Pablo Olivera encierra
el tiempo en el metal

José Luis Puga Sánchez
 
   
 
 
La exposición Tiempo Habitado

El tiempo penetra todo. La vejez, la corrosión, las arrugas, la herrumbre, el deterioro… Las huellas del tiempo quedan marcadas en todo lo existente. Y eso precisamente fue el objetivo de Pablo Olivera, subrayar el paso del tiempo en sus esculturas, pero no un paso incoloro, sigiloso. Buscó hacer evidentes las muescas del tiempo en la materia, remarcar las huellas humanas en el producto artístico, la intención manifiesta del autor.

 

‘Tiempo habitado’ es un conjunto de esculturas que estuvieron expuestas en la galería Casa de la Nube durante todo marzo. Siete piezas metálicas con marcas de óxido.

 

Pablo Olivera explica: La escultura siempre ha sido para mí como la concreción de un proceso. Cuando entiendo el proceso como un paso en el espacio y en el tiempo, sentí que el proceso justamente de la escultura implicaba una habitabilidad de ese espacio en el que está pasando la escultura, de una forma amorfa a una definición estructurada que, pretendo yo, tenga valores estéticos, por eso el nombre de ‘Tiempo habitado’.

 

‘Tiempo habitado’ es una exposición que debe verse como un conjunto de piezas que se conectan. Es una exposición circular, como el perro que se muerde la cola, como la cinta de Moebius. Son piezas que ahí justo donde termina una de ellas empieza la otra, y la otra, y así sucesivamente hasta empezar nuevamente.

 

Pablo prosigue su explicación: Habitar el tiempo en la escultura implica eso: un proceso que va de un elemento férreo a un segundo, un tercero, un cuarto que le voy agregando y la escultura se va extendiendo en peso físico, en longitud, en capacidad de ver diferentes ángulos y ese proceso lio ubiqué claramente como una posibilidad de habitar el tiempo en el que la escultura se desarrolla. Por eso quise jugar con el término ‘Tiempo habitado’ y jugar con la oxidación como una segunda lectura al paso del tiempo concretizado u objetivado en la escultura.

 

- ¿La muestra se adaptó al espacio? ¿La sientes respirando libre, tranquila?

 

Sí. Creo que sí. De hecho primero vi la galería y sí, hay un diálogo entre la realidad física de la galería y las piezas y creo que se da en un momento de mi vida con cierta madurez en ese sentido. Ya no tengo la ansiedad de querer poner todas las piezas que tengo en el taller para llenar un espacio y sentirme más seguro de mí mismo. Escogí una serie de piezas que tenían una relación entre ellas en términos de estructura y de desarrollo plástico y fueron las necesarias para poder bien ubicar el espacio sin abarrotarlo, porque cada pieza pide un área alrededor suyo para que pueda ser leída. Son piezas que tienes que ver circulando, a excepción de dos relieves, para que puedas entender cómo se correlacionan los elementos que dan origen a esta búsqueda de la unidad general de cada pieza.

 

- ¿Has palpado la reacción del público que la visita?

 

Los amigos por solidaridad me aplauden, me felicitan, están conmigo. Y no sólo por solidaridad en sentido falso. Son amigos de verdad. Son gente que está con uno en las buenas y en las malas. Creo entonces que es un juicio muy real que acepto y agradezco.

 

Pablo se declara sorprendido por la afluencia a su muestra de una buena cantidad de estudiantes de economía, “porque hay un nexo con la gente de la galería, con Isolda Dosamantes y con Katsumi Kuricosaki, y la Facultad de Economía, y me parece interesantísimo cómo los jóvenes que no están tan metidos todavía en la plástica, vienen, reconocen, les da curiosidad y preguntan cosas. Creo que de alguna manera les despierta una visión distinta de la realidad, porque eso es lo que hace el arte; es una relectura del mundo a partir de los ojos del artista. Creo que ese público joven que acepta y viene, completa toda la experiencia del expositor y a ellos también la da un algo distinto”.

 

 

 

 

contacto: piedra.de.toque@live.com

 

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