Miguel, me preguntan por tus lectores

Olimpia Guevara Hernández
 
   
 
 

Miguel, ¡ya son 111 años de tu nacimiento y 55 de que te nos fuiste! ¡Han pasado tantas cosas! ¿Y tú? ¿Dónde estarás: en el cielo, como buen creyente de San Francisco de Asís y de la “tranquila, serena, acogedora mirada de la Virgen de Ocotlán”, o en el infierno, junto a todos los artistas que mandaste ahí en tu drama El Diablo volvió al infierno? Digo, como ser humano, seguro andas arriba, pero como escritor, se me hace que en el purgatorio (aunque un Papa ya nos lo desapareció), sólo así entiendo que andemos buscando y buscándote lectores. Lectores jóvenes, digo, de esos que ahora son de la generación I (“ay”): ¡ay, qué aburrido, ay que grande está este libro, ay son muchas páginas, ay qué güeva, ay no le entiendo!, y también de ipad, ipod, iphone, iwatch… ¡Ay, Miguel! ¿Por qué no escribiste tú una saga de vampiros o de magos potéricos y potterianos? Podrías haberte escrito una con tu nahual de Donde crecen los tepozanes y de Una vez en las montañas. ¡Vieras cómo se lee esto entre las juventudes del mundo! Y luego, como tu novela La Escondida, ¡hasta las hacen película y son un éxito!

 

Bueno, lo que pasa que en lo que tú te nos moriste y este siglo, la lectura y la venta de libros es ya cosa de una “ciencia” que se llama mercadotecnia. ¿Cómo te explico? Necesitas mucha gente a tu alrededor haciendo de tus libros verdadero objeto del deseo. Necesitas una buena editorial, que produzca en serie y no una ‘Fábula’ donde tus manos artesanas y tu arte tipográfico tenían que ver, requieres una distribución globalizada, o, al menos, nacional, no bodeguera, una buena estrategia para que estés en los medios de comunicación y en las redes sociales como cualquier otra mercancía. ¡Cómo no te dio tiempo tuitear, tener tu Facebook como “personaje público”, chatear con tus fans, abrir tu blog y postear y mandar frases, enlaces, fotos, estar en YouTube! Te quedaste en los periódicos y las revistas impresas que también sabías hacer, si no, no estarían en las hemerotecas Huytlale ni la Revista de la Universidad Nacional Autónoma de México. Por cierto, tal vez lo intuías, es una de las mejores instituciones en Latinoamérica y tú egresaste de ella, incluso, recuerdo, luchaste por su autonomía. ¡Qué ideales los tuyos!

 

Además, volviendo a eso de vender libros ahora, se necesita que los premios te lluevan, aunque de eso sí supiste, pues el Lanz Duret por tu Escondida y el ingreso a la Academia Mexicana de la Lengua, y el que recibió Carlota de México son ejemplo de esto. También en nueva mercadotecnia están las ferias del libro: ahí vas, das una plática, anuncian que firmarás libros, que los lectores se pueden retratar contigo, hacerse una selfie, sí, no sé si me entiendas, pero así es la nueva forma de promover la literatura y los temas: ya no mucho costumbrismo, ya poco folclor, más introspección, mayores experimentos estructurales, que si la metanarración, el metateatro, la narraturgia, las poéticas del yo, las parodias y los pastiches, los traslapes temporales, espaciales, la polifonía, la intertextualidad, de la que puedes ser un precursor con por El pequeño patriota y el cuento El mexicano de Jack London y la obra de García Lorca y tus corridos y parte de tu poesía, aunque varios dijeron: “copia”. Hay ahora tantas teorías como críticos, investigadores, estudiosos, especialistas, escribidores, pero ¿y los lectores?

