Miran directores de museo
un espejo deformado

José Luis Puga Sánchez
 
   
 
 
Directores de museo en auto consulta

 

Tlaxcala presume sus museos. Los aplauden. Se solaza con ellos.

 

Uno solo es emanado de la sociedad, nacido del impulso de artistas: el Museo Nacional del Títere (Munati). Alejandro Jara Villaseñor y Guadalupe Alemán Ramírez invirtieron proyectos, ideas, pasión y más. Por ello es el único bien posicionado, aunque de años recientes a la fecha la misma administración pública lo ha debilitado en grado sumo.

 

Los restantes museos son resultado de decisiones políticas. Nacen con el lastre de carecer de un proyecto y una planeación que empate con la sociedad. Ninguno tuvo el necesario estudio de mercados, de pertinencia, de públicos, de contenidos. Ninguno identificó su esfera de acción. Ninguno tuvo una cuna en la cual mecerse. Casi todos nacieron de ideas de personas alejadas de la cultura como son los políticos y por ello bajo el tenue manto de un esbozo de política… que sobre la marcha muta una y otra vez.

 

Y este mayo, en un ejercicio que por segunda ocasión se materializa, los directores de los museos, los dependientes de Oficialía Mayor y del Instituto Tlaxcalteca de Cultura (ITC), se reunieron a propósito del Día Internacional de los Museos para “Decir lo indecible”, lema oficial de la conmemoración pero tan alejado de la cotidianeidad nuestra. Pero aquí a la reunión de directores de museos se le impuso la directriz: “El museo como espacio de debate”.

 

El director del Museo Regional de Tlaxcala, administrado por el INAH, se ausentó del encuentro con un vago argumento. Tampoco estuvo presente, sin ninguna justificación, el representante del Museo Vivo Casa de Artesanías. Fue un asesinato conceptual acusado por asistentes.

 

Pero los directores presentes reconocieron la necesidad irresuelta aún de adentrarse en la capacitación, de abrir centros internos de investigación, de identificar y capturar más público en cantidad y en heterogeneidad, de instaurar ahora sí un real programa de difusión.

 

Todos se ufanaron del trabajo realizado.

 

Pero ninguno habló de la ausencia, en extremo vital, de museógrafos profesionales, resultado de un largo y profundo proceso educativo, no de algunos esporádicos cursos de capacitación.

 

El moderador de la mesa, Lucio Parra Plata, disparó a mansalva: advirtió de la distancia abierta entre la sociedad y los museos, motivada por el accionar de grupos de artistas elitistas. La interacción con la sociedad se ha detenido con ello.

 

Clamó, en su más amplia resonancia, por la definición de políticas museológicas construidas desde la sociedad, para desde su inicio mismo contestar a los requerimientos sociales y satisfacer las expectativas que se depositan hoy en cada museo.

 

Tocó otra llaga: la reducida temática que envuelve a estas instituciones. Predomina –dijo- en los museos la temática de historia, arqueología y arte. Faltan estudios regionales para definición de temáticas. Ejemplos: museos de numismática, de ecología, de especies, tecnológicos… una cantidad de temas que tiene que ver con la planificación regional.

 

Y algo más, en los hechos los museos están abiertos a todas las expresiones culturales, pero no a todos los públicos.

 

El conversatorio se dividió en tres partes: la primera correspondió a la intervención de cada director de museo, su posicionamiento, su trabajo y su razón de ser. La segunda fue de retroalimentación, de participación del público asistente. La tercera se destinó para las conclusiones individuales de cada director.

 

Para mejor información de usted, dichoso(a) lector(a), se presenta en versión estenográfica, integra, sin cortes comerciales y en el orden en que se presentaron, el posicionamiento inicial de cada director:

 

Soledad Martínez Mancilla, directora del Museo Miguel N. Lira

 

Buscamos un diálogo respecto a lo que el museo puede ofrecer como recinto de cultura, como recinto de aprendizaje no formal y la experiencia que se tiene con los públicos, la retroactividad en cuanto a las opiniones que muchas veces ustedes (refiriéndose al público presente) nos expresan tanto de manera verbal como en nuestros libros de visita, que suelen ser muy importantes.

