Critican artistas la nula actividad oficialista en el sexenio reciente

José Luis Puga Sánchez
 
   
 
 
Mausoleo en Tlaxcala  Foto: Charles Bretón Jiménez

 

A borbotones irrumpe el malestar en artistas tlaxcaltecas por el estancamiento, si no el retroceso, que el sexenio recién concluido significó para la cultura oficialista. En poesía, en danza y en artes plásticas fueron seis años grises y, como cada cambio gubernamental, ahora el aire de esperanza, de reactivación, se deposita en quienes tendrán la responsabilidad de aplicar los presupuestos, planes y programas en el sector estatal.

 

Isolda Dosamantes, Rosa Romero y Jaime Milácatl lamentan, cada uno en su tono, el estado actual de la cultura oficialista y llaman a las nuevas autoridades a enmendar ese errático camino.

 

FUE GRIS SEXENIO EN CULTURA

 

En Canadá y en China, la poeta Isolda Dosamantes recorrió un tramo de su vida por algún tiempo. Regresó pocos años atrás con esposo de ojos rasgados y muchas ganas de acunarse en su natal Tlaxcala. Esperaba ver –confiesa desangelada- un frenesí de actividades, pero todo era gris. La pasada administración –acusa-, en cuanto a cultura, fue realmente gris. Sólo intentos de continuidad en muchas actividades, pero no se alcanzaron a cerrar.

 

Algunas actividades continuaban –recuerda-, como la Escuela de Música, por ejemplo, porque era un proyecto terminado, pero en general en todos los ámbitos vi un estancamiento comparado con una época que yo recuerdo como gloriosa con Verónica Rascón, quizá fue una época que imagino así, quizá por la juventud que tenía y que me hizo descubrir no sólo la literatura, también la música, el jazz, una serie de cosas que quizá veía de manera muy romántica. Y ahora que regreso a Tlaxcala no había muchas actividades.

 

Recarga su memoria con aquellos talleres literarios que dieron gente “que estos últimos años se fue yendo”, como Emmanuel Carballo, Dolores Castro, Enriqueta Ochoa, Beatriz Espejo... Mucha gente brillante –endulza la voz- que dio luces a nuevas generaciones de escritores, se perdió o no fue tan difundido, quizá no hubo nada. No hubo realmente algo que destacara en ese ámbito… salvo excepciones tan raras como los talleres de Eduardo Millán, un gran poeta en México, pero en sus talleres gran parte de los asistentes eran de Salas de Lectura.

 

“Me asomé a un taller de Ricardo Chávez Castañeda y lo mismo: mucha gente de Salas de Lectura. Y no está mal, pero no hay nuevos públicos”.

 

Y precisamente lo nuevo es, a su juicio, Salas de Lectura, que era “un programita’ que hizo que algunos jóvenes tuvieran oportunidad de hacer su trabajo como ellos. Claro que los laureles eran para un instituto”, pero finalmente con respaldo de mucho trabajo independiente. Pero no ha habido una consolidación.

 

En cuanto a danza, Isolda endurece la mirada: terminaron con los talleres. “Me asomé por ejemplo a los talleres de danza clásica y nada que ver con los talleres serios que fueron formando generaciones de bailarines. Se abrieron talleres como de iniciación pero sin continuidad, sin algún proyecto a futuro; eso no quiere decir que estén mal, pero falta un proyecto de formación”.

 

Poeta ella, no cierra los ojos, sin embargo, a otras disciplinas artísticas, por ello encomia  los esfuerzos independientes en teatro. “Un aplauso para los que hacen sus grupos, incluso sus teatros, pero nada nuevo salvo una muestra de teatro en el teatro Xicohténcatl, que estuvo cerrado la mayor parte del tiempo, los museos estuvieron cerrados la mayor parte del tiempo del sexenio. No había realmente nada”.

 

Cuando llegué a Tlaxcala –aduce- aproximadamente en el 2010 o 2011, gané un premio, el libro se publicó y tardé un año para presentarlo, por defectos de la organización, falta de espacio, lo que sea. Se agradece que se haya presentado, pero si quiero invitar a algún artista… no puedo invitarlo para un año después.

 

Pasea una mirada desalentada por el Museo de Arte de Tlaxcala (MAT), espacio que –dice- en cierto momento ofreció varias exposiciones de talla internacional, pero “repentinamente fue cayendo primero al estar cerrado y después en inactividad y luego en otra cosa, otro tipo de museo, con otro concepto, un concepto no tan de excelencia como se le dio en algún momento”.

 

Hubo una época –recuerda- en que a un grupo de amigos nos decían que andábamos como en caravana: había muchos eventos y de uno íbamos a otro y a otro y a otro. Era el interés general pero también éramos muy inquietos. Ahora la gente de cultura quizá no hemos sabido acercarnos, con todas las facilidades que tiene un instituto de cultura: gente, salarios; internet, radio y televisión para hacer difusión. El instituto de cultura es un elefante vacío. No veo nada… pero no veo nada desde hace mucho tiempo. En el Palacio de la Cultura quitaron el auditorio para convertirlo en oficinas, cuando un centro cultural lo mínimo que necesita es un auditorio… y así muchos tropiezos”.

