La experiencia de ser mujer: Anne sexton

Piedra de Toque
 
   
 
 
Anne Sexton

 

Anne Sexton ofrece una visión íntima de la angustia emocional que caracterizó su vida. Anne convirtió la experiencia de ser mujer en el tema central en su poesía. Es la figura moderna del poeta confesionalista, a pesar que soportó críticas por tratar asuntos tales como la menstruación, el aborto y la drogadicción.

 

Sexton fue una mujer reconocida y premiada en su tiempo, becada para escribir sus libros, profesora titular en la Universidad de Boston, ganadora del Pulitzer en 1967 y luego jurado del prestigioso premio… Su poesía confesional la convirtió en una de las escritoras más famosas de su país. Para quien no la conozca son muy recomendables los vídeos en los que aparece en su casa en 1966. Cuando Sexton recita ‘Menstruación’ a los 40 años tiemblan los relamidos jardines del sueño americano.

 

Delgada y alta como una modelo, teatral, con sus ojos azules y su pelo negro, su voz de fumadora se pega a la piel como el sudor en verano. Su amiga la escritora Maxine Kumin relata que al conocerla en un taller de poesía le llamaron la atención las pulseras, los tacones y el perfume francés. Su poesía se regodeaba en los tabúes del cuerpo femenino y ella, siempre intensa, no dejaba indiferente a nadie.

 

Se suicidó en 1974 inhalando monóxido de carbono. Su cuerpo se halla en el cementerio-crematorio de Forest Hills, a las afueras de Boston.

 

 

 

 

 

Ya que lo preguntan, la mayor parte de los días no me acuerdo.
Camino vestida, sin marcas de ese viaje.
Después, casi innombrable, vuelve la lujuria.

Incluso en ese instante, no tengo nada en contra de la vida.
Conozco bien las hojas que mencionan,
los muebles que sacaron al sol.

Pero los suicidas tienen un idioma propio.
Como los carpinteros, quieren saber con qué herramientas.
Nunca preguntan por qué construir.

Dos veces me pronuncié tan claramente,
poseí al enemigo, me comí al enemigo
le arrebaté su oficio, su magia.

Así, grave y pensativa,
más tibia que el agua o el aceite,
descansé, babeando por el agujero de la boca.

No pensaba en mi cuerpo ante la punta de la aguja.
Ni siquiera había córnea o restos de orina.
Los suicidas ya traicionaron al cuerpo.

Nacieron muertos, aunque no siempre se mueran,
y, deslumbrados, no pueden olvidar una droga tan dulce
que hasta un chico podría mirarla y sonreír.

¡Meterse toda esa vida debajo de la lengua!—
eso, en sí mismo, se vuelve una pasión.
Dirán que la muerte es un hueso triste y golpeado.

Con todo, año tras año me espera,
para deshacer con delicadeza una vieja herida,
para soltar mi aliento de su prisión insana.

Compensados así, los suicidas se encuentran a veces 
furiosos con el fruto, una luna inflada,
dejan el pan que confundieron con un beso.

Dejan la página del libro abierta por descuido,
algo sin decir, el teléfono sin colgar
y el amor, fuera lo que fuese, como una infección.

 

 

 

 

 

CUANDO EL HOMBRE PENETRA A LA MUJER

 

Cuando el hombre

penetra a la mujer,

como oleaje que rompe en la orilla,

una y otra vez,

y la mujer abre la boca de placer

y sus dientes relucen

como el abecedario,

aparece Logos ordeñando una estrella,

y el hombre

dentro de la mujer

hace un nudo

para que nunca

vuelvan a separarse

y la mujer

trepa a una flor

y se traga el tallo

y aparece Logos

a liberar sus ríos.

Este hombre,

esta mujer

con su hambre duplicada,

trataron de atravesar

la cortina de Dios

y por un instante lo lograron,

aunque Dios

en su perversidad

desate el nudo.

 

 

 

 

 

LA ASESINA

 

La muerte correcta está escrita.

Voy a satisfacer la necesidad.

Mi arco está tenso.

Mi arco está listo.

Yo soy la bala y el anzuelo.

Estoy gatillada y dispuesta.

En mi mira lo tallo

como una escultora. Modelo

su última mirada a los demás.

Pongo sus ojos y su cráneo

en todas las posiciones.

Conozco su sexo de varón

y lo recorro con mi índice.

