer en el momento que lo tengo que hacer… creo que estoy cosechando muchos años de trabajo. Me pueden acusar de lo que sea, pero nunca de alguien que no ha luchado por su proyecto.

 

Pide a la gente observar su forma de pararse en el escenario, “eso es lo que la gente tiene que ver… eso es ser rockero y eso defiendo ahora y siempre: la verdad, la tolerancia, creo en el ser humano. Y enfrento el escenario violento, convulso que hoy nos rodea al pararme en un escenario con respeto, con dignidad, con procurar hacer las cosas bien, ser una mejor cantante, un mejor ser humano. Si dejamos de vernos como individuo aislado y tenemos conciencia de que somos un colectivo, el mundo sería mejor”.

 

No dice nombres, pero dice sentirse preocupada por la razón por la cual muchos cantantes se paran sobre un escenario… “eso sí me preocupa. Siento que hay momentos en que la gente se está subiendo al escenario para ser famoso, para tener cinco minutos de fama. Creo que no hay fama que dure cien años ni cuerpo que los aguante. Hay que pararse –en el escenario- con responsabilidad, con mucha responsabilidad”.

 

…Concierto en progreso, público expectante y en un palco dos amigas treintonas presencian el espectáculo. En un brevísimo intervalo entre canciones, una le dice a la otra: -No había escuchado nunca de ella. No la conocía… pero sé que estuvo en una telenovela apenas

 

Verónica Ituarte

 

Jazzista hasta la médula, preparada académicamente para su interpretación, lo que ha hecho muy exitosamente durante toda su vida profesional, Verónica Ituarte seleccionó, confesadamente, todo su repertorio blusístico para presentarlo en Tlaxcala.

 

El blues, desde niña, ha sido la piedra en su zapato: Lo dice así: “Desde que empecé a cantar el blues me ha costado mucho trabajo, me hacía sufrir porque intelectualmente no lo entendía y el blues es algo que no se entiende con la mente, sino con el corazón, con las emociones, con el compartir los dolores. Al principio trataba de cantarlo y no me salía… nada”.

 

El blues –continúa- sabe perfectamente bien de qué habla y se ríe de sí mismo… y eso nos cuesta trabajo. Reírnos de los demás es fácil, pero ríete de ti mismo implica otro proceso… y esta ironía. Puede ser terriblemente dolorosísimo, y aceptar ese dolor y cantar en ello, pero luego repentinamente no es cierto, es ironía. Órale, no sé; esta cuestión de jugar con la profundidad… de repente se mantiene ahí, pero la vida sigue.

 

Devota de la filosofía de Bruce Lee, sigue cotidianamente uno de los pensamientos más profundos de este conocido practicante de kung fu: La paz en tiempos de paz, no es paz. “Tenemos que aprender a buscar la paz y encontrarla en circunstancias difíciles. Buscamos la verdad, ¿pero qué verdad? Mi verdad bien puede no ser tu verdad. Al final puede ser que lo que estemos buscando es algo verdadero, más que la verdad, algo como ten la calma, aunque lo demás no esté calmo”.

 

Verónica es una chispeante cantante hidalguense que delineó su concierto con temas con algo de blues, mucho jazz, boleros, piezas para piano, canciones infantiles… y Mozart.

 

Empeñosa y acompañada por su grupo donde sobresalió un esplendente pianista, esparció su canto por el teatro Xicohténcatl a casi las dos terceras partes de su aforo. El prólogo fue su interpretación al tema “Cuando Luisa quema las cartas de su amado infiel”, de Mozart. Después hilvanó “El último deseo”, “Tiempo”, “Silvia” y otras más, siempre con su amado Juan José Calatayud como su ‘alma mater’, prueba más de su fuerte inclinación al jazz.

 

Se esforzó, desgranó su voz pero, como en las anteriores ocasiones, sólo por momentos logró construir una conexión emocional con el público, quien en general no abandonó su postura de fría expectación.

 

La mejor demostración de este desapego tuvo lugar en la parte final del concierto. Verónica se despidió de los espectadores y abandonó el escenario. Su grupo permaneció en su lugar… y la gente en tropel empezó a abandonar el teatro. Verónica salió y verdaderamente sorprendida preguntó a los que aún quedaban:

 

- ¿Y la otra? ¿No quieren la otra?

 

Mutismo generalizado en la sala. Sólo algunas voces aisladas en el lunario o en los palcos contestaron: -Sí, sí… ¡otra! ¡otra!

