Construir más que vender
busca la música tradicional

José Luis Puga Sánchez
 
   
 
 

 

El fomento de la música tradicional mexicana implica varios retos. Conservar esta música es todo un dilema porque es música viva. La música cuando se lleva a partitura nos está hablando de otro concepto del hacer musical, cuando hay un creador, un compositor que propone una creación que hay que fijar, que hay que establecer para que otros músicos puedan tocarla en diversos foros… y ese es un ámbito de la producción musical.

 

Investigadora del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) por décadas, Amparo Sevilla precisa uno de los fundamentales valores de la música tradicional: en este otro ámbito de la música popular, la música está hecha para disfrutarse, para vivirse, para sufrir y amar. Tiene otras funciones dentro de las comunidades. Entonces, para conservar y difundir esta música lo importante es tomar en cuenta a quienes la hacen… lo que importa son los músicos, no tanto la música en sí. Las instituciones tienen mucho, mucho por hacer al respecto permitiendo, propiciando, dando las condiciones de vida necesarias para que los músicos, los creadores de la música popular mexicana a nivel comunitario, puedan seguir haciendo estas fiestas populares, ya sea religiosas o civiles, sin tener que estar haciendo otro tipo de música que es la que sí se paga.

 

Esto quiere decir –añade- que muchos músicos son herederos de tradiciones musicales que ya a nadie interesa escuchar, porque lo que se difunde en radio cotidianamente son otras cosas y es lo que la gente ya pide. Entonces ellos tienen que tocar música de mariachi, composiciones muy comerciales… porque hay música de mariachi muy buena: los sones tradicionales de mariachi en Jalisco, en Nayarit, Colima, Michoacán… los viejos sones de mariachi son una maravilla. Lo que pasa es que ahora los mariachis ya no tocan sones de mariachi, ya es otra cosa.

 

Hay voces, muchas, que hablan de la inevitabilidad de la mezcla cultural; la globalización hace tabla rasa de todo y con eso justifican las cruzas de boleros con rock, de jazz con ritmos étnicos, de cumbias con folclor… Amparo Sevilla censura eso: sobre la fusión musical, aquello de mezclar ritmos muy diferentes, hay mucha polémica. Hay quienes sostienen que la música evoluciona y creen que evolucionar es fusionar y que esto es algo natural. Nos dicen que la cultura siempre está en movimiento, siempre cambia y es natural, que ahora estas músicas, para permanecer, se fusionen con otros géneros: el rock, la cumbia, en fin.

 

Desde mi punto de vista –recalca- creo que el problema consiste, primero, en que la música, como cualquier expresión artística no evoluciona, cambia, que es distinto. Para mí no es más evolucionada, por ejemplo, una música del siglo 11 a una música del 20. Son distintas las dos, atienden a su momento, a su época y son muy complejas en relación a… ¿Cómo puedo transformar en sonido mi sentir? En ese sentido son complejísimas ambas. En el arte no se puede decir jamás que una es más evolucionada que la otra. Hay desarrollo tecnológico en término de los instrumentos que se utilizan, pero eso es otra cosa. El que antes se utilizaba un tambor para comunicar un sentimiento y ahora se usen instrumentos electrónicos, estamos hablando de tecnología instrumental, pero la música no se acota, no se sintetiza, no significa el instrumento que se toque para la expresión humana.

 

¡Un primer error es pensar que hacer fusión es hacer que la música evolucione!

 

Un problema también de estas fusiones –acusa- es que generalmente en esta integración de dos géneros, el que termina predominando es el más comercial, el que vende más. Es una competencia que suele ser muy desventajosa porque lo que importa es la venta, que ‘pegue’ y pueda ser comprado por las masas y no tanto lo que está en juego en esos otros haceres de la música, que son diálogos sensibles. Mucho de la música tradicional mexicana dialoga con los pájaros, con la naturaleza, con el río, con muchos elementos de la naturaleza, con un diálogo muy profundo… y ahora dialogamos con las máquinas y son diálogos que suelen ser medio violentos.

 

La música tradicional es música que se genera en sociedades anteriores al concepto de la música como mercancía. Son voces sonoras que están creadas para construir comunidad, tanto entre los entes vivos de la naturaleza como entre los seres humanos de equis comunidad. Es otra lógica.

 

Cuando aparecen las empresas que impulsan la música y después las grandes industrias que constituyen gustos que se van poniendo de moda, cuando el producto no funciona ya producen otra música de moda y van así desechando, construyendo y descartando constantemente y cada vez más rápido. Resulta que los músicos que están ya integrados a la industria musical… están representados y sus representantes son quienes los colocan en los circuitos comerciales.

 

El problema de los músicos tradicionales es que están viéndose obligados a ingresar a este otro circuito comercial, pero sin ninguna representación, entonces en primer lugar casi no se escuchan, ni en festivales estatales, ni en la radio, ni en algún espacio social. Pero cuando se llegan a escuchar, casi un milagro, no hay el representante o la instancia que logre mejor pago por sus servicios, como cualquier otro músico.

 

Esta circunstancia hace evidente, para Amparo Sevilla, la necesidad de crear una entidad que les permita ser escuchados, en todos los sentidos, tanto en las plazas públicas como por parte de los funcionarios que tienen a su cargo instancias de cultura.

 

Fundamental sería que se agruparan en una asociación civil con intereses comunes, como músicos tradicionales, para solicitar una serie de servicios por parte del Estado, que por cierto está obligado a atender las necesidades culturales de todos los sectores de la población.

 

En el campo de las legislaciones, subraya que en México existen los derechos de autor, que es un concepto muy individualizado de la producción musical y creación intelectual en general, y los derechos de autor reconocen solamente a un individuo. El problema es cuando saberes colectivos, como es el caso de la música tradicional mexicana, empiezan a ser utilizados por personas. Entonces al no haber derechos colectivos sobre un patrimonio por ejemplo musical, como la bamba y muchos otros ejemplos, llegan personas que se apropian de esto, lucran con estos patrimonios colectivos y al no haber un marco jurídico que acote el uso de estos patrimonios a sus creadores, que es el pueblo, quien quiera puede hacer un mal uso de una memoria musical.

 

Los ciudadanos tenemos cada vez más fuerte el reto de la participación. En cada estado del país hay tradiciones muy, muy, muy profundas, muy valiosas, que a la mayor parte de la gente no le interesa…

 

¡Y un pueblo sin memoria es un pueblo sin futuro!

 

¡Los pueblos que tienen conciencia de su propia historia pueden andar y construir horizontes!

 

 

 

 

contacto: piedra.de.toque@live.com

 

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