Se consolida el teatro en Tlaxcala

Fernando de Ita interroga a Ricardo Pérez Quitt

José Luis Puga Sánchez
 
   
 
 
Teatro Xicohténcatl

La evolución del teatro en Tlaxcala día a día demuestra la solidez de sus pasos. He sido testigo de su desarrollo los últimos 30 años. Recientemente un grupo tlaxcalteca representó a toda la región centro del país en la muestra nacional de teatro. Considero que es un parámetro para decir que el teatro en Tlaxcala da un paso bien importante para ser representativo de toda una región, no solamente de Tlaxcala… y esto es maravilloso.

 

Ricardo Pérez Quitt hace 30 años llegó para trabajar en la Secretaría de Extensión Universitaria de la Universidad Autónoma de Tlaxcala (UAT), desde entonces ha ido varias veces por breces periodos, pero nunca se ha desligado del todo. Es dramaturgo por vocación y enraizado siempre en los escenarios. Hoy desde su cargo de coordinador del Centro de las Artes tiene frente a sí a Fernando de Ita, un crítico y periodista de viejo cuño curtido ya en la liga de los golpes verdaderos durante su paso por La Jornada, UnoMásUno, Excélsior, Reforma y El Financiero.

 

Poblano todo él, según consigna su acta de vocación, Pérez Quitt habla, también, del teatro en el estado de al lado. Dice verlo altamente congestionado debido fundamentalmente al gran número y amplitud de las expresiones escénicas no solamente en la capital, sino que también han abarcado gran parte del interior del estado. “En Atlixco tenemos un teatro donde son necios y tercos y siguen cosechando un público mínimo, pero ahí están haciendo teatro. Vas a Teziutlán y pasa lo mismo. En Cholula está pasando lo mismo. Fui maestro en la UDLA y tenemos ahí ya muchas expresiones, independientes y no independientes, del teatro. Creo que también tiene que ver con la población. De acuerdo a Inegi Puebla tiene más de 4.5 millones de habitantes, Y en estos momentos en Puebla el teatro está recargado con gente muy joven”.

 

Un bipolar Fernando de Ita, porque a ratos lo apapacha y en otros le interroga, pregunta a Pérez Quitt sobre la experiencia que le han dejado 40 años de dramaturgo… y Quitt recuerda aquella su muy lejana primera beca, la Salvador Novo, como punto de partida en su camino bordeado de frutos limpios y frescos, pero también de hierbas urticantes.

 

De Ita insiste, quiere saber, despejar incógnitas, llenar vacíos, aclarar cuentas: Tengo una pregunta para tu generación. Yo les decía a ustedes la generación perdida porque son discípulos de los grandes maestros que fueron alumnos de (Rodolfo) Usigli, y entonces esos grandes maestros, así como a Usigli le fue muy mal como dramaturgo porque realmente solo tuvo un éxito de público y muy pocos de la crítica, a sus alumnos Magaña… la santa trinidad: Magaña, Carballido y Arguelles… Leñero está en otro lugar. A ustedes de alguna forma la sombra de ellos les pesó demasiado y cuando ustedes comienzan a hacer su teatro ya es el imperio del director. Estaban los grandes maestros como figuras dramáticas y los directores como dueños del presupuesto… y ustedes en medio. ¿Esa es una de las razones por las que no tuvieron la difusión, el reconocimiento, el público que necesitaban?

 

Ricardo reconoce el halo de aplastante luz que sobre su generación arrojó esa triada de maestros. Y blande un ejemplo: Carballido muy joven debutó en el propio Palacio de Bellas Artes, con la presencia del presidente de la república. Pérez Quitt explica así que su reacción de defensa, de sobrevivencia, haya sido bregar desde sus propias trincheras, desde sus lugares de origen. “No había un teatro ni tampoco los medios para conectar con otros dramaturgos. Éramos dramaturgos solitarios y teníamos que luchar contra el visto bueno del director. Justamente era el imperio del director de escena y no solamente en la puesta en escena, sino también en cuanto al mandato oficial. Estaban los directores manejando prácticamente los departamentos”.

 

Fernando de Ita revira: Pero ustedes tenían el apoyo de Carballido, por ejemplo. Sin embargo, a pesar de ese respaldo no tuvieron teatros importantes, no tuvieron públicos importantes y a pesar de todo siguieron escribiendo teatro. Tengo la impresión, déjame ser sincero, de que ustedes también tuvieron la culpa en este sentido: comenzaron escribiendo demasiado parecido a sus maestros y además literatura dramática, realmente no teatro como ahora lo escribes, que ya es un teatro pensado para el escenario.

 

Era la estructura dictada por los maestros, era teatro de autor –explica Pérez Quitt-. Las influencias de Europa, del absurdo, las manejaban en ese momento Jodorowsky o Héctor Azar, que también eran dos lumbreras enormes. Sin embargo, el teatro mexicano, por identidad, se arraigó mucho en Carballido y en Arguelles, y posteriormente, como un documento de la realidad misma, en Vicente Leñero. Entonces nosotros éramos como una isla; unos por aquí, otros por allá. Además, no había Fonca ni tampoco Conaculta o Secretaría de Cultura. No teníamos el apoyo institucional. Era hacer puestas en escena con lo que tenías en casa y con uno que otro mecenas, que eran muy pocos.

