Urge legislar el derecho
a la cultura en Tlaxcala

José Luis Puga Sánchez
 
   
 
 

Se resiste a dar un concepto de cultura, opta mejor por calificarlo como un proceso facilitado por el Estado. Carlos Villaseñor Anaya fue director del Instituto Tlaxcalteca de Cultura (ITC) y hoy divulga su asesoría a varias instituciones oficiales en varios procesos de administración cultural. Y aclara: por cultura “no se entiende un conjunto de cosas, se entiende un proceso de apropiación simbólica para la construcción de las personas, que incluye no sólo las expresiones artísticas y patrimoniales, sino las tradiciones, las costumbres, las lenguas, las artes, el espectáculo… incluye muchas cosas, pero en cada cosa que incluyes corres el riesgo de ser excluyente”.

 

Básicamente –abunda- se refiere a los derechos culturales: el derecho a tener una identidad, el derecho a adscribirte a una identidad cultural, a tener mecanismos de aprendizaje, a tener cooperación internacional dentro de las áreas que tradicionalmente hablamos de cultura, que son las expresiones artísticas y lo relativo al patrimonio, pero en una noción muchísimo más amplia que las siete bellas artes y la noción de patrimonio de la convención de 1972.

 

No. Villaseñor se niega a aventurar una definición de cultura: ¿Por qué las artes y por qué el patrimonio? Porque el patrimonio sí es todo un proceso de recuperación de memoria histórica que identifica una continuidad de una sociedad en una manera de resolver problemas de relación entre ellos y con el medio ambiente. Y las expresiones artísticas porque son lenguajes de expresión de las personas, lenguajes no idiomáticos, no de lenguas, pero que finalmente son formas de expresión en términos de garantizar a las personas su participación en el diálogo intercultural, fomentas así que las personas se expresen no solamente a través de los lenguajes verbales, sino de todas las expresiones artísticas que existen. En ese sentido sí hay énfasis en lo artístico y en lo patrimonial. Pero no una definición porque se ha observado que una definición tiende a ser excluyente. Si un gobierno basa sus acciones exclusivamente en una definición, por lógica está excluyendo las posibilidades de expresión de algunas comunidades, lo cual no es adecuado.

 

Esta necesidad –prosigue- de garantizar los derechos culturales y los derechos a la cultura para salvaguardar, para promover que las personas integren su muy particular de estar en el mundo cada quien, y lo expresen y lo incorporen… lo aporten a la diversidad cultural. No se trata, como sucedía en la promoción cultural del siglo 20, de llevar las expresiones culturales validadas por un centro productor hacia todos los sectores para unificar. Aquí se trata de permitir que el proceso se dé equitativamente en todas partes para que las personas integren, fortalezcan sus valores culturales de identidad construidos en su relación con su entorno social inmediato y con el ambiente. Y esa manera particular de ser en Altzayanca, en Tlaxcala, en Apizaco, en Huamantla se sume y aporte a la creatividad de la especie humana desde estos distintos puntos de vista.

 

Carlos Villaseñor acepta que el proceso, la mecánica para apropiar, para conocer, para fomentar la circulación, para generar la apropiación, el diagnóstico, puede ser similar en todas partes, subraya que los contenidos son distintos y “de lo que se trata es de promover la diversidad de los contenidos culturales. Lo que estamos promoviendo es lo contrario de lo que sucedió en el siglo 20, que es la integración. Aquí estamos reconociendo la diversidad para enriquecer la capacidad creativa de la especie humana”.

 

Pregunta: Percibo en tu posición una enorme valoración de la responsabilidad del Estado, valoración que no percibo con tanta fuerza hacia los creadores, los hacedores en las regiones. ¿El Estado sigue siendo el gran dedo? Hablas de apropiación, hablas de permitirles; es una facultad que se abroga el Estado. Permitirles… ¿no la tienen, hay que permitírsela?

 

No. Hago énfasis en el Estado…. y Estado considerando el acuerdo de una población para darse unas leyes y un gobierno en un territorio… o sea el Estado somos nosotros, no el gobierno. Porque es el Estado quien puede garantizar el derecho a la cultura, los derechos culturales, e instrumentar mecanismos de política pública para tal fin.

 

Desde luego yo no circunscribo la capacidad creativa únicamente a las personas que se expresan en lenguajes artísticos. La capacidad creativa es una capacidad que tienen todas las personas y que el derecho humano a la cultura es en beneficio de todas las personas, no es exclusivamente de los artistas. Y la política pública no puede estar dirigida nada más a los artistas o a los conservadores del patrimonio cultural. La política pública que garantiza el pleno acceso y ejercicio de los derechos culturales, es un derecho de toda la población para construir su manera de estar en el mundo y relacionarse con los otros, donde los artistas sí tienen una participación especifica en tanto que son los expertos en el manejo de lenguajes artísticos y el manejo de diversos lenguajes por parte de la sociedad es importante, en términos que diversifican sus formas de expresión, pero la política pública para el fomento a la cultura no puede ni debe estar solamente dirigida a los creadores, eso es un error. Los recursos públicos vienen de la población y son en beneficio de toda la población. Y el derecho humano a la cultura es en beneficio de todas las personas. Y hoy lo que necesitamos es incrementar la capacidad creativa de las personas, para que se inserten de mejor manera en las sociedades del conocimiento, no nada más de los artistas.

