Urge repensar la visión de los museos

José Luis Puga Sánchez
 
   
 
 
Museo Nacional del Títere en Huamantla

 

En tres años, México pasó de ser del décimo al octavo destino turístico a nivel mundial. En la generación del producto interno bruto antes el petróleo era el bastión e inmediatamente después el turismo. Pero en el mundo el sector petrolero ha cambiado mucho y “ahora lo que más deja, la verdad, es el tráfico de drogas y las remesas de Estados Unidos”.

 

Instalada en el Museo de Arte de Tlaxcala (MAT) para precisamente hablar de la relación de museos y turismo, Luisa Fernanda Rico Mansard, especialista de la UNAM en estudios museológicos, recalca que el turismo significa un alto ingreso del producto interno bruto y actualmente aporta nueve millones de empleos directos e indirectos.

 

“Nos guste o no, el turismo es una situación actual. No se puede evitar”.

 

Los “patrimonólogos” –agrega-, esas personas que cuidan el patrimonio, luego dicen: hay no, que no vengan los turistas que nos afectan las tradiciones, las costumbres. Olvídense. El turismo es algo que nos toca vivir hoy en día. No nos podemos negar. No podemos cerrar las puertas. Hay que saber vivir, convivir, de una manera constructiva con los turistas.

 

Y ahora el turismo en nuestros museos, ¿para qué? ¿Realmente lo queremos? ¿Tenemos esa capacidad de enfrentar al turista?

 

TURISMO Y MUSEOS, LAS CLAVES DE ENTRADA

 

En México –afirma- cuando se habla de evaluación en museos, ¿generalmente se habla de evaluación de públicos? ¿Se hace alguna evaluación de exposiciones? ¿Alguna evaluación de servicios de los museos? ¿Alguna evaluación de talleres? Pero en sí, aquellos museos que hacen evaluación generalmente se están refiriendo a los públicos, pero están haciendo evaluaciones cuantitativas, como lo que está haciendo la Secretaría de Cultura. Muy poco cualitativo. Apenas entran a evaluaciones cualitativas, pero lo más importante es que la misma gente de museos debe construir sus propias metodologías híbridas de evaluación. “Entonces nuestros resultados se van hacia los públicos y hacia la relación cuantitativa. ¿Qué tanto nos sirve eso en los museos?”.

 

Dice que en los museos de México predomina aún el interés del museo como educador y relacionado con el aprendizaje. “Todavía muchas de nuestras evaluaciones se nos van ahí. No estamos evaluando la divulgación, la promoción y el impacto social que tiene esa divulgación. Y lo que nos cuesta más trabajo es evaluar el museo como oferta cultural dentro del ocio y del tiempo libre. O sea, siempre queremos que vaya la gente y aprenda, no que vaya a disfrutar”.

 

Rico Mansard afirma que en las evaluaciones y trabajos existentes en museos, generalmente se enfocan hacia públicos escolares, públicos grupales (“aquí pueden entrar turistas, pero también pueden ser adolescentes, novios, de excursión”), públicos familiares (“donde pueden ir desde el niño hasta el abuelo”) y públicos locales, que es la zonificación de los públicos.

 

Pero surgen las interrogantes: ¿Qué sabemos de nuestros turistas? ¿Pero qué hacemos con nuestros turistas?

 

Y presenta sus respuestas: En sí de nuestros turistas casi no sabemos nada. Las pocas evaluaciones que se han hecho son cuantitativas muy básicas: ¿De dónde vienen? Eso a nosotros nos define si es un turista doméstico, nacional o internacional. A los museos eso no nos soluciona mucho. Quizá a la Secretaría de Turismo esta información le sirve, pero no las relaciona con los museos… ¿Sí queremos? ¿Para qué queremos? ¿Cuántos queremos?... ¿Y turistas para qué?...

