Edgar Allan Poe:
Un acercamiento a las tinieblas

Domingo Chacón
 
   
 
 
Relatividad (1953)

 

A MANERA DE INTROITO

 

Un día de verano hace ya unos cuantos años, sesenta para ser más exactos, y ya irremediablemente ganado para la literatura, enviciado y dependiente de la lectura diaria y la admiración por el cine, una afortunada tarde de esos años de adolescentes, donde la televisión era una novedad en mi país Venezuela, esperaba con fruición y alegría un programa enlatado que se originaba en los Estados Unidos, y que todas las tardes los domingos transmitían a eso de las 7.00 de la noche, su nombre Mi Historia Favorita, donde fungía de anfitrión el excelente actor Adolphe Menjou, y a veces interpretaba algunos de los personajes de las diferentes historias que llevaban al celuloide.

 

Esa noche, inolvidable, exhibían una película basada en un cuento, el nombre de la misma era El Escarabajo de Oro, basado en un cuento de Edgar Allan Poe, sencillamente la visión de las escenas de este extraordinario cuento llevado a la pantalla chica, hicieron de la visión del mundo del cine, es decir del arte, algo tan extraordinario como cuando oí por primera vez la Consagración de la Primavera de Igor Stravinski, el Mesías de Handel, o vi por primera vez Citizen Kane y el Acorazado Potemkim, o cuando pude leer por primera vez en una versión completa de Las Mil y una Noches, con grabados de Gustavo Dore.

 

Al día siguiente me dirigí a la Biblioteca Nacional de Caracas, de la que era miembro de la biblioteca circulante, y antes de solicitar el libro que contenía este cuento del Poe, decidí entrar a la sala de lectura, y consultar libros de texto para una tarea que debía realizar para mí, que estaba en ese momento estudiando bachillerato en un colegio de mi ciudad.

 

Pero adolescente al fin decidí pedir también para consulta, y posteriormente llevármelo a mi casa en calidad de préstamo, Narraciones Extraordinarias, en donde figuraba el cuento visto en la televisión; ahí estaba El Escarabajo de Oro, lo abrí y leí su epígrafe;

 

 ¡Hola, hola! ¡Este mozo es un danzante loco! Le ha picado la tarántula.

(Todo al revés)

 

Y me quedé expectante, a quién se refería, un danzante y además loco, quizás porque lo había picado este arácnido, pero además todo estaba patas arriba.

 

Decidí dejar es ese momento el mundo como estaba, y dejar este asombro para después, lo que si hice fue hojear el libro, en su índice figuraban los cuentos de este inmortal narrador: El gato negro,  El pozo y el péndulo, La máscara de la muerte roja, Los crímenes de la Rue Morgue; muchos más; no resistí la tentación y empecé a leer El Pozo y el Péndulo. De mi entorno desapareció el sitio donde estaba, los lectores que ocupaban las vecinas sillas, todo fue como estar encerrado en una cúpula de cristal donde estaba yo y mi curiosidad empezó desde la primera frase: “Estaba agotado, agotado hasta no poder más, por aquella larga agonía”. Curiosidad que se fue transformando en terror a medida que me fui adentrando en la lectura y posesionarme de la historia del prisionero de la inquisición, sometido a la tortura de lo desconocido, la incertidumbre. Nunca un cuento me había producido tanto pánico, quería dejar el libro, pero algo más fuerte que yo me impedía hacerlo, cuanto sufrí atormentado por el destino de aquel desdichado, que sólo terminó con la frase final de este cuento tan especial: “Las tropas francesas habían entrado en Toledo. La Inquisición hallábase en poder de sus enemigos”.

 

Debo acotar aquí que desde ese momento Edgar Allan Poe estuvo presente en mis sueños y en mi biblioteca. El escarabajo de Oro y Los crímenes de la Rue Morgue son de los cuentos que constantemente son releídos al igual que El Pozo y el péndulo. Confieso que tratando de buscar aquella primera impresión que aun guardo en mis recuerdos, buscando el mismo miedo y ya no está ahí, sólo permanece la inquietante admiración por la técnica y el estilo de este insustituible escritor, que en cada nueva lectura me deja un sabor de inmortalidad y gloria, de maestría sin igual en el arte de la literatura.