Su boca y su ano son uno.

Estoy en el centro de la sensibilidad.

 

Un subte

viaja a través de mi ballesta.
Tengo un cerrojo de sangre

y lo hice mío.
Con este hombre tomo el control

de su destino, con esta arma

tomo los diarios y

con mi fuego voy a tomarlo a él.

Va a doblarse ante mí

y las venas le van a salir

como hijos... Dame

su bandera y su ojo.

Dame su cáscara dura y su labio.

Él es mi manzana y mi mal

 

y voy a acompañarlo a casa.

 

 

 

 

 

PALABRAS

 

Ten cuidado con las palabras,

incluso con las milagrosas.

Por las milagrosas damos lo mejor que tenemos,

a veces proliferan como insectos

y dejan un beso en lugar de un aguijón.

Pueden ser tan buenas como los dedos.

Tan fieles como la piedra

a la que pegas el traste.

Pero tanto pueden ser margaritas como moretones.

 

Igual estoy enamorada de las palabras.

Son palomas que caen del techo.

Son seis naranjas sagradas en mi regazo.

Son los árboles, las piernas del verano,

y el sol, su cara apasionada.

 

Aunque me fallan seguido.

Hay tantas cosas que quiero decir,

tantas historias, imágenes, proverbios, etc.

Y las palabras no son suficientes,

las equivocadas me besan.

A veces vuelo como un águila

con alas de gorrión.

 

Pero trato de ser cuidadosa

y delicada con ellas.

Palabras y huevos deben manipularse con cuidado.

Una vez que se rompen, son cosas

imposibles de arreglar.

 

 

 

 

 

EL BESO

 

Mi boca florece como un tajo.

Todo el año estuve equivocada, noches

de tedio, nada ahí más que codos ásperos

y primorosas cajas de Kleenex gritando ¡llora-nena,

estúpida, llora!

 

Hasta hoy mi cuerpo era inútil.

Ahora desgarra sus esquinas cuadradas.

Desgarra los hábitos de la vieja María, nudo por nudo

y mira-- Ahora lo bombardean esos rayos.

¡Bzzzz! ¡Una resurrección!

 

Una vez fue una barca, toda de madera

y sin problemas, sin agua salada debajo,

a la que le hacía falta una mano de pintura. No era nada más

que un montón de tablas. Pero la levantaste, la aparejaste.

Fue la elegida.

 

Mis nervios están encendidos. Los oigo como

instrumentos musicales. Donde había silencio,

los tambores y las cuerdas suenan incurables. Vos hiciste eso.

Genio puro trabajando. Querido, el compositor

ha entrado al fuego.

 

 

 

 

 

LA BALADA DE LA MASTURBADORA SOLITARIA

 

El final de la historia es siempre la muerte.

Ella es mi taller. Ojo resbaladizo,

fuera de la tribu de mi yo, mi aliento

encuentra tu ausencia. Asusto

a los que se quedan. Estoy harta.

A la noche, sola, me caso con la cama.

 

Dedo por dedo, ella ahora es mía.

No está tan lejos. Es mi encuentro.

La toco como una campana. Me recuesto

en la enramada donde la solías montar.

Me tomabas sobre la colcha de flores.

A la noche, sola, me caso con la cama.

 

Por ejemplo esta noche, mi amor,

que todas las parejas se unen

en una volteada conjunta, arriba y abajo,

el dúo abundante en esponja y pluma,

empujando de rodillas, cabeza a cabeza.

A la noche, sola, me caso con la cama.

 

Así escapo de mi cuerpo,

un milagro molesto. ¿Puedo

exhibir el mercado de los sueños?

Me abro. Me crucifico.

Mi ciruelita le decías.

A la noche, sola, me caso con la cama.

 

Después llegó mi rival de ojos negros.

La dama del agua, alzándose en la playa,

con un piano en la punta de los dedos, vergüenza

en los labios y una voz de flauta.

Y pasé a ser la escoba vieja.

A la noche, sola, me caso con la cama.

 

Te arrebató como se arrebata

un vestido de oferta del perchero

y yo me quebré como lo hacen las piedras.

Te devuelvo tus libros y las cañas de pescar.

El diario de hoy dice que se casaron.

A la noche, sola, me caso con la cama.

 

Chicos y chicas esta noche son uno.

