Audre Lorde y la voz de los marginados

María Laura Cucinotta
 
   
 
 
Frida Kalho en Toluca

 

Audre Geraldine Lorde fue una escritora y ensayista norteamericana que dedicó su vida y su talento creativo a la lucha contra las injusticias del racismo, el sexismo y la homofobia. Nacida en 1934 en Harlem, Nueva York, fue la tercera de las tres hijas de un matrimonio de inmigrantes. Las consecuencias de la Gran Depresión de 1929 marcaron su infancia y adolescencia así como también lo hicieron la II Guerra Mundial y el ascenso del Mccarthismo durante los años 50. Luego de graduarse como bibliotecaria y de comenzar a trabajar en la biblioteca pública de Nueva York, Lorde contrajo matrimonio con el abogado Edwin Rollins con quien tuvo dos hijos, Elizabeth y Jonathan. Tras su divorcio en 1970, la autora tuvo varias relaciones significativas con diferentes mujeres, entre las cuales se destaca la última con Gloria I. Joseph, quien fuera su compañera hasta su muerte en 1992.

 

Lorde publicó en 1968 The First Cities, el primero de sus once volúmenes de poesía, y desde ese momento desarrolló una vasta producción literaria que llegó hasta 1992 con la publicación de Undersongs. En el marco de su trabajo literario, la autora abordó y exploró temáticas tales como el orgullo, el amor, la violencia, el temor racial, la opresión sexual, los modos de vida urbanos y las diversas formas de supervivencia en la gran ciudad.

 

Como bibliotecaria y docente trabajó en numerosas casas de estudio, al mismo tiempo que desarrolló una importante reputación nacional como líder de diversos movimientos por los derechos civiles y de las mujeres. Crítica de los movimientos feministas de los años 60, por considerar que ponían el foco solamente en las experiencias de las mujeres blancas de clase media, Lorde propuso pensar la categoría de "mujer" como un espacio donde es posible hallar numerosas subdivisiones que determinan la experiencia femenina. De esta manera rechazó la experiencia de la mujer blanca como normativa e insistió en considerar también como válida y feminista la experiencia de las mujeres negras y de las lesbianas. Su propuesta se condice con lo que Adriana Crolla denomina la "tercera ola del feminismo", en la cual el discurso feminista se nutre del pensamiento de otros grupos minoritarios que hacia finales de los 70 pretendían reivindicar su derecho a hacerse oír.

 

Su constante desacuerdo con notables figuras del movimiento feminista la condujo a convertirse en una suerte de outsider, una voz aislada que acusaba con furia a las propias feministas de reproducir modelos patriarcales al interior de la agrupación. Según Lorde, el feminismo más ortodoxo no consideraba diferencias en la categoría de mujer y tendía a generalizar la experiencia femenina. Del otro lado del debate, muchas feministas blancas la acusaban de querer asumir una identidad y una autoridad moral basadas en el sufrimiento, sentimiento que debía pensarse como una experiencia universal para las mujeres, tuvieran el color que tuviesen, y no aplicable solamente a las mujeres negras.

 

Audre Lorde peleó contra la marginalización en una sociedad fuertemente marcada por la violencia y la discriminación. Su poesía se convirtió en un vehículo favorable para la expresión no sólo de su experiencia como mujer, madre, negra, feminista y lesbiana, sino también para demostrar que la noción de diferencia no debe provocar temor sino, muy por el contrario, constituirse en una fuerza creativa orientada al cambio social. Como activista, pero también como escritora, su trabajo contribuyó al análisis de la naturaleza de todo tipo de opresión, a la vez que se constituyó como un desafío orientado a la transformación de las relaciones de poder. La obra literaria de Audre Lorde puede concebirse como una operación política basada en la intervención por parte de los que hasta ese entonces no habían tenido parte: los rechazados, los ocultos, los ignorados. En adelante utilizaré el término "política" en consonancia con el planteo de Jaques Rancière, para quien es sinónimo de cualquier acto de libertad que permita desarticular "la división de los espacios, los tiempos y las formas de la actividad humana". Mi análisis partirá entonces de la siguiente premisa, en su poesía Lorde logra alterar el régimen de visibilidad y generar un cambio en la percepción a partir de la tematización de ciertos aspectos que hasta el momento no habían sido abordados de la misma manera por otros escritores afroamericanos, más dedicados tal vez al realismo urbano y al nacionalismo negro. La operación política que propone Lorde desde su trabajo poético, se basa en la creación de un espacio en el que confluyan las voces de todos aquellos que no se adaptan a las prácticas que tienen como objetivo la distribución de los cuerpos en un lugar donde permanezcan visibles.