 

Y Verónica Ituarte cantó la última de esta ocasión en el Xicohténcatl…

 

Baby Batiz

 

Nostalgia escurriendo del escenario. Muchas cabezas blancas diseminadas entre el público. Blues y rock oldies, viejitos, fechados por el carbono 14 en las décadas de los 60 y 70. La pura melancolía, pues.

 

La Baby Batiz llegó blandiendo su baúl de recuerdos, tijuanense que empezó a cantar a los 11 años, el 4 de febrero de 1961, recuerda perfectamente, y hermana del gran introductor del blues en México, el brujo Javier Batiz, la Baby hoy está festejando 55 años de vida artística.

 

Con todas esas añoranzas doblándole la espalda, dice que hoy hay muchos grupos que tocan blues, o que quieren tocar blues, o que creen que tocan blues. Hay muchos grupos que no lo hacen bien, no tienen la esencia de lo que es el blues, no tienen el sentimiento para tocar el blues. José Alfredo Jiménez –recalca jocosa- sería el mejor exponente de nuestro blues. Del blues mexicano.

 

Y en la interpretación del rock la tecnología ha desplazado hoy a la sola ejecución de los instrumentos, y eso le ha hecho perder la esencia. “Yo soy muy conservadora, a la antigüita y me quedo con esa música de a deveras. Yo crecí escuchando a Etta James, a Ray Charles, a James Brown, a Tina Turner, a todas esas cantantes de verdad”.

 

Y la Baby Batiz montó en su nave del pasado e interpretó cosas como ‘Blues de la tortuga’, ‘Solo’, ‘Tú serás mi baby’ y ‘You’ve got a friend’. Ella logró meterse un poco más en el corazón de sus escuchas y canciones hubo que contaron con el acompasado acompañamiento de muchas de las cabezas canosas presentes, piernas y manos que marcaban el compás. La Baby Batiz pudo entrar finalmente, aunque haya sido muy poco, al frío corazón de los tlaxcaltecas.

 

Guillermo Briseño

No Betsy Pecanins

 

Programada estaba la presentación de Betsy Pecanins, quien sobradamente por su calidad interpretativa se ha ganado un egregio lugar en Tlaxcala, pero por prescripción médica no pudo cumplir el contrato. “Su amigo, no su sustituto” Guillermo Briseño llegó entonces para intentar llenar el enorme hueco… y no pudo.

 

Lo hizo como si hubiese sido arrastrado contra su voluntad a Tlaxcala. Como si lo hubiesen aprendido sin previo aviso y llegó como damnificado: ni un solo instrumento transportó; tocó con el piano de casa, el del ITC, y ninguna otra instrumentación, aunque en la ventolera que lo trajo pudo aun sujetar a seis estudiantes de la escuela de rock que opera bajo el auspicio de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México; ellas le hicieron coro y cinco de ellas interpretaron una pieza como solista.

 

Justificó públicamente que sus estudiantes hayan ocupado la tercera parte del concierto, porque toda oportunidad, tan escasas, debe aprovecharse para que se fogueen, “¿sino dónde?”. Cierto, espacios para los nuevos ejecutantes faltan, pero no todo espacio es adecuado… y el festival de blues de Tlaxcala no era el mejor momento para soltar tanto principiante… y ninguna de ellas interpretó blues.

 

Y su presentación fue la más concurrida hasta ese momento en el calendario del festival, tal vez, y sólo tal vez, porque hubo quien no se enteró de la cancelación de la presentación de Betsy… y asistieron esperando verla… y oírla.

 

Briseño sí tocó más blues, pero él, no sus alumnas coristas.

 

Margie Bermejo

 

Su primera visita a Tlaxcala fue hace cuando menos dos décadas, aunque ha sido esporádica. Margie Bermejo es una vieja amiga de Tlaxcala… Y fue Margie, la Margie de siempre, pero cambiada. El tiempo ha dejado ya muesca en su voz.

 

Esa Margie que empezó tocando blues y jazz, sobre todo y fundamentalmente jazz –lo aclara-, pero hace 20 años que hace otras cosas: fisión de música clásica con popular, me he dedicado más a hacer conciertos temáticos: Agustín Lara, tangos, jazz…

 

El Xicohténcatl a tres cuartos de su capacidad y un público que mantuvo su frialdad habitual en el festival. Los espectadores, como en cada concierto, sabían de la calidad de la intérprete, pero no hubo la conexión necesaria para desfogar su ansia por los ritmos de blues. Aplausos corteses y sinceros, sin el brillo de la pasión.