 

En este sentido y dando un poco pie a este tema que el ICOM propone para este año de celebración, quiero decirles que en el caso del Museo Miguel N. Lira, este personaje tan importante para la cultura, para la literatura de Tlaxcala, un ejemplo de emprendedurismo, de amor a su patria chica y en general a su país de Miguel N. Lira genera muchos comentarios respecto a su trayectoria, la mayoría de las veces de manera positiva, pero también como un espacio de cultura en general tengo una anécdota que me gustaría compartir con ustedes: recientemente tuvimos una conferencia sobre este movimiento poético que es el infra realismo y platicando con quien iba a ser nuestro ponente, de repente me dice: “oiga pero el infra realismo es un movimiento que estaba en contra del gobierno. ¿Podemos en el museo hablar de esta situación?, porque en su momento fueron relegados, sobre todo se oponían a los cánones establecidos en su momento. Le tiraban mucho a Octavio Paz. ¿Lo puedo decir?”.

 

¡Pues claro que lo puede decir! Creo que mientras no insultemos a nadie, mientras no agredamos a nadie, creo que todo es válido, toda opinión es válida. En este caso siendo un espacio al que le hemos querido dar la vocación, siguiendo por supuesto la figura de Miguel N. Lira, hacia la literatura, hacia la poesía, hacia todo lo que tenga que ver con este género que también Miguel N. Lira practicó, creo que es válido. A mí me llamó mucho la atención porque yo no le veía ningún problema que se hablara de este movimiento que empieza a ser revalorado incluso a nivel nacional por varias instituciones de cultura del país y que un creador, que un poeta de repente me dijera: oiga, ¿no voy a tener problemas? Me llama mucho la atención porque tendría que ser tal vez, en esa concepción que tenía, al revés.

 

En este sentido, creo que el museo, como muchos otros recintos culturales, sobre todo en estos tiempos, está abierto a todas las expresiones por supuesto en caso de una conferencia, o hablando precisamente del aspecto museográfico, cualquier expresión, cualquier comentario es bienvenido, porque precisamente creo que estos son los espacios donde la gente puede expresarse con toda libertad

 

Jaime Flores Flores, director del Museo Nacional del Títere

 

Yo represento a un museo en especial, especial porque es de títeres, y pareciera que ese museo no da oportunidad para debates, y no es cierto. Además de otras cosas que nos hacen recordar, porque al estar en el museo y darse cuenta de la gente que nos visita y escuchar sus comentarios, además de traerles recuerdos agradables de su infancia, también puede ser motivo de un diablo de otro tipo, porque hay personajes en el museo que nos permiten ese tipo de comentarios, como el Vale Coyote, que en su tiempo fue un personaje, un títere que, pudiéramos decirle, atacó en forma moderada al gobierno, tan ese así que estuvo censurado muchos años, pero eso es motivo para ello, para revisar este aspecto del museo.

 

Es un museo donde encontramos recuerdos con los títeres, además de que nos manifiestan las diferentes manifestaciones culturales de los pueblos, porque existe en ella varios títeres de varios países, y es una oportunidad de conocer cómo se manifestaban éstos.

 

Los títeres son un elemento importante. Recordemos que el mismo gobierno utilizó ese sistema para divulgar en las campañas de salud. Y en las escuelas ese tipo de elemento como medio didáctico a la comunidad.

 

Ese museo se ha modernizado y tratamos de que los recuerdos, las vivencias y sobre todo los niños compartan con sus padres algunas experiencias que hemos también tenido con ese elemento que se llama títere, pues creo que es un medio para ello… No tan sólo eso, sino que hay motivos mismos que los mismos personajes nos presentan, porque tenemos personajes de la vida real, guardados ahí en unas vitrinas que nos hacen recordar las épocas, ya hace algunos años, que nosotros como adultos… o yo por lo menos… recuerdo con alegría al ver ahí a personajes.

 

Liliana Cahuantzi, directora del Museo de la Plástica

 

El museo tiene una misión de educación no formal, a su vez que es una plaza pública, y también tiene la misión de converger o hacer convivir a la sociedad, de que lo sientan un espacio suyo.

 

Aquí en este museo tenemos la particularidad de tener cuatro maestros con trayectoria, con experiencia, como es el maestro Teódulo Rómulo -tlaxcaltecas todos-, el maestro Hermenegildo Sosa, el maestro Desiderio Hernández Xochitiotzin y el maestro Armando Ahuactzi.