 

UNA LECTURA POLÍTICA

 

La historia moderna de la Europa Occidental condiciona el pensamiento en términos de oposición: la distinción entre el bien y el mal es sin duda la categoría más utilizada, aunque seguramente podemos citar muchísimas más. En este sentido, Lorde postula que, para que dicho condicionamiento sea efectivo, y se mantenga estable a lo largo de la historia, es necesario que exista un grupo que ocupe el espacio desagradable y deshumanizado que se corresponde con lo inferior, lo bajo, lo incivilizado y otro grupo que, muy por el contrario, considere inherente su derecho a ser superior y a dominar. Los miembros del primer grupo –los negros, las mujeres, los viejos y la clase obrera- deben no sólo soportar el peso de la opresión, sino que también tienen que emplear sus energías en la asimilación del lenguaje y las costumbres de la clase dominante para poder sobrevivir:

 

“Cuando surge la necesidad de entablar comunicación, aquellos que se han beneficiado con nuestra opresión nos llaman para que compartamos nuestro conocimiento con ellos. En otras palabras, es la responsabilidad del oprimido enseñar al opresor cuál ha sido su error. Yo soy responsable de educar a los maestros que desprecian la cultura de mis hijos. Se espera que los negros y los habitantes del Tercer Mundo enseñen a los blancos a ser humanitarios. Son las mujeres quienes tienen que educar a los hombres. Las lesbianas y los gays deben enseñar a los heterosexuales”, afirma Lorde.

 

En "Aprender de los sesenta" Lorde analiza las decisiones políticas de los Estados Unidos en los últimos años y sentencia que tanto en lo que se refiere a su política interna como a sus acciones en el exterior, el gobierno demuestra día a día que los negros son cada vez más prescindibles: "Somos personas negras a quienes les toca vivir en un época en la que se percibe el propósito de eliminarnos". Las acciones militares en Haití y El Salvador, el apoyo a los gobiernos represivos de América Central y Sudamérica y al genocidio llevado a cabo por el apartheid en Sudáfrica, sumado a los recortes presupuestarios que afectan a miles de niños, ancianos y enfermos de la comunidad negra estadounidense son algunas de las acciones que Lorde enumera y que se encuentran en clara consonancia con lo que la autora denuncia.

 

La lucha contra las injusticias raciales representa para Lorde un drenaje de energía constante que debiera ser canalizada con un único objetivo: redefinir la identidad del oprimido y construir escenarios realistas que alteren las lógicas distributivas del presente y permitan sentar bases de cambio para el futuro. Como consecuencia de estas observaciones, su producción literaria gira en torno a la siguiente propuesta: es necesario construir un nuevo espacio de confluencia de las voces que no encuentran su lugar en los ámbitos diseñados por las clases opresoras. Es en este punto donde "arte" y "política" confluyen para suspender las coordenadas habituales de la experiencia sensorial y reconfigurar los modos de hacer y de decir.

 

En este sentido Jacques Rancière afirma:

“Lo propio del arte es operar un nuevo recorte del espacio material y simbólico. Y es de esa forma que el arte tiene que ver con la política. La política es la configuración de un espacio específico, el recorte de una esfera particular de experiencia, de objetos planteados como comunes y como dependientes de una decisión común, de sujetos reconocidos como capaces de designar estos objetos y de argumentar sobre ellos”.

 

