Federico Silva: su homenaje en el INBA

Piedra de Toque
 
   
 
 

Traigo unas notas. Espero no les atemoricen. Quisiera hablar solamente de lo cultural, no mencionar la crisis, pero se impone la realidad…:

 

Existe una fractura entre el pueblo y los gobernantes, que de tanto viajar al extranjero no entienden lo que pasa en México. Se dice que las instituciones de quienes vienen las ideas, las propuestas, de donde vienen es de los Estados Unidos. Me refiero a la visita de Trump a Los Pinos, el viaje a Israel.

 

La factura a la que me refiero no es un fenómeno local, es internacional. Existe en los Estados Unidos con la amenaza de la victoria de Trump, con inimaginables consecuencias mundiales.

 

La factura está en Europa. En España, en Francia, en el Oriente Medio, en América Latina: Brasil, Argentina, Colombia. En el fenómeno creciente de los migrantes.

 

Se está imponiendo una realidad imprevisible, desconocida. La realidad como un personaje inmaterial, inimaginable. Como un fantasma que recorre el mundo y se impone sobre la razón y la lógica política.

 

La palabrería no logra borrar la memoria de un país que se sostiene por su historia. El arca anda vagabunda porque no encuentra las veredas, se pierde en la traición, la corrupción y la alabanza al poder. Pero hay refugios.

 

Bellas Artes está porque es una institución no sexenal, es intemporal. Aquí se abrigaron los grandes pintores, los músicos, los poetas y muchos jóvenes artistas.

 

Los destructores de México perseveran en su esfuerzo tenaz con el aplauso de los compradores de afuera: el subsuelo ya no le pertenece a México, está en rebaja, pueden venir compradores de todo el mundo, es su oportunidad.

 

En 1993 se editó un gran libro por Aeroméxico sugerido por Tovar y de Teresa en el que escribió un texto magnífico Javier Moisén, por el cual explica cómo el Palacio de Bellas Artes es el resultado de una labor creativa, de conjunto, una obra de arte que además recoge y traduce los cambios de su tiempo.

 

Inició en la belle époque mexicana con el arquitecto italiano Adamo Boari y concluyó en los años de consolidación temprana del movimiento revolucionario con su colega mexicano Federico Mariscal. Es una síntesis político cultural de los fines del porfiriato y los inicios optimistas constructivos de la revolución mexicana.

 

Bellas Artes es una casa abierta por donde entran todos los más grandes artistas de México y muchos de los grandes del mundo.

 

Nos recibe el palacio con las pinturas murales de Orozco, Rivera y Siqueiros, un gran teatro, múltiples salas de conferencias y exposiciones.

 

A partir de José Vasconcelos, el fenómeno entre los ministros de educación, una mística cultural alrededor de Bellas Artes que no se hubieran atrevido a decir lo que hoy se dice: que la fuerza de México está en el ejército y el gobierno; que no se hubieran atrevido a enviar a Oaxaca al ejército y a los policías para interrumpir las danzas de San Mateo del Mar en el Istmo de Tehuantepec, Oaxaca, para combatir a los maestros y terminar con la última fuerza que perdura de la revolución mexicana y arrebatarle por la fuerza lo que les pertenece a los maestros: dignidad, soberanía, sus derechos, abriendo la educación al mercado.

 

Suele olvidarse la tradición cultural nacional, su respaldo histórico, pero con todo, el pulso más poderoso en el ámbito de las artes ha estado por largos años en el INBA, el cual debe retomar su prestigio de gran promotor. Los artistas aspiran a participar en ese máximo foro: pintores, músicos, dramaturgos… los jóvenes, escalar el difícil escaño del prestigio. Deben ser creadas tareas, proyectos imaginados por los jóvenes. Los jóvenes artistas es donde están los cambios, la rebeldía, la innovación, el futuro de las artes.

 

 

* Discurso leído por Federico Silva en ocasión del homenaje en su honor ofrecido por el Instituto Nacional de Bellas Artes el reciente 8 de octubre en el Palacio de Bellas Artes.

 

 

 

contacto: piedra.de.toque@live.com

 

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