Elena Garro y el 68

Rafael Cabrera *
 
   
 
 
Elena Garro en el 97

 

Mi acercamiento a Elena Garro ha sido más desde el periodismo, no tanto por la parte literaria. Mi acercamiento es para entender un poco su figura pública. Ella es un personaje bastante polémico.

 

Mi acercamiento a Elena fue por la música. El primer disco de Julieta Venegas, en el 97, tiene muchísimas letras que están basadas en Elena Garro: una canción que se llama “Andamos huyendo”, básicamente basada en ‘Andamos huyendo, Lola”; “Recuerdo perdido”… hay muchas, muchas referencias en ese disco. Café Tacuba tiene una canción que es sobre “Los recuerdos del porvenir” que es “Ixtepec”, que no es tan famosa como “Las batallas en el desierto”.

 

Antes era muy difícil conseguir libros de ella. El Fondo de Cultura Económica, la librería más grande de México, no tenía a Elena Garro y hasta hace unos diez años que editan sus obras escogidas, no las obras completas, es que saldan una gran deuda histórica con la escritora. Son tres volúmenes: uno de teatro, otro de novela y el tercero de cuentos.

 

El gran hoyo negro en la vida de Elena Garro es el 68. Es una cuestión muy polémica sobre la que no había mucha información, sólo vagas referencias… y por eso hice mi tesis de licenciatura sobre Elena Garro y el 68, para tratar de entender a detalle lo que había pasado… y me encontré con una especie de rompecabezas regado por todas partes: que ella había mentido en muchas cosas, otras las había disfrazado, había dejado como pistas cosas reales en su obra literaria, en sus diarios había puesto cosas no tan precisas, en las entrevistas daba una versión contraria… es un personaje muy, muy difícil en cuanto a reconstruir como figura pública. Y a mí me interesa la figura pública en cuanto a su acercamiento político y como fluyó en su obra.

 

Hay un montón de chismes sobre ella y siempre está la obsesión de que es la esposa de… Y esa es una visión horrible. Nunca decimos Octavio Paz, el esposo de… Siempre ella queda a la sombra y es una visión bastante reduccionista y misógina de ver a una autora de ese tamaño.

 

Siento que hay muchos vacíos aún para entender la profundidad de su obra. Falta por ver la filosofía: hay muchas cuestiones filosóficas en su obra. El misticismo: hay cosas muy orientales, de budismo, en su obra. La filosofía del lenguaje… hay un montón de ramas por entender. El concepto de la luz, que siempre está en su obra. Lo que más ha tratado es el tiempo y la memoria que básicamente son como los grandes personajes de Elena, más allá de los Moncada en ‘Los recuerdos del porvenir’, o ella misma en ‘La semana de colores’, para mí el gran personaje de Elena Garro es el tiempo en toda su forma, en toda su dimensión: un tiempo lineal, un tiempo cíclico, un tiempo que se acaba, un tiempo infinito…

 

Ella lo decía en una entrevista en 1964 a un periodista llamado Joseph Sommers, cuando acababa de publicar ‘Los recuerdos del porvenir’. La entrevista se publica en el libro ’26 autoras del México actual’ publicado en el 67. Ahí Elena habla de toda su formación y habla de esta cuestión del tiempo. Ella explica que en su casa se hablaba mucho de la relatividad, de Einstein y de las formas de ver el tiempo. El papá de Elena es algo muy raro: iba a ser cura en España pero muere el papá, el abuelo de Elena, y la mamá saca del monasterio a José Antonio Garro, el papá de Elena, y a Bonifacio, el tío, quienes ahora se dedican a la arquitectura, pero además son orientalistas, son ocultistas, estudian filosofía, estudian misticismo. El papá de Elena fue muy cercano a Francisco I. Madero. Se conocen en México porque eran de esos grupos como ocultistas que tanto gustaban al presidente Madero.