Audre Lorde coloca en el centro de su producción artística la discusión sobre el sexismo, la homofobia, y el racismo al mismo tiempo que otorga un papel protagónico a actores sociales históricamente desplazados. Entonces ocurre la política. Lorde utiliza la poesía para reconfigurar el espacio que ocupan quienes han sido tradicionalmente invisibilizados a través de diferentes medios. Entonces ocurre la operación que Rancière denomina "el reparto de lo sensible", la cual supone "introducir sujetos y objetos nuevos, volver visible aquello que no lo era y hacer que sean entendidos como hablantes aquellos que no eran percibidos más que como animales ruidosos" (Rancière). El procedimiento que realiza Lorde se genera a partir de su intervención por parte de quienes no participan en las lógicas de la policía; es decir, quienes no se adaptan a las prácticas que tienen como objetivo la distribución de los cuerpos en su lugar y al control de lo que puede considerarse visible o invisible. Su función como artista es volver visibles las artes y los modos de hacer que se encuentran dispersos en la sociedad. La política permite la ruptura del orden "natural" que destina a los individuos al comando o a la obediencia, a la vida pública o a la vida privada", porque la política reconfigura los marcos sensibles y permite generar cambios en los modos de hacer, decir y pensar. En el plano de la estética, la política del arte permite una redefinición de lo visible y por ende una reconfiguración del mundo sensible de lo anónimo. La eficacia estética ya no se centra en la noción de continuidad entre arte y vida, sino en el "disenso" entendido como "el conflicto de diversos regímenes de sensorialidad" (Rancière).

 

El procedimiento político que propone y ejecuta Lorde supone también la redefinición del término "diferencia", el cual ya no debe pensarse en términos de tolerancia, aceptación, rechazo o ignorancia, sino que, muy por el contrario, las polaridades existentes deben poder constituirse en una fuerza creativa a través de la cual el arte pueda fluir como una dialéctica:

 

“Escribo mi vida y vivo mi trabajo. Y encuentro en mi vida verdades que espero puedan crecer y traer riqueza a otras mujeres más allá de las diferencias en nuestras vidas, más allá de las diferencias en nuestro amor, más allá de las diferencias en nuestro trabajo. Porque al compartir estas diferencias es que podemos crecer (Lorde)”.

 

La sociabilización de las diferencias y obviamente la aceptación de las mismas supone una instancia de aprendizaje y de crecimiento en conjunto. A través de su poesía, Lorde busca explorar nuevas maneras de metabolizar el dolor y enseñarles a sus hermanos y hermanas a confrontar el sufrimiento y a aprender de él. Ella escribe poesía como parte de un programa más general que invita al rescate de lo comunitario y a la conformación de un grupo de resistencia cultural en los Estados Unidos. El axioma fundamental que se deja entrever en todo su trabajo literario, pero también en sus textos críticos, tiene que ver con la necesidad de que los negros se definan a sí mismos antes de que otros los definan en beneficio suyo y en claro detrimento de los primeros. La operación que realiza la autora tiene como objetivo fundamental que los rechazados y los explotados recuperen su derecho a decir el mundo y a decirse a sí mismos. Para esto es que crea un espacio donde prima la tradición propia, distinta de la blanca, de la de los colonizadores y esclavistas europeos.

 

En este contexto de lucha y definición, el papel que cumplen las mujeres es fundamental ya que como sostiene la autora en "Arañando la superficie: apuntes sobre las dificultades del amor entre mujeres", la aparición y el accionar de las mujeres negras es esencial para la lucha por la liberación de la población entera:

 

“Las mujeres negras que se definen a sí mismas y a sus objetivos más allá de la esfera de las relaciones sexuales, pueden traer consigo el empeño y el impulso propio de las personas realizadas […] Las mujeres y los hombres negros que reconocen que el desarrollo de sus fuerzas e intereses particulares no disminuye a los otros, no necesitan dispersar sus energías peleando para controlarse entre sí. Podemos entonces concentrar nuestra atención en pelar contra las fuerzas sociales, económicas y políticas que nos arrancan a nosotros y a nuestros hijos de nuestros propios mundos”, afirma.

 

Finalmente, la abolición del sexismo al interior de la comunidad negra es una de las principales preocupaciones que Lorde manifiesta en su poesía, pero también en sus textos críticos. La autora considera que el diálogo entre hombres y mujeres es esencial para la supervivencia de los negros y es por esto mismo que propone desarmar lo que ella describe como una táctica de hostilidad horizontal, la cual supone el enfrentamiento de individuos al interior del mismo grupo o sector social:

 

“Como mujeres y hombres negros, no podemos dar inicio a ningún tipo de diálogo si negamos la opresión natural de los privilegios masculinos. Y si los hombres negros elijen asumir esos privilegios por cualquier razón –violar, maltratar o matar a una mujer negra-, ignorar esas manifestaciones de la opresión masculina negra sólo puede beneficiar a quienes buscan destruirnos. Una opresión no justifica la otra”.