 

Es un espacio de educación no formal, pienso yo, desde el momento en que aquí recibimos escuelas desde educación preescolar, primaria, secundaria, preparatoria y personas de la tercera edad, personas con capacidades diferentes. En este museo contamos con un sistema Braille, en donde las personas invidentes pueden palpar algunas obras de estos maestros y también las pueden interpretar a su manera.

 

Tenemos también la sala de exposiciones temporales, que es un espacio de debate, pienso yo, en el sentido de que en cada periodo cambia la exposición. La exposición anterior, por ejemplo, fue de “Los tlaxcaltecas más ilustres”, en donde se hizo referencia a un periódico de los años 70, periódico de Tlaxcala, en donde aparecían algunos personajes de la historia o de la sociedad distinguida de esa época. Y en esto sí debatieron, sí convergieron muchas personas de la sociedad tlaxcalteca con el interés de identificar a sus seres queridos, algún familiar. Teníamos, ya se retiró esa exposición, pero teníamos un muro de collage de fotografías en donde ellos podían poner algún comentario, o podían identificar a alguna persona que ellas conocían, o alguna característica en especial que tuvieran.

 

Tuvimos mucha visita y cada quien identificó a su personaje, se sintió parte de él en el momento en que pudo poner algo significativo en alguno de ellos de esa época, sobre todo gente mayor.

 

Ahora tenemos la exposición ‘Efigies’ de un joven de 27 años. Es una época moderna en donde él tiene otra forma de ver el arte, en donde se utilizan más las redes sociales, en donde se utiliza más todo lo digital y de algún modo nos invita también a estar al día y a la vanguardia porque ahora los jóvenes… la información le entra por la vista y por la tablet o el dispositivo móvil que tengan al alcance.

 

Creo que este también es un reto para nosotros, lo museos, darles a conocer por medios digitales esta información y hacer que les interese, que les guste venir, que los sientan como una plaza pública o que los sientan como un lugar en donde puede haber actividades, para niños… pues para niños y jóvenes o para adultos, como es el cine club comentado, en donde tratamos de tocar temas de arte y al final se comenta. Ahí se escuchan muchas experiencias incluso de los visitantes, así como en el libro de visitas, donde tenemos diversos comentarios también.

 

Carlos Bretón Jiménez, coordinador de la red de museos del ITC

 

Es un tema controvertido como el tema del día internacional de los museos. Entendemos al museo como un espacio en donde se conserva, en donde se condiciona, en donde se promueve y se difunde parte del patrimonio cultural de los pueblos. En ese sentido cumple un mandato muy específico, muy especial, pero también el museo tiene que ver con algo importante, el museo tiene que ver sobre todo con sociedad, con sus públicos, y de ahí es donde se genera el debate. El hecho de que estemos hoy en esta tarde reunidos aquí, tiene que ver precisamente con un espacio de debate; es decir: donde confluyen distintas ideas que tienen que ver con el entorno inmediato que nos rodea, con distintos asuntos, no solamente que tienen que ver con la vocación de cada uno de los museos, sino con los problemas que aquejan a la sociedad y que tienen un punto de convergencia en los espacios museísticos, ya que generan un espacio de debate.

 

Desde luego algo muy interesante que acaba de mencionar la licenciada Soledad: cómo un museo –la mayoría de los que estamos acá somos museos estatales-, cómo entendemos que es un museo público y pueda tener cabida el espacio de debate. Precisamente ahí radica uno de estos aciertos de estos temas en donde el museo se abre más allá de cumplir con ciertas necesidades específicas que es educar, comunicar conocimientos, sino también abrirse, salirse hacia la sociedad para entablar un diálogo y establecer un vínculo comunitario con su sociedad, ver qué tipos de públicos, cuáles son las necesidades que los quejan y converger en temas comunes en debates como el de hoy.

 

Por otro lado, también poner un poco sobre la mesa este asunto de para qué crear más museos, ¿Son necesarios más museos? Creo que ese es un tema recurrente que desde luego tiene que ver con un debate hoy por hoy. ¿Es necesario tener un museo? ¿Ya tenemos los museos suficientes? o ¿El museo se tiene que crear a partir de un estudio específico de sus públicos? ¿Qué tiene que atender a unos públicos específicos o más allá, más generales?