 

Cuenta Elena que una vez que matan a Francisco I. Madero, su papá es uno de los pocos que ayudan a enterrarlo, incluso ayudaron a ocultar a doña Sara, la viuda de Madero, en la embajada de Japón, quien les ayudaría por otro lado. Se va de México y el papá, por miedo, se las lleva a España un tiempo y ahí es concebida Elena, en un pueblito de Asturias. Ahí los papás de Elena se pelean; la mamá toma a la hija mayor, Debaki, regresa a México y el parto de Elena la agarra a la altura de Puebla. En realidad decir que Elena Garro es poblana, es un accidente; ella pudo haber nacido en España, en el barco, en la parada que hizo el barco en Cuba, en Veracruz, o… Y eso habla mucho de Elena, nunca tuvo un lugar, el suyo fue un destino errante totalmente.

 

Se cuenta que el papá tuvo una visión y un espíritu le dijo que se fueran a Iguala, Guerrero, y por eso viven ahí. Podemos decir, entonces, que Elena es de Iguala. Puebla es un accidente en su biografía; ahí estuvo como un mes y la registran ahí. Ella nace el 11 de diciembre de 1916 y la registran hasta febrero de 1917 en Puebla, por eso hay muchas confusiones.

 

Elena recrea, en la entrevista con Joseph Sommers, el concepto prehispánico del tiempo finito, que sí se acababa el tiempo para ellos, en contraste con la visión católica del tiempo eterno, infinito, y la parte orientalista que decía que como somos vamos a ser y fuimos, que es como un juego de espejos. Y eso está en ‘Los recuerdos del porvenir’. Es una cuestión del tiempo muy complicada, inclusive el tiempo interior en cada uno que nos lleva a la memoria. Toda esa complejidad no se ha estudiado, o al menos no lo he visto.

 

Cuando empiezo a ver la parte pública de Elena, que es la parte que más he estudiado, está regada por todos lados. Octavio Paz es un personaje mucho más fácil de revisar en su vida pública, es un personaje de mundo muy lineal… Elena es el gran reto.

 

Nunca fue funcionaria pública, nunca tuvo un cargo, nunca fue profesora, nunca tuvo un programa de radio, nada. Es como si todas sus piezas estuvieran regadas. Hay unas piezas muy importantes en el Archivo Histórico de la Cancillería, pero es a través de Octavio Paz. Ahí está, por ejemplo, su carta de naturalización mexicana, un documento del que casi no se ha hablado. Como era gachupina, padre español, madre mexicana, ella llegó a tener muchos problemas porque era como mexicana por matrimonio y ella lo rechazaba. “No, soy mexicana”, reclamaba esa cierta discriminación que decía ver.

 

En algún momento en los 40 tuvo que renunciar a su nacionalidad española, ya como adulta; decir que ella no servía al reino español, porque es una monarquía, y que ella se aceptaba como mexicana totalmente.

 

Pero ella moriría como española. Tuvo que renunciar a su nacionalidad mexicana para de algún modo… como vivió en España y pasó ahí unos años muy difíciles, tuvo que aceptarse como española para tener un pasaporte y tener beneficios legales, para tener un lugar de algún modo.

 

Otro documento muy importante en la Cancillería es sobre cómo surge ‘Los recuerdos del porvenir’. Ella se casa con Octavio Paz en el 37 y estuvieron en Estados Unidos, en Francia, en Suiza y en un momento mandan a Octavio Paz a La India y ella se queda en Francia con la niña, con Helena Paz Garro, y a Octavio Paz lo nombran para que sea el encargado de negocios de la embajada en Japón. México rompe relaciones con Japón como parte de la segunda guerra mundial y hacia el 52 el gobierno de Miguel Alemán dice: “vamos a restablecer relaciones diplomáticas con Japón”. El cargado de despacho o de negocios de la embajada es como el suplente mientras llega el embajador formal.

