Patrimonio en riesgo

Editorial
 
   
 
 

 

El estado de Tlaxcala es inmensamente rico en patrimonio cultural. El falso estigma de la traición provocó que el tlaxcalteca se encerrara en sí mismo, agobiado por la saña y el furor circundantes. Ese muro protector causó, también, que los rasgos culturales distintivos de los pueblos de Tlaxcala se mantuvieran en una suerte de compartimento semi hermético y por ello perduraran siglos. Aún hoy son bastante visibles esos atributos culturales.

 

Los rastros arqueológicos olmeca-xicalanca, las festividades nahuas en Contla y otomíes en Ixtenco, donde parece asistimos a la muerte de esta lengua; el frondoso árbol de las artesanías en casi toda la geografía estatal, el muy importante número de celebraciones, danzas y música… Sí, Tlaxcala tiene una gran historia atrás, pero insuficientemente valorada, entendida, protegida, retomada, presumida…

 

El reciente coloquio en Tlaxcala sobre patrimonio cultural inmaterial trajo consigo experiencias de investigadores en el propio campo indígena y campesino. Vimos así que los pueblos de México, Colombia, Brasil, España, Argentina, Guatemala y Canadá son diferentes… pero no tanto.

 

Los asistentes al coloquio recibimos el mensaje de urgencia, de apremio para tomar acciones y apostarnos junto a nuestras culturas y frente a los raceros únicos que impone la globalización. Se nos alertó decididamente sobre los riesgos del amasiato de cultura y turismo sin la valoración previa de cada campo, sin el entendimiento necesario de su función en la marcha del gran universo humano.

 

Los sociólogos, los antropólogos, los especialistas que condujeron el derrotero del coloquio, fueron coincidentes en una necesidad inocultable e impostergable: salvaguardar el patrimonio cultural material o inmaterial donde lo importante es el proceso social y no el objeto. Esto es: primero desde sus significados y no necesariamente desde sus productos.

 

¿Ejemplo?: el carnaval en Tlaxcala. Popularmente entendido como una fiesta nacida en la etapa temprana de la colonia, en la cual indígenas y mestizos hombres, porque no estaba permitido en concurso de las mujeres, con el baile imitaban burlescamente algunas actitudes de las clases acomodadas y de la realeza. Una forma de desquite de las ofensas y la humillación recibidas.

 

Aunque es menester introducir aquí la reciente revelación, apenas meses atrás, del coreógrafo e investigador José Pilar Castro, quien dijo tener información de especialistas respecto a que las fiestas de carnaval estarían más relacionadas desde antes de la conquista con la cultura agrícola y los rituales de la fertilidad, que con su matiz burlesco comúnmente atribuido.

 

Pues este carnaval, en aras de venderlo a los visitantes y sacarles un dinero de la bolsa, paulatina pero inexorablemente lo han ido arrancando de sus lugares de nacimiento para trasladarlo a la capital estatal. Tienen lugar así verdaderos maratones de baile alrededor del zócalo capitalino. Los fuereños conocen entonces las telas, los colores, los bordados, las plumas y las máscaras. Y los jóvenes introducen variantes en su indumentaria y se han visto ya disfraces de Disney, mujeres en microfalda y brutalmente sexualizadas y cosificadas, y otras ocurrencias. Pocos conocen su significado y su valor ritual y cultural. El propio gobierno está matando el significado cultural del carnaval en Tlaxcala.

 

Muy escaso, mucho, es el trabajo profesional y comprometidamente que se hace sobre patrimonio en el estado, sobre los significados profundos, sobre los rituales indígenas, alrededor de música y danza religiosas, sobre el arte precolombino, sobre la cultura de la colonia, sobre tantas y tantas manifestaciones que moldean a ésta nuestra sociedad.

 

Cornelio Hernández Rojas, Juan Carlos Ramos, Nazario Sánchez Mastranzo, Víctor Ávila, Ángel García Cook, Andrés Santana Sandoval y algunos más, pocos, hacen trabajo de investigación en Tlaxcala en torno a algún punto de la diversidad cultural de la región. Buscan, valoran, rescatan y promueven matices del patrimonio material o inmaterial local.

 

Su número tan reducido es clara muestra de la desatención pública y privada a este campo.

 

Sin rumbo y sin brújula, se explican así los resbalones, las omisiones, las manipulaciones, los ataques que los fenómenos culturales locales padecen con peligrosa y angustiosa cotidianidad.

 

 

 

 

contacto: piedra.de.toque@live.com

 

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