Cultura y turismo

Editorial
 
   
 
 

 

El concepto de turismo puede ser entendido como el movimiento que hacen las personas por breve tiempo fuera de su ámbito de residencia para conocer rasgos culturales diferentes a los de su entorno cotidiano, fundamentalmente con fines de recreación.

 

El turismo es, pues, el acercamiento fugaz, temporal, que las personas hacen a las manifestaciones características de otra región o de otra cultura. Llegan, ven y se van.

 

Cultura es, por otra parte, la manera en que las personas se relacionan consigo mismas y con su entorno, concepto en el cual el arte, o las artesanías, son sólo componentes

 

La combinación orgánica de ambos conceptos tiene diferentes y en ocasiones encontradas posibilidades.

 

Poner la fisonomía cultural de un pueblo al servicio de la mirada de otro pueblo con otra visión, otra cultura, otra forma de ver el mundo, puede concitar, si la empatía se crea, flujos importantes de visitantes, de capital, de atención hacia ese núcleo. Podría así obtenerse recursos que permitan su mantenimiento y en el mejor de los casos, su expansión

 

El invitado se interesa por ese atributo local y lo visita, deja su huella económica y en el mejor de los casos se transforma en un promotor de ese patrimonio. La veta económica y la difusión son, vistas así, las más importantes facetas en esta visión.

 

Por otro lado, etiquetar a un bien material o inmaterial con el concepto de turístico arrastra consigo enfocarlo hacia el interés foráneo. Los servicios turísticos, a su vez, tienen como objetivo el bienestar del visitante. Por tanto, el interés y el bienestar del visitante es el punto central en la catalogación de turístico.

 

En primera instancia dos hipotéticas consecuencias se desprenden:

 

Una: La atención se desplaza sumariamente de la raíz cultural profunda del bien en cuestión, para adherirse al interés del turista.

 

Dos: El patrimonio etiquetado como turístico es extraído lentamente de su cama, de su entorno de origen, para llevarlo a las vitrinas donde cómodamente el turista podrá ver su vestimenta, real o metafóricamente. Pierde así su esencia. Se cuida la envoltura pero se ignora el producto.

 

¿Ejemplo?

 

¡El carnaval en Tlaxcala!

 

El carnaval es otra de las herencias de la conquista española, conservado rigurosamente gracias al cerco fundamentalmente emocional y sensorial que los propios tlaxcaltecas nos construimos alrededor para defendernos del mito de la traición. En este espacio cerrado por siglos las tradiciones perduraron, se mantuvieron como en un museo.

 

El carnaval nace como una forma de expresión eminentemente social, de sátira hacia los terratenientes y con los rasgos de una época nebulosa, represora, como el impedimento a las mujeres para participar en el baile que tiene lugar en casi toda la geografía estatal, con sus características diferenciadas. Tiene también su elemento fuertemente religioso, como es su realización poco antes de la cuaresma. Es la fiesta de la carne justo antes del recogimiento, de la vigilia.

 

Hoy, esta fiesta puede verse todo el año y en el centro de la capital tlaxcalteca. Su elemento religioso se ha perdido, su contacto con la sociedad de origen es casi un recuerdo. Ese palpitar cultural en las zonas y en las regiones se ha trasladado a la capital. Son hoy muy contados los puntos de la entidad donde es posible disfrutar aún del carnaval en su esencia más cercana al origen: en las calles, callejones y caminos rurales.

 

Esta fiesta es ahora una postal para turistas, con sus bailes puestos a disposición en una pista adoquinada y el cobijo de los flashes. Y si el turista pide que el carnaval sea en octubre, o en julio, o en diciembre… se le concederá. Y si las necesidades del mercado turístico demandan modificaciones, las tendrán, tales como las aberraciones que en la edición 2017 de la festividad oficial caminaron las calles de Tlaxcala: una agrupación embutida en peludos disfraces como de osos y bailando con música a veces de reguetón, a veces de Disney. Eso se ha parido. ¡Y desfilan en la capital como parte del acervo cultural local!

 

El fenómeno cultural tiene en la estética una de sus partes importantes, pero el punto medular de su razón de ser, el motivo de su existencia es el diálogo que mantiene en su entorno social. En valor del fenómeno cultural estriba rotundamente en lo que a través suyo se dicen los miembros de una comunidad determinada. Si se extrae de su medio ambiente pierde su enorme valor simbólico y se transforma en una bonita fotografía para llevar a casa. No es ya la profunda radiografía que muestra el esqueleto de un pueblo.

 

El foro de cultura anunciado por el gobierno tlaxcalteca entrante tiene esos riesgos latentes, a saber por su temática prevista para las mesas:

 

Patrimonio tangible e intangible.

Fortalecimiento de la educación artística en el estado.

Promoción y difusión de las manifestaciones artísticas y culturales entre la población.

Estrategias para el desarrollo del turismo cultural.

Desarrollo de industrias culturales.

 

No, no se trata de impedir que el turista acuda a apreciar eso que sólo en Tlaxcala se muestra. No se trata de alejar a la cultura de la industria. No se trata de cercar nuevamente el desarrollo cultural local. Se trata de reordenar las prioridades, de mostrar la esencia verdadera y profunda de un pueblo, con sus motivaciones y sus características propias. Se trata de centrar la atención en los hacedores de la cultura como la prioridad para después, y sólo después, mostrarla al mundo.

 

 

 

 

contacto: piedra.de.toque@live.com

 

Regresar al inicio de esta página


Diseño y desarrollo: Iomedia