Desabrochan blusas. Bajan cierres.

Se sacan los zapatos. Apagan la luz.

Los seres que brillan están llenos de mentiras.

Se comen unos a otros. Comen de más.

A la noche, sola, me caso con la cama.

 

 

 

 

 

CONSEJOS PARA UNA PERSONA ESPECIAL

 

Cuidado con el poder,

porque su avalancha puede enterrarte,

nieve, nieve y nieve, asfixiando tu montaña.

 

Cuidado con el odio,

que puede abrir la boca y hacerte

comer tu propia pierna como un leproso instantáneo.

 

Cuidado con los amigos,

cuando los traiciones,

como lo vas a hacer,

van a meter la cabeza en el inodoro

y a tirar el agua.

 

Cuidado con el intelecto,

porque sabe tanto que no sabe nada

y te deja colgado cabeza abajo

boqueando sabiduría mientras el corazón

se te sale por la boca.

 

Cuidado con los parlamentos, la parte del actor,

el discurso planeado, sabido, masticado,

porque van a delatarte

y te vas a quedar parado ahí como un nene desnudo,

meándote en tu propia cuna.

 

Cuidado con el amor

(salvo que sea verdadero,

y cada parte tuya, hasta los dedos de los pies, diga sí),

porque te va a envolver como una momia

y nadie va a oírte gritar

y vas a correr sin fin.

 

¿El amor? Sea hombre. Sea mujer.

Tiene que ser una ola sobre la que quieres brillar,

a la que quieres entregarle tu cuerpo, entregarle tu risa,

y, cuando la arena áspera te reclame,

entregarle tus lágrimas a la tierra. Amar a otro es algo

como una plegaria y no puede planearse, te dejas caer

en sus brazos porque tu fe deshace tu incredulidad.

 

Persona especial,

en tu lugar no le prestaría atención

a mis consejos,

un poco hechos de tus palabras

y un poco de las mías.

En colaboración.

No creo ni una palabra de lo que dije,

excepto algo ,que te veo como un árbol joven

con las hojas pegadas y sé que vas a echar raíces

y entonces va a aparecer lo verde de verdad.

 

Deja ir. Deja ir.

Oh persona especial,

hojas posibles,

mientras tanto, a esta máquina de escribir le gustas

y quiere romper vasos

celebrando

por tí,

cuando te arranques la corteza oscura

y vueles

como un globo.

 

 

 

 

 

DEMONIO

 

                    “Un hombre joven le teme a su demonio y a veces

                     le pone la mano sobre la boca”...

                                                                                 D. H. Lawrence

 

Le hablé de mi demonio a un amigo

y mi amigo nadó en petróleo hasta llegar a mí

grasoso y críptico

y me dijo

“Estoy pensando en rescatarlo.

Lo empeñé hace años”.

 

¿Y quién iba a comprar

al demonio empeñado

amarilleando de olvido

y con la mano en la garganta?

Sácalo del empeño, amigo,

pero cuidado con la pena

que va a volar a tu boca como un pájaro.

 

Mi demonio

demasiado a menudo desvestido

demasiado a menudo crucifijo que antepongo

demasiado a menudo margarita seca que riego

demasiado a menudo el niño que doy a luz

y después aborto, sin nombre, sin nombre…

sin patria.

 

Oh demonio interior,

Yo tengo miedo y rara vez  me llevo la mano

a la boca  y me la coso

ahogándote , escondiéndote

de los ojos voyeur

de las teclas de mi máquina de escribir.

 

¿Si te empeñase

cuántos lingotes me darían,

cuántos centavos, nadando en sus besos de cobre

cuántos pájaros en camino a perecer?

 

No.

No.

Yo te acepto,

Tú vienes con los muertos que pueblan mis sueños,

que caminan por mi  escritorio

(como la Madre, con el cáncer florecido en sus

tetas Mejor & Cía -

bailando el vals con su fantasma de papel tissue)

Los muertos que le dan caramelos a la diabética que hay en mí,

que les dan voltios

a los ataques de rosas

que a veces vuelan de y hacia mí.

Sí.

Sí.

Te acepto, demonio.

No voy a taparte la boca.

De ser el hombre que amo, impura y con la manzana en alto

de ser la mujer que amo, enferma dentro de su sangre,

sus gases almibarados y sus ramas caídas.