 

Y los museos, claro está, quieren tener turistas, quieren darse a conocer, quieren tener ingresos puesto que los turistas son los únicos que pagan. “Si la SEP nos manda entrada gratuita, ¿cómo podemos tener algún ingreso si no es por los turistas?”.

 

Asumida como integrante del sector de museos, Luisa Fernanda Rico plantea nuevas preguntas: ¿Queremos tener más públicos? ¿Queremos diversificar nuestros públicos? ¿Queremos tener más ingreso en nuestros museos? (hay museos que no pueden ejercer el dinero que cobran, porque se centraliza) ¿Queremos incrementar el turismo en los museos y en la zona? ¿Queremos dar una mayor visibilidad institucional? ¿Queremos un mayor posicionamiento turístico del lugar a través de los museos? ¿O queremos fijar una política pública sobre el aprovechamiento turístico de nuestros museos?

 

Y antes que nada advierte que entre una propuesta y otra hay 180 grados de diferencia, porque una cosa es tener más público y otra cosa es la capacidad para establecer una política pública sobre el aprovechamiento turístico de los museos.

 

Y brinda algunas claves de entrada: las cuantificaciones iniciales que realiza Turismo inician con la pregunta sobre la procedencia: procedencia, cuántos son… “Es increíble: no sabemos, bien a bien, de dónde vienen nuestros turistas, cuáles son sus intereses, por qué están aquí y sólo lo cuantitativo lo está manejando la Secretaría de Turismo”.

 

Otro punto: la derrama económica principal se queda en el lugar donde se adquiere el producto, el paquete. Si llega turismo asiático –recalca- México tiene muy poco servicio turístico para esa gente. Entonces compran el producto turístico en Corea, en China, en Japón y gran parte del dinero se queda ahí, porque nosotros no lo vendemos (el producto turístico). Es muy importante averiguar dónde adquiere el turista el producto turístico: si compra el paquete en Alemania, aunque el turista venga a Cancún parte importante de los recursos se quedan en Alemania. Tenemos que mejorar nuestra oferta.

 

Los intereses del turista se centran en el transporte, la alimentación, el alojamiento y los servicios. Al sector turístico, “es una pena, pero los museos todavía no le interesan mucho, porque la arqueología ha marcado nuestro atractivo turístico en lo cultural y los programas de sol y playa han marcado las propuestas turísticas. ¿Qué pasa con el paquete turístico que compramos aquí con el ‘all inclusive’?: nos vamos a una playa, el hotel nos da todo: la comida, las bebidas, el hotel, la playa, todo, y ya no salimos, ni siquiera conocemos el entorno. Eso es un problema tremendo en México que tenemos que soslayar, y aquí los museos comunitarios tiene que jugar un rol muchísimo más importante”.

 

Pero, ¿cuáles son las actividades culturales, las actividades alternativas que organiza el sector turístico? ¿Sucede cuando el viaje –y ahora es más frecuente- se compra por internet, o a través de una agencia de viajes o un operador turístico?... “Y ni las agencias de viajes ni los operadores turísticos saben mucho de museos. Entonces cuesta mucho trabajo jalar a los turistas”.

 

La problemática del museo y el sector es competencia de todo el personal del museo, de las administraciones públicas locales y federales y del sector turístico como tal. “Pero por otro lado tenemos una actividad muy fundamental que luego no sabemos bien a bien de quién depende, si del municipio, del gobierno del estado, del sector turístico o del gobierno federal, que viene siendo la promoción y la publicidad de los museos, pero en este caso habría que preguntarse qué tanto nos preocupamos por el turista”.

 

¿Los museos de Tlaxcala –reta- piensan en el turista?... ¿O nada más quiere que llegue?

