Resiste el vendaval la Casa de Música

José Luis Puga Sánchez
 
   
 
 

Ensamble de alientos Madera en el Centro Cultural Huamantla


 

En los estertores del milenio pasado había, en Tlaxcala, un programa que se enarbolaba como prototípico. Se ondeaba como ejemplo de un trabajo exitoso en cultura: el programa de coros y orquestas infantiles y juveniles. Y los apoyos, recursos y aplausos fluían sin descanso.

 

Hoy, a tres años de concluir la segunda década del siglo 21, el programa de coros y orquestas infantiles y juveniles se mantiene, pero semi escondido en la penumbra.

 

Sin más difusión que la voz popular, con una enorme incertidumbre que, parece, empieza a diluirse sobre su sede oficial, en un año lastimoso en cuanto a presupuestos, el programa sufrió un serio desliz del que aparentemente empieza a recuperarse.

 

La posibilidad de la migración del Palacio de la Cultura al Centro de las Artes provocó un cisma en la Casa de Música, la membresía sufrió un muy duro golpe y se desplomó el número de atendidos en 2016. La incertidumbre de continuar en su espacio de siempre atenazó a los padres. La debilidad económica generalizada los hizo temblar. No irían al Centro de las Artes si la institución se trasladaba. Tras un pequeño espacio de zozobra, la Casa de Música que quedó en el Palacio de la Cultura.

 

El temblor parece ser superado paulatinamente ante lo que se asume como la continuidad en su espacio natural. La membresía este 2017 se recupera notablemente y “vamos muy bien para la fecha. Tenemos una matrícula por alrededor de 400 alumnos en las cuatro sedes: Huamantla, Apizaco, Santa Cruz Tlaxcala y el Palacio de la Cultura”.

 

Sin embargo, el panorama descrito no es tan dramático para la directora de Casa de Música. Rosa María Vázquez López no desdibuja su sonrisa y dice confiar en un mejor futuro. Aclara que el programa nunca ha dejado de trabajar. “Creo que han ido transformándose. Esto es como una espiral. Tenemos ahora seis orquestas en Tlaxcala y siguen habiendo nuevos niños. Hay muy pocos, contadísimos, que casi empezaron con el programa y permanecen; algunos se han vuelto monitores, algunos se han vuelto maestros porque hay que recordar que la experiencia de la orquesta, es acercar al mayor número de persona posible alrededor de la música. Nada más. Para disfrutarla”.

 

Desde aquel delirante inicio, cuyo impacto Rosa María López lo atribuye a su novedad, hoy dice ver que el programa se ha ido asentando, a tal grado que se ha abierto la posibilidad que niños más pequeños se acerquen a estos instrumentos. “Iniciamos con niños de siete años, después lo bajamos a seis años, luego a cinco y ahorita recibimos niños desde cuatro años, que es una etapa maravillosa porque los niños se atreven a explorar, no les da miedo como sucede con mayor edad. Y hemos tenido la oportunidad de obtener mejores resultados; es decir, los niños, los jovencitos, cada vez más pronto deciden que es la música lo que puede hacerlos felices y entonces deciden ser músicos”.

 

Y sí, hay anécdotas en lo absurdo: Hemos pasados por la etapa donde los padres querían que los ayudáramos, ¡pero para que sus hijos no sean músicos!, porque querían que estudiaran una carrera de verdad. Y les decíamos que la música es una carrera de verdad… y puede ser tan importante, y pueden ser tan felices y pueden ganar tanto como un médico, un arquitecto o un ingeniero… es posible… hay que buscar los lugares adecuados al instrumento, a las condiciones, a las características de la misma familia y del mismo joven, qué es lo que sí puede hacer y hasta dónde pueden apoyarlo, etcétera.