 

Creo que es un debate interesante, y ahorita lo acaban de mencionar, por ejemplo hay aquí una persona que está viendo la posibilidad de crear un museo y hay como una sinergia interesante, importante, de ir generando museos, ir creciendo a través de museos, y que de pronto no suceda como lo que pasa hoy por hoy en un estado vecino como es Puebla, que de pronto esta sinergia de ir construyendo museos, ir creando museos, que tiene que ver… que radican más en un consenso que en un disenso; es decir, se anula la posibilidad de debate porque todos cumplen, de pronto, con una consigna de diferenciar, quizás.

 

Es un poco delicado el tema pero aquí en Tlaxcala sucede algo distinto. El hecho de que estemos debatiendo, estemos discutiendo estos temas creo que es más que loable. Les dejo también este tema en la mesa.

 

Juan Carlos Ramos, director del Museo de la Memoria

 

El Museo de la Memoria surge esencialmente de un debate, y de características históricas. Entonces cuando Carlos Bretón y un servidor estábamos haciendo la aventura fuera de museos, en un café, platicando sobre lo que sería la próxima celebración de DIM 20-17 (Día Internacional de Museos), caímos en cuenta de que en un principio íbamos a tocar una fibra muy sensible de la sociedad tlaxcalteca: el tema mundial, que es decir lo indecible. Y surge precisamente de que los museos cuenten las historias reales en torno a hechos históricos, dramas históricos, de los cuales la sociedad, el ser humano, debe estar apenado.

 

Afortunadamente estamos muy alejados de aquellas circunstancias, aparentemente, pero realmente no. Hemos sido atacados en Tlaxcala por tratantes de blancas, hemos sido acusados en Tlaxcala por traicionar una patria que no había nacido en el momento en que se dieron aquellos hechos históricos.

 

El Museo de la Memoria, cuando lo empieza a conformar la maestra Verónica Rascón, llama a una serie de lumbreras en diferentes temas: agricultura, Tomás Saldaña; en simbología religiosa, Cuadriello; historia y etnohistoria documental de Tlaxcala, Andrea Martínez Baracs; pictografía tlaxcalteca, Luis Reyes… Invitan por ahí a un colado, imberbe, joven antropólogo Juan Carlos Ramos a una mesa de trabajo, mandado realmente como representante del director general del ITC, que entonces era don Ignacio Tapia Echávarri, a estar en una mesa de trabajo con Verónica Rascón y todas estas personalidades para ver qué pasaba con ese museo.

 

Con la intención de generar un museo, primero no en torno a la historia de Tlaxcala como el Museo de la Memoria, sino el tema primario del Museo de la Memoria fue hacer un museo para los y las ilustres tlaxcaltecas. Todo mundo acordó positivamente que era un gran tema. Por ahí alguien dijo no… y la sesión se acabó… y esa persona fui yo.

 

Al día siguiente hubo un llamado a la dirección general del ITC para que fuera yo a la oficina de la maestra Verónica Rascón. Me dijo Nacho Tapia:

 

- ¿Qué hiciste?

 

- No sé

 

- Pues tiene que ir allá. Seguramente te van a… yo era el director del Museo Nacional del Títere.

 

Y entonces la maestra Rascón me dijo:

 

- Oye, muchas gracias. Fuiste el único que dijo que no, pero ¿cuál es el tema que se te ocurre?

 

No hubo tema. Yo realmente dije: Pues es que yo realmente hubiera exigido que mi abuelita, mi abuelito estuvieran en esa sala de ilustres. Por qué, por el sólo hecho de que mi abuelo hubiese sido grado 33, pero además presidente municipal de Apizaco… y además hubiese robado a mi abuela a cuaco y venir corriendo desde Río Blanco hasta Apizaco. Entró en la reflexión eso.

 

Hoy en día el Museo de la Memoria no hay día en que no llegue una persona de cualquier otro estado de la república mexicana, incluso de aquí de Tlaxcala, y pregunte: “Ah, es el Museo de la Memoria. ¿Esto de qué es?”. Se le explica rápidamente de qué se trata y dice: “Ah, sí. Del tlaxcalteca traidor se trata”. Entonces díganme si no estamos en un debate cotidiano, tratando de zanjar incluso entre nosotros mismos los tlaxcaltecas, aquella gesta histórica en donde Tlaxcala no traicionó a nadie. En donde hubo, documentadas, tres grandes batallas y una está pictografiada en el códice de Huamantla.