 

El problema –lamenta- con estos cuatro sectores es que todos están peleados entre sí. Por un lado la realidad de nuestros museos en México es que la gente del museo está peleada entre sí. Por otro lado las administraciones públicas también están peleadas… y en promoción y publicidad también… pues a quién vas a sacar primero, a tal museo, pues no, mejor en la portada tal otro. ¿Por qué? ¿Dónde hay una política pública que me diga qué museo entra en tal portada, cuál entra en grande y cuál entra en chiquito? Como no hay nada que organice esa situación, todos estamos peleados entre todos. Son diálogos de sordos, si es que nos hablamos y todos terminamos con el ojo morado.

 

Consecuentemente llama a establecer nuevos diálogos, pensar integralmente en el turista. No se trata –recalca- de promocionar la venta de alojamiento y bebida y no promocionar al museo; tampoco promover el museo y dejar al turista “muerto de sed”.

 

La solución de las reyertas que percibe la ubica en el alejamiento de toma de decisiones de manera vertical y unilateral. Las nuevas medidas a su juicio deben ser adoptadas de manera horizontal, por consenso y con respeto a cada parte institucional, de manera tal que se pueda construir una red que posibilite generar trabajos transversales. Aboga por el diálogo entre todo el personal de los distintos museos, que intercambie información, puntos de vista, contraste problemáticas para arrojen soluciones transversales. “De lo contrario vamos a estar cada loco con su tema… y eso no funciona”.

 

El borbollón de interrogantes parece indetenible: ¿Cuáles son los referentes culturales de los turistas? ¿Cuáles las prácticas culturales, experiencias turísticas y experiencias museográficas de los turistas?

 

“En el museo hablamos de la obra y cómo se relaciona con su entorno, su diálogo, pero el turista habla de la experiencia turística y la experiencia turística es muchísimo más amplia que la experiencia museográfica, entonces esta tiene que ser muy buena para insertarse en ésta, sobre todo si voy a tener turistas que aquí van a preferir Cacaxtla y Xochitécatl y solamente van a estar en los museos de sitio… y eso es muy válido. Por eso se hacen los museos de sitio. Pero la experiencia museográfica se inserta en la turística”.

 

Rico Mansard se detiene ahora en otra de las aristas del fenómeno: el industrial. “En ocasiones –raspa- somos muy celosos de nuestro patrimonio y no queremos pensar en la palabra consumo, en la palabra venta, en la palabra industria porque inmediatamente lo denominamos como privatización. No. El turismo es una industria porque implica toda una serie de cosas: aeropuertos, puertos, hoteles, transporte. Es una mega industria que une muchas y los museos tienen que entrar en esa jugada, nos guste o no”.

 

Pero hace una muy necesaria aclaración: el patrimonio es nacional, no es del INAH o de la UNAM. El patrimonio es de todos. Y su aprovechamiento es distinto. Investigadora y docente ella misma por largo tiempo, su experiencia personal la expone como un aprovechamiento escolar que a lo largo de décadas ha hecho del patrimonio. “Nosotros (el sector turístico y los museos), cuando hacemos esto hacemos un aprovechamiento turístico del patrimonio. No se lo estamos vendiendo a los turistas. No se está privatizando el patrimonio”.

 

Y ese tan llevado y traído sector turístico tiene ya sus nichos muy bien establecidos. Se han creado muchísimas variedades de turismo: sol y playa, de negocios, de ciudad, sexual, científico, de salud, religioso, cultural, social, alternativo, ecológico, rural más lo que se agregue. La última moda –informa Luisa Fernanda Rico- es el turismo negro, que se fomenta para ver los lugares donde ha habido masacres, donde se ha matado a la gente, donde entran muy fuerte -ejemplifica- los museos judíos, los del holocausto… “y desde hace unos diez años en todo el mundo hay museos del holocausto… y está teniendo mucha demanda este tipo de turismo. Cuestión de moda”.

 

Y pone en tela de juicio la ubicación de los museos, que generalmente se instalan en las zonas culturales. ¿Por qué? –pregunta- ¿Por qué no puede ir un empresario en la mañana a su reunión y en la tarde al museo? ¿Por qué no puede el turista salir de la playa en la tarde e ir al museo? Todos pueden ir a un museo. De entrada debemos tener un lenguaje común, porque hablamos distintos idiomas.