 

El progreso sólo surgirá de la unión de hombres y mujeres realizados que resueltos a generar un cambio trascendental en sus modos de vida, se alíen para generar una batalla vertical que pueda desencadenar una auténtica revolución. Pero primero es necesario luchar contra los valores opresivos que los enemigos les han obligado a incorporar, tales como el sexismo y la homofobia.

 

LA POESÍA NO ES UN LUJO: ESCRIBIR COMO UNA FORMA DE RESISTENCIA

 

Según Marguerite Yourcenar, el acto de escribir equivale a la realización de una traducción. Adriana Crolla retoma la posición de la escritora francesa, la cual afirma: Nosotras traducimos nuestras emociones íntimas en un lenguaje comprensible al lector. Se trata entonces de ser fieles (de transmitir con la mayor exactitud): quiero decir, emplear la palabra y los sonidos que mejor expresen nuestra impresiones por más indecibles que puedan resultar.

 

Para Crolla la escritura implica "una operación visibilizadora de las más íntimas emociones", operación que supone una doble tarea: traducir las emociones más profundas al código de la tradición y, al mismo tiempo, vaciar esos signos de todo lo ajeno para inscribir en ellos lo que es propio de la pertenencia sexual. En el caso de Audre Lorde, esta tarea se triplica porque no conforme con convertirse en la portavoz de su género, la autora ahonda en las categorías que circunscriben a los seres humanos en tales o cuales grupos y opta por construir en su poesía un espacio para la confluencia de diferentes voces que provienen de diversos sectores sociales.

 

Los medios de los que dispone Lorde para dar inicio a su operación política, son meramente artísticos y la poesía es su herramienta predilecta. La elección de un género por sobre otro tiene para la autora una justificación: De todas las formas del arte, la poesía es la más económica. Es la más secreta, la que requiere menos trabajo físico, menos material, y la que puede ser realizada entre turnos, en la cocina de un hospital, en el subterráneo, y en trozos de papel sobrante.

 

La prosa en cambio, requiere de un cuarto propio, grandes cantidades de papel y por sobre todo tiempo, una variable que condiciona enormemente a una mujer que es madre y al mismo tiempo trabajadora. Tal y como señalara Virginia Woolf en Un cuarto propio: "Solo puedo ofrecerles una opinión sobre un tema menor: para escribir novelas, una mujer debe tener dinero y un cuarto propio".

 

En el título de uno de los artículos reunidos en Sister outsider, Lorde sentencia: "La poesía no es un lujo" y agrega que la potencialidad para escribir poesía reside en la interioridad de todo sujeto. Pero para poder detentar esa fuerza creativa, es necesario entrar en contacto con la propia conciencia ancestral, la misma que permite valorar las emociones y sentimientos de cada individuo. La poesía entonces no es un simple juego de palabras, sino más bien una necesidad vital, un instrumento mediante el cual el sujeto nombra aquello que hasta ese momento no tenía nombre y entonces lo convierte en un nuevo objeto del pensamiento. La escritura de poesía implica una primera instancia de introspección y autoconocimiento, esencial para dar inicio al proceso creativo. Una vez cumplimentada esta primera etapa, el sujeto que ya se conoce, que se entiende y puede discernir posee en su interior un semillero de ideas nuevas mediantes las cuales puede construir un nuevo lenguaje que le permitirá dar a conocer su experiencia: "Si nunca más doy una clase, cada poema que escriba será un intento de transmitir la verdad a partir de las imágenes de mi propia experiencia, y lo compartiré con todos aquellos que quieran o puedan escucharme".

 

Lorde entiende el lenguaje como acción y como herramienta de lucha en oposición al silencio que ahoga y consume. Desde su punto de vista, son numerosos los motivos por los cuales el silencio se convierte en la opción más elegida y en el conjunto de posibilidades el miedo a la visibilidad es el más paralizante, porque junto con la exposición se encuentra la vulnerabilidad y el peligro. Pero la visibilidad también puede ser entendida como una fuente de poder. Todo su trabajo artístico se erige a partir de la búsqueda de esa transformación en la que el silencio se convierte en lenguaje. Ese proceso, que Lorde entiende como un acto de auto-revelación, es el procedimiento clave para generar la perceptibilidad de los marginados: "hemos sido educadas para respetar más al miedo que a nuestra necesidad de lenguaje y definición, pero si esperamos en silencio a que llegue la valentía, el peso del silencio nos ahogará".