 

Eso me llevó a escribir este intento por acercarme sólo un poco a su vida y a su obra, tratando de rendir un pequeño homenaje, en los términos de mi admiración y agradecimiento por haberme regalado tantas magnificas horas de entretenimiento, que al fin y al cabo todo el arte, en todas su facetas, sólo debe pretender conmovernos en el espíritu. Quiero dejar aquí como final de esta introducción una frase de un escritor venezolano José Balza (1939- ), que conjuga para mi inquisición una definición valedera del arte:

 

“Así todo aquello que no sea cercado por la conciencia pertenece al olvido. Pero si el pensamiento puede guardar en sus zonas menos accesibles los arquetipos y las religiones o ciertos relámpagos de la filosofía y el numero; pero si el pensamiento puede esconderlos o revelarlos, esa otra abstracción –el arte- únicamente ocurre cuando escapa de la conciencia hacia los dominios de la sensualidad: el oído, la visión, la piel”.

 

LA ATRACCIÓN FATAL

 

Cuando nos acercamos a la escritura de Edgar Allan Poe, nunca deja de embargarnos el antiguo arcano del asombro. Su obra literaria aunque escasa es de una extraña intensidad, además de precisa, bella y estructuralmente correcta. Historias extraordinarias, Aventuras de Arthur Gordon Pym, sus poemas y algunos ensayos, considerados novedosos por su ironía y sarcasmos, todos llenos de ingenio, dominio del arte de la literatura, sus ensayos han perdurado en el tiempo como ejemplo de un excepcional crítico literario de los Estados Unidos.

 

Edgar Allan Poe fue ante todo un poeta, además de un escritor atormentado, considerado sin lugar a dudas uno de los clásicos. Se le anota en la bitácora de los tiempos de la invención literaria como creador de la novela policial. Poeta refulgente, narrador alucinante, marcó caminos intensos en la manera de hacer de la literatura un arte eterno. 

 

Allan Poe nació el 19 de enero de 1809 en Boston, Massachusetts. Su vida de niño transcurrió en el seno de una familia de escasos recursos, por lo que su carácter se fue formando a la par de las necesidades más inmediatas. Al morir sus padres fue adoptado por John Allen, un rico comerciante de Virginia, del que de alguna manera siempre dependió, detalle que siempre le causo infelicidad. Joven no muy afortunado, introvertido y rebelde, su carácter hizo que nunca se llevara bien con la sociedad ni con los estudios. Expulsado de la Academia Militar de West Point, empezó a escribir a los 18 años. 

 

Por esta época empieza su afición por el juego y el alcohol, aficiones que le habrán de llevar a situaciones difíciles y deprimentes. En una carta le confiesa a un amigo: “Yo lo que siempre he sido desde mi infancia, es ser un soñador”. A partir de 1836, fecha en la que se casó con su prima Virginia Clem, llevó una vida de dificultades, trabajos y privaciones. Su carácter y manera de ser, marcado por una evidente incapacidad para desempeñar ocupaciones estables y mantener relaciones sentimentales equilibradas, lo hicieron miserable. La muerte de su esposa en 1845 lo sumió definitivamente en el alcoholismo, que lo persiguió como una pesadilla hasta su muerte en un hospital víctima de delirium tremens. 

 

En toda la obra de Edgar Allan Poe se nota la elevación a lo sublime y el hallazgo de lo sobrenatural. El delirio o la perturbación de sus facultades mentales, ocasionadas por el alcohol o a pesar de él, se deja sentir con puntual evidencia en su obra, el genio del escritor despide una luz, ya siniestra, ya de elevada espiritualidad, que nos eleva a mundos de misterios o regiones inexploradas de la mente en constantes cadenas de sucesos alucinantes.