 

Cultura –recrimina- es lo último en importancia para los gobiernos. Pero esperemos que este sexenio no sea así. Sobre todo teniendo a un poeta en la Secretaría de Educación Pública.

 

Isolda Dosamantes reclama que exista el Centro de las Artes pero esté abandonada la ciudad de Tlaxcala. Hay que ver horizontalmente, dice. Por ello, opina que la nueva administración en el sector oficial cultural deberá blandir como arma primigenia la voluntad de trabajo. “Simplemente hay una cosa: trabajar. Desde donde esté, que la gente trabaje. La persona que se ponga a dar clases de danza, pintura, música, poesía, literatura… de lo que sea, que tenga ganas de trabajar. Hace falta en México recobrar ese espíritu. Falta coraje”.

 

La gente –añade- ya no debe tener que huir de Tlaxcala para prepararse. Debe ser que en Tlaxcala podamos recibir buena preparación y que en Tlaxcala podamos disfrutar de grandes eventos. Es increíble no poder disfrutar eventos culturales de calidad. Si quieres ir al cine, por ejemplo, pues ya no hay porque incluso la Sala Miguel N. Lira tiene ya programación comercial. Si quieres hacer una vida cultural, quienes que migrar, porque no llegan las propuestas a Tlaxcala. Todo eso tiene que revertirse”.

 

URGE PROGRAMA ACADÉMICO PARA EL CENTRO DE LAS ARTES

 

Construir, entre todos, un programa académico para el Centro de las Artes, así como dar continuidad a los programas que resulten exitosos, son deseos que visten con un brillo de esperanza a la mirada de Rosa Romero, esa virtuosa bailarina que después de recorrer los mejores escenarios del mundo, se cobijó en Tlaxcala para trasladar sus conocimientos y experiencia a las nuevas generaciones.

 

La creación del Centro de las Artes es para Rosa un gran cambio en infraestructura. “Cuando lo visité por primera vez tuve una grata sorpresa del espacio. Uno como artista siempre les ves posibilidades de espacios escénicos… y de talleres de todos los géneros de las artes. Me pareció muy bueno. Ojalá en los próximos años haya una continuidad y un programa. Lo que todos nos preguntamos: que haya un programa académico. La infraestructura está padrísima, está muy bien, pero lo importante de estos centros es que haya un programa académico serio, estudiado, donde se ofrezca interesantes talleres profesionales, semi profesionales y más para todo el público”.

 

Rosa Romero no se enlista en las personas que creen que la capital tlaxcalteca carece de vocación para la cultura. En sentido inverso, llama a reutilizar en toda su capacidad las instalaciones del Palacio de la Cultura, fundamentalmente en la impartición de talleres, “porque aunque el Centro de las Artes va a ofrecer muchos talleres y más profesionales, lo cual está muy bien, ojalá que este espacio del Palacio de la Cultura se siga ocupando, porque es céntrico y al que muchos estudiantes estaban acostumbrados”.

 

Ocupada principalmente en su taller de danza contemporánea en la Universidad Autónoma de Tlaxcala (UAT), se obstina en ver la vida con optimismo y confía que las cosas cambien… pero… “luego cambian los administradores y hay que convencerlos otra vez, empezar nuevamente como de cero, con la esperanza de que haya continuidad de los proyectos, continuidad en el Centro de las Artes; o sea, que nos sentemos los que estamos aquí, los artistas de Tlaxcala, y vamos a construir un programa académico. Vamos a proponerlo, vamos a hacerlo, pero que haya una convocatoria, que nos enteren. Nosotros siempre hemos tenido la mejor disposición. Nos interesa que sucedan las cosas”.

 

SEXENIO DE INVISIBILIDAD EN LA CULTURA OFICIAL TLAXCALTECA

 

No hay vuelta de hoja para Jaime Milácatl: fueron los recientes seis años de administración pública, una etapa de invisibilidad, para el olvido. “Tlaxcala no se vio otra vez”.

 

Desde su espacio de venta de artículos para la pintura, en plena avenida Juárez de la capital tlaxcalteca, el pintor desgrana una a una sus opiniones en varias disciplinas artísticas.

 

En el área de música mide la actividad del sexenio anterior contra la etapa de creación de las orquestas infantiles y juveniles de Casa de Música. Y “ahora no se ha visto nada… o a lo mejor o a lo mejor se las llevaban a Huamantla, que es a donde se llevan todo, pero no escuché aquí las orquestas de cámara, las orquestas de los niños”.

