Armando Ahuatzi monta oratorios

José Luis Puga Sánchez
 
   
 
 
El oratorio de Ocotlán

 

Su trazo, pero sobre todo su manejo del color, han creado legiones de seguidores para Alberto Armando Ahuatzi y Martínez. Se sabe polémico, entiende que así como le sigue una multitud de admiradores, hay también un ejército de detractores que lo ven como un pintor de calendarios, un artista que trabaja sólo para vender, sólo para conquistar las retinas impresionables de quienes apenas inician en el conocimiento de la pintura.

 

Esa controversia no quita el sueño a Armando Ahuatzi. Armando Ahuatzi sólo ve el futuro de sus aspiraciones, de sus deseos…

 

Y camina…

 

El Museo de Arte de Tlaxcala (MAT) resguarda hoy su nueva propuesta estética: los oratorios, una galería de objetos parecidos a las alacenas, como cajas empotrables en la pared, que guarecen imágenes pictóricas exclusivamente con motivos religiosos. “Son obras integradas a un mueble que tiene la sencilla labor de conservar imágenes religiosas. Creo que nuestra versión sería los altares en los hogares, existentes sobre todo en los pueblos”.

 

Ahuatzi fue a Brasil donde montó exposición en tres ciudades, pero a cambio recibió la descargar eléctrica de esa faceta costumbrista local: los oratorios, forma de expresión que, a decir del pintor, nació con la evangelización inmediatamente después de la conquista en Brasil.

 

Y Ahuatzi enferma, el virus lo penetra, el apetito le inunda. “Se me despierta entonces la inquietud de explorar esa forma de arte, pero con pinturas que son íconos nuestros, que nos pertenecen. Pero no estoy pretendiendo manejarlo, de ninguna manera, en el aspecto religioso. Soy católico pero mi intención es mostrar el objeto desde una visión plástica, una narrativa donde logre que el espectador encuentre lo que generalmente percibimos pero no observamos: No es mi obra para mover a la oración, sino para comunicarnos con algo de nuestras tradiciones”.

 

Los oratorios están trabajados en óleo, técnica que Ahuatzi ha hecho suya. “También desde un principio tuve la necesidad de trabajar con la escuela europea: el claroscuro, el tenebrismo de los italianos, de los holandeses. Yo tomé esta línea para integrarla a los elementos nuestros, los elementos muy mexicanos. Así fui conformando todo esto”.

 

Y hay oratorios para Nuestra Señora de París, para San Antonio, para la Virgen de Ocotlán, para el Niño Dios, para la Virgen Aparecida, patrona de Brasil…

 

Las luces, el color, sus claroscuros crean atmósferas que Ahuatzi relaciona con el recuerdo, con la memoria.

 

Temáticamente, afirma que cada obra abre muchísimas posibilidades más. Busca que el espectador reflexione y encuentre un diálogo consigo mismo a través de lo que está viendo.

 

Niega, sin embargo, que su técnica lo haya anclado a determinados temas. Pero acepta su enraizada inclinación al óleo y reconoce en su trabajo una generalidad de elementos estáticos, pero “creo yo que el elemento en sí nos va a dar la sugerencia de lo que cada uno mentalmente pueda completar. Me preocupa que haya un mensaje claro hacia el espectador. Que lo vea, que lo analice, lo disfrute, lo rechace… lo que pueda generar en él. Lo que no sería interesante sería que no perciba nada”.

 

El trabajo pictórico de Ahuatzi es escaso en el manejo de la figura humana, aún en esa etapa de los mercados como temática, donde las mujeres pintadas estaban estáticas, contemplativas, no en movimiento. “Puse a las mujeres, niñas o ancianas, en una contemplación de la vida misma. Lo que he sugerido de alguna forma es que el espectador complete… como busca la mayoría de los artistas”.

 

- ¿Es Armando Ahuatzi es un pintor de calendarios?

 

- No me preocupa. Se me hace interesante que cada uno pueda manifestar lo que desee. Creo que el calendario es un elemento que llena una época muy especial en México. Caray, voy al museo Zumaya, de Loreto, y me fascino, incluso conocí a artistas de calendario, platiqué con ellos y creo que llevaron a un nivel muy popular un elemento que podíamos llamar arte. Recuerdo que cuando era niño lo que encontrábamos en las casas eran calendarios. Creo que lo principal es que la obra, de cualquier forma, lleve un mensaje.

 

Su interés es que una pintura de Armando Ahuatzi que se exponga en Brasil, por ejemplo, lleve un de México, un mensaje mexicano. “Aquella pintura que aborda temas universales, me parece indeterminada. Primero debe ser regional y después universal”.

 

Preocupado, más que maduro o satisfecho con su trabajo, es ese el sentimiento que hoy acompaña a Armando Ahuatzi. Preocupado porque cada vez se vuelve más “un compromiso conmigo mismo”. “Preocupado porque debo seguir generando lo que debo mostrar con mi obra… No hay una satisfacción realizada”.

 

Y añora recuperar tiempo perdido para adentrarse aún más en los temas mexicanistas.

 

 

 

contacto: piedra.de.toque@live.com

 

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