 

Mandan a Octavio Paz quien pide a Elena que lo alcance. Ella no quería ir. Paz insiste e insiste, le mandaba telegramas como ordenándole que fuera y con los boletos de barco. Finalmente ellas parten como por mayo o junio del 52, pero antes tenían que ponerse toda una serie de vacunas y como es un proceso que tarda tres meses, como no podían esperar ya que Octavio desplegaba una gran insistencia, se pusieron las vacunas en diez días y decían que tenían fiebre, estaban mareadas, los doctores regañaban a Elena por estar haciendo eso a su hija. Finalmente hicieron el viaje que incomodó mucho a Elena madre y encantó a Helena chica.

 

Instalados en el Japón carísimo de la posguerra, vivían en un cuarto de hotel porque no podían darse el lujo de un departamento, hotel que además era la sede de la embajada. Elena se empieza a sentir muy mal, dice tener alucinaciones, se le paraliza la mitad del cuerpo y le declaran mielitis, que es una infección muy fuerte de la columna vertebral y le dan dosis muy fuertes de cortisona, cuyos efectos incrementan sus alucinaciones… ella sentía que se iba a morir. Hay una parte en sus diarios donde dice sentir que le están serruchando las piernas, los brazos, que se está volviendo loca.

 

Un doctor japonés, el doctor Fukase, advierte a Octavio Paz que Elena debe abandonar Japón bajo riesgo de incluso morir; le dice que debe ir a Suiza con su clima estable, seco y a cierta altura, donde puede tratarse en algún sanatorio.

 

El secretario particular de Miguel Alemán se enoja porque Paz envía un telegrama directo a Alemán. “Cómo se atreve a molestar al presidente”, refunfuña… y los trámites de traslado de Elena tardar más de dos meses. Curioso es que en todo este periplo Elena Garro nunca es mencionada en su nombre en toda la documentación oficial; siempre es la esposa de… es una sombra de Paz en ese momento, cuando ella se está muriendo.

 

Y en ese momento que ella no es persona… allí emerge como escritora.

 

Un mes después de su llegada a Suiza, un mes después de sólo comer y dormir, Elena empieza a recuperarse y en esa convalecencia escribe ‘Los recuerdos del porvenir’. Los escribe al aventón. Ella escribía muy rápido, los dejaba y después volvía al texto a corregir… Ella en realidad en ese momento como que no se valoraba como escritora. Era como ambivalente: por una parte le enojaba que no se le reconociera y por otro lado había un desdén hacia ella y su obra. La obra la abandona en un baúl, baúl que termina abandonado en Nueva York y que su hermana recoge. Después puso la obra en la estufa, le prendió fuego pero es rescatada por su hija y su sobrino y la guardaron. Ella dice después: “lo remendé y ahí está la obra; en realidad a mí no me interesaba”.

 

‘Los recuerdos del porvenir’ lo escribe en el 53, pero se publica hasta diez años más tarde. Y después se dice que ella es la precursora del realismo mágico, ya que en el 65 sale ‘Cien años de soledad’.

 

Hay que imaginar el impacto que hubiera tenido 12 años antes. En realidad la vida pública de Elena es lo que de algún modo afecta su obra.

 

El libro fue rechazado por muchas editoriales. “No nos interesa lo mágico”, dijo Seix Barral a Elena. Se lo manda a Adolfo Bioy Cazares, que fue como que el gran amor de su vida, quien tampoco lo pudo colocar en Argentina. Dice Elena que ‘Los recuerdos del porvenir’ se publicaron por orden de Octavio Paz a Joaquín Mortiz y después gana el premio Javier Villaurrutia con un jurado donde estaba Octavio Paz.

 

Para ese momento ya estaban divorciados. Ellos hicieron vidas separadas casi desde el inicio. No era una relación estable. Pero es destacable que pese a sus conflictos, Paz pensara que como esposa no la tolera, pero como escritora ahí está. El reconocía su genio literario e interviene.