 

Narra entonces un aprendizaje derivado de su labor docente: al impartir clase nos percatamos que los jóvenes no saben ver. Son buenos con el telefonito pero no saben nada de contenidos. Para ellos, por ejemplo, todas las zonas arqueológicas son pirámides y pirámides y pirámides. Entran y el referente cultural es tan pobre que todas las zonas arqueológicas tienen pirámides. Y no son capaces de distinguir visualmente una pirámide de la otra. No se dan cuenta que unas son redondas. No saben, no ven, no están acostumbrados a ver. No saben que hay juego de pelota, no saben que hay observatorios, no saben que hay templos, no saben que hay murales, no saben… Entonces nuestras clases se orientaban a educarlos visualmente y que empiecen con otros vocabularios para que se dé un mejor aprovechamiento turístico del patrimonio.

 

Clama en consecuencia por la construcción de un vocabulario común que incluya términos como visitante, que se entiende como la persona que visita el museo; “pues no, la Organización Mundial del Turismo cambió el término y para turismo el visitante es la persona que viaja, el excursionista, residente o no residente. Otra cosa, el sector turístico manda al visitante al destino, no lo manda a Tlaxcala. En el sector turístico se habla de geografía turística, que es todo un sistema de carreteras, todo un sistema de comunicación. Hablamos del espacio turístico, no hablamos del museo, sino cómo llego aquí desde la plaza, el transporte, el parque… Hablamos de paisaje turístico, que es todo lo que ve desde el punto, en este caso el museo, qué es turísticamente atractivo. Se habla de recurso turístico, no se habla del museo, el museo es un recurso turístico. Se habla de un atractivo y de un atractor…”.

 

… así, ¿Qué atrae de este museo al turista? ¿O atrae? ¿Tengo realmente elementos atractores? Así como un perfume, yo puedo tener las esencias, pero eso no me da el perfume, tengo que juntar distintos atractores para que se vuelva perfume. Igual aquí. ¿Cuáles son los atractores que tiene el museo para hacerlo atractivo?

 

Hoy se habla de turismo interno receptor y emisor… mientras nosotros nada más hablamos de visitantes. Hablan de producto turístico, ¿En dónde entran nuestros museos como parte de un producto turístico?: Te vendo un paquete turístico, ¿cuántos museos incluye?

 

Se habla de la experiencia turística y lo más importante: la satisfacción del turista. Si no está satisfecho no regresa. Si no le gustó el museo, o el servicio del museo no estuvo bueno, no regresa.

 

Existe hoy una extensa gama de tipos de turista, desde aquellos que con la cartera abierta llegan a gastar cientos o miles de dólares, hasta los mochileros. Y para cada uno hay que hacer un producto. Generalmente se habla del turista individual (extranjero o residente), grupal (“extranjeros, residentes, escolares, familiares, de la tercera edad, grupos específicos hasta los spring breakers que vienen a romper los hoteles, a aventar las televisiones a las albercas… es este un turismo al que se le cobra muchísimo porque en el precio del paquete ya se les está incluyendo el costo de las camas y todo lo que destruyen”) y masivo (extranjeros o del país)

 

… ¡Pero la jugada ya cambió!...

 

La académica e investigadora universitaria asienta que “ahora se ve que el turista individual, como ya vive solo, viaja con mascota y si no le aceptan a su perro no viaja. Los museos tienen que pensar ya en un espacio para que los turistas amarren a sus perros. Están por ejemplo las tías que no tienen niños y se llevan al sobrino, las familias monoparentales. Y en el turismo de masas no están incrementando los viajeros de naturaleza. Está el turismo del nuevo rico, que preferentemente son jóvenes que buscan diversidad en sus experiencias: de aventuras, sexual… El turismo LGBT cada vez tiene más importancia. Y los millenians, chavos que nada más están con el telefonito”.

