Se obstina Teódulo Rómulo en un MUSEO

José Luis Puga Sánchez
 
   
 
 
Teódulo Rómulo al recibir la Presea Tlaxcala 2015

 

A las cinco de la mañana, en 1943, nación Teódulo Rómulo en San Bartolomé Matlalohcan, Tlaxcala.

 

Su infancia transcurrió en el campo cuidando toros y un par de guajolotes. “En aquel tiempo ser campesino era otra cosa, no como ahora. No había gente, todo era muy rústico. Con el tiempo y la evolución tecnológica se ha abusado mucho de los químicos, lo que ha destruido a mucha fauna silvestre y mucha flora”.

 

Sus cotidianos compañeros fueron piojos, chinches, liendres… y frío y hambre. “Comía cuando había”: frijoles, habas, ayocotes y cuando llovía, quelites, malvas, verdolagas y “allá de vez en cuando comíamos carne, cuando los perros agarraban un animalito”. Alimentado de la sabiduría ancestral, Teódulo sabía cuándo llovería, sabía cuándo granizaría, sabía cuándo helaría.

 

Antes de él nacer sus padres se separan y vive su infancia con su madre y con su padrastro, de oficio tlachiquero. “Llevaba aguamiel a un tinacal y así aprendí a recolectar el aguamiel. Una vez lo acompañé al tinacal, donde le ofrecieron sus jícaras y siguió tome y tome. Pasaron unos muchachos y me invitaron a los blancos. En mi pueblo hay un lugar que se llama la barranca de la campana; ahí de un lado de la barranca como a 100, 200 o 300 metros soltaban borregos, palomas o guajolotes y desde el otro lado les tiraban. Eso era jugar blancos. Y ahí se me pasó todo el día. Ya como a las cinco de la tarde tuve miedo de regresar con mi mamá, porque pensaba que mi padrastro me iba a dar una chinga… y ya no volví. Esa noche me quedé por algunos arbustos, como un animalito, y al otro día anduve deambulando por las magueyeras; vi a mi madre de lejos pero no me le acerqué, me fui cerca de la casa donde vivía mi abuelo y me encuentro a un tío, hermano de mi padre, y él me secuestra, me encierra en la casa de mi abuelo y va a avisarle; me escapo, regresa mi tío, me va a buscar y me encuentra a medio camino, me atrapa otra vez y ahora me lleva a la casa donde estaba mi abuelo y al otro día me trasladan a (la ciudad de) México. Así llegué aquí: de casualidad, de chiripa”.

 

Su primer par de zapatos los estrena a los once años, cuando su abuelo lo lleva a vivir a la ciudad de México, donde después le llevan con su padre que trabajaba en una ladrillera. “Y durante años trabajé el tabique con mi padre. A las cuatro de la mañana me levantaba, para terminar a las 8 de la noche… todo el día”.

 

A los once años de edad empezó la primaria. “En ese tiempo mi padre compró tres cabras, las que en dos o tres años eran ya como 30… y yo fui pastor de esas cabras. Había hambre en mi familia… y éramos varios. Había que ir a formarse a las dos de la mañana al molino para que nos vendieran seis kilos de masa… éramos varios en la familia… y había hambre. Es bonito tener hambre, y es bonito porque cuando uno sufre lo que es tener hambre, o frío, a través del tiempo uno valora lo que se llega a obtener con un mínimo de esfuerzo. Uno valora realmente lo que son las cosas”.

 

Y –continua- mi hambre siguió estando en la academia. Ahí tuve que pedir a los maestros, a los compañeros del salón cinco, diez pesos para comer. Cuando salían a comer les pedía para mí, y algunas veces me llevaron taco.

 

Me hice solo, totalmente solo.

 

Teódulo se casó muy joven, a los 19 años, “y mi mujer era una niña todavía”, estaba por cumplir 14 años, aunque al año se separaron, ya con una niña.

 

LOS CAMINOS DE LA VIDA

 

La pintura empezó en mí –relata- cuando era chavo y con los amigos íbamos a caminar por los montes y ahí descubrí el paisaje… y quise pintar eso que veía. Cuando me traen a la ciudad de México y me meten a la escuela, me gustaba dibujar. Compraba revistas de dibujos animados y los copiaba. Mi abuelo vio mis dibujos y me aconsejó seguir.

 

Tenía con un primo un taller de bicicletas y de herrería, pero me salí de mi casa y me fui a trabajar a una refinería. Llega ahí un amigo que estaba estudiando en el Poli (Instituto Politécnico Nacional), quien me empuja a seguir estudiando. Le agarré la palabra y él me prepara con las materias que se necesitaban para hacer examen y entrar al Poli. Me encontraba entonces con los antiguos compañeros de la secundaria, que estaban estudiando la carrera u otra cosa, y yo les sacaba la vuelta por vergüenza, porque ellos estaban estudiando y yo no.

 

Hice el examen y entré al Poli. Estuve en la vocacional 4 menos de un año, ya que a la hora de los exámenes fue un reprobadero porque no estudiaba. Por amigos me entero que la Escuela del Aire en Zapopan, Jalisco, estaba por abrir exámenes de ingreso para aviador. Dejé el Poli y me fui a Guadalajara. Hice exámenes por dos o tres semanas y no me quedé.

