Claridad del camino

Editorial
 
   
 
 

El canto fue premonitorio: cae aquel que camina con la vista al frente sin ver dónde pisa; cae aquel que mira donde pone el pie sin ver al frente; cae aquel que mira para arriba y para abajo sin poder sus ojos fijar. Silvio Rodríguez con su fábula de los tres hermanos décadas atrás ilustraría visionariamente lo que nuestros ojos ven hoy en Tlaxcala.

 

El punto no es ver dónde caminar, dónde poner el pie, dónde mirar.

 

El punto es saber el rumbo a seguir, es conocer aquel punto hacia dónde ir.

 

El punto es tener claro el punto de llegada, no los recovecos del camino.

 

Hoy la insistencia es posicionar el lustroso Centro de las Artes. Hoy es justificar fehacientemente la jugosa inversión regada en la adquisición, rehabilitación y equipamiento del Centro de las Artes… ¡Y cómo no si se trata de la obra máxima del sexenio en materia de cultura!

 

Pero ese soplar, soplar y soplar para avivar el fuego de la creación oficial; ese empujar y empujar gubernamental para levantar la endeble llama del arte y de la tradición nuestra, paradójicamente deteriora la agónica infraestructura por décadas levantada: La transfusión sanguínea insuflada al Centro de las Artes está provocando, contradictoriamente, la agonía de los centros culturales.

 

La ampliación de la infraestructura cultural siempre será bienvenida… siempre.

 

El punto es que la centralización siempre ahoga a la periferia… siempre.

 

La excepción toma forma en aquellos casos en que, previsoramente, la creación de nueva infraestructura viene precedida de un rediseño de políticas, programas y acciones. No ha sido el caso.

 

La administración estatal está por entregar cuentas… y cuentas el Instituto Tlaxcalteca de Cultura deberá entregar a la sociedad. ¿Cómo justificar, entonces, salarios, asientos, responsabilidades, a una absolutamente ineficiente coordinación de extensión cultural, cuyo titular se preocupa y ocupa casi exclusivamente en arreglar conferencias propias y representar el instituto en actos protocolarios? ¿Cómo explicar el retiro de programas que hasta hace poco esa dirección manejaba? ¿Cómo explicar el cruel castigo en sueldos, materiales y apoyos a los maestros de los centros culturales? ¿A quién rendir cuentas del abandono a las poblaciones responsabilidad de cada centro?

 

Hasta hace pocos meses fue el Palacio de la Cultura y hoy es el centro cultural de Tlaxcala, pero esa nueva nomenclatura es también su acta de defunción… o así lo está pareciendo hasta ahora… y cuando menos para la presente administración así será.

 

Oficialmente se valora, porque así lo dice la lona en la fachada principal de la Avenida Juárez 62 en Tlaxcala, sólo la estancia de la Casa y de la Escuela de Música, aunque su salida también hacia Apizaquito está ya a la vuelta de la esquina.

 

Quedarán entre penumbras las maestras de teatro, de danza contemporánea, algunos talleres de música, quienes trabajan alejadas de dios y del diablo…

 

¡No hay proyecto para el centro cultural de Tlaxcala!

 

¡La capital del estado fue despojada de actividad artística oficial!

 

Apizaco tiene su centro cultural, La Libertad, pero ese espacio navega casi con viento propio, condicionado incluso a no contratar a trabajadores recién despedidos del ITC bajo condenar de suspender ministraciones para, como ejemplo, el festival de teatro propio. Esos condicionamientos no han sido compensados con alicientes. Con su nombre como bandera, ese centro cultural boquea en un mar profundamente adverso. Más ahora con la competencia, que no debería ser así, tan cerca en Apizaquito.

 

Huamantla languidece lenta pero inexorablemente. El Museo Nacional del Títere (Munati) recibe remesas económicas que han dulcificado su cara… aunque su director haya sido apartado del más reciente festival de títeres, cuyo desfile hasta hace poco tradicional de inauguración, empatado con la feria en la cuna de la compañía Rosete Aranda, fue sustraído para llevarlo a la capital. Ese indeseable centralismo desnuda a la ciudad semilla del festival de títeres.

 

La Escuela Latinoamericana de Títeres Mireya Cueto, y como tal dice su fe de bautizo en Huamantla, recibió una bofetada y fue arrojada a la calle. Hoy sobrevive en calidad de refugiada en el centro cultural de Chiautempan, ya sin el concepto latinoamericano en el nombre sin ninguna explicación, apoyada sólo en sus propias gestiones y magros recursos.

 

Pero en Huamantla, a cinco metros del Munati, el centro cultural local está en fase crítica. Terrible para su administración ver como el vecino de al lado recibe alimentos y medicinas mientras siente como su cuerpo agrava sus padecimientos. Y en el centro no dan visos de sensibilidad y conocimiento.

 

Y en Tlaxcala, Apizaco y Huamantla se asientan los principales centros culturales, los tres en terapia intensiva, los demás, Calpulalpan, San Pablo del Monte, Tlaxco, Ixtenco… viven literalmente en su mundo, gravitando en sus leyes, en sus pesares y en sus entornos.

 

¡El Centro de las Artes gana reconocimientos!

 

¡Bien!

 

 

 

 

 

contacto: piedra.de.toque@live.com

 

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