 

Centra su mirada ahora el campo de la literatura, donde “tampoco se ha hecho nada”. Es más la actividad que registra Casa de la Nube –asegura-, que lo que ha hecho el Instituto Tlaxcalteca de Cultura (ITC). “No sé qué hicieron el sexenio pasado en edición de poemarios… no sé. A lo mejor no estoy aquí en Tlaxcala, pero sí aunque pero parece que no porque no me entero de nada. Pero como si no estuviera. Estoy desubicado a lo mejor”.

 

No hay nada –recrimina- y se inaugura el Centro de las Artes ¡Paradójico! Creo que fue únicamente para sacarse la foto, o sacar el presupuesto.

 

Y muchas inauguraciones de museos. “Me piden prestados unos trabajos para la inauguración del museo de Tlaxco, les pregunto después por la fecha de inauguración y me contestan que ya se inauguró. La muestra era sólo para el evento de inauguración: terminó, desmontaron todo, se lo trajeron y se acabó. Yo no sé qué siga ahí en Tlaxco”.

 

Se abrió el Museo de la Plástica –prosigue- pero creo que nada más cambian de nombre. ¿Qué entendemos por Museo de la Plástica y qué entendemos por Pinacoteca? Creo que estaba mejor como Pinacoteca, porque es el lugar donde se guardan las pinturas. Ahora, el Museo de la Plástica tiene salas permanentes, pero hace mucha falta salas para todos los nuevos valores que están surgiendo y para los que ya no son tan nuevos… y ahora tenemos menos espacios para casi todos… y somos más. Está bien exposiciones permanentes para que nos digan: aprendan, fíjense cómo se hacen las cosas. Pero seguimos debiendo a nuestras próximas generaciones.

 

“Al Museo de Arte de Tlaxcala (MAT) lo criticamos cuando estuvo Martín (Rojas) y ahora nos arrepentimos. Trajo sus exposiciones y lo encajonó a artistas extranjeros y no le dio chance a ningún tlaxcalteca y por eso lo criticamos, pero nos ubicó: si queríamos exponer, teníamos que trabajar, teníamos que demostrar que sabemos, que podemos exponer ahí. Y por lo menos podíamos ver buenas exposiciones. Hoy se abre para tlaxcaltecas, pero mal catalogados. Ya hoy se entra con cualquier cosa. Estamos mal y sin avanzar”.

 

Y anexa otra experiencia personal: fue invitado a participar en una exposición colectiva en el MAT, de la cual se publicaría un libro. “Y hoy cuando me traen el dichoso libro, puras fallas porque… eh, pues calidad en la obra de los que estamos participando, hay mucho que desear; calidad en la impresión, mucho que desear; el diseño está por la calle de la amargura. El pobre libro digo que es una revista o un catálogo, aunque ni como catálogo está. Ni es un libro, ni es un catálogo… quién sabe qué cosa es. Pero mencionan un buen tanto de dinero para costear el dichoso libro. Y hay compañeros que enaltecen el libro. No sé. Tal vez estamos en mundo diferentes. O lo que les conviene… como el compañero J. Guadalupe”.

 

Milácatl suspira apesadumbrado. Ya me lo decían antes –confiesa-. Hace dos o tres años una exalumna de la Universidad de Guadalajara, en Diseño de Artesanías, vino a Tlaxcala a una conferencia y me dice: “tanta improvisación en mi pueblo (es tlaxcalteca, aclara Jaime). El encargado del MAT con esas carencias de organización… está tan desorganizado el pobre que o por conocimiento o por economía, pero ni el audio servía para la conferencia que fui a escuchar…”.

 

Pero hay puntos que ve con buenos ojos, zonas de luz: El Tebac (Taller de Estampa Básica y Avanzada Camaxtli) es el único avance que he visto. Mis respetos para el trabajo que han estado haciendo en gráfica. Es el único avance habido porque en pintura andamos realmente muertos.

 

El Tipav (Taller de Iniciación Profesional a las Artes Plásticas y Visuales) considera que “se apagó después de lanzar a dos o tres buenos alumnos que ahorita no sé dónde estén, ganadores incluso del Premio Estatal de Artes Plásticas, pero no veo que sigan produciendo. Pero por otro lado, apenas un jovencito talentoso trató de venderme algunos cuadros; es buen artista pero no tiene cómo sacar su producción. ¿Qué tiene que hacer él? Yo creo que lo bequen otra vez para que siga produciendo”.

 

Y en el Palacio de la Cultura -ausculta- en sus momentos más recientes sólo hubo algunos talleres. Todo el año pasado ninguna exposición… o no me enteré de ella por la pésima difusión del instituto

 

Jaime Milácatl poco espacio deja para la esperanza, aun cuando el entorno es duro e inhóspito. Sólo expresa muy elementales deseos: quien llegue, pues que sepa un poquito. Que sepa de pintura, que sepa de diseño, que sepa de música, que sepa con quién se junta, a quien llama, quién montará las exposiciones…

 

 

 

 

contacto: piedra.de.toque@live.com

 

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