El Centro de las Artes... ¡¡¡It's Alive!!!

José Luis Puga Sánchez
 
   
 
 

 

La idea fue rescatar una ex fábrica, no crear un Centro de las Artes.

 

El Centro de las Artes fue una propuesta de Rafael Tovar y de Teresa.

 

El proyecto está montado sobre una construcción en litigio.

 

No existe aún un proyecto académico profesional que se respete.

 

El gremio artístico en general le ha dado la espalda.

 

Se presume como uno de los tres centros más importantes de la república.

 

El Centro de las Artes de Tlaxcala fue inaugurado el jueves 22 de diciembre por el gobernador Mariano González Zarur. Se contabilizan, al momento, 513 millones de pesos de inversión estatal y federal, pero las adecuaciones y equipamiento prosiguen, motivado por su natural crecimiento pero sobre todo por las serias deficiencias estructurales que Secoduvi infringió al viejo casco, ejemplificadas en la profusión de goteras en diversas áreas y en la inundación que tres o cuatro meses atrás se registró en varias oficinas del ITC, cuya corrección consume presupuesto, tiempo y esfuerzo.

 

Empero, es el acto de gobierno, en cultura, más auto aclamado del sexenio. Es desde ahora nuestro pase al primer nivel en el país, se ha prometido desde dos o tres años atrás.

 

El acto inaugural fue tumultuario, como todo acto político que se precie debe ser. Dilatada profusión de gente en pasillos y salas, gente de la comunidad llevada por la curiosidad, por acompañar a la hija o hijo que toma un taller, gente arrastrada por el morbo de ver al gobernador en su despedida del lugar, gente que tiene alguna historia familiar alrededor de la antigua fábrica, gente que quiere ver gente…

 

Pero ningún funcionario federal presidió el acto, como tanto tiempo esperó el gobernador…

 

Y los artistas, para quienes está destinado el centro especializado (no es de iniciación, por tanto lejos de la plebe), con su ausencia mandaron también un mensaje de desapego, de reproche, de protesta.

 

En el proscenio del más grande de los tres espacios escénicos con que está equipado el inmueble, con capacitad para casi 400 personas, ahí González Zarur relató una vez más la travesía que llevó a puerto el espacio rehabilitado ese día que aglomeraba a tantas personas:

 

Habló de su primer encuentro casual, callejero en la ciudad de México, con Luis Javier Solana, quien con su información de que el gobierno saliente, el de Héctor Ortiz, le estaba urgiendo firmar algo incierto sobre el futuro de la ex fábrica de San Luis Apizaquito adquirida por la administración orticista, habría encendido luces de alerta en González Zarur, gobernador electo en el momento, quien de inmediato pidió a Solana esperar su toma de posesión para formalizar una reunión entre Mariano González y los hermanos Fernando y Luis Javier Solana.

 

Empero, apenas una semana antes y en el mismo Centro de las Artes, durante la presentación del libro ‘Memoria y olvido” que habla sobre la propia fábrica de San Luis Apizaquito, Mariano González iluminó un poco, un poquito más el suceso. Dijo en ese momento que en ese encuentro callejero inicial en la ciudad de México con Luis Javier, este le había dicho que del gobierno del estado (en los últimos momentos de Héctor Ortiz) lo llamaba a firmar “algún documento”, pero como se trataba del fin de una administración, no quería respaldar ninguna modificación. Zarur le habría dicho que no firmara nada, esperara su toma de protesta y platicarían después…

 

… y “qué bueno que no vino a firmar porque les quiero decir que se querían robar el inmueble y que además todavía estamos en el pleito porque aparentemente se tiró una escritura, se falsificó la firma del apoderado legal de los hermanos Solana Morales y estamos todavía en el pleito. Ellos ya se desistieron de que… no se realizó realmente la compra-venta, sin embargo siguen presentando recursos y no podemos terminar con estos juicios interminables. Yo me conduelo verdaderamente de la ciudadanía común y corriente. Si el Ejecutivo de un estado, el gobierno de un estado no logra sacar adelante los problemas jurisdiccionales, pues imagínense ustedes cómo será (para) la ciudadanía común y corriente. Pobre gente”.