 

En "La transformación del silencio en lenguaje y acción" (1984) Lorde le asigna a su auditorio dos tareas fundamentales en relación con el lenguaje y el llamado a la acción: quienes escriben deben considerar y analizar en todo momento la verdad del lenguaje con el que se expresan; quienes no escriben deben comprometerse en la divulgación de aquellas palabras que consideren importantes y por sobre todo verdaderas. Sólo la participación activa en un proceso creativo romperá con los silencios que ocultan y oprimen. Cada uno debe descubrir el trabajo que le corresponde y construir desde su lugar. La militancia que entiende Lorde supone el trabajo activo por el cambio y la conformación de coaliciones de seres humanos completos y realizados.

 

ALGUNAS CONCLUSIONES

 

"Aido Hwedo está viniendo" es el verso que se repite una y otra vez en "Call". Este animal legendario que representa a la serpiente que sostiene al mundo llama a sus hijas y se acerca cada vez más: Lorde le cede el espacio y permite la materialización en palabras de este llamado, que no es otro que el llamado de la sangre y del centro de la tierra que invita a la unión y a la lucha en conjunto. El llamado a la revolución y a la resistencia cultural que realiza Lorde desde su trabajo literario, tiene como fin último la consecución de acciones reivindicativas en pro de la supervivencia del pueblo negro en los Estados Unidos. Pero el cambio que la autora arenga debe surgir del seno mismo de la comunidad negra y ese cambio es urgente, imperioso y necesario:

 

“Mientras esperamos que otro Martin, que otro Malcom, que otro líder negro valide nuestras luchas, los viejos negros mueren congelados en los conventillos, los niños negros son agredidos y asesinados en las calles, o lobotomizados por televisión, y el porcentaje de familias negras que viven por debajo de la línea de pobreza es hoy más alta que en 1963”.

 

"Alguien tiene que hablar", afirma Lorde en el prefacio a "Un coro para las voces de las mujeres negras". Alguien tiene que denunciar la violencia, la opresión y la muerte. Su condición de artista le permite asumir el rol de la acción y es así que se convierte en el sujeto que mediante su trabajo, vuelve visibles los tópicos pero también las formas de hacer arte que se encuentran dispersas en la sociedad. Cada poema, cada discurso es una herramienta organizativa, un punto de partida para dar inicio a la discusión y generar el cambio. Escribir por cada mujer muerta, por cada afroamericano oprimido, por cada niño abusado y asesinado se constituye entonces en una suerte de vocación social comunitaria y un llamado a la reunión, a la conversación, a la consecución de objetivos grupales: "Somos demasiado importantes unos para los otros como para desperdiciarnos en silencio. No podemos vivir sin nuestras vidas".

 

AUDRE LORDE, POEMAS

 

 

 

EL PODER

La diferencia entre la poesía y la retórica
es estar
preparado para matarte
tú mismo
en vez que a tus hijos.

Estoy atrapada en un desierto hecho de heridas a bala
todavía abiertas
y un niño muerto arrastra su rostro negro y destrozado
más allá del horizonte donde acaban mis sueños
la sangre de sus mejillas y de sus hombros perforados
es el único líquido a kilómetros a lo redonda y mi estómago
se revuelve al imaginar el gusto que tendrá, mientras
mi boca dividida en dos labios resecos
sin tener una lealtad o una razón para ello,
está sedienta de su sangre húmeda
mientras naufragan en la blancura del desierto
donde estoy perdida
sin imaginación ni magia posible
tratando de convertir todo este odio y esta destrucción en un poder
tratando de curar con besos a mi hijo agónico
pero, nadie, salvo el sol limpiará sus huesos con rapidez.

El policía que, en Queens, derribó con un disparo al chico de diez años
estaba a su lado, con sus zapatos bañados con la sangre de él
y una voz dijo: "Muere, pequeño hijo de puta" y
hay videos que prueban esto. En el juicio
el policía dijo que fue en defensa propia:
"No reparé en el tamaño ni en ninguna otra cosa
salvo en el color." Y
hay videos que prueban esto también.