 

Y ese es uno de los grandes debates que tenemos día a día. Y sí por supuesto también teníamos debates con la dirección general por ver cuáles son los temas de exposición temporal que se fuesen a montar. ¿Podemos hacer una exposición temporal en torno a la violencia que existe en el trato a la mujer? ¿Podemos hacer una exposición temporal en torno a la trata de blancas que tanto nos ataca aquí en Tlaxcala? ¿Podemos incluso hacer una exposición temporal en torno a una escalera eléctrica?... Diario estamos en ese tipo de debates con los tlaxcaltecas.

 

Por supuesto que lo de la escalera no lo dije en serio…

 

Armando Díaz de la Mora, director del Museo de Arte de Tlaxcala

 

Generalmente cuando se habla de museos la gente se ubica: es una serie de cuartos con cosas viejas que están ahí amontonadas, tienen una plaquita y tratan de explicarnos algo. Ya dijeron muchas cosas que no voy a repetir que son muy importantes en los museos, pero hay que reflexionar en el espacio como plaza pública, el espacio como educación no formal, los debates deben propiciarse más allá del sentido de estos debates que se han tratado. ¿En qué momento el museo logra posicionarse como un referente de la comunidad en que se encuentra? Ese debe ser uno de los primeros pasos que debemos debatir y entender para los museos.

 

Es muy bueno que la gente venga, que se interiorice, sí. Pero en qué momento se apropia del museo y dice: es parte de mi cotidianidad, es parte de lo que yo tengo. No solamente son las cosas que están colgadas o puestas ahí. Los museos deben generar polémica, porque dentro de la teoría, la práctica no se da porque en un país donde se requiere curar cáncer, no hay dinero suficiente para los museos, en los museos debemos tener áreas de investigación, dentro de sus vocaciones. Y más allá todavía. En los museos además, si estamos hablando del Museo de Arte, debe haber conciertos de coros de niños, debe haber conciertos de ensambles de cámara, debe haber presentaciones de libros. El museo de literatura o de historia tiene que tener conferencias de arte, porque estos son los espacios que se deben crear para el debate y el diálogo. En qué momento propicio que el museo tenga este diálogo con la gente. Me parece que está es la pretensión más importante que deberíamos tener en este momento considerando.

 

Estoy tratando de hacer una síntesis de lo que ustedes dijeron, no estoy contando nada nuevo, ni va para allá. Es lo que ustedes están diciendo, pero en qué momento me posiciono, me apropio del espacio y lo considero vivo, lo considero un espacio en el que todo el tiempo vamos a tener una actividad… y vamos a debatir. Ya hemos tenido presentaciones de libros en los museos, está aquí Adrián que hemos trabajado con él, con Israel Netzáhuatl en coros, los grupos de títeres, el Museo Miguel N. Lira tiene títeres y acerca a la gente. No voy a ser repetitivo, que además no tiene sentido, pero esto es el motivo de debate en un museo: en qué momento me inserto en la sociedad, en qué momento mi comunidad, mi entorno cotidiano me apropio y luego cómo ese diálogo de educación no formal con mi comunidad.

 

Y entonces propicio el debate. Propicio que la gente que llega al museo escuche ‘Esponjas de Vinagre’, que habla de la trata de mujeres, que escuche lo de infra realismo. Esto es lo que deben propiciar estos debates… y no meramente esto sino, insisto, lo que yo tengo en el museo pegado a las paredes, pero además lo que yo estoy produciendo hacia mi comunidad. Ese debe ser uno de los sentidos importantes de los museos.

 

José Antonio Corichi, director del Museo de Sitio de San Luis Apizaquito

 

Realmente el museo de sitio de Apizaquito ha sido controversia desde el principio. Y como dice el maestro Armando Díaz de la Mora: es parte de la controversia la esencia misma del museo.