 

Quería ser músico, estudiar violín y guitarra. Cuando estaba en la secundaria escuchaba la radio, sobre todo una estación llamada XLA, con pura música clásica: Beethoven, Bach, Mozart, Carlos Chávez y más clásicos y a la fecha me acompañan cuando trabajo. La clásica me relaja.

 

Pasé meses midiendo ver qué hacía y un día fui al centro de la ciudad de México y tanteando, veo una puerta grandota, entro y a la izquierda una galería que no me llamó la atención; sigo para adentro y en el patio algunas esculturas en yeso. Me asomo por una ventana a un gran salón donde había muchachos pintando o dibujando, pregunto a uno de ellos qué era ahí y me dice que es la escuela de pintura de San Carlos. Ahí mismo tomé la decisión. Así empecé: de pura chiripa. Esto fue en noviembre del 65 y me inscribí en enero del 66.

 

DESCUBRE EL COLOR Y LA FORMA

 

Teódulo tiene sus recetas propias de vida, aquellas que sigue fielmente para caminar. Una de ellas le es siempre presente: soñar a futuro para vivir. “Lo que uno quiere aunque a veces no se puede. Pero si uno insiste puede lograr que esos sueños se hagan realidad y cuando se logra es bien padre”.

 

Su trabajo, que es la pintura, la vive entre sueños. “Empiezo a trabajar mi obra en la mente, como un sueño y ya cuando más o menos tengo redondeada la idea, empiezo a trabajar… va tomando forma, color… se está materializando”.

 

Recién estrenado en la academia el sueño que lo perseguía era engendrar un cuadro y verlo colgado en la pared en una galería, en una exposición. “Y aquí lo tengo. Es un cuadro que hice sobre la tabiquera donde trabajaba. Se me hacía extraordinario. Y lo hice porque unos seis años atrás de cuando hice el cuadro, llegó un pintor a pintar esa misma pared y los hornos de tabique. Y con ese cuadro participé en mi primera exposición colectiva”.

 

Y los sueños se encadenan. Ahora su mirada estaba en su primera exposición individual. “Y después de tocar muchas puertas, también tuve mi primera muestra… y siguieron muchas más. Soñé después en mi exposición en un museo… y se hizo. Soñé con viajar… y se hizo. Soñé con un libro sobre mí… y se hizo. Todo lo he logrado soñando, y después trabajar”.

 

En el 68 en la escuela había camaradas, compañeros de clase, que hablaban de la revolución, del Ché, de Mao, de toda esa bola de cosas. Yo dije: eso no va a funcionar. Y si hubo una revolución por estudiantes de esa época, que aportaron algo, no totalmente pero sí algo. Pero muchos nomás hablaban en el café, en la escuela. Eran revolucionarios de café, pura lengua y nada de acción. Hay que echarle acción pero meterse en algo mucho más positivo, que se vea.

 

Teódulo Rómulo fue modelado por manos experimentadas, febriles. Manuel Herrera Cartalla, Héctor Cruz, Celia Calderón, Luis García Robledo, Luis Nishizawa, Antonio Trejo y más perdidos en el laberinto de su memoria, fueron los maestros que lo adentraron a las artes, que lo llevaron al museo existente en San Carlos, cuyos cuadros fueron un aliciente más para labrarse como pintor, empujado por sus primeras influencias: David Alfaro Siqueiros, José Clemente Orozco, José María Velasco, el Dr. Atl, Eugenio Landesio, después los impresionistas, Van Gogh, Degas, Mané, Da Vinci y varios más.

 

Hoy, en el amplio mar de ismos circundante, Teódulo se define como un escritor fantástico, surrealista. Los temas lo tienen sin preocupación. Él siente jugar en entera libertad con los títulos y con los temas. “Hago lo que quiera”.

 

EL MUSEO EN TLAXCALA

 

Durante el gobierno de Tulio Hernández Teódulo hizo una donación al estado de alrededor de 28 piezas, con la única condición de que se expusieran. Es ese el tiempo también de la adquisición de las Fridas para el acervo del estado, donde están acompañadas por –recuerda Teódulo- un retrato de Orozco, un Dr. Atl, un Agustín Arrieta “y no sé si ya se lo hayan clavado porque, es la verdad, cuando no está nada registrado ni notariado, muchas veces a los mexicanos y gentes de otras partes les da por hacerse de lo ajeno, sobre todo cuando son piezas valiosas y tienen cierta belleza, se los adjudican”.

 

Las piezas que están en Tlaxcala –prosigue- , en el acervo, tengo entendido que son como 700 y deben estar expuestas, son obras que se deben mostrar para que las vean los jóvenes, para que las vean al gente que nos visita… para que vean nuestra cultura, lo que hacemos ahora, lo que se hizo anteriormente. Por eso para mí son muy importantes los museos. Son otra fuente de educación, otra puerta al conocimiento. En Tlaxcala hay esa colección que tiene más de veinte años en prisión, lo que es una injusticia y una falta de respeto a todas las personas.

