Anton Corbijn: Human Portraits

Piedra de Toque
 
   

 

Anton Corbijn es un reconocido fotógrafo, director de vídeos y películas nacido en Strijen, Holanda, en 1955. Su interés por la fotografía le vino por parte de su padre, un pastor protestante que adoraba retratar el mar en todos sus estados con su adorada cámara. Y sería con esta cámara con la que Corbijn, gran entusiasta de la música rock y su cultura, sacaría sus primeras imágenes como fotógrafo musical en 1972, aunque es en 1975 cuando empieza su verdadera carrera fotografiando la banda de Herman Brood en un café en Groningen. A partir de finales de los 70 sus fotografías serían portada del New Musical Express en numerosas ocasiones, una de las cuales es el famoso retrato de David Bowie vistiendo un taparrabos entre bastidores en Nueva York cuando protagonizó “The Elephant Man”.

 

En 1979, Anton Corbijn decide trasladarse a Londres, donde una vez instalado comienza a frecuentar salas y conocer bandas como Magazine, Pil Ltd. o Joy División, con quienes establecería una especial relación de amistad, en especial con su cantante Ian Curtis, cuya muerte lamentaría años más tarde y al cual homenajearía en una fantástica película titulada “Control”. Sus preferencias siempre son fotografiar estrellas de rock en situaciones peculiares, usando sobre todo carretes en blanco y negro con los que consigue más contraste con las luces y realza las expresiones. Corbijn es sobre todo un retratista que busca capturar el alma de sus personajes, dejando de lado el artificio y el glamour que envuelve a los artistas para fijarse en el aspecto más humano y emocional de estos.

 

Las fotografías de Corbijn son admiradas por su lucidez y su estilo elegante y bien compuesto, y sobre todo por la empatía con sus modelos, a los que hace sentirse cómodos al otro lado del objetivo. Como hemos comentado, una de las características de su obra fotográfica es el empleo del blanco y negro, aunque si revisamos su trabajo podremos encontrar fotografías con tinte de color sepia (puesto que le atraen los matices de envejecimiento que aporta a las imágenes), o azul, (seducido por la estética resultante, similar al de un fotograma que ha sido expuesto al sol durante muchas horas); pero sin duda lo más característico de su obra es el grano, el cual reinventa en sus fotografías introduciendo el ruido en ellas.

 

Anton Corbijn, a pesar de ser uno de los máximos exponentes de la fotografía musical, también ha fotografiado actores, directores y modelos, y a pesar de sus incursiones en el mundo de la moda nunca ha terminado de sentirse cómodo en ese ambiente, sobre todo a causa de su ahínco en la celebración de la antipose y la antiestrella; así confiesa que “el mundo del glamour no es mi mundo. Siempre he intentado ver la belleza interior de las personas. La belleza exterior a menudo me confundía y durante mucho tiempo no estaba cómodo cuando me la encontraba a mi alrededor. Esa es la razón por la que apenas fotografié modelos cuando era joven”. Las imágenes de Corbijn, siempre analógicas y a menudo melancólicas, ultras expresivas e imperfectas, muestran las múltiples facetas del artista en momentos de vulnerabilidad, muy lejos de las falsas fachadas tras las cuales se suelen esconder las celebrities.

 

Ya en los 80, Corbijn se lanza a la dirección de vídeos musicales, algo que acrecentaría aún más su fama y que le llevaría a trabajar con grandes grupos y solistas que eran o serían grandes estrellas del rock como Depeche Mode, Echo & The Bunnymen, David Sylvian, Simple Minds, U2, Joy División, Nick Cave and The Bad Seeds, Red Hot Chili Peppers, etc. Los últimos años se ha centrado en su faceta como director de cine, con cintas como la citada Control (2007), El americano (2010), El hombre más buscado (2014) o la reciente Life (2015). “Lo que realmente ha influido en mi fotografía es hacer vídeos musicales -explica Corbijn-. Antes estaba más relacionado con un estilo documental, pero con los vídeos musicales tienes que planear las cosas con mucha antelación, igual que con las películas. Y así empiezas a probar nuevas ideas y a usar vestuario o maquillaje. Así que este método de trabajo también empezó a introducirse poco a poco en mis fotos”.

 

“En algunos países prefiero no mostrar mi serie 1-2-3-4 en solitario. Es una celebración de mi trabajo en el mundo de la música, pero si la gente no conoce demasiado mi obra, podrían pensar que soy un fotógrafo de rock. Es una manera muy fácil de etiquetar lo que hago y desde el principio he luchado contra esto porque limitaría mi audiencia y siento que hay algo humano en mi obra que puede comunicar algo a mucha gente que desconozca quién es la persona retratada. La fotografía siempre será mi gran amor, pero ahora mismo el cine es mi gran reto, una nueva frontera para mí”: Anton Corbijn.

 

 

 

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