 

Es ese el espectro del turismo actual. ¿Cómo lo vamos a abordar en nuestros museos?

 

Proyecciones configuran al turista del futuro como alguien que no tiene tiempo y por medio del aparatito se le debe informar sobre la experiencia que va a vivir y dónde, qué servicio turístico se le va a ofrecer rápido, qué información puede tener en la red y qué soluciones se le van a ofrecer en la red.

 

Habrá turistas que en el momento que hacen la visita física al museo, con el teléfono hacen la visita virtual; o hay museos que ofrecen ya la visita virtual al teléfono. “Y debemos educar al visitante para que vea la diferencia entre una imagen virtual de, por ejemplo, el calendario azteca, a verlo en vivo. El valor del objeto real y el valor del entorno es lo que se les puede vender…”

 

Pero hay algo –recalca- que quienes estamos en el sector cultural no entendemos: ¿Qué hace una administración pública? La administración pública me va a desarrollar una infraestructura y una superestructura. Todo país va a necesitar de calles, de hoteles, de carreteras, de servicios de agua… y va a necesitar de algo que garantice esos servicios. Si tienes carreteras y tienes aeropuertos, tiene que haber una legislación para aeropuertos, para uso de carreteras… tiene que haber los lineamientos del funcionamiento. Pero pasa aquí que mientras yo tengo lo que comúnmente llamamos lo social… yo tengo las iglesias para un uso religioso, pero cómo le hago para promover un turismo religioso. Entonces, de esta infraestructura y superestructura general, tengo que generar una estructura turística. Yo puedo tener las leyes de un país, pero cómo se va a comportar el turista en ese país: es la infraestructura turística. Yo tengo los servicios de carreteras, de aeropuertos, pero cómo se va a comportar la gente.

 

Y Luisa Fernanda Rico marca la diferencia: Una cosa es que la administración pública tenga los servicios y otra que tengan una usabilidad y un aprovechamiento turístico. “Es lo mismo que pasa en nuestros museos.

Necesito legislación turística, promoción turística, un control de calidad –es distinto el control de calidad para los escolares que para los turistas-, una preservación patrimonial y que la conozca el turista; tengo que promover las prácticas turísticas y una cultura turística”.

 

Precisión inmediata: Los museos se insertan en el nicho de turismo cultural. Y el turismo cultural es aquel viaje que hace la persona para conocer, comprender y disfrutar el conjunto de rasgos y elementos distintivos espirituales y materiales –y aquí se habla de patrimonio intangible-, intelectuales y afectivos que caracterizan a una sociedad o grupo social en un destino específico.

 

Para ello pueden armarse paquetes que contengan gastronomía, arquitectura, museos…

 

Académica como es Rico Mansard no olvida los valores: En el turismo cultural hay que tener sensibilidad cultural, hay que tener respeto a las formas de vida, sus productos y al medio ambiente. Los códigos de ética turística –asienta- especifican que el turista debe es conocer y respetar la cultura del destino; reconocer actitudes, creencias, valores, comportamientos y estilos de vida del lugar de destino; adquirir experiencias a partir del entorno y las formas culturales del lugar. “Aquí los museos comunitarios son fundamentales si se repiensan”.

 

Nuevamente la consigna: el museo tiene que ser atractor, atractivo y producto turístico.

 

Y nuevamente la interpelación: en este museo (cual sea), ¿qué tengo de atractor? ¿Cuáles son los elementos que atraen?: los telefonitos, la pluma… qué es lo que va a atraer. Y ahora, ¿cómo los hago atractivos?: a través de la narración, a través de cédulas, a través de una experiencia, a través de un fondo musical, a través de un taller. ¿Cómo lo hago atractivo?

 

Y otra cosa: ¿Cómo lo meto como producto turístico? Porque a mí me interesa que el turista pague y me deje dinero.