 

Miguel, me preguntan por ellos. ¿Sabes? Son escasos en nuestro país, contados en Tlaxcala: una mal encauzada política cultural y educativa nacional, dictada con alevosía y ventaja, claro, nos ha hecho un pueblo de raquíticas lecturas literarias. Y me piden que hable sobre tus lectores en este Primer Encuentro Literario de Autores con Lectores. ¿De dónde sacarlos? ¿Cómo convencerlos de que te lean? ¿Cómo sensibilizarlos? No es tarea voluntaria ni de soledades.

 

Te cuento. Tú que tomaste cartas en el asunto para abrir una casa de cultura en el estado, para promover las actividades artísticas (Tlaxcala como set cinematográfico, recuerdo), que soñabas con hacer de la sequía cultural tlaxcalteca una pradera, pues ni te levantes de tu tumba: sí hay algo de eso, pero no es proporcional al desarrollo de otras áreas, ni lo que merecemos por la cercanía con el ombligo del mundo cultural, la ciudad de México, en la cual viviste y te alimentó la sensibilidad, te despertó el deseo por llevar algo a tu tierra, tu Huytlale por su origen y grandeza histórica.

 

El arte, lo cultural, es apenas, y no siempre ni constantemente, un adornito en nuestra política y políticos; importan edificios, estadísticas, más ya es muuuy costoso. Hoy, hoy, puedes gastar millones de pesos en campañas repartiendo jarritas, bolsas, gorritas, pero no hay suficiente dinero para un proyecto editorial sólido, un programa cultural propio apoyado por uno federal, para construir espacios para el arte, para traer los espectáculos de la gran Tenochtitlan. La burocracia de la que tanto te quejaste en tu trabajo como juez, es también parte de la cultura. No digo que no haya nada, pero no suficiente, no en un plan estratégico de educación artística. Dicen los que saben: “Estamos jodidos”.

 

Por dinero, dice la mayoría, y tienen razón, no pueden comprar libros, las bibliotecas ya son como monumentos del pasado o del presente de unos cuantos estudiantes de tierra adentro que no tienen internet ni los aparatitos para aplicarlo, porque ya los libros no son sólo impresos, ahora se venden y se leen también en formato digital, son los e-books, pero sólo puedes tenerlos si estás a la vanguardia con la tecnología. ¿Te imaginas tu Vuelta a la tierra así? Sí serías posmoderno.

 

Miguel, tus primeros y segundos lectores somos parte del problema de la falta de tus lectores: no supimos trasmitir o contagiar el gusto y el aprecio por tu poesía, por tu narrativa, por tu teatro, somos, en parte, responsables de este Aire de Olvido que ahora te sopla; a eso, súmale que no se ha articulado bien una política de reconocimiento y valoración de tu obra: Los Janos te hicieron mucho daño y sigues despertando amores y odios por igual.

 

Tu nombre en calles, escuelas, en una sala de cine arte, por cierto, una bendición que esperemos no perder también por falta de público, no despiertan interés por conocerte como literato. ¿Tu museo? ¡Perdón! No lo he visitado ahora que lo remodelaron (aquí entre nos, o no recibí la invitación o no me invitaron a la inauguración), pero eso es lo de menos, ya no sé si es bueno o es malo que un escritor se quede esperando entre una buena o mala museografía a sus futuros lectores. Sí, sí, sí ayuda, mas no hace todo el trabajo que da lectores. Eso es más complejo y le pasa a todas las artes en provincia, no creas que el público abarrota las sedes donde se desarrolla una actividad cultural. Es una epidemia que no quiere curar el gobierno.

 

No, no está todo perdido, por supuesto que vas ganando lectores, ayer, precisamente, uno que acaba de leer aquí unos poemas tuyos, ya lo tenemos cautivo con tu poesía, falta que caiga en la narrativa y en el teatro. ¡Eso es lo que falta: hacer leer a la gente tu obra! Debemos procurar que tu obra llegue a más, en libro, como lectura en voz alta, en una representación o lectura dramatizada, en el radio, en la tele, en las redes sociales, pero el esfuerzo debe ser continuo o pasará como cuando tu centenario de nacimiento: Se instituyó la presea que lleva tu nombre y mucho bombo y platillo y, añitos después, que ya no hubo presupuesto para entregarla… Entre diputados te veas, cultura.