 

Califica como penoso que en Tlaxcala se cierren museos en lugar de abrirlos. “Cuando Tulio Hernández, siendo gobernador, me pide una muestra se abre la Pinacoteca ubicada en Guerrero No. 15, pero llega el gobierno de Beatriz Paredes y la desaparecen. Eso es grave. Álvarez Lima prometió que nos lo devolvería, pero dos o tres años no nos hizo caso, nos tomó a locos. Fastidiado por la burla, por la tomada de pelo, por la poca importancia que le dan a este tipo de espacios, una ocasión cuando Verónica Rascón, la esposa de Álvarez Lima, estaba inaugurando un evento en Plaza Loreto de en ese momento el Distrito Federal, ahí mismo quemé públicamente un conjunto de pinturas y dibujos, como protesta –así lo dijo ahí mismo a los medios de información- por la falta de respuesta del gobierno del estado a la reapertura de la Pinacoteca”.

 

Consecuencia: se reabrió la Pinacoteca, el espacio restaurado, pero la obra, la colección, siguió guardada, “siguió encarcelada en los sótanos y ahí la tienen… eso dicen”.

 

El problema también fue planteado al gobierno de Alfonso Sánchez Anaya y “gracias que estuve jode, jode y jode… ahí está el MAT (Museo de Arte de Tlaxcala), un museo que quedó muy bien pero es para exposiciones temporales. Y la obra sigue guardada”.

 

Propuso ahora a Mariano González Zarur la edificación del obstinado museo en el inmueble hoy habitado por el Museo de Arte de Tlaxcala (MAT), espacio enriquecido por la anexión del espacio hoy usado por Correos y el otro espacio desalojado por el SAT. Juntos conformarán un espacio más apropiado.

 

La idea –insiste- es hacer del MAT un museo mucho más grande que de cobijo a toda la obra guardada. Hay obra de Ahuatzi, de Hermenegildo Sosa, de Desiderio (Hernández Xochitiotzin) y de más camaradas, toda muy valiosa.

 

“Es un trabajo que tiene que hacerse. Que ellos (el gobierno) deben hacer… y nosotros ayudamos. No quiero llegar a hacer lo que hice hace 18 años: quemar obra. No quiero. Créanme que me dolió quemar mi obra… pero tuvo sus resultados positivos. Y yo estoy haciendo el trabajo de ellos porque me interesa que en Tlaxcala tengamos un museo digno de nosotros los artistas… y que nos promuevan. Así como mandan a Frida a Europa, a Francia, a Brasil, a donde sea, que también manden a los tlaxcaltecas: nuestra obra también vale, tiene su ética, su calidad”.

 

Se lo pedí –añade- varias veces a Sabino (Yano Bretón), el titular del ITC cuando fue gobernador Héctor Ortiz, pero se negó rotundamente, no sé por qué. Yo quisiera tener un inventario de toda la obra que hay. Existe uno, pero lo desconozco. Le dije varias veces al señor Willebaldo Herrera y pasa la bolita. “No, yo no puedo darte el inventario”. Bueno, entonces con quién: con el secretario de Educación Pública. Voy con el secretario de Educación Pública y no pasó nada. Hay que decirle al gobernador. Que dé la orden para que se levante un inventario de toda la obra, es solamente para tener argumentos para sustentar la petición de espacios que es la anexión al MAT del edifico de Correos y de SAT.

 

Teódulo Rómulo aumenta la dote: habla de su intención de donar una colección de su propiedad de arte asiático y africano… “Y quiero donarla al estado, a Tlaxcala, porque soy tlaxcalteca. Y tengo otra colección de obra mía que también quiero que se quede en el estado. Están ahí mis primeros pasos tanto como ser humano como en mi formación profesional”.

 

Pero deja salir cierta dosis de amargura, rastros de frustración: Y si no se puede buscaré otros espacios. Me pidieron mi colección en el estado de México, cuando expuse en el Museo de Bellas Artes en esa entidad. También está la posibilidad de Chihuahua… pero yo quiero Tlaxcala. Son casi mil piezas entre obra gráfica, dibujos, alguna obra de mi colección que es de otros autores.

 

Sustenta su posición: Hay ejemplos en México, Toledo uno muy conocido, de gente que abre fundaciones, crea museos y otorga becas. En la misma Oaxaca Rodolfo Morales invirtió mucho de su capital en restaurar iglesias, en abrir centros culturales. ¿Por qué en Tlaxcala no puede uno hacer nada? ¿Por qué muchos camaradas que se dice están vivos no apoyan? ¿Por qué esa desidia? ¿Por qué…? Los he invitado y no quieren. Es muy respetable su posición pero quiero que quede algo, quiero hacer algo.

 

Los museos albergan la cultura de un pueblo. Ver todos esos colores, esas líneas, es una manera de retroalimentarse. Si los jóvenes ven esto, seguramente van a desarrollarse, no todos, claro, pero algún cabroncito saldrá y va a desarrollarse. Pero hay que tener el alimento, la base, para que se nutran y crezcan con el tiempo… y el tiempo lo dirá.

 

 

 

contacto: piedra.de.toque@live.com

 

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