 

SU OBRA POÉTICA

 

En 1827, a los 18 años, da a conocer su primer libro de poemas, editado y publicado por su cuenta con grandes privaciones y sacrificios, su título: “Tamerlan y otros poemas”, aunque en este libro se nota una marcada influencia de Lord Byron, ya se vislumbra la calidad del poeta que habrá de ser en el futuro. En 1829 publica un nuevo libro de poesías con el título de Al Aaraaf, Tamerlan y otros poema”, poemario más ambicioso y más extenso que incluye su “Tamerlan”, revisado y radicalmente modificado.  En “Al Aaraaf” expone el concepto: 

 

“De que la más alta comunión del hombre con Dios, tiene lugar por medio del goce extático de la belleza”.

 

Su tercer libro de poemas aparece en 1831, en donde reitera su “Tamerlan”, otras de “Al Aaraaf”  y sus nuevas composiciones. Bajo el título de “Poemas”, de este libro brota con una fuerza desconocida la nueva proposición de su poesía, dos de ellos, Helena e Israel, son poemas cristalinos, lineales, pero junto a ellos aparecen otras poesías que parecen arrancadas de los abismos del horror, en Irene, El valle de His, La ciudad maldita, en sus versos flotan crepúsculos enturbiados por sueños nebulosos  e incoherentes, se duda de la cordura del poeta, parecieran elucubraciones surgidos de un cerebro desquiciado.

 

En este periodo ya Poe utilizaba en su escritura una de sus ideas dominantes, la adoración a la belleza de la muerte, uno de los poemas que corresponde a este pensamiento es Irene, que Poe corrige, amplia y modifica con mayor celo, y en su última corrección bajo el nombre de “La durmiente”,  es en definitiva el poema que él juzga “como el mejor de toda su obra”.

 

Edgar Allan Poe deja de escribir, por lo menos poesía, durante un largo periodo. El libro escrito en 1831 no tuvo sucesor sino después de 14 años, hasta 1845, en que el poeta publicó “El cuervo y otros poemas”. Siguiendo con su estilo enigmático y su peculiar maestría, integró a este volumen poemas de sus anteriores libros; en este volumen figura con fuerza inusitada  El cuervo”, poema que es una revelación, una joya de la literatura moderna, y se ofrece a la crítica con una ventaja que pocas creaciones literarias poseen, y es que este monumental poema tiene un estudio que el mismo Poe dedicó a este trabajo en su tratado “La filosofía de la composición”. Poe trata de convencernos de que este trabajo, El Cuervo, es el resultado de un puro y neto ejercicio cerebral, y que el conjunto total había sido fruto exclusivo del cálculo y la precisión, sin ninguna intervención de ese poder que es la intuición o la inspiración poética. 

 

Dice Poe: “La obra ha avanzado, paso a paso hacia su fin, con la precisión y la lógica inflexible de una ecuación matemática”. El elemento esencialmente lírico se circunscribe al fatal estribillo nunca más (nothing more), con que el misterioso cuervo discurre en una sinfonía de tonos, los sueños y la desesperación del poeta solitario por la muerte de su amada.

 

Y el crujir triste, vago, escalofriante de la seda de las cortinas rojas me llenaba de fantásticos terrores jamás antes sentidos. Y ahora aquí, en pie, acallando el latido de mi corazón, vuelvo a repetir:

 

“Es un visitante a la puerta de mi cuarto queriendo entrar.

Algún visitante que a deshora a mi cuarto quiere entrar.

Eso es todo, y nada más”.

 

And the silken sad uncertain rustling of each purple curtain

Thrilled me - filled me with fantastic terrors never felt before;

So that now, to still the beating of my heart, I stood repeating

`'Tis some visitor entreating entrance at my chamber door - Some late visitor entreating entrance at my chamber door; - This it is, and nothing more,'

 

Las últimas poesías de Poe pertenecen a los últimos cuatro años de su vida. La más notable composición de esta antología es la titulada “Las Campanas”, este poema es especialmente rítmico y musical, así que incluso la ubicación de los versos en las líneas es relevante. Como ha sentenciado la crítica este poema “es una obra maestra de la poesía imitativa”; es la onomatopeya en función de la poesía.

  

                        I

HEAR the sledges with the bells

¡Silver bells! 

¡What a world of merriment their melody foretells! 

¡How they tinkle, tinkle, tinkle, in the icy air of night!

 

                        I

Escuchad las campanas de los trineos.  

¡Campanas de plata! 