 

Hay una carta de Paz dirigida a José Bianco, también del grupo de Borges, donde dice que la obra de Elena, su dimensión espiritual, es como un juego pirotécnico y muchos más calificativos en este estilo, para terminar después de muchos años hablando de su obra. "Al menos puedo decir que conocí a un ser extraordinario”.

 

EL 68

 

De acuerdo a los documentos que he estudiado, mi percepción dice que Elena y su hija sí colaboraron con el gobierno de Díaz Ordaz, con Echeverría y con Fernando Gutiérrez Barrios, no tanto como para vender a los intelectuales, aunque ella detestaba a su generación, estaba convencida –era un personaje muy complejo-, como para salvarse ellas mismas… y terminaron arruinadas. No quedaron bien ni con dios ni con el diablo.

 

El 5 de octubre del 68 uno de los líderes del Consejo Nacional de Huelga, Sócrates Campos Lemus, da una conferencia en el Campo Militar No. 1 donde dice que las verdaderas cabezas detrás del movimiento estudiantil son Elena Garro, el político Carlos Madrazo, el exgobernador de Baja California Braulio Maldonado y el secretario particular del presidente López Mateos, Humberto Romero. Ellos dieron dinero, ellos financiaron y tenían el oscuro propósito de derrocar al gobierno mexicano e instalar un gobierno comunista. Una cosa realmente ridícula.

 

Al día siguiente, el domingo 6 de octubre aparece esta versión en los periódicos y se levanta un escándalo. Toda una conspiración. Esta idea refrendaba la posición del gobierno de decir que el movimiento estudiantil quería derrocar al gobierno. No que era una demanda democrática, no que era nada. Era una conspiración, como siempre justificamos todo.

 

En ese momento Elena ya estaba escondida en la casa de una tía política, la segunda esposa del tío Bonifacio, llamada María Collado, una casa que todavía sigue en pie cerca de Paseo de la Reforma (Ciudad de México), en Lisboa 17 está el edificio donde ella tenía un departamento en el segundo piso. Está ahí desde el 29 de septiembre porque ella juró y siempre aseguró que un grupo de hombres trató de matarla en su casa y ellas salieron huyendo.

 

Se esconde ahí, ve los periódicos y se asusta muchísimo. Le habla a Madrazo –eran muy amigos; estaban formando un partido político que se llamaría Patria Nueva-, quien había sido un efímero presidente del PRI en el 65 al ser detenido por Díaz Ordaz en su intento por democratizar la sucesión en su partido. Estamos hablando de un México autoritario totalmente, en un momento en que no había oposición, cuando el PRI controlaba absolutamente todo.

 

Elena y Madrazo acuerdan que darán su versión a la prensa.

 

Y a la prensa Elena dice: “yo no fui. Ese muchacho está loco. Si quieren me careo con Sócrates, que está mintiendo. Sí lo conocí, en algún momento nos reunimos pero nunca le dije que Madrazo fuera la cabeza del movimiento”. Y los periodistas le preguntan: ¿Pero entonces quienes fueron… quienes fueron? No importaba que a los jóvenes los hubieran matado, ni quiénes eran los asesinos, lo importante era decir quiénes habían como arengado a los jóvenes para salir a protestar, como si esa fuera la verdadera parte importante, no quién era el responsable de la matanza.

 

Y Elena respondió: “pues los intelectuales que firmaban desplegados, pregúntenles a ellos porque ellos fueron quienes echaron a los jóvenes a las calles”.

 

Y ahí viene algo más complejo. Al día siguiente Excélsior, Novedades, El Heraldo de México, la mayoría de los diarios publican: Elena Garro culpa a los intelectuales. El problema va en El Universal que dice: “Elena Garro culpa a 500 intelectuales” y además pone nombres. Porque ella dijo los que firmaban desplegados… pero no es lo mismo que digas eso a que digas: fue tal, tal y tal. Y El Universal publica: Rosario Castellanos, Carlos Fuentes, José Luis Cuevas, Leonora Carrington, Carlos Monsiváis, Luis Villoro, Leopoldo Zea… pone todos.

