La fiesta de los ancestros del linaje: conceptos yuhmu de la muerte

José Luis Puga Sánchez
 
   
 
 
Jorge Guevara en el Museo de la Memoria

San Juan Ixtenco es un pueblo de raíces otomí o yuhmu, el único que queda en el estado de Tlaxcala, cuya actividad predominante es la agricultura de maíz de temporal. El maíz es su vida y esencia sin el cual el cual el pueblo yuhmu no existiría.

 

Jorge Guevara Hernández, investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), Jorge Guevara Hernández, describe rasgos de la cosmogonía yuhmu de la muerte, ante un atento público que lo escuchaba y veía en el recién lustrado Museo de la Memoria de la capital tlaxcalteca.

 

Guevara lleva a su auditorio a un fugaz recorrido por el pueblo de Ixtenco: la iglesia en el centro y el cementerio al norte… porque conciben la vida al norte”. Son enterrados con los pies al oriente, para ver la salida del sol. Hay un área para enterrar adultos y otra para infantes; hay un área para enterrar indígenas y otra para lo que ellos llaman “la gente de razón”, que son quienes no se asumen como indígenas.

 

Las procesiones que se realizan en el pueblo, como la fiesta patronal y otra en honor a la virgen del Carmen, no llegan hasta el cementerio… “y las procesiones van marcando los territorios simbólicos y marcan muchas cosas. Pues el cementerio está considerado algo fuera, algo ajeno al pueblo y a los vivos”.

 

La cosmogonía celestial yuhmu identifica al sol como el padre y a la luna como la madre. El padre dota de energía y la madre sustenta. “Nótese que no estamos diciendo que la tierra es la madre, estamos diciendo que la luna es la madre”, porque toda esta cosmovisión está relacionada con el cultivo del maíz.

 

Aparentemente separado, todo sin embargo tiene ligas con todo. El volcán la Malinche es esposa de otro volcán, el Citlaltépetl o Pico de Orizaba. “Volcanes humanizados es algo extraño para nuestra cultura moderna occidental positivista, pero los nativos también dan a la montaña atributos de persona”. Su creencia indica que en el interior de la Malinche hay agua, frutos y legumbres en abundancia. La Malinches es, entonces, la diosa de las aguas y se transforma en lluvia y en serpiente.

 

Jorge Guevara recalca la simbolización vista: “Ya son cuatro significados juntos: Montaña, diosa, agua y serpiente”.

 

Y añade sorpresas: vista desde San Isidro Buensuceso la Malinche tiene otra cara, mucho más cercana a una forma de mujer. Incluso tiene una fractura que los nativos llaman ‘la vagina’ de La Malinche.

 

Por otra parte, en cuanto a su concepción de la agricultura, los otomíes o yuhmu dividen el año en un predominio alternado de dos elementos naturales: el fuego y el agua, que equivalen al sol y la lluvia. El periodo del agua abarca del primero de mayo al 31 de octubre. Las aguas de la lluvia –dicen ellos- salen de la Malinche formando nubes que después se dispersarán para soltar el líquido celestial.

 

El periodo del fuego va del primero de noviembre al 30 de abril. El sol es el representante por excelencia del fuego.

 

Por tanto, para los otomíes el año ritual se divide en tres ciclos: el dedicado al fuego, que va del 2 de febrero al 30 de abril; el dedicado al agua, que va del primero de mayo al 31 de noviembre; y el dedicado a la reciprocidad comunal, que es del 2 de noviembre al 2 de febrero.

 

En el año los otomís realizan una serie de rituales que son dedicados al fuego, dedicados al agua o dedicados a intercambiar cosas entre ellos, por eso es reciprocidad.

 

Y es necesario recordar que el 2 de noviembre se intercambian las ofrendas, desde ahí empieza ese ciclo. “Recordemos que el 2 de febrero se intercambian tamales y atole… todo va ligado”.

 

Con precisión de relojero, o de tiempero, en el nacimiento del maíz este pueblo interpreta un acontecimiento astronómico que ocurre el 2 de febrero: a las 6:15 el sol sale y fertiliza el Pico de Orizaba; “el Pico de Orizaba que regularmente se ve blanco por la nieve, a esa hora se ve rojo y ellos interpretan que el sol que está saliendo está fertilizando al Pico de Orizaba”. Se trata del sol de invierno al que llaman “el sol chiquito” y curiosamente la iglesia católica celebra “el nacimiento de Cristo”. “Es un paso de la equivalencia del sol a Cristo”.

 

Y cuando el 2 de febrero aparece el sol, ya no es el sol chiquito, es el sol joven, el sol lleno de fertilidad, de fuerza, de potencia. Por eso se dice que ese día empieza fertilizando al Pico de Orizaba.