 

Pregunta: Toda política conlleva sus riegos, toda. Finalmente es una visión del mundo. La verdad universal no existe. Hace un siglo, principios del siglo 20, había determinado número de pueblos indígenas que mantenían su propia cultura. A finales del mismo siglo 20 hubo un cambio de políticas en México y se buscó una misma visión en todos lados; un solo México. Hoy existe apenas una tercera parte de esos mismos pueblos, resultado de esas políticas erróneas. Se arrasó con varias expresiones culturales…

 

Mira, no fueron políticas erróneas. En el siglo 20 correspondía una política cultural de integración. El objetivo que se tenía durante el siglo 20 era integrar a los países a alguno de los dos polos en los que estaba dividido el mundo el mundo occidental o el mundo comunista. Entonces los países hacían cosas para adscribirse, para reconocer, para compartir los valores simbólicos. La política era integracionista.

 

Pero aún más allá: el proyecto de la revolución mexicana, así como sucedió con lo político sucedió con lo cultural: la diversidad cultural del país la asimilo a un modelo de cultura nacional donde estaban integrados valores pretendidamente representativos de la diversidad cultural nacional en un solo paraguas que era la cultura nacional. Y todavía hoy tenemos vestigios de eso: vas a la sala 1 de Antropología y en la misma sala están el calendario azteca y el monito de obsidiana, que no tiene nada que ver entre sí, son culturas diferenciadas pero que el mecanismo de integración nacional era ponerlos bajo el paraguas de la cultura nacional. En ese momento las políticas culturales que llevaban al cumplimiento de esos fines eran exitosas. Bajo ese parámetro en la medida en que había cada vez más integración nacional, y menos diferenciación cultural, estaba siendo exitoso.

 

Hoy lo estamos juzgando con otros parámetros y nos damos cuenta que perdimos creatividad, que perdimos diversidad, que perdimos muchas formas de solución, de relación social y con el medio ambiente que eran pertinentes, que se nos redujo nuestro repertorio de hacer cosas.

 

Hoy de lo que se trata es de incrementar la diversidad para promover la creatividad. Las políticas son otras. Estamos descubriendo que las otras políticas acortaron nuestro bagaje y en ese sentido acortaron nuestra creatividad. Dentro de su racionalidad de medio a fin, lograr eso era su objetivo. Fueron buenas políticas. Las políticas culturales de la revolución mexicana, el proceso vasconcelista fue un proceso, en su racionalidad de medio a fin, muy exitoso. Las misiones culturales fueron tremendamente exitosas porque llevaron la expresión artística occidental al rincón más alejado de la república, porque llevaron los conocimientos producidos bajo el método científico a los rincones más alejados de la república. Pero hoy nos dimos cuenta que eso hizo que perdiéramos muchos elementos de singularidad que eran pertinentes… y que ahora necesitamos para resolver los problemas a los que nos estamos enfrentando. Por eso es que hay un cambio de política cultural.

 

Pregunta: Dime ¿Qué está originando qué?: ¿Las nuevas políticas culturales tratan de incidir en un cambio cultural o el cambio cultural está incidiendo en una nueva revisión de las políticas?

 

El cambio cultural está incidiendo. El cambio cultural consistente en que hoy los jóvenes tiene que poder dialogar con una diversidad que ninguno de nosotros soñó. Hoy los jóvenes conocen de ilustración manga, escuchan música coreana, ven cine de Hollywood y conocen qué cosas se están haciendo en otras partes. Y también están buscando recuperar cosas de su entorno ambiental inmediato para conocerse y para resolver cosas en sus relaciones cotidianas. De allí que los procesos de recuperación de memoria histórica están siendo tan importantes.

 

Pregunta: Regreso a la responsabilidad del Estado en las acciones, en sus acciones: Vienen los Ángeles Azules y se presentan con recursos públicos, con infraestructura pública, difusión pública… y muchos grupos más. La universidad está con mucho en el mismo tenor… ¿El gobierno del estado tiene responsabilidad en el proceso educativo? ¿En el proceso formativo? ¿Qué está formando? ¿Qué elementos están llegando a los ciudadanos para formarse?...

 

Ahorita es el problema precisamente, y por eso es necesario definir un marco legal constitucional en materia de acceso, participación y disfrute del derecho a la cultura, la ley general de cultura y una política cultural que te permita establecer claramente cuáles son las obligaciones y en caso de no cumplir las obligaciones, exigir las responsabilidades.

 

Pregunta: ¿Entonces la ley hace a la sociedad o la sociedad hace a la ley?