 

A Luis Javier Solana Mariano González había prometido: Yo siempre he sido partidario de recuperar las viejas edificaciones. Déjame pensar qué pero sí te prometo que haremos una obra importante en ese inmueble (…) Después, ya platicando con Luis Javier y con Fernando en fechas posteriores, les dije: vamos a tratar de que el Instituto Tlaxcalteca de la Cultura se pase de Tlaxcala a San Luis Apizaquito. Aquí encontré al principio resistencia de algunos de los artistas, de los creadores, dentro del mismo gabinete, que me decían cómo vas a sacar la cultura, es la capital… Pues sí, pero, la capital no tiene traza urbana, la capital su vocación es otra, su vocación es turística, su vocación… tenemos que sacar la cultura y si hay mucha gente que viene de otras partes del estado a la capital, pues van a poder ir al centro del estado, que es Apizaco, van a ir a San Luis Apizaquito que fue anterior a Apizaco”.

 

Y el día de la inauguración Zarur confirmó lo que en anteriores ocasiones había dicho: que su intención no fue crear un Centro de las Artes, su plan de fondo, el real, fue el rescate de casco de la ex fábrica. “Vamos a recuperar esas ruinas que están ahí derivadas de las construcciones de los siglos XVIII, XIX y XX”, y para ello planeaba trasladar el Instituto tlaxcalteca de la Cultura, en ese orden de prioridad y nada más. No se trató de buscar un mejor espacio para el ITC, se buscó la manera de justificar el rescate del viejo casco, la cual había sido ya comprada por el gobierno de Héctor Ortiz.

 

En ese recuento público que el gobernador ha hecho varias veces, como se repitió en el acto inaugural que aquí se reseña, habló de su contacto con Xavier Cortés, patrono de la fundación Conde de Valenciana, quien le pidió ayuda para instalar en Tlaxcala una clínica, que después sería hospital y, si se pudiera, fábrica de lentes intraoculares para comerciar en el país. Con esa idea suceden entonces diversas reuniones donde participan, entre otros, el propio Zarur, Enrique Graue como presidente de la Fundación Conde de Valenciana y hoy rector de la UNAM, y Xavier Cortés, patrono de la misma fundación.

 

Un corte de caja revela que al momento el Centro de las Artes no existía ni en las mentes… Pero la diosa de la casualidad interviene…

 

Las reuniones sirven para acercar a Zarur y a Xavier Cortés, a quien el gobernador confía su intención rehabilitar el viejo casco de la ex fábrica de San Luis Apizaquito y para ello trasladaría al ITC.

 

Cortés le paga la confesión con otra: conocía la ex fábrica porque había participado en un proyecto fallido para construir un hotel en ese mismo viejo casco.

 

Mariano González toma vuelo y busca y logra un convenio con el rector de la UNAM, José Narro. La universidad nacional coordina entonces los trabajos de rehabilitación de la ex fábrica de hilados y tejidos de San Luis Apizaquito.

 

Restaba el siguiente paso, la colaboración del en ese momento Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), que después se transformó en Secretaría de Cultura, pero su titular, Rafael Tovar y de Teresa, condicionó el apoyo a la creación del Centro de las Artes, “pero exactamente por los problemas jurisdiccionales que se tienen (el supuesto intento de robo que días antes había hecho público el gobernador), no me podía apoyar. No me lo dijo abiertamente, pero yo lo entendí, porque todavía está en juicio si es o no propiedad del gobierno del estado”.

 

Esa fue la concepción, la fecundación, no antes… Palabras de Mariano González Zarur.

 

Y el parto fue este diciembre.

 

En el acto de apertura Mariano González nuevamente tildó el espacio como uno de los mejores del país, valoración que sólo puede hacer quien tiene acceso a material privilegiado… y esa posibilidad no está abierta para la inmensa mayoría de los interesados.