 

Y todo mundo se va contra Elena. La acusan de traidora. Carlos Monsiváis la llamó “la cantante del año”, por delatora. José Luis Cuevas dijo que seguramente había sufrido un ataque súbito de locura.

 

El 7 de noviembre la Dirección Federal de Seguridad, dirigida por Fernando Gutiérrez Barrios, se lleva detenida a Elena Garro y a su hija. Y ahí viene una parte sumamente oscura de su vida. Creo que nunca vamos a poder reconstruir lo que pasó. Se la llevan detenida al hotel Casa Blanca, que está a espaldas del monumento a la Revolución y también a espaldas de la DFS. A Elena y a su hija las meten en un cuarto y ella, en documentos que están en Princeton y en entrevistas, aseguraba que las habían drogado, una droga que utilizaron muchos gobiernos sudamericanos en la época de la guerra sucia que se llama Pentotal, que es una especie de anestesia en que estás como dormido, pero eres capaz de responder si te interrogan. Justamente la usaban para interrogatorios. No hay manera de comprobar que eso haya sucedido, no hay documentos, pero esa es la versión de Elena.

 

“Tuvimos alucinaciones, ataques de pánico, perdimos peso, a veces nos despertábamos y veíamos a Gutiérrez Barrios que nos estaba observando en la noche”. Dice que las dos estuvieron como un mes encerradas. Y ahí viene la parte más complicada.

 

Cuando Octavio Paz se entera de esto, renuncia al cargo de embajador de México en La India, pero -ahora sabemos- sigue formando parte del gobierno mexicano; era un diplomático de carrera. Y siguió cobrando muchos años… como hasta el 72 o el 74. Ese es el gran gesto, el que lo encumbra como el gran intelectual y poeta de México, más que por su obra.

 

Por otro lado, su hija y su esposa se vuelven como colaboradoras del gobierno mexicano.

 

Elena mandó una carta a Bioy Cázares y a Borges pidiendo que por favor enviaran un telegrama en apoyo al gobierno de Díaz Ordaz, porque la conjura comunista quería apropiarse de México… y ellos cayeron. El telegrama ahí está y en su momento se publicó creo que en Reforma y la revista MX cuando existía, firmado por Bioy Cazares, por Borges, por José Bianco y alguien más.

 

Helena Paz Garro, por su parte, envió un telegrama al escritor alemán Ernst Jünger, a quien consideró siempre su padre espiritual, más que Octavio Paz, de quien se sintió mal tratada, pidiéndole también envié un telegrama en apoyo al gobierno mexicano porque la conjura comunista bla, bla, bla. Jünger la ignoró, no era político.

 

Hubo entonces cierto colaboracionismo de las Garro, pero a cambio de nada en realidad. Elena Garro llegó a decir que la Dirección Federal de Seguridad le ofrecía una casa si decía que Carlos Madrazo había sido el verdadero autor del 68. Ella dijo que no, “es mi amigo” y es algo totalmente falso. Y no lo hizo.

 

El 23 de noviembre aparece una carta en El Universal de Helena Paz Garro criticando a su padre, diciéndole que es un poeta burgués y obsoleto; diciéndole que todos los intelectuales lo han engañado; que todos sus amigos, sus informantes, o sea Fuentes, Castellanos, Cuevas, etcétera, le han mal informado porque en realidad los jóvenes sí eran terroristas, que sí tenían armas. Ellas tenían una visión muy reaccionaria del movimiento estudiantil.

 

Como contexto, días antes, el 17 o el 22 de agosto, cuando el movimiento estudiantil estaba en su fase más fuerte, Elena Garro publica un artículo que se llama ‘El complot de los cobardes’, en esos términos, en La Revista de América, una revista muy pequeñita. Ahí ella dice que todo fue un complot de los intelectuales que quieren ganar prestigio porque quieren asegurar sus chambas, y ellos están usando a los estudiantes como carne de cañón, ellos los está usando para que implementen sus ideas anarquistas.