 

Otro esfuerzo fue el de tu ingreso obligatorio al programa de literatura de los Cobat ¿Te redituó lectores? Habría que comprobarlo. Pregonar sin el ejemplo no sé si valga. Me explico: si no se les sensibilizó a los profes sobre el valor de tu obra, sobre la manera de comprenderla ¿la habrán leído antes con gusto, como para contagiárselos a sus alumnos? Supongamos que sí, no todo es pesadumbre y serían, espero que no, como tus lectores primera y única vez. No espero que te hayan seguido leyendo.

 

Miguel, Miguel, ojalá colgarte a la fridomanía hubiera funcionado al cien, pero ya vimos que no resultó ser el amuleto infalible para darte a conocer allende nuestras fronteras. Esa mujer hasta al mismísimo Diego Rivera opaca. Si tuviéramos toda su correspondencia, otro gallo nos cantaría; pero debemos seguir explorando por ahí, “con un poco de ayuda de tus amigos…”. Ya Jaime Ferrer está en esta labor y le deseamos suerte.

 

Así es como monólogo con algunos autores ya difuntos, interrogándolos, contándoles en qué anda su obra, qué ha pasado en este mundo con su trabajo literario. Con Miguel N. Lira mi relación ha sido siempre de interrogantes, de dudas, de suposiciones, de cuestionamientos ¿por qué no naciste bajo el augurio de una buena estrella? ¿Por qué te viste tan confiado para ser gobernador? ¿Acaso el vasconcelismo que profesaste te ayudó al fracaso? ¿De dónde te venía el Quijote que veía gigantes benefactores de la cultura en corruptos funcionarios? ¿Qué pasó en realidad entre Frida y tú, entre Ofelia Guilmain y tú, entre Salvador Novo y tú, entre Alejandro Gómez Arias y tú? ¿Por qué la vida no te dio hijos? Ahora, tal vez, porque no siempre sucede, fueran los verdaderos promotores de tu literatura, no te hubieran dejado ser “Un hombre en soledad”.

 

Como una de sus lectoras VIP, los convoco para seguir el pregón por el aprecio de su obra, para que la modernidad no lo exilie. Allegarle lectores debe ser nuestro “caballito blanco” de batalla. Fábulas caprichosas, de sexenio a sexenio, no sirven a quien debe tenerse por el mejor escritor tlaxcalteca del siglo XX, el más arriesgado, el que más lejos llegó, el más conocido, el más tlaxcalteca y, por lo mismo, el más universal, como lo he dicho tantas veces, el escritor tlaxcalteca por antonomasia.

 

No dejemos a Miguel “en el olvido provinciano”. Que este foro revitalice nuestro orgullo por tener a Miguel N. Lira como uno de los nuestros, que sea “vuelta entera” hacia él, hacia su palabra, que es palabra de poeta, es decir, que obra milagros, procura felicidad, revive ilusiones, levanta ánimos y anima al amor, ¿qué más podemos pedir para este nuestro tránsito, para muchos, sí, como dice la oración, “en este valle de lágrimas”?

 

Finalizo compartiéndoles lo que le escribí a Miguel N. Lira en sus 100 años de nacimiento.

 

Miguel, Cachucha,

ternura con Frida, hermana y amiga,

fidelidad a Rebe y a la literatura.

De tus manos pacientes

caprichosas fábulas

y libros se formaron.

Premios allá y allá

y aquí, tu primera

y última soledad

Nos dueles, Miguel,

en tus poemas,

en tus dramas,

en tu narrativa

como a ti te dolieran

de Tlaxcala, tu Niña,

sus caminitos azules.

Nos dueles, Miguel N. Lira,

en este aire de olvido,

como a ti, te dolieran

de tu Niña Tlaxcala

sus silencios azules.

 

 

 

 

Contacto: piedra.de.toque@live.com

 

Regresar al inicio de esta página


Diseño y desarrollo: Iomedia