Museos en el contexto de
un boom, crisis y cambios

José Luis Puga Sánchez
 
   
 
 
Museo de Arte de Tlaxcala

Vivimos hoy un momento de definiciones en cuanto a la apertura de museos de arte, en cuanto a la generación de programas y plataformas que posibiliten el acercamiento, la comprensión y el goce del arte por parte de la sociedad, observa Guillermo Santamarina, director de varios museos y actualmente miembro del consejo curatorial del Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC) de la UNAM y curador en jefe del Museo de Arte Carillo Gil del INBA.

 

Apoltronado en el lobby del Museo de Arte de Tlaxcala (MAT), a donde acudió para ofrecer una conferencia precisamente sobre museos, Santamarina abunda que “curiosamente” la mayoría de estos museos nos refieren a nuestro presente. “Son espacios para el arte contemporáneo, tratando de subsanar este desfase que históricamente ha sucedido, sobre todo en el siglo veinte. Este desfase en el desarrollo, en el discurso de un museo de arte confrontado con el arte de su tiempo”.

 

Observado por la chillante geometría de Virgilio Morales Achac, cuyo cuadro en un homenaje póstumo es la obra del mes, el especialista señala que “en algún momento”, sobre todo cuando había una efervescencia muy crítica marcadamente a las instituciones, “las artes plásticas, las artes visuales y esas otras formas que se fueron dando en las vanguardias fueron totalmente críticas, contrarias a lo que era la institucionalización, su institucionalización y el llevarlo al espacio neutralizado del museo”.

 

En aquel momento –añade- la definición de institucionalidad, manejada fundamentalmente en Europa y algunas ciudades de Estados Unidos, encontró su sentido en la relación directa con el público; esto es, los museos saliendo de los museos para contactar directamente con la gente, generando obra que difícilmente podrían recibir de manera tradicional los museos.

 

… Este impulso del arte no empieza en los años 60, ya estaba marcada desde años antes, desde los años 20… o desde hace un siglo. Y en un siglo hemos visto como los museos han pasado de su inflexibilidad a ser espacios muy, muy dinámicos, que continuamente están revisando sus plataformas, están revisando sus capacidades y en los mejores casos son autocríticos…

 

Y fuera de los museos se estaban desarrollando estas vanguardias, estas nuevas formas de expresión como es la instalación, como es el trabajo directo en el espacio, el performance, las intervenciones en el paisaje, en los contextos de una ciudad, en relación con el cuerpo, en relación con el sonido, en relación con otras formas de experiencias que eran mucho más envolventes, que exigían un espacio mucho más abierto, mucho más orgánico.

 

Hoy, en el siglo veintiuno encontramos –dice- que en los museos más y más se acorta esta brecha, esta coyuntura. “Intentan ser más flexibles. En Europa, Japón, incluso Argentina los museos han asimilado estas formas y eso les permite un desarrollo muy cuidado”.

 

En nuestro país hay intentos para que estas instituciones se abran, contacten con la sociedad. Hay museos en México que han reconocido todos estos métodos, estos fundamentos para asimilar el arte de nuestro tiempo.

 

Hay un elemento que también ha determinado este cambio, un elemento muy fuerte y sumamente neurálgico: el coleccionismo privado. El coleccionismo ha sido un benefactor, un elemento de beneficio para el desarrollo de los programas de las instituciones, cuando se fusionan ambos intereses.

 

Paralelamente, empero, ha sido un elemento sumamente detractor y sumamente perturbador del desarrollo de un trabajo mucho más pleno y mucho más enfocado hacia un servicio social.

 

Si pensamos –profundiza Santamarina- que las instituciones, los museos, son efectivamente agentes de comunicación con una sociedad, o si en cambio son servidores de intereses y de especulaciones de grupos hegemónicos, es donde también se encuentra este nudo, esta situación en donde los museos pueden funcionar o pueden dejar de funcionar, o son simplemente avasallados por otros intereses y la sociedad en donde están, en donde se supone se vinculan, y ellos están totalmente divorciados.

 

Por otro lado, está el factor de los museos como elementos de un bien, sobre todo para contextos que han sido perturbados por otros intereses, por la violencia, por intereses políticos nefastos. “Es interesante lo que ha sucedido paralelo al desarrollo, a la configuración de estructuras para el arte, que esto son los museos, en su relación con ciudades, con contextos que han sido o que están sufriendo. Muchos de estos museos están en un carácter casi heroico, creyendo que efectivamente el arte puede ser un beneficio para la sociedad”.

 

Guillermo Santamarina dividió su estudio de los museos de México en cuatro apartados, de mayor a menor rango, según su apreciación. El primer rango, el más importante, pondera el tamaño y prestigio del museo y su relación con el poder. El segundo rango contempla su legado, su contenido y su popularidad. El tercer grado resalta la visión del museo, sus contenidos y su acervo. El cuarto rango, el más depreciado, consigna las condiciones históricas, la especulación política, la débil estructura y la ‘ignominia’ en su proyecto.

 

Al finalizar su conferencia, en el usual espacio de preguntas se le interrogó sobre su opinión respecto al Museo de Arte de Tlaxcala. Evasivo, diplomático, Santamarina contestó: “solo conozco la puerta y un cuadro que estoy viendo… No he tenido oportunidad… Están iniciando su proceso, les deseo lo mejor”.

 

Después, en respuesta a comentarios del público, hizo un repaso somero al cuarto apartado, que por tiempo no tocó en su conferencia. Mostró fotografías de museos ubicados en este rango, que agrupa los ejemplos casi indigentes de la parcela museística. Sin proyecto… nadie lo conoce… fue solo decisión política… así por el estilo sus comentarios a cada imagen. Intempestivamente aparece la fotografía de la fachada del Museo de Arte de Tlaxcala. Risas y chiflidos del respetable acompañaron la risa nerviosa del conferencista. Este –dijo- “promete ser un buen museo, lamentablemente no lo conozco. Tiene muy bonito color. Los tlaxcaltecas son unas lindísimas personas, se come muy bien por allá… este… y ahora sí ya me despido…”.

 

 

 

 

Contacto: piedra.de.toque@live.com

 

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