 

Era muy ambigua: en sus ideas era muy conservadora, pero en su obra era como revolucionaria. Es un personaje muy complejo difícil de clasificar.

 

Cuando Helena Paz Garro publica esta carta en El Universal, de algún modo estaba vendiendo a su padre. Queda muy mal parada Helena Paz… y fue todavía mucho más complejo. En el Archivo General de la Nación hay una caja de documentos donde está el original de la carta porque era como si… si estás detenida en un hotel, cómo es que la escribiste; si te tiene detenida la policía secreta, cómo es que haces llegar esta carta a El Universal. Ella siempre se sintió orgullosa de esa carta y dijo que se la entregó a alguien muy cercano al presidente Echeverría. No hay duda que fue Gutiérrez Barios, no hay otra forma.

 

Hay una tarjeta, elaborada por la Dirección Federal de Seguridad, en la que dice: Señor, sería conveniente que se dijera que Helena Paz no está en un hotel, sino en algún domicilio vinculado a sus familiares.

 

Cuando uno lee El Universal, la introducción a la carta, redactada por la redacción del periódico, dice: El Universal obtuvo en exclusiva -una cosa así súper amarillista- de manos de Helena Paz esta carta, porque está escondida en el rancho de uno de sus familiares…

 

Obviamente el gobierno intervino. El gobierno fue el que llevó la carta a El Universal para que se publicara. Y en el Archivo General de la Nación están todos los originales, además firmados por Helena: uno escrito a mano, otros en máquina de escribir y uno en francés, corregido a mano por ella. Y otros artículos que después se publicarían, todos contra los intelectuales, contra el rector de la UNAM, contra su papá. Mi interpretación es que ellas sí colaboran porque sí estaban convencidas de que el movimiento estudiantil sí era contra el gobierno, que era antimexicano, llegó a decir Helena Paz… y de algún modo era para salvarse.

 

Muchos años después ella dio dos entrevistas: al periodista José Luis Mejías, de El Universal, que tenía una columna llamada Los intocables, a quien Helena Paz dice: Fuentes alguna vez me acusó de que me dieron millones de pesos por esa carta; ojalá me los hubieran dado porque nos estamos muriendo de hambre. Yo le di esa carta a alguien muy cercano al presidente Echeverría. -Pero a quién, interrogó el periodista. Juré no decirlo jamás. Se llevó el secreto a la tumba.

 

En 1980 da una muy buena entrevista a Carlos Landeros, periodista escritor, que se publica en la revista Siempre, que se llama ‘En las garras de las dos Elenas’. Es cuando Elena regresa a publicar; cuando va saliendo ‘Lola’, ‘Mariana’, ‘La casa junto al río’. Es la época de España, la peor época, los 70 son la década negra para ella. Y ella cuenta que cuando Díaz Ordaz leyó su carta, “pegó de brincos”, estaba tan feliz con esa carta porque de algún modo reforzaba esa idea de que los intelectuales eran el enemigo de México.

 

En los 70 ella fue a ver a Díaz Ordaz, por recomendación del pintor Juan Soriano, muy amigo de ellas, y Díaz Ordaz le dijo: Elenita, sino hubiera sido por su carta, yo le hubiera dado 30 años de cárcel a su mamá. Y Elena Paz dijo: sí, total me insultaron, me dijeron cosas horribles, pero yo salvé a mi mamá de la cárcel con esa carta, que de algún modo fue como propaganda.

 

Porque además la carta el gobierno mexicano la utilizó totalmente como propaganda. La mandó a imprimir en unos folletines muy lujosos –están en el Archivo General de la Nación en francés, inglés y español- y la mandaron a todas las embajadas de México para que se repartieran, para decir: vean, la hija del gran poeta que renunció porque disque matamos estudiantes, lo critica, le dice que es un imbécil, básicamente.

