La Muerte Niña

Piedra de Toque
 
   

Desde varios siglos atrás se mantiene la tradición de retratar a los niños que se acaban de morir. Durante la época de la colonia, en la Nueva España se realizaron notables pinturas con ese tema.

 

A niño difunto, ángel seguro, se creía. Por eso en los funerales de párvulos se tocaban las campanas de modo festivo, no lúgubre. Los cadáveres retratados vestían barrocamente de arcángeles y lucían coronas de flores o de hierbas odoríferas,

 

Con la invención de la fotografía, las personas más humildes, a quienes se les morían más hijos y no tenían para encargar una pintura, pudieron pagar el acceso al ritual de ‘la muerte niña'.

 

Una gran cantidad de fotos tomadas en lugares como Jalisco, Guanajuato y Ciudad de México, testimonian una antigua costumbre que buscaba atenuar el dolor de la injusta muerte prematura. Algunos se especializaron en este extraño pero fascinante arte.

 

El historiador y crítico Gutierre Aceve descubrió una colección de fotografías realizadas a finales del siglo XIX y principios del XX por el fotógrafo del pueblo de Ameca, en Jalisco, Juan de Dios Machain.

 

Por lo menos se conocen cien fotografías de ese tipo realizadas por don Juan, el retratista de la Muerte Niña en México, un artista de quien no se conocen mayores datos, que en ocasiones se movía hasta las casas de los niños difuntos para capturarlos en su entorno y con su gente.

 

En sus obras, los paliativos del ritual y del recuerdo ayudan a sobreponerse a la perdida. La muerte de un niño pone en estrecha cercanía los extremos de principio y fin, nacimiento y muerte.

 

María Luisa Corona Sánchez, del barrio de San Martín, Malinalco, muerta en 1954, a los seis meses, por un "vuelo de gallina" (La niña se asustó cuando el ave voló encima de ella), fue de los últimos críos en ser retratados con respeto y barroquismo, conforme a la tradición.

 

Con la foto de nota roja, el niño muerto dejará de ser 'angelito' y pasará a ser hermano de los lechones, cabritos y becerros sacrificados. Carne inocente trinchada. Pero María Luisa muere todavía como los niños de antes, y con ella, prácticamente muere el ritual de la Muerte Niña

 

El pintor David Alfaro Siqueiros narra en sus memorias (tituladas Me llamaban 'el Coronelazo') cómo alguien lo tomó por fotógrafo: "¡Señor fotógrafo, señor fotógrafo, venga usted conmigo! Mi papá quiere que usted retrate a mi hermanita que se murió ayer, porque mañana temprano tienen que enterrarla". David Alfaro Siqueiros habría de pintar más tarde ‘Retrato de niña viva y de niña muerta’.

 

 


 
 
 
     
 
     
 
     
 
     
 
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