 

Margie expuso sus atributos productos de una carrera artística de más de medio siglo, más de 50 años que le hacen dejar –dijo- que las cosas sucedan. “Las que vengan, bien, y las que no, también; las cosas se van haciendo lo que uno puede hacer… y lo que uno puede hacer, pues… ni hablar”.

 

Margie está consciente también de la terrible la situación en el país. “Tristísimo todo lo que está pasando en nuestro país. Todos sabemos que la situación es muy, muy desesperante, desde la situación ambiental, como la situación política, como la situación de la educación. Eso afecta terriblemente la parte cultural y a los artistas. Los presupuestos de cultura son los que primero disminuyen o se quitan y se hacen muchas cosas que los artistas no vemos: se hacen centros culturales, se hacen muchas cosas pero el trabajo del artista se ve un poco minado. Empieza a haber tipos de lugares como cafés cantantes, como bares, porque el artista siempre busca donde expresarse, eso es señal de que hace falta un mejor manejo de los foros”.

 

Fiel a sí misma y a su visión musical, recrimina la música de banda y esas cosas sin ninguna calidad musical, “pero que jalan mucho a la gente. Son músicos que ni preparados están”.

 

Regina Orozco

 

Y la última función del festival de blues fue la del lleno. Finalmente el Xicohténcatl lució manteles de fiesta con la presencia de Graciela Orozco, aunque la duda motivo de la asistencia estriba en la calidad interpretativa de la cantante, innegable, o en sus ya frecuentes apariciones en telenovelas de Televisa.

 

Jazzista nuclear, Regina Orozco ve en el blues y todos estos géneros mucha libertad, mucha libertad, “tienes una base armónica y de ahí puedes jugar… y eso es lo que me gusta”, apunta esta gran mujer que infante mamó de Ella Fitzgerald y de Liza Minnelli. Pero confiesa que ésta de Tlaxcala “es la primera vez que hago todo un programa de puro blues… aunque vamos a meter (sic) cosas de swing, de jazz, porque si no todos nos quedamos así como…”.

 

Y cantó y cantó… complació pedidos, interpretó temas de telenovela (sin blues), temas de Dulce, de Consuelo Velázquez… hasta retazos de Pin Pon compartió con una pequeña del público.

 

Su acompañamiento fue muy profesional: un buen grupo y buenos coros.

 

Toda la parafernalia de publicidad que acompaña  a los productos televisivos posibilitó que Regina lograra una gran empatía con el público. Le gritaban, le chiflaban, incluso en las pocas ocasiones que interpretó blues, hasta le aplaudieron. Mucha ayuda para esta buena relación significó el carácter farandulero y cabaretero de Regina, así lo reconoció ella en el escenario: albures, palabras en doble sentido, frecuentes alusiones sexuales… alburera, pues, aunque con ángel.

 

Es más, hasta la propia logística del ITC marcó diferencias. Mientras las demás cantantes tuvieron los viejos micrófonos de cable, con las consecuentes restricciones de movimiento al no poder desplazarse con amplitud por el escenario (hubo una expresión evidente de molestia por este hecho en coristas de Briseño), y las conferencias de prensa las ofrecieron a capela, a Regina Orozco le fue encomendado un micrófono inalámbrico (con la libertad de movimiento que conlleva) y un necio equipo de sonido para una conferencia de prensa que se ejecutó, como todas, a un metro de distancia.

 

El festival de blues fue la enésima demostración de la urgencia con la que el Instituto Tlaxcalteca de Cultura (ITC) debe revisar su logística. En todos los casos anunciaron que los boletos, que eran regalados, se agotaron, pero sólo el último concierto de los siete desarrollados registró un lleno. ¿Dónde quedaron los restantes boletos regalados cuyos lugares nunca se ocuparon?

 

Mención también requiere la infausta actitud hacia el público que la mayoría del personal del ITC comisionado en el teatro ejerció siempre, aunque la hilera de asistentes fuera visiblemente insuficiente para ocupar todas las localidades: obligaron al público a sentarse donde se les asignó; no dejaron apartar lugares, aun cuando los esperados estaban a la puerta del teatro, o habían salido a contestar el teléfono, o estaban en los sanitarios. En un teatro a poco más de la mitad de su aforo, como generalmente sucedió, absolutamente irrespetuoso fue el trato hacia el público: como a párvulos de primaria.

 

En suma, el festival de blues en Tlaxcala fue un estupendo puente para acercarse a la actualidad de figuras señeras de la música en nuestro país, señoras que están ya en su tercer aire y tiene aún fuertes pulmones para hacerse oír. Necesario es corregir errores, pero muy saludable repetir la experiencia.

 

 

 

 

Contacto: piedra.de.toque@live.com

 

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