 

Y el poblano avecindado en Tlaxcala por un tiempo preciso e incierto, coincide con el crítico en el impacto de Héctor Azar en sus contemporáneos. “Era ampliamente reconocido y tenía un carácter personal muy fuerte y entonces era el maestro que siempre tenía, digamos, la vara del membrillo sobre el pupitre. Sí, crecimos bajo un trauma ante esta severa disciplina; no era solamente una disciplina, era una severidad de hacer las cosas. En contraparte, los maestros eran completamente puntuales. Cuando un director de escena te decía: ¡a escena!… era al escenario. No como ahora, que el maestro tiene que gritar tres, cuatro veces”.

 

Ricardo Pérez Quitt fue parte de un grupo que conmovió el teatro poblano: los Novo, los extintos Marco Castillo, Víctor Puebla y el propio Quitt... Y curiosamente –le frota De Ita- tú eras el único que no era gay. Lo menciono porque de alguna manera era un teatro gay. En los años 80 y 90 escandalizó al público poblano, porque ustedes eran muy descarados. ¿Por qué no siguió ese movimiento que de alguna forma trastocó el teatro poblano?

 

Y Ricardo confiesa su despreocupación: A mí no me molestaba que nosotros hiciéramos el gay power en el teatro poblano, porque lo renovó. En Puebla se hacían melodramas muy antiguos. Se hacía un teatro español de muy principios del siglo 20. Entonces cuando nosotros hicimos una propuesta de volver con textos clásicos y representados no solamente por mujeres, sino en la mayoría por hombres, esto era como una piedra en el zapato para las conciencias, pero tuvimos nuestro público, formamos un público y fuimos un teatro independiente que vivió muchos años. Y de ahí nacieron otros teatros independientes.

 

Su tipo de teatro, su posición, su lenguaje, sus técnicas y tácticas arrojaron sobre Pérez Quitt y su grupo generacional una andanada de presiones, de hostigamiento. Y sin teatros, sin difusión y casi sin públicos se mantuvieron en la brega, a pesar incluso del arribo de los famosos de la nueva dramaturgia mexicana quienes sí paladearon apoyos y tuvieron teatros a su disposición. ¿Fuera de desencantos y decepciones, qué los movió?, interroga Fernando de Ita.

 

Necesidad y pasión, contesta Ricardo. Esa fue la primera motivación, pero también porque fue becario de la primera generación del Fonca. “Fuimos compañeros tú (Fernando de Ita) y yo en el sistema nacional de creadores por seis años, que ahora solamente son tres. De todo eso tengo hijos mayores que fueron a la universidad… tenía que vivir del teatro. Fue bastante penoso, pero los chicos son profesionistas ahora. Fue la necesidad, la pasión y los apoyos institucionales como las becas, donde no tenías nada asegurado porque tenías que presentar proyecto como cualquier otro. Era una cuestión de trayectoria y de suerte, finalmente”.

 

Pero no, al correr del tiempo Ricardo Pérez Quitt no ha podido vivir del teatro. “He formado una familia porque la mayor parte de mi vida he sido funcionario. Fui funcionario en el gobierno de Puebla, he sido funcionario aquí en Tlaxcala, he sido funcionario en mi ciudad natal. Tengo muchos años gestando la cultura con un sueldo fijo. Fui maestro retirado por tiempo de trabajo en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, pasé por la ENAP (Escuela Nacional de Artes Plásticas) mucho tiempo y he sido maestro en el extranjero, todo para sostenerme”.

 

Gestor, dramaturgo y funcionario, posiciones que pueden, en cierto momento, entrar en conflicto: el funcionario trata de tapar los problemas, el dramaturgo busca reflejar su realidad y el gestor en medio de las dos aguas. ¿Se puede cruzar el pantano y no mancharse?

 

¿No ha molestado a la libertad de tu voz este oficio de funcionario?, suelta el crítico… y el dramaturgo-funcionario responde: Sí. Ser funcionario te quita mucho tiempo para la creatividad y la libertad de muchas cosas. Sin embargo, cuando soy funcionario soy funcionario porque vivo del presupuesto y tengo que gestar la cultura… y a veces recargarme en el teatro que me ha valido mucha crítica porque dicen que solamente me recargo en el teatro, pero es la naturaleza; si fuera poeta me recargaría tal vez en ella. Entonces sí es molesto, pero a la vez te asegura en un tiempo posterior dedicarte a tu obra, porque también me he dedicado a mi obra.

 

40 años de transitar en el teatro; cuatro décadas de dramaturgia; hay periodos y necesariamente algo ha cambiado en el interior de Quitt: Por supuesto que tengo periodos. Veo mi primer teatro y a veces no puedo dormir de pensar en lo que escribí, pero me valieron becas en su momento. Yo nací en una ciudad con bastante matiz dramático: las luchas sindicales, las fiestas carnavalescas y sobre todo el imperio de la política, porque teníamos a un cacique tremendo, era un cacique que controlaba toda la región. Todo eso fue acusado en mis primeras obras de teatro; pensaba que todo eso era el universo, que mi pueblo era el ombligo del mundo, como decía Anton Chejov. Después los viajes, la vagancia, el contacto con otros textos universales, no solamente los clásicos sino contemporáneos, mi preocupación por leer a los griegos actuales, porque todo mundo sabe de la dramaturgia griega clásica, pero no qué están haciendo los griegos, qué están haciendo los holandeses. Sí creo que ha habido un cambio hacia mi teatro actual.

 

Agoniza el 2016 y el periodo de incertidumbre regresa a la sociedad tlaxcalteca. Ricardo Pérez Quitt, los teatreros locales, los practicantes artísticos, la sociedad toda, educada así, espera el relevo gubernamental.

 

Es el reino de la inseguridad… para los inseguros.

 

 

 

contacto: piedra.de.toque@live.com

 

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