¡Qué mundo de diversiones anuncia su melodía! 

¡Cómo tintinean, tintinean, tintinean, en el aire helado de la noche!

 

SU OBRA EN PROSA

 

“Historias extraordinarias”, bajo este título existen 67 relatos publicados originalmente en diversas fechas y en diferentes revistas, publicados posteriormente en dos volúmenes, el primero llevaba como título “Narraciones de lo grotesco y lo arabesco”, publicado en 1840, y el segundo el de “Narraciones Extraordinarias”, nombre procedente de la traducción que en 1848 hiciera el poeta francés Charle Baudelaire de los principales relatos de ambos volúmenes. 

 

¿Pero qué hallamos en los cuentos de Poe?:  extravagancia y terror, visiones fantásticas y morbosos espectros, fantasmas, pesadillas aterradoras, un mundo alucinante de locura y muerte, hombres y mujeres enceguecidos por la pena, amantes delirantes y cercanos a la tumba, sin ápice de esperanza o de salvación para lo eterno o lo sublime. Son historias trágicas y dolorosas. El autor confiesa: 

 

“Al escribir estos cuentos uno por uno, a largos intervalos, mantuve siempre presente la unidad del libro, es decir que cada uno fue compuesto con referencia a su efecto como parte de un todo. Con esta intención fue uno de mis designios principales la máxima diversidad de temas, pensamientos y sobre todo, tono y presentación. Hay gran variedad de clases y esas clases son más o menos valiosas, pero cada cuento es igualmente bueno en su estilo. La clase más elevada es la que nace de la más alta imaginación, y por esto solo Ligeia puede ser llamado mi mejor cuento”.

 

Desafortunadamente no se consiguen libros con la obra de Poe que sigan la secuencia de trabajo impuesta por el escritor. Se consiguen antologías y recopilaciones muchas veces caprichosas, que nos impiden seguir estas teorías de la forma y el estilo del maestro. De poder lograrse estaríamos en capacidad de poder estudiar al escritor que se somete, según sus principios, a una rigurosidad plena, a un concepto matemático de la obra total donde los diferentes cuentos solo serían capítulos de la obra final. 

 

Su única novela “Las aventuras de Arthur Gordon Pym” se publicó en l838, y está considerada una obra excepcional de la narrativa del terror. Caber mencionar entre sus cuentos: El escarabajo de oro (1843), quizás su más famoso relato de este género, El misterio de María Roget (1842-1843), La carta robada (1844), Los crímenes de la Rue Morgue (1841), estos cuentos están considerados como los predecesores de la moderna novela de misterio o policiaca.

 

“Los crímenes de la Rue Morgue” es un relato con una significación especial, es de una novedad absoluta en donde aparece el primer detective analítico, especulativo y cerebral, Auguste Dupin, un caballero misterioso, enigmático, enamorado de la noche, y con un genio particular para el arte de la deducción, método que emplea para la solución de los casos en que se ve involucrado. Este personaje es el padre de los detectives de ficción que aparecieron posteriormente, donde podemos mencionar a Sherlock Holmes, personaje creado por Sir Arthur Conan Doyle; Arsenio Lupin, de Maurice Leblanc; Hércules Poirot y la Srta. Marple, de Agatha Christie; el inspector Maigret, de George Simenon, y tantos otros que figuran en las diferentes antologías del cuento policial y de misterio. 

 

Podemos decir sin temor a dudas que Edgar Allan Poe es el creador del cuento contemporáneo. Hoy tenemos la posibilidad de poder entrar en su obra, el mundo del terror y sentirnos conmovidos de poder participar de la cercanía de lo hermoso y lo terrible; que nuestra imaginación decida, y guiados por el maestro del terror, el genio de la oscuridad, podamos contagiarnos del delirio del exceso, de poder tener en toda su amplitud la visión alucinante del  infierno, entrar y vivir poseídos el tiempo que queramos, atrapados en las magníficas páginas del narrador por excelencia de los terrores constantes.

 

Desde la fidelidad de un adolescente hasta la madurez del adulto, este es sólo un atisbo de la gratitud que le debo al maestro.

 

 

 

contacto: piedra.de.toque@live.com

 

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