 

La experiencia turística del visitante –afirma- depende de su cultura personal y sus referentes previos. Por otra parte, muchos turistas llegan muy preparados, porque como pagan para el viaje se informan y entonces hay turistas que saben mucho más que los propios guías.

 

Y como cada vez se viaja más, hay mucho turista que ya sabe visitar un museo, ya tiene una alfabetización museográfica. Hay turistas que ya saben cuál es la pieza especial, cuál es el ícono, dónde encuentran la cédula introductoria, ya sabe si le hace caso a fichas técnicas o no…

 

Por otra parte, el turista viene a conocer lo más significativo, no a que le echen todo el rollo. ¿Qué es lo más significativo para un turista tarahumara y qué es lo más significativo para un turista otomí? Porque en museos hablamos de inclusión y luego nosotros mismos excluimos a nuestros propios indígenas.

 

¿Cómo se hace en Tlaxcala para incluir en los museos a los grupos vulnerables en el sentido cultural?

 

Rico Mansard revela que el turista influye en el entorno, pero influye mucho en el servicio turístico. “Hay que reconocerlo como un ciudadano ‘museal’, no tratarlo como una persona no preparada”.

 

Se trata, sobre todo, de implicarlo en el turismo de preservación del patrimonio natural, que es cuidar de las tortugas, cuidar de las ballenas, cuidar de, como en Tlaxcala, las luciérnagas. Se trata de implicar al turista, porque una cosa es que el turista llegue, pague la entrada, le den la visita guiada y se vaya y otra es implicarlo. “Y cómo lo hago para que regrese, para que promueva al museo, cómo lo implico en la preservación del patrimonio”.

 

Y en esta miríada de cuestionamientos, otros más: ¿Estamos capacitados para atender al turista? ¿Cuánta gente regresa a visitar el mismo museo? Si la gente de aquí no regresa porque en primaria lo trajeron al museo, ¿cómo hacemos que el turista regrese?: por la experiencia turística, por el trato recibido y por la satisfacción de expectativas.

 

Otro problema es la mínima difusión a las actividades temporales, paralelas y no se promueve porque necesita mucha planeación, cuando normalmente se hace la planeación anual. “Puebla es un buen ejemplo, hay paquetes que en fin de semana van a la ciudad de México al concierto o a la exposición, visitan el museo, dan gastronomía y les dan tiempo para compras, salen en la mañana y en la noche los regresan. Utilizan las actividades del momento”.

 

Debe promoverse el patrimonio nacional para el turismo a través de una infraestructura museal para propiciar el disfrute. Debe explotarse el entorno, el paisaje cultural, destacar los elementos simbólicos, diversificar narrativas e interpretaciones, utilizar distintos lenguajes –no distintos idiomas-, confluencia de aspectos culturales, servicios complementarios.

 

Y algo muy importante: El sentido patrimonial y los procesos, y eso viene para el turista doméstico y el turista nacional. “Generalmente mostramos un cuadro y lo promocionamos, es nuestra función, pero no explicamos cómo ese cuadro llega a la colección, cómo se musealizó y por consiguiente cómo se vuelve un elemento patrimonial. Ese es el proceso más importante en nuestros museos, el que necesitamos cuidar con nuestros jóvenes. Los jóvenes universitarios y preuniversitarios en el momento en que comprenden los procesos por qué algo es significativo y se vuelve patrimonio, los podemos involucrar”.

 

Para vincular a los museos entre sí y con el sector turístico es necesario re articular el trabajo de nuestros museos, pensar en las instituciones y servicios que tenemos que crear, formar una política pública y armar una ruta de museos para distinto tipo de turistas.

 

El museo tiene que pensarse ya no para la enseñanza. Ya no va a enseñar. El turista no viene a aprender. Hay que pensarlo como un ocio creador y creativo.

 

 

 

contacto: piedra.de.toque@live.com

 

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