 

Pusieron a la carta unas ilustraciones muy bonitas de finales del siglo XIX, de un artista inglés, como burlándose de los intelectuales, como ridiculizándolos, El folletín fue impreso por una editorial que se llamó Siglo XXXII Editores, que no existe, nunca existió, es una editorial fantasma. Lo que ellos hicieron fue replicar el logo y la tipografía de Siglo XXI Editores, para ser Siglo XXXII, solamente le pusieron otra equis y otro palito. Sergio Aguayo encontró unos documentos donde se ve que Gobernación pagó esa impresión a una empresa que se llama Hermanos Morales o algo así. Ellos formaron una editorial fantasma para crear este efecto propaganda para difundir un rumor.

 

Pero se sabe que atrás de Díaz Ordaz estaba el filósofo poblano Emilio Uranga, quien estudió en Alemania hasta su doctorado. Él fue el gran pensador detrás de Gustavo Díaz Ordaz, quien le aconseja orientar hacia los intelectuales la responsabilidad del movimiento del 68. Él también fue quien escribió ‘El móndrigo’, un supuesto diario que difamaba al movimiento.

 

Fue un conflicto en muchos niveles. Jorge Volpi lo dice bien en su libro sobre el 68: Eran varias generaciones de intelectuales atacándose entre ellos, discutiendo entre ellos, delatándose entre ellos. Filósofos, politólogos, escritores, artistas… es una cosa muy compleja que finalmente todavía no sabemos hasta qué grado llegó. Hay muchos papeles en el Archivo General de la Nación que involucran a Fuentes, que involucran a… todo el mundo. Todo mundo se dio con todo en esa época.

 

El problema con Elena es que, después de esta carta que publica su hija, queda en el total desprestigio. El gobierno federal la utilizó y la dejó. Pero ella, como ya dije, estaba convencida de que los intelectuales estaban detrás del movimiento. Ella en realidad despreciaba a toda su generación, Hay una carta que escribe en el 66 al escritor argentino José Bianco, donde le dice: he llegado a convencerme de que a pesar de la náusea que me causa la obra de Fuentes, Castellanos, Monsiváis, Piazza y demás, deben ser unos genios porque aquí los alaban y además tienen muchas buenas chambas, aparecen en la radio, en la televisión, en las revistas y yo no estoy en esa línea política.

 

En otra entrevista que da a Elena Poniatowska en Francia, publicada en agosto-septiembre del 62 en Novedades, ahí Elena dice: Los escritores mexicanos son gritones más o menos bien pagados. Todos tienen chamba, o la han tenido o la tendrán en el gobierno mexicano. Y Elena Poniatowska le dice: bueno, pues al menos son de izquierda. Y Elena Garro le contesta: de qué sirve que sean de izquierda si básicamente trabajan para el gobierno, si nada más es como una contradicción su obra; a mí me dan mucha lástima los escritores mexicanos porque sólo son unos junta palabras, no han logrado crear una gran idea, solamente bonitos pensamientos.

 

Ella tenía sistemáticamente un desdén hacia todo el panorama. Mexicanos solamente respetaba a Juan Rulfo, a Juan de la Cabada –uno de sus grandes amigos de toda la vida- y a Octavio Paz… otras veces llegó a decir que también tenía estima hacia Guadalupe Dueñas y Amparo Dávila. Dijo que ellas tenían el verdadero talento, pero por presiones políticas o sociales el lugar que deberían tener lo ocupa Elena Poniatowska.

 

Después del 68 la Dirección Federal de Seguridad la suelta y empieza a vivir en hoteles. Es ya un caso su vida, no tiene chamba, no le publican y empieza a vender cosas: sus abrigos de piel, un cuadro muy bonito que le hizo Juan Soriano y varias cosas más. Remató todo. Había dos políticos que la ayudaron mucho comprando sus cosas: Javier Rojo Gómez y Norberto Aguirre Palancares.

