La muerte... de Radio Universidad

Editorial
 
   
 
 

Arrastrados por el proceso unificador de sociedades que el mundo vive, la principal defensa de la cultura regional descansa, hoy, en la educación superior, tanto porque promueve la autoestima hacia adentro, como porque proyecta los valores propios hacia afuera.

 

Las universidades públicas son instituciones del Estado mexicano dotadas de autonomía académica y administrativa, cumpliendo la función que la Constitución les asigna como rector de la educación en el país, reconociendo, respetando y alentando, gracias a la autonomía, el espíritu libre, creador y crítico. Están dotadas de recursos públicos proveídos por la sociedad a través de sus representantes en un pacto explícito a favor de la educación; lo hace por ser estos lugares laicos y públicos que fomentan la ciencia y la cultura, ofreciendo opciones educativas para la juventud, además de ser un elemento primordial de la movilidad social para transformar al país.

 

“Una universidad pública –dice Rodrigo Baño, académico del Departamento de Sociología de FACSO en la Universidad de Chile- es una universidad que no tiene un dueño con intereses ni concepciones religiosas, doctrinas o ideologías particulares. La universidad pública es la universidad que es de todos; es estatal porque el Estado es la expresión de la voluntad del todo nacional. Es en esta perspectiva que desarrolla sus funciones fundamentales de docencia, investigación-creación y extensión”.

 

No es raro –añade Baño- que disputas ideológicas deriven hacia una disputa por la significación de las palabras. Es lo que pareciera estar ocurriendo respecto del significado de la expresión universidad pública. Mediante el fácil expediente de desvirtuar el contenido que ha tenido en nuestra sociedad el término público, transformándolo en la simplicidad de ser de acceso al público, tal como es público un cine o un restorán, se puede plantear que todas las universidades son públicas, lo que las hace iguales y comparable unas con otras. En nombre de la igualdad, no tendría sentido reclamar tratos diferentes para los iguales.

 

Una universidad pública es una institución de educación superior que existe para cumplir con el derecho ciudadano a la educación en todos sus niveles, de acuerdo a los conocimientos y la formación ciudadana que la sociedad define como necesarios; una universidad pública desarrolla la investigación que la nación necesita para aumentar sus conocimientos y enfrentar sus problemas; una universidad pública está comprometida a entregar a toda la comunidad del país el producto de su trabajo, extendiendo sus estudios y creaciones más allá de los límites de sus dependencias. Su pluralismo es una consecuencia necesaria del hecho de ser una universidad de todos. De aquí también deriva la transparencia de su gestión y las normas que rigen su convivencia interna.

 

Es el último bastión ante el embate arrasador de la mundialización, pero la universidad pública presenta síntomas de grave enfermedad, concretamente la Universidad Autónoma de Tlaxcala (UAT).

 

La docencia, la investigación, la extensión y la cultura son, deben ser, sus ejes rectores. Y para su ejercicio la UAT dispone de una diversidad de herramientas, presupuestos y programas. Radio Universidad es uno de sus instrumentos.

 

Apenas cumplida la primera década de vida, la frecuencia radiofónica de la UAT se inscribe, hasta hace muy poco tiempo, en el trabajo difusor de la ciencia y la cultura, tal como eje transversal en el modelo universitario. Fue ese su sino germinal y ese su andar cotidiano… hasta que el diablo metió la cola.

 

Los diversos directores habían mantenido, con su visión y sus flaquezas, el perfil cultural de la estación. Rivalizaba incluso ya con la veterana Radio Altiplano, también de financiamiento público.

 

Pero hoy la cúpula que decide en la UAT se cansó de distraer recursos económicos de sus campañas para una radio que no es prioridad en su esquema. Decidieron parar el flujo de sangre económica, ociosa a su parecer, y cambiaron el rumbo.

 

El trabajo de formación de públicos, de difusión de la cultura, de educación informal, de enlace con una comunidad estudiantil que no acaba de entender su papel, de contacto con una sociedad tlaxcalteca de la que se ha aislado por décadas, salvo cuando de política proselitista se trate, ¡De ser una universidad pública!... todo se hizo de lado.

 

Se ufana la universidad de sus más de 200 académicos inscritos en el Sistema Nacional de Investigadores, cifra que significa un muy alto porcentaje en su plantilla docente. Festina los trabajos de investigación, los libros que edita y las conferencias y coloquios que promueve. Toda esa labor de investigación que dicen realizar demanda su socialización, su impacto en las formas de interacción social en Tlaxcala. Y de ello si bien Radio Universidad no estaba cerca, ahora se percibe muy lejana la posibilidad de difundir la ciencia y la investigación… ¡salvo que tenga patrocinios!

 

Los talleres artísticos universitarios, siempre tan tímidos, tan introvertidos, tan para adentro, hoy quedarán en la orfandad total, constreñidos a sus nimias fuerzas y casi simbólicos apoyos. Estos talleres serán, en tales condiciones, talleres caseros en su tamaño, su impacto y sus horizontes.

 

Radio Universidad vira hacia un desvencijado modelo de radiodifusión comercial, obsoleto porque responde a intereses exclusivamente comerciales, no formativos. Radio Universidad empieza a parecerse velozmente a una jubilada XETT, incluso con su conductor estelar, sólo que 25 años más viejos, modelo y conductor.

 

Todo está a la venta en la estación: programas, espacios, voces, políticas…

 

Y todos tienen que vender: reporteros, editores, conductores…

 

El nuevo director, José Guadalupe García tiene una muy larga carrera en servicios personales a políticos; algo de administración, un poco tapar hoyos, cubrir espaldas… ¡Pero radiodifusión nada! ¡Absolutamente nada!

 

¿Y cultura? ¿O artes? ¿O tradiciones? ¿O historia?... ¡Cero rotundo!

 

Radio Universidad seleccionó el último tercio de 2016 para salir del clóset y, sin ambages, con una abnegada y ¿gozosa? obstinación entregarse abiertamente a la prostitución.

 

El modelo de universidad pública recibió todos los honores este 2 de noviembre, Día de Muertos. La cúpula que realmente domina a la universidad dio un giro de timón y la quilla de la nave universitaria lame ya el fondo pedregoso y urticante… y arriba los vientos aumentan su fuerza.

 

Suena ya la sirena de alarma.

 

¡El buque de la UAT amenaza encallar!

 

 

 

 

 

contacto: piedra.de.toque@live.com

 

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