 

Si consideramos que museo es lo que está a la entrada, valga la redundancia, y lo que otro letrero indica hacia la derecha lo que se llama museo de sitio y librería, estamos equivocados. El edificio en sí es un museo porque parte de la museografía son las letritas y yo no las tengo, las letritas antiguas, y yo no las tengo dentro del museo; no las puedo quitar y meterlas ahí y decir: esto solamente es el museo y lo demás es un espacio cultural.

 

En todo el edificio la estructura misma y tener una capilla es parte del museo, porque eso es la esencia misma del espacio. Y como anécdota lo que he comentado: finalmente, digo, eso es parte de la esencia, la controversia; estoy de acuerdo, no estoy de acuerdo; me interesa, no me interesa…

 

Y algo bien interesante que he comentado: cuando se presentó la revista de museos,  hubo quien se levantó y se desgarró las vestiduras y dijo: ¡cómo sacan el museo textil de La Trinidad si es una porquería!

 

¡Es un museo!

 

Se está buscando que ese espacio del museo textil tenga un lugar digno y se pueda albergar en el museo de sitio. Esa es la parte esencial, que no sólo sean tres millones de… lo que corresponde al museo de sitio. Y además es un museo que está iniciando, que inició como cualquier otro museo y por eso forma parte de esa controversia y a quién se le ocurre escribir una historia sobre el museo textil, de un museo que dicen que no vale la pena: a mí. Forma eso la controversia dentro del mismo lugar.

 

Para mí son primordiales dos elementos: primero, para ser propio, para tener esa cotidianeidad, considero que debe tener dos puntos primordiales: la promoción y la capacitación. Siempre he dicho que cuando se explica un museo, cuando se habla, cuando uno llega y oye a la gente hablar y dice: esto es de 1755 y llega otro guía, otra persona y es de 1758… siempre he dicho que para decirle una mentira nos pongamos de acuerdo en decirla, porque entonces es donde se genera la controversia, pero de una manera errada. Entonces quién es la persona que se encarga de decir: haber esta pintura, esta figura, este elemento corresponde a dicha época, porque tiene que haber unos expertos que hablen sobre ese tema, no lo que de pronto medio oí o me imagino, supongo, pienso o lo que digo.

 

La esencia misma del museo tiene que ser desde ahí, y ya sobre eso es importante considerar qué importancia tiene para la sociedad dicho museo, porque también por ejemplo se está buscando hacer un museo comunitario en Atlangatepec, entonces el problema que mencionaban también: la falta de presupuesto. Los elementos que realmente sean específicos de ese museo, porque si le empezamos a meter de chile, de mole y de dulce, después en lugar de ser un museo se vuelve una galería, o se vuelve un depósito o se vuelve muchas cosas, porque no hay una asesoría, que por supuesto tiene que ser dada por un experto. Hay expertos en museografía, en historiografía, etcétera, y que esa es la parte esencial de intervenir un museo, que es además… ¿Aceptan el debate de si se tengan que abrir o no más museos? Finalmente la sociedad lo determinará.

 

INTERACCIÓN

 

Hasta aquí la intervención libre de cada director de museo. Prosiguió una sección de intervenciones del público en su mayoría de franco y mecánico aplauso, de lisonja fácil, de ausencia de aparato crítico para evaluar el trajinar museístico en Tlaxcala. Se presenta ahora un extracto de esta sección seleccionados por tema en un solo cuerpo de redacción, pese a que en algunos casos las opiniones no fueron presentadas secuencialmente y de manera directa.

 

Lucio Parra, el moderador, fijó las reglas del juego: Aprender a escuchar a los otros. Hablamos mucho de la diversidad, de los puntos de vista, de la otredad…

 

Dos ilustres cronistas, Cesáreo Teroba (Tlaxcala) y José Hernández Castillo (Huamantla), fueron formales a carta cabal: los museos –dijo Teroba- son parte de la sociedad, son las áreas donde se preserva la memoria de la sociedad. Los tlaxcaltecas debemos felicitarnos por tener unos museos extraordinarios. Ché ché clasificó a los panteones como museos y reveló trámites para la apertura en Huamantla del museo de las momias, donde aseguró hay 87 cadáveres perfectamente conservados.

 

Otro asistente descubrió la existencia de trámites para la creación del museo de los señoríos tlaxcaltecas, que incluiría información de más de cuatro señoríos.