 

En los 70 Elena escribió una obra que se llama ‘Sócrates y los gatos’, que es su versión sobre el 68. Estaba tan asustada que por autocensura y miedo se la envió a José Bianco y los herederos de Bianco la regresaron este siglo a Helena Paz para que se publicara. La obra estuvo perdida desde el 70 hasta más o menos 2005, cuando se publica. Más o menos 35 años estuvo perdida esa obra.

 

En el 69 se esconden un corto tiempo en un convento que estaba por el Teatro de los Insurgentes, en la ciudad de México; después en un departamento que rentan en la esquina del convento, de ahí se van al norte, a Monterrey, a Torreón, de ahí a Nueva York, donde otra vez se quedan sin dinero… y regresan. Casi nunca tienen dinero, pero cuando tienen lo consumen apuradamente, en una insensatez absoluta.

 

Elena escribió en sus diarios que un amigo de ella, Raúl Urgelles, “me dijo que me iban a matar. Me asusté tanto que decidí escaparme”. Y otro amigo, José Luis Castillo Sentíes, sobrino del regente capitalino Octavio Sentíes, le prestó un automóvil, un Galaxy 69 color azul metálico, y la pasaron como mojada, como ilegal, por la aduana de Ciudad Juárez.

 

Para entonces a Helena Paz se le había declarado cáncer -llegó a tener cáncer en la matriz y cáncer de seno, estuvo muy enferma un tiempo- y como Elena tenía miedo que le pasara algo en México durante la operación, decidió llevársela.

 

Mudanzas Balderas guardó en sus bodegas todas las cosas de la casa de las Elenas

 

El 28 de septiembre del 72 ellas se escapan, el día de San Miguel

 

Elena solicita asilo en Estados Unidos pero se les niega. Ante la inminencia de ser expulsadas se van a España, donde les va mucho peor y terminan en un albergue de monjas para pordioseros, donde incluso tenían que lavar los baños. Es el 79, el peor año de su vida. Se dice que Elena terminó pidiendo limosna para poder comer, para tener medicinas para la hija. Las rescata el alcalde de Madrid Tierno Galván.

 

Regresan en el 93 y recogen sus enceres almacenados en las bodegas de Mudanzas Balderas… y no pagaron un centavo. Y ahí estaban todos sus diarios de juventud, todos sus libros, sus muebles

 

Hay doce años de silencio de Elena Garro. Lo último que publica es en el 67, la obra de teatro ‘Felipe Ángeles’ y reaparece hasta el 80 con ‘Andamos huyendo, Lola’. De ahí hay un rompimiento en su literatura. En sus inicios era muy solar y ahora se vuelve oscura, todo es persecución, todo es hambre, todo se vuelve muy reiterativo. Mi percepción es que la literatura de Elena Garro es mejor cuando se aleja de la figura de Paz. Cuando se acerca a la figura de Paz y se vuelve como una especie de rendición de cuentas entre ellos, como que se pierde. Pero cuando se aleja de ella, cuando habla de la revolución mexicana, cuando habla del campo, es extraordinaria

 

Aunque en su obra están ausentes la comida, la música y la sexualidad. Era muy conservadora… mocha.

 

Octavio Paz falleció en abril del 98, Elena en agosto del mismo año.

 

 

*  Periodista, escritor del libro ‘La fuga de Elena Garro’ (2016), colaborador de Aristegui Noticias y de HBO Latinoamérica. Ha trabajado en El Universal, en Reforma, revista MX, Animal Político y MVS Noticias. Recibió el Premio Nacional de Periodismo en 2014 y el Premio Gabriel García Márquez de periodismo en 2015, Premio de la Conferencia Latinoamericana de Periodismo de Investigación en 2015, segundo lugar en el Premio de Periodismo Investigativo y de Acceso a la Información en el 2013. Ha publicado en coautoría ‘La casa blanca de Peña Nieto’ (2015), colaboró en el libro ‘El asesinato de Elena Garro’.

 

 

 

contacto: piedra.de.toque@live.com

 

Regresar al inicio de esta página


Diseño y desarrollo: Iomedia