 

El problema es que hoy las obligaciones no están claras. No hay un elemento jurídico que te permita argumentar en contra de la pertinencia o no de traer un grupo artístico A, B o C…

 

Pregunta: No hay un modelo que el Estado presente o aplique que indique aquello que tiene o no cabida en ese proyecto, que indique que esto forma ciudadanos de este tipo…

 

En el caso de los estados hay tres mecanismos: la constitución del estado, las leyes particulares y los programas de gobierno. En el programa de gobierno viene claramente establecido cuál es el programa en materia de cultura y sobre eso lo desarrolla. Cuáles son las metas que tiene el programa especial de cultura y artes 2014-2018: llevar expresiones artísticas a la población y las medidas que tiene es el número de asistentes, así funciona. Si no tenemos una definición clara en términos constitucionales, legales y de política pública, no le podemos exigir a la institución gubernamental.

 

Y el problema es que lo defines a partir de qué es cultura, entonces estás definiendo a partir de expresiones concretas. Para nosotros la definición debe ser en términos de la obligación que tiene el Estado de garantizarte y de permitirte el pleno ejercicio de tus derechos culturales. ¿Cuáles son los índices de medida ahí? El número de espacios públicos, los índices de tolerancia que estás generando… en Colombia se hacen encuestas periódicas donde, por ejemplo, te preguntan: “A usted le agradaría vivir junto a un negro, junto a una prostituta, junto a un servidor público… se quiere lograr que la gente se relacione de manera pacífica y proactiva. Se están haciendo índices de medida; se está midiendo así la capacidad de empatía de la persona con la diversidad, no se está juzgando la preferencia del vecino, para que en consecuencia las políticas públicas que se implementen den mayores capacidades, mayores elementos, mejores alternativas y se generen mayores espacios de diálogo intercultural y se generen capacidades para la resolución pacífica de las controversias. Después de aplicar esas políticas se mide y si antes de diez ocho te decían ‘yo no soportaría vivir junto a un indio’ y después son seis quienes te lo dicen, tus políticas culturales están logrando el respeto de los derechos culturales, se están abriendo las posibilidades. Pero esa es una medida en términos de derechos culturales.

 

Si se pone en términos de derechos culturales puede ser que digas: se consideró como definición de cultura las artes plásticas, la música y la poesía. Y se pueden así tener muchas actividades de poesía, de música y de artes plásticas y habrás cumplido… pero no tendrán vinculación sobre si estás expresiones, que son cultura y que han sido validadas como cultura, son pertinentes para dar a las personas mayores capacidades y habilidades. Por eso es que se está definiendo como proceso, más que como contenidos.

 

Para Tlaxcala es necesaria una modificación a la Constitución (local) para introducir el derecho a la cultura y los derechos culturales, una ley reglamentaria de ese texto y una ley genera que articule las funciones de las instituciones estatales, municipales y los gobiernos de comunidad.

 

Después, toda acción que se desarrollara tendría que partir de un diagnóstico elaborado con base en las necesidades y en las condiciones que tenga esa comunidad en cuanto al acceso y el ejercicio de sus derechos culturales. Podríamos pensar en, a la mejor, una bandera blanca de cultura en cada comunidad que nos garantice que, por ejemplo, haya un promotor cultural, que haya un espacio para difusión y promoción artística, de convivencia comunitaria, que haya dos, tres, cuatro exposiciones al año específicas de valores culturales de identidad, que haya acceso a internet… Cumplidas estas condiciones mínimas en cada una de las 860 comunidades que componen Tlaxcala, tenemos ya las condiciones mínimas para el acceso, participación y disfrute en el desarrollo cultural del estado. Son ideas rápidas.

 

Y entonces ya estás midiendo no por el número de actividades, no por el número de asistentes, no por el dinero gastado, sino… de las 860 comunidades, cuántas tienen ya acceso a internet, cuántas tienen un espacio de diálogo intercultural, cuántas tienen un promotor cultural capacitado, cuántas están generando un espacio de recuperación de memoria histórica… y entonces toda esa política vamos a hacer una medición a nivel estatal: cuántos artistas tuyos han participado en exposiciones estatales, nacionales e internacionales… y si al principio del año teníamos diez y al final del año tenemos veinte, entonces le estamos dando mayores capacidades a la gente para circular en otras partes.

 

Si están haciendo danza, música, pintura; si es arte marginal para comunidades indígenas… eso no importa, no importa qué cultura estén haciendo, el caso es que están pudiendo expresarse, pudiendo comunicarse y pudiendo dialogar con la diversidad. Por eso soy tan resistente a decir una definición de cultura por contenidos. Porque entonces vienen todos los grupos marginales y dicen: no, nuestra expresión es muy importante porque somos jóvenes indígenas en condiciones de marginalidad que viven en la periferia y necesitamos que nos den un capítulo especial en la ley. No. No es trato privilegiado. Es generar condiciones generales.

 

 

 

 

contacto: piedra.de.toque@live.com

 

Regresar al inicio de esta página


Diseño y desarrollo: Iomedia