 

Mariana Herrera, especialista en arte, se subió al tren de las demandas y se pronunció por museos con centros de investigación, con bibliotecas dignas, fichas técnicas completas y correctamente expuestas, información necesaria sobre cada obra expuesta. Refutó a una muchacha que en conferencia impartida horas antes, se quejara de la ausencia de espacios infantiles. Herrera dice que los museos han hecho un trabajo “maravilloso” que debe ser cacareado: los museos de la Memoria y Miguel N. Lira tienen una afluencia de niños “impresionante”, “aquí no se abandona al niño. En ese aspecto estaba mal la señorita”.

 

Entonces, el director jurídico del ITC, Giovani Pérez Lira, tomó la palabra decido a deshacer entuertos. Dijo, micrófono en mano: “Es triste ver un museo de un cuarto, porque así todos podemos tener un museo en la familia: en la casa de la abuelita podemos encontrar muebles viejos, ropa vieja. Perdón por el término de viejo, pero finalmente eso sería parte de un museo”. Refutó tajante que “en el museo se tenga que formular el conocimiento (…) porque el conocimiento no se genera en el museo, el conocimiento se genera en la escuela y de ahí hay que estar ligados con la realidad de la historia del país. Porque la historia no se da en los museos, la historia se imparte en la escuela, en las universidades y se refuerza en la visita de un museo. Pero es tan real la situación de que los museos no están aportando ese granito de arena a la educación, que finalmente sabemos qué tipo de sociedad tenemos”. “Es muy bajo el nivel de las personas que visitan los museos”. “El ciudadano no está obligado a asistir a un museo. El museo tiene que generar la atracción hacia la sociedad”.

 

Necesaria disección reclama la insólita intervención de un funcionario del ITC señalando que los museos no están aportando, afirmación que se opone a las de los cronistas presentes y a la de Mariana Herrera.

 

La diversidad: ‘ser o no ser’

 

Una persona del público que no se identificó pero dijo ser doctor con 24 años de edad, tomó el micrófono para interrogar-retar a los directores y antes de proponer la creación de un museo del carnaval, lanzó una pregunta: ¿Cómo hacer que un joven de 20-25 años asista a un conversatorio? ¿Cómo hacer que los jóvenes se acerquen a los museos?

 

La contestación llegó de Armando Díaz de la Mora: “Lamentablemente, te lo digo en buen plan, ya estás viejo para crearte como público de museos. Tenemos que trabajar con los niños. Ya a los 24 años eres caso perdido, te lo digo en buen sentido, ya te formaste como persona. Hay que enfocarnos a los niños y ahí es donde sí hablo en nombre de todos mis compañeros, de todos. Por eso trabajamos con los niños de kínder y de primarias…”.

 

Mariana Herrera en su momento ahondó: “Ya pedimos a los museos que hagan. Los museos están haciendo su labor, pero todos somos gente pensante, todos pensamos, todos tenemos familia. Y ya es hora también de dejarle de estar pidiendo a papá gobierno que nos resuelva todo. O sea: ‘necesito que alguien me enamore para venir al museo’. No pues piénsale m’ija, vaya usted y busque. El joven que dijo: cómo le hace para que venga alguien de 20 años. El chico tiene 20 años, él vino. Tiene su respuesta. No sé por qué hizo la pregunta”.

 

Minutos después Carlos Bretón intervino en el tema: “Sin duda que hay que cuidar la atención a los niños, a los jóvenes, pero también hay una serie de públicos que tienen derecho al acceso a los museos, al conocimiento, entonces tienen que ser más amplias las estrategias de acercarse a los distintos públicos, porque de ahí depende el acercamiento de estos espacios, de estos recintos, y salirse hacia la comunidad”.

 

La voz de Jaime Flores se sumó al, ahora sí, debate: “Una aclaración: esto de acercar a los museos es labor de todos, no nada más de nosotros. Debemos nosotros convencerlos, con respeto, a nuestros amigos; hay que obligarlos a que vayan… sugerirles… yo creo que lo que necesitamos hacer es un plan de trabajo, que lo tenemos de que estemos ligados con las escuelas, para que los maestros obliguen o dejen a los alumnos algunos trabajos de investigación que los lleven a los museos. Y estando en los museos, hay que explicarles y que se enamoren de los acontecimientos históricos. A mí no me gustaba la historia, pero me la pintaron bonito y hoy soy apasionado de la historia…”.