 

En todo el proceso es de llamar la atención la presencia infaltable de los hermanos Solana, anclados en su amistad con Mariano González, pero sin motivación legal, legítima o lícita que lo justifique, puesto que el predio y la construcción ya no es de su propiedad y su fin es de interés público. Se trataba, entonces, de convencerlos más a ellos que a la sociedad tlaxcalteca o a la comunidad artística. Fue, finalmente, un acuerdo entre hacendados; se trató de negocios entre terratenientes, por eso los Solana estuvieron siempre ante los micrófonos y a la derecha de Zarur. Ocuparon ellos el espacio que debió corresponder a los artistas, a la sociedad.

 

Así, en todo el proceso y hasta después incluso de la inauguración, nadie ha sido capaz de difundir, así sea esquemáticamente, un programa académico anual, nadie ha fijado los alcances y niveles de la capacitación que ahí se impartirá. La perspectiva de impartir una o dos licenciaturas, bosquejadas por Mariano González uno o dos años atrás, no cristalizaron ya, cuando menos en su administración.

 

Actividades se han registrado en el centro, pero han respondido exclusivamente a la oportunidad, a la celeridad con que se han tomado las opciones que el mercado cultural ofrece, no a un plan preconcebido, no a un diseño académico de largo aliento. Y las actividades realizadas al momento en el Centro de las Artes han correspondido, en su mayoría, a cursos, talleres y diplomados de 40 a 60 horas; dos o tres han sido de mayor duración, pero son la excepción hasta ahora. La coordinación del Centro de las Artes ha buscado sólo responder a las solicitudes de cada espacio y, acaso, sólo podrían señalarse dos actividades como propuestas propias: el diplomado en dramaturgia y el diplomado en narrativa… No más.

 

La colectividad artística desde los primeros rumores del desplazamiento del Instituto Tlaxcalteca de Cultura a Apizaquito dejó sentir, tímidamente, su inconformidad, aunque las redes sociales y el correo de voz funcionaban aceleradamente. Incluso uno de los importantes dramaturgos en el país, Enrique Olmos, ante el cúmulo de malestares que le hicieron llegar por la mudanza, difundió en su página web un llamado a los teatreros tlaxcaltecas a hacer llegar su inconformidad a las autoridades, les conminó a luchar por sus intereses, a no permanecer pasivos. Fue un canto en el desierto… aunque la inconformidad soterrada permanece.

 

Esto fue claramente visible en el acto protocolario de inauguración: artistas, de cualquiera de las disciplinas, se podían contar con los dedos de las manos. El gremio artístico está apartado del Centro de las Artes… Y el día de la inauguración eso fue más que evidente. Alrededor de la comitiva oficial revoloteaba Armando Ahuactzi, pintor de cada sexenio; la teatrera Carmen Rodríguez, importada e incubada desde Palacio; la también teatrera Gloria Miravete, directora académica de La Libertad… y algunos, muy pocos, más…

 

… Y el director del ITC, Willebaldo Herrera, quien debió estar sentado junto al gobernador en la inauguración de un espacio que era su responsabilidad, fue remitido por instrucciones oficiales a la parte más alta y alejada de los reflectores, ahí donde la oscuridad reina, fiel reflejo de su gestión.

 

Se inauguró, pues, el Centro de las Artes, un espacio con un gran pasado, un mísero presente y un incierto futuro.

 

Está entre los tres… o los cinco mejores del país, presumió Mariano González.

 

Es un espacio equipado para enseñanza de primer nivel, se ufanaba. Pero la enseñanza la imparten los académicos, los especialistas, los conocedores, no los muros históricos, no la tecnología de punta, no la estética arquitectónica. La enseñanza es cosa humana y los insumos, herramientas y estrategias son sólo soportes, respaldos, apoyos. El Centro de las Artes carece de un programa académico, por tanto está impedido, mientras la situación no cambie, para ofrecer educación de calidad… y eso le imposibilita ser considerado entre los mejores del país. En su actual situación, incluso abajo del rango medio.

 

Cómo puede merecer tal calificativo, “uno de los mejores del país”, un espacio sin alma, sin esencia, sin espíritu.

 

 

 

 

contacto: piedra.de.toque@live.com

 

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