Hoy día, ese hombre blanco, de treinta y siete años,
con trece de servicio
ha sido puesto libertad por once hombres blancos
que dijeron que estaban satisfechos
porque se había hecho justicia
y una mujer negra que dijo:
"Me convencieron". Esto es:
ellos arrastraron su cuerpo de mujer negra, de un metro veinticinco de estatura,
por sobre los carbones ardientes de cuatro siglos de aprobación del macho blanco
hasta que ella renunció al único poder real que alguna vez tuvo
y decoró con cemento su propia cuna
para construir allí un cementerio para nuestros hijos.

No he sido capaz de palpar la destrucción dentro de mí.
Pero a menos que aprenda a usar
la diferencia entre la poesía y la retórica
mi poder también se corromperá como molde envenenado,
se volverá flojo e inservible como un alambre suelto
y un día tomaré mi enchufe rabioso
y lo conectaré al lugar más cercano,
violaré a una mujer blanca de ochenta y cinco años
quien es a su vez madre de alguien
y mientras la golpeo hasta dejarla sin sentido y le prendo fuego a su cama
un coro griego estará cantando una canción con ritmo del vals:
"Pobrecita. Ella nunca hirió a un alma. ¡Qué bestias son los negros!".

"Poder" es un poema escrito acerca de Clifford Glover, un niño negro de diez años de edad, quien recibió un disparo de un policía. Posteriormente, el policía fue absuelto por un jurado donde uno de los miembros era una mujer negra".



QUIÉN DIJO QUE ERA SIMPLE

Tiene tantas raíces el árbol de la rabia
que a veces las ramas se quiebran 
antes de dar frutos.
Sentadas en Nedicks
las mujeres se reúnen antes de marchar
hablando de las problemáticas muchachas
que contratan para quedar libres.
Un empleado casi blanco posterga
a un hermano que espera para atenderlas primero
y las damas no advierten ni rechazan
los placeres más sutiles de su esclavitud.
Pero yo que estoy limitada por mi espejo
además de por mi cama 
veo causas en el color
además de en el sexo 
y me siento aquí preguntándome
cuál de mis yo sobrevivirá
a todas estas liberaciones.



MUJER

Sueño con un lugar entre tus pechos
para construir mi casa como un refugio
donde siembro
en tu cuerpo
una cosecha infinita
donde la roca más común
es piedra de la luna y ópalo ébano
que da leche a todos mis deseos
y tu noche cae sobre mí
como una lluvia que nutre.

 


GENERACIÓN II

Una chica negra
convirtiéndose
en la mujer
que su madre
deseaba
y por la cual rezaba
camina sola
y con miedo
de ambas iras.



MEMORIAL II

Genevieve
qué estás viendo
en mi espejo esta mañana
asomándote como un pájaro hambriento
desde atrás de mis ojos
estás buscando la forma de una chica
a quien me parezco cada vez menos
o recuerdas
que nunca pude aceptar tu cara agonizante
no te conozco ahora
seguramente tu visión se mantuvo más fuerte que la mía
Genevieve dime por dónde pasean las chicas muertas
después de su verano
quisiera poder verte de nuevo
lejos de mí -hasta
como un pájaro volando hacia el sol
tus ojos me están cegando Genevieve.



LA DONCELLA

Una vez, yo fui mortal
junto a un océano
que tenía los nombres de la noche
pero el primer hombre vino
con su trineo de fuego
impulsado por el sol

Fui transportada
hasta el hueco lunar para una virgen
condenada a iluminar
un mundo árido de mañanas interminables
que espantan a la misma luna
Por dondequiera que corrí
en busca de algún camino a casa
la mañana había bifurcado
los ríos horrendos
que anidan evaporantes en el lecho espumoso
de mi madre mar.

El tiempo forzó la luna
hasta preñarla
y me encontraron mortal
junto a un cráter
recitando
la mar de nombres de la noche.



EL UNICORNIO NEGRO

El unicornio negro es codicioso. 
El unicornio negro es impaciente. 
"El unicornio negro se equivocó 
por una sombra o un símbolo 
y tomado 
a través de un país frío 
donde la niebla pintó burlas 
de mi furia. 
No está en su regazo, donde descansa el cuerno 
pero en el fondo en su moonpit 
cada vez mayor. 
El unicornio negro está inquieto 
el unicornio negro es implacable 
el unicornio negro no es 
libre.

 

 

 

contacto: piedra.de.toque@live.com


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