Fugarse al mundo

Alan Cervantes Islas
 
   
 
 

 

XIV

 

Salió de casa

llevando sólo una sonrisa prematura,

los ojos ávidos, el oído atento,

el pie pronto y el paso necio,

llevándose a sí, tan únicamente a sí,

más un trozo de alegría en los bolsillos

a caminar el mundo.

 

XV

 

Adelante, primero, el paso sin tregua,

convencer los atajos, bordear los riscos

altos como sombras, andar con los anhelos,

rigurosamente ordenados y la sonrisa

en su perfecto embalaje de cristal.

 

La brisa lavaba su cara como un buen augurio,

sobre las colinas, un pedazo de llamarada pronta,

una luz tranquila afilaba sus sentidos

para que siguiera adelante, sin fatiga,

con la sangre como un faro

señalándole el camino.

 

XVI

 

El primero de sus insomnios

fue un feliz principio

- es decir que la noche fue buena -

 

Echar llave a la puerta resultó un acto simple,

luego, aspirar la luz húmeda del

amanecer.

 

La casa quedó atrás,

dormida,

y no necesitó sino adelantar un paso,

un primer paso fugitivo.

 

XVII

 

Sonrojada, cantas, niña intacta,

yéndote azul,

porque azul eres tú misma;

cantas para no hablar

y seguir con la memoria ilesa;

para insistir en la tierra con pies de plomo,

sin padre que te demande los huesos,

sin madre que te persiga las rodillas;

por eso cantas,

para ocuparte la garganta

y seguir epidermis al sol

y fugitiva;

para deshacerte del agua,

y volverte al fin terrestre,

mundo pleno y sin orillas.

 

XVIII

 

No había sino seguir la luz tan lenta con sus pupilas

lentas,

avivar los holanes como nubes, revolotear faldas de

cerro;

ser llevada por vientos juguetones cuesta arriba.

 

Apuraba su escarpado andar de lejanías,

contaba adivinanzas, cantaba ecos con las palmas;

para ella serían los paisajes inéditos, la brisa,

la suma de las auroras.

 

Y sólo ella habrá de atestiguarse

cuando dé la mano al mundo

y se precipite sobre las laderas

haciendo migas el júbilo de su infancia.

 

XIX

 

Arriba, a mirar qué se mira,

a mirar los horizontes como lienzos malcolgados,

olas verdes y quietas, trazos de brocha gorda,

los vastos bosques, el mediodía traslúcido.

 

A mirar qué se mira,

a probar a qué sabe, a qué huele, a qué duele,

a descorrer las mañanas

para esparcir su polvo de oro por el campo,

a cosechar los valles, a beber de la luz fresca.

 

Toda ella será toda ojos que miran

los tejidos terrestres

y el corazón del mundo.

 

XX

 

Halló sobre la tierra el farfullar de vida

del mundo que se acumula;

un enjambre de palabras por decirse

bajo el embrujo palpitante de los besos;

una melodía de luz que la condujo a ciegas,

torpe y linda, como un ángel uncido

con las sonrisas desplegadas.

 

XXI

 

El sol no se bebe,

la primavera es un sonriente instante

pero instante.

 

XXII

 

Fuiste, niña, collar de pájaros

Que aletean el corazón

y luego se van

tras el primero de los vientos.

 

 

Nota: poema contenido en el libro “Virgen de agua”.

 

 

 

 

contacto: piedra.de.toque@live.com

 

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