 

Demonio, manifiéstate

aunque fuese dios a quien invoco,

parado como un cuervo

queriéndome comer,

empezando por los labios y la lengua.

Y yo intentando caer en sus despojos,

yo tomo el pan y el vino

y el demonio pedorrea y se ríe

de mi dios desalojado de mi boca

mujer anónima

en el altar anónimo.

 


 


UNA VEZ Y OTRA VEZ Y OTRA VEZ

 

Dijiste que el enojo iba a volver

como volvió el amor.

 

Tengo una mirada negra que no

me gusta. Es una máscara que me pruebo.

Cuando emigro hacia ella, su rana

se sienta sobre mis labios y defeca.

Es vieja. Y además, una pordiosera.

Estuve tratando de tenerla a dieta.

No le doy la extremaunción.

 

Hay una mirada buena que uso

como un coágulo de sangre. La

cosí sobre mi pecho izquierdo.

Hice de ella una vocación.

Ahí se plantó la lujuria

y yo te puse a ti y a tu

hijo en su pezón.

 

Oh la negrura es homicida

y el pezón reboza

y cada máquina funciona

y yo voy a besarte cuando

acuchille a una docena de hombres nuevos

y vas a morir un poco,

una y otra vez.

 

 

 

 


ES UNA TARDE DE PRIMAVERA

 

Acá todo es amarillo y verde.

Escucha su garganta, la piel de la tierra,

las voces como hueso seco de los curiosos

que prenden y apagan como carteles.

Los animalitos del bosque

llevan sus máscaras mortuorias

a una angosta cueva invernal.

El espantapájaros se arrancó

los ojos como dos diamantes

y entró en el pueblo.

El general y el cartero

soltaron los paquetes.

Todo esto ya pasó antes

pero acá nada es antiguo

Acá todo es posible.

 

Es por eso

tal vez, que una chica se quitó

sus prendas invernales y se ubicó

estratégicamente en la rama de un árbol

en un recodo del río.

Está echada en esa rama

sobre las casas de los peces

que nadan dentro y fuera de su reflejo

arriba y abajo por las escalinatas de sus piernas.

Su cuerpo lleva las nubes de vuelta a casa.

Ella contempla su rostro acuático

en el río donde los hombres ciegos

van a bañarse al mediodía.

 

Por eso 

al suelo, esa pesadilla invernal,

se le curaron sus llagas y explota

de pájaros verdes y vitaminas.

Por eso 

los árboles se meten en sus trincheras

y alzan copitas de lluvia

con sus dedos delgados.

Por eso 

una mujer se para delante de su cocina

asando flores y cantando.

Acá todo es amarillo y verde.

 

Seguro la primavera va a permitir

que una chica desnuda

se mueva dulcemente bajo su luz

y no le tema a su lecho.

Ya contó siete capullos

en su verde espejo verde.

 

Dos ríos se mezclan debajo de ella.

El rostro de la niña se arruga

en el agua y se pierde para siempre.

La mujer es lo único que puede verse

en su gracia animal.

Su piel preciosa y obstinada,

en lo profundo, bajo el árbol del agua.

Todo es enteramente posible

y hasta los ciegos pueden ver.

 

 

 

 

ANNA LA LOCA

 

Anna, la loca,

tengo un cuchillo bajo el brazo.

Cuando me paro de puntas tipeo mensajes.

¿Soy una especie de infección?

¿Yo te hice volver loca?

¿Yo hice que los sonidos se pusieran rancios?

¿Yo te pedí que salieras por la ventana?

Perdón. Perdón.

Di que no lo hice.

Di que no.

Di.

 

Dinos la palabra de María en la almohada.

Llévate a mi flacucha de doce

en tu regazo hundido.

Susurra como el ranúnculo.

Cómeme. Cómeme como a un flan de crema.

Tómame.

Tómame.

Toma.

 

Dame un informe del estado de mi alma.

Dame una declaración completa de mis actos.

Pásame un lirio para que escuche en su interior.

Acomódame en los estribos y haz pasar a un grupo de turistas.

Enumera mis pecados en la lista del súper y déjame comprar.

¿Yo te hice volver loca?

¿Yo te encendí el audífono y dejé sonando la sirena?

¿Yo le abrí la puerta al psiquiatra de bigotes

que te arrastró como una carretilla de oro?

¿Yo te hice volver loca?

