Tres poemas

Yesmaí Ramírez Téllez
 
   
 
 
Escultura de Ron Mueck

El día

 

El día percibe las hojas bañadas con tintura blanca.

El aire revuelve en el cielo

dentro de una olla boca abajo

con especias de olor azul.

 

El día es hora

el tiempo es humo

que guarda aromas:

sobre el pasto, en la hierba,

en las montañas,

en los árboles y en los niños jugando.

 

Se torna rojo

por el ruido de los humanos

por su bullicio,

en los autos y las tiendas,

la comida en los supermercados

y las frutas,

los ramos de las rosas color durazno.

 

Tiembla por el frío

de las mujeres

que se acaban las luces de la noche,

por el cansancio sembrado en la cama

de la gente impaciente,

ansiosa y loca por vivir otro día.

 

El día se está acabando

porque le brotan dedos, voces, sueño…

 

 

 

 

 

 

A veces quisiera

 

A veces quisiera que lloviéramos

en las noches húmedas,

de frío, sudor y humo denso,

que nos deslizáramos como alientos

por entre las sábanas,

para absorber el fantasma

vacío y sin causa

de nuestro aroma natural.

 

Añorar nuestros encuentros,

abrazarnos plenos

sin ritmo

solos,

nada más.

 

No saber de las espinas

que atraviesan la garganta

cuando vacíos

nos creamos en instantes desiertos,

para devorarnos y amar.

 

Montar en nuestras montañas,

No ser presa del aliento que nos lleva

Hacia ningún lugar.

 

Ser como el sol y el árbol seco

como las hojas sobre el pasto

con aroma fresco,

para no sentir el vacío.

Para no sentir el frío del miedo

Ni del dolor.

 

 

 

 

 

 

 

Esto es otro

 

Actor de la vida

ni siquiera de ti mismo,

cómo poder convencerte de que no te engañas.

 

Cubierto de máscaras

y trajes de lentejuelas

reflejando los rostros que engañan verdades,

que sepan reír y ganar,

pero que no aprendan lo que es perder.

 

El papel que representas

son palabras ciegas.

 

Villano y vagabundo,

gozador de indulgencias

indiferente a la verdad

conocida

y querida

sin caídas.

 

El coraje consternado

contigo está

tragando un veneno indoloro,

porque sufres y mueres

porque sólo eres en el escenario;

memorizas un papel incognocible,

y aún no interpretado

el que deberías desempeñar.

 

Como un títere

te manejan con hilaturas

y las aguas caen en ti.

Con órganos inmóviles

que ya no te ven, ni te sonríen,

y que la boca que fuiste

ya no te ama ni te conoce.

 

 

 

 

Contacto: piedra.de.toque@live.com

 

Regresar al inicio de esta página


Diseño y desarrollo: Iomedia