 

Luego, a las 6:45 fertiliza a la Malinche. “Ellos empiezan a hablarnos de una fertilización cósmica… cuando uno ve la vagina de la Malinche, a esa hora se pone roja, igual que minutos antes el Pico de Orizaba… Y eso ellos lo atribuyen a que el sol fertilizó a la Malinche”.

 

Ahí concluye la fertilización cósmica. El sol ya dio vida al universo.

 

A las 9:15, justo cuando el sacerdote, después de la misa de las 8, está saliendo a bendecir los canastos de las semillas. A esa hora el Pico de Orizaba fertiliza a la Malinche.

 

¿Cómo se ve?

 

A las 9:10 la Malinche se ve asoleada y todo, pero cinco minutos después, a las 9:15, la Malinche se ve cubierta con una sombra que le está proyectando el Pico de Orizaba. El Pico está cubriendo con su sombra a la Malinche; en otros términos, dicen que la está fertilizando y con ello ocurre la fertilización de la naturaleza.

 

Primero el sol fertilizó todo… después los volcanes fertilizan todo.

 

Por eso a las 9:15 se bendice con agua la semilla de maíz y otras semillas… así como a los niños Dios que llevan las personas: “Es esta la otra identificación: Niño Dios igual a semilla de maíz”. Somos nosotros hijos del maíz.

 

Después de semana santa, un día antes de sembrar los granos de maíz, en luna creciente o luna llena se remojan, se escurren y se colocan a la luz de Venus, que en ese tiempo aparece como lucero vespertino... entonces se completa el ciclo: el sol fertilizó al maíz el 2 de febrero y luego la luna, la esposa, le termina de dar esa fertilidad. La empieza a guardar con Venus, y entonces se entierra el maíz.

 

“La cosmogonía de la persona: persona y maíz son la misma cosa, ontológicamente”, recalca Guevara. El maíz es enterrado para que dé frutos, se esconde en la tierra, es cuidado por la luna o por Venus, el acompañante del sol durante su travesía nocturna, que después es acompañante diurno cuando se vuelve lucero vespertino.

 

La persona muerta también se entierra como si fuera un grano de maíz. “Los dos vamos a la tierra, los dos somos enterrados. Cuando se muere, ellos dicen que el ánima se convierte en pájaro y se traslada a La Malinche. Aparece como mariposa a finales de septiembre, como recordatorio de la fiesta de los difuntos; es una mariposa gris que empieza a aparecer en el pueblo y ellos dicen que es el ánima de los difuntos, que nos viene a recordar que ya se acerca su fiesta y hay que empezar a cosechar, a guardar dinero…”.

 

Tres conclusiones de Jorge Guevara: una persona tiene cuerpo-mente y alma-espíritu. Ellos creen que el alma va y regresa, a diferencia de le fe católica. En La Malinche está el cielo.

 

Además, hay supramundo, que en este caso es la montaña. Hay un mundo, que es donde habitamos. Hay un inframundo bajo la tierra. Esta estratificación es visible en las ofrendas que ponen a sus muertos.

 

En el primer nivel de la ofrenda, el supramundo, ponen imágenes de santos, cristos, vírgenes y fuego. En el segundo nivel, el mundo, ponen frutos, comida y bebida. En el tercer nivel, el inframundo, ponen fuego, agua y cosas que nos hablan de los tres niveles.

 

En un recuento: los ancestros muertos ayudan a cuidar la siembra de sus descendientes. Si el muerto está enterrado, está viviendo en el inframundo y él va a cuidar la semilla que depositemos, porque estar en el inframundo les permite el acceso al agua de la lluvia. Para ellos el agua no viene de arriba, viene de abajo, está adentro de la montaña; sube como nube y luego baja. Por eso ofrenda de las primicias de la cosecha el 2 de noviembre, es a quien ayudó a lograrla: a los ancestros, no a los muertos.

 

Por eso el 2 de noviembre se visitan a los ancestros de linaje, no a todos los difuntos. “Y cuando vamos al panteón, vamos a ver a nuestros familiares, a nuestros ancestros, no a todos los muertos… por eso lo correcto es la fiesta de los ancestros”.

 

Por otra parte, el alma o ánima se separa en el momento de la muerte, por eso se coloca una cruz donde falleció fuera de su hogar, este es otro rasgo totalmente mesoamericano.

 

En el ritual mesoamericano se festeja primero a los que murieron por accidente o ahogamiento; después a los infantes bautizados de los no bautizados y finalmente a los adultos. La mayoría de los pueblos indígenas tienen este ciclo.

 

 

 

 

 

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