¡Desde la tumba, escríbeme, Anna!

No eres más que cenizas pero

agarra la Parker que te regalé.

Y escríbeme.

Escribe.

 

 

 

 

 

CIGARRILLOS, WHISKY Y MUJERES SALVAJES

(De una canción)

 

Tal vez nací de rodillas,

nací tosiendo en el largo invierno,

nací esperando el beso de la piedad,

nací con cierta pasión por la rapidez

y así, cuando las cosas progresaron,

aprendí sobre la empalizada

y lo que se saca fuera, el gas del enema.

Por dos  o tres aprendí a no arrodillarme,

a no esperar, a plantar mis fuegos bajo tierra

donde no hay nadie a quien susurrarle o acostar a morir
excepto las muñecas, perfectas y terribles.

 

Ahora que escribí muchas palabras,

y revelé tantos amores, y para tantos,

y he sido enteramente lo que siempre fui –

una mujer de exceso, de fervor y ambición,

encuentro que el esfuerzo fue inútil.

¿Acaso en estos días

no miro al espejo y veo

a una rata ebria esquivarme los ojos?

¿No siento tan intenso el hambre

que moriría antes de mirarla a la cara?

 

Me arrodillo una vez más,

por si acaso la piedad llegase

justo a tiempo.

 

 


DESDE EL JARDÍN

Ven, mi amor,
fíjate en los lirios.
Nosotros somos de poca fe.
Hablamos de más.
Deja de lado tu montón de palabras
y ven conmigo a mirar
los lirios abiertos en ese campo,
creciendo como veleros,
orientando  sus pétalos lentamente
sin enfermeras ni relojes.
Consideremos la vista:
una casa donde las nubes blancas
decoran los zaguanes embarrados.
Ah, deja de lado tus buenas palabras
y tus malas palabras 
¡Escúpelas como piedras!
¡Ven! ¡Ven!
a comerte mis frutas complacientes
.

 

 

 

 

DESEANDO MORIR

 

Ahora que lo preguntas, la mayor parte de los días no puedo recordar.
Camino vestida, sin marcas de ese viaje.
Luego la casi innombrable lascivia regresa.
Ni siquiera entonces tengo nada contra la vida.
Conozco bien las hojas de hierba que mencionas,
los muebles que has puesto al sol.
Pero los suicidas poseen un lenguaje especial.
Al igual que carpinteros, quieren saber con qué herramientas.
Nunca preguntan por qué construir.
En dos ocasiones me he expresado con tanta sencillez,
he poseído al enemigo, comido al enemigo,
he aceptado su destreza, su magia.
De este modo, grave y pensativa,
más tibia que el aceite o el agua,
he descansado, babeando por mi boca.
No se me ocurrió exponer mi cuerpo a la aguja.
Hasta la córnea y la orina sobrante se perdieron.
Los suicidas ya han traicionado el cuerpo.
Nacidos sin vida, no siempre mueren,
pero deslumbrados, no pueden olvidar una droga tan dulce
que hasta los niños mirarían con una sonrisa.
¡Empujar toda esa vida bajo tu lengua!
que, por sí misma, se convierte en pasión.
La muerte es un hueso triste, lleno de golpes, dirías,
y a pesar de todo ella me espera, año tras año,
para reparar delicadamente una vieja herida,
para liberar mi aliento de su dañina prisión.
Balanceándose allí, a veces se encuentran los suicidas,
rabiosos ante el fruto, una luna inflada,
Dejando el pan que confundieron con un beso
Dejando la página del libro abierto descuidadamente
Algo sin decir, el teléfono descolgado
Y el amor, cualquiera que haya sido, una infección
.

 

 

 

 

 

El 4 de octubre de 1974, tras revisar las galeradas de su manuscrito, El horrible remar hacia Dios, y almorzar con su editor, Anne Sexton vuelve a su casa. Se pone el abrigo de piel de su madre y se quita todos los anillos. Se sirve un vodka y con el vaso en la mano entra en su garaje y se encierra. Atrapada por la rutina, tras una nueva recaída en el alcoholismo y con un matrimonio destruido, se sienta al volante de su automóvil, un Ford Cougar de color rojo, y enciende la radio. Y el motor.
Había escrito: “Estoy viva en la noche. / Estoy muerta de mañana”.

 

 

 

 

contacto: piedra.de.toque@live.com

 

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