 

En cuanto a creación propuesta de un museo del carnaval, el doctor desconocido también tuvo respuesta: Carlos Bretón dijo: “sobre hacer un museo del carnaval ha sido una necesidad así como que muy latente. La tradición del carnaval nace en las comunidades, se crea y se recrea ahí. Intentar sacarlo de su contexto sería prácticamente un ‘culturicidio’. Tiene que seguir en las comunidades. Ahí nace, ahí crece, ahí se fortalece y ahí se va a quedar siempre”.

 

Bajo esa teoría, supondríase como ejemplo que la existencia del Museo Nacional del Títere ha provocado que el arte de los títeres ya no exista en las comunidades, donde nació, creció, se fortaleció y ahí debió quedarse.

 

A manera de despedida, Juan Carlos Ramos asienta: “No se ha encontrado una receta puntual para la suficiencia de recursos… y la hemos buscado. El tema y la problemática es multifactorial: depende de una política federal que baja a la política estatal y luego a la municipal y luego a la intencionalidad de cada uno de los funcionarios en turno. Los recursos que se etiquetan como ‘autogenerados’ son intocables, más hoy en día porque ya están gravados y etiquetados para reinsertarse al erario público… y sí generamos, el caso del Museo de la Memoria, a través de ventas de libros, a través de ingresos propios buenos recursos…”.

 

Otro boquete

 

La directora del Museo de la Plástica toca esa úlcera que le es familiar: la imagen y la difusión. Encargada durante la última parte del sexenio de Zarur del área de imagen institucional del ITC, Liliana Cahuantzi hoy dice: “No tenemos un presupuesto para contratar a una persona especializada en imagen institucional, pero estudiantes de diseño gráfico prestan su servicio social o sus prácticas profesionales con nosotros, además ¿quién mejor que los jóvenes para adentrarse en redes sociales? Porque la mejor manera de llegarle a los jóvenes es por ese medio. A lo mejor el apoyo de Turismo, porque Turismo es quien habla o cacarea el huevo de todo lo que hay aquí en el estado, o el Instituto de la Juventud, o los mismos jóvenes. Con darnos ‘like’ se los agradecería”.

 

La contraparte llegó inmediata. José Antonio Corichi recalca que “puede haber espectaculares, puede haber redes sociales, pero está comprobado que la mejor promoción es la de boca en boca. Por otra parte, más que enamorar a los jóvenes, yo me iría por la parte de picarles la curiosidad. Cómo lograr que el museo sea un atractivo, porque el museo está, los elementos están, pero qué es lo que está pasando para que no logremos picarles la curiosidad, porque no les interesa. Si no está esa difusión no nos enteramos de los eventos”.

 

En cuatro años y medio de vida y hasta hoy, Piedra de Toque no ha recibido un solo boletín de prensa institucional, no ha sido invitada esta revista una sola vez a los actos oficiales. La institución recalca su exclusión: sólo redes sociales para contactar a los jóvenes. La pluralidad, la inclusión, la diversidad es tema sólo en la mitología oficial.

 

Cierra el conversatorio y el coordinador de la red de museos quiere dejar su rúbrica. Carlos Bretón enumera pendientes y retos: Falta un estudio de los públicos: ¿qué es lo que quiere mi público inmediato? ¿Qué estrategias voy a tomar para hacer que se acerque al museo?… Yo conmino a mis compañeros de los museos que nos reunamos, si así se puede, el mes que viene (junio) en el Museo Nacional del Títere de Huamantla, que pongamos temas y que sigamos con esta propuesta, ahora de manera recurrente y con distintos temas.

 

Pero el moderador Lucio Lara Plata es quien pone los aretes: Nos falta definir políticas museológicas muy claramente establecidas y a partir de ahí establecer programas de formación de públicos, de accesibilidad, etcétera, y llevarlos a la práctica sin perder de vista la diversidad cultural y la diversidad de públicos. Si no direccionamos ofertas a los públicos y decimos que los museos siguen siendo para público en general, estamos hablando de la edad de piedra en la museología.

 

¿Continuará?

 

¡Veremos!

 

 

 

 

contacto: piedra.de.toque@live.com

 

Regresar al inicio de esta página


Diseño y desarrollo: Iomedia