 

Rosa María Vázquez indirectamente luce su trabajo. Dice que si se observa con detenimiento, es posible apreciar que hay niños y no tan niños tlaxcaltecas en la mayoría de las orquestas del país, aunque reconoce no tener un seguimiento formal de cada egresado. “En Casa de Música solamente nos dedicamos a enamorar a los niños de la música. Nada más. Es un objetivo muy claro. Para los que quieran continuar hay ahora los canales y las vías adecuadas, más cercanas y más frecuentes. Pero nosotros nos quedamos en la etapa del enamoramiento. Cuando se casan con la música ya es otra historia”.

 

“Hace muchos años” se formó el centro regional de formación coral, que trabajó por dos años. De ahí surgieron directores de coro y surgieron coros municipales. Se realizaron encuentros estatales, biestatales, regionales, multiregionales, nacionales, internacionales. “Hemos pasado por todo ese proceso”.

 

Pero hace un par de años se llevó a cabo el último encuentro… “bueno, último porque no lo hemos podido retomar, pero en ese entonces tuvimos representación de 27 estados del país. ¡Casi toda la república!”, tomando en cuenta que había estados con dos o tres representantes de diferentes agrupaciones.

 

Hoy, Rosa María Vázquez presume dos programas: el primero se llama ‘Una nota musical en tu lectura’ y consiste en llevar música a todas las bibliotecas del estado. “Demostramos a las personas que la música empieza ahí donde terminan las palabras, donde ya no hay nada que decir… o hay mucho que decir y no nos alcanzan las palabras… entonces ponemos música… y qué mejor que ejecutada por niños”.

 

El programa registra ya “muchos conciertos en las bibliotecas”, y la meta para este 2017 es cubrir todo el estado, los 60 municipios, con al manos un evento de este tipo

 

El otro programa se llama “Hospital-arte”, por el cual llevan la música a clínicas y hospitales. “Llevamos a estos lugares a grupos muy pequeños, ensambles muy pequeños, por los espacios: a veces estamos en la sala de espera, pero a veces nos permiten estar en los pasillos donde están las camas”.

 

Hemos tocado –resalta- para personas que tiene algún padecimiento menor, hasta para personas que se encuentran en la última etapa de la vida, ya a punto de despedirse. Es este, por tanto, “un programa que nos ha dejado muchas experiencias de vida y que nos recuerda siempre que hay que cuidarnos, que tenemos que prevenir. Estamos nosotros siempre de pie, tocando, y los otros no. Hemos tenido muchas experiencias verbales con las personas y de repente salimos con un nudo en la garganta, porque a veces las personas les dicen a sus hijos, que están en cama: mira, a veces las personas que están afuera se acuerdan que estás tú aquí. Te vas a componer. No estás solo… No cambiamos nada la enfermedad, pero sí ayudamos al estado de ánimo”.

 

Es en este sentido que apenas en días pasado el Instituto Tlaxcalteca de Cultura (ITC) y la Secretaría de Salud (SESA), firmaron convenio para llevar este programa a todos los hospitales de la dependencia.

 

Entre todas las orquestas, la directora de Casa de Música informa que se llevan a cabo entre 15 y 20 eventos mensuales. “Ahí estamos. Trabajando. Nosotros sí vamos en busca del público, no esperamos que llegue”.

 

Los recursos siempre son insuficientes “y ahora tenemos menos que antes. La caída de presupuesto este año nos ha impactado muchísimo. Pero creo que podemos suplirlo con mucha creatividad y talento. No podemos agobiarnos por la falta de recursos. Hay artistas que toda su vida han trabajado con muy pocos recursos. Nosotros tendremos que aprender a trabajar con muy pocos recursos, con lo que tengamos, y buscar otras alternativas de financiamiento. El artista nunca se queda quieto. Siempre busca. Siempre crea. A partir aún de la nada.

 

Rosa María Vázquez López revela contactos del ITC con la iniciativa privada en busca de recursos económicos, pero la relación es aún muy embrionaria. Sin embargo, “se están trabajando muy bien los contactos y creo que habrá resultados muy favorables”.

 

 

 

contacto: piedra.de.toque@live.com

 

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