Ojerosa capital

Editorial
 
   
 
 

 

La capital, cualquiera, es el centro del mundo. Así las crean. Así las visten, Ahí se asientan los poderes políticos, los círculos económicos, la soberanía eclesiástica, los medios de difusión…

 

La capital reviste siempre especial importancia para quienes detentan el poder. Saben de sus dotes de resonancia. Entienden que lo que ahí hagan, lo que permitan hacer o aquello que no pueden parar, tendrá un efecto de rebote en sus parcelas, en sus aspiraciones, en su imagen.

 

Y la capital tlaxcalteca vive así.

 

Tiene esa virtud.

 

Pero no. Los políticos ya no tienen esa conciencia… o están demasiado seguros de su posición. Cuando menos en lo que a cultura y arte se refiere.

 

… E ignoran los efectos de sus inacciones…

 

La capital tlaxcalteca se convulsiona abandonada a su suerte, sin programas, sin apoyos, sin políticas… sin voluntades…

 

El otrora engalanado Palacio de la Cultura está hoy en condición de calle. Los turistas, cuyo número efectivamente ha aumentado, encuentran un edificio casi sin historia (poco más de medio siglo de vida), sin vida, semi cerrado y con el maquillaje deslavado.

 

El centro cultural de Tlaxcala, categoría que le llegó de urgencia, carece de un programa de talleres amplio, profundo. Al medio día el inmueble tiene menos vida que un cementerio.

 

El ayuntamiento de Tlaxcala pasa hoy –y siempre- por un periodo de hibernación culturalmente hablando.

 

No hay presupuesto… por tanto se cierra la actividad cultural. Claro algunas exposiciones pictóricas presentadas en la galería Xochitiotzin. Pero no más… o demasiado poco más.

 

La rimbombante casa de la cultura municipal, a un lado del taparrabo de Xicohténcatl, en La Loma, es hoy un archivo muerto de burócratas y de folders, de oficinistas, de teléfonos, de alimentos chatarra y de bisutería. La ausencia de presupuesto decapita en primer lugar al arte.

 

En la Universidad Autónoma de Tlaxcala es ya crónica su anemia artística, cuyos signos vitales son día a día más y más alarmantes. Todo ahí es retroceso. Una radio que empezó cultural, como es su obligación y su sino, para mutar en un arremedo de estación enmohecida y anquilosada.

 

La radiodifusora obligada a venderse al mejor postor.

 

Los talleres artísticos universitarios perviven exclusivamente por el hambre y la voluntad de los instructores, no por las políticas, la infraestructura y los apoyos institucionales.

 

Y su impacto muy escasamente toca algunas fibras internas… nada sale al exterior.

 

Una universidad pública enemistada con su sociedad.

 

La actividades federal, léase Issste e IMSS, es sólo de registro, sólo para justificar gastos, o la existencia de programas, sin mayor impacto social visible.

 

La actividad independiente, la generada por los propios creadores, es aún embrionaria, sujetada por la delgadez de sus economías.

 

Contarte, Casa de la Nube, Espejo Ilusión, Los contenedores, el centro cultural Ocotlán y algunos espacios más navegan en vientos de tormenta, con pequeñas velas que trabajosamente sortean los nubarrones de tormenta.

 

Con sus respectivas y únicas palpitaciones, cada reducido espacio privado tiene, eso sí, a diferencia de los territorios oficiales, el aliento vivificante de sus creadores. Necios, persisten en alimentar un cuerpo que muy lentamente asimila la energía inyectada… y los atascos suceden en cada recodo… pero saben, cada quien, que el final del camino el sol brillará.

 

En tanto eso sucede, la capital de Tlaxcala no ofrece nada a nadie. Ni a los turistas ni a los habitantes.

 

Pero viene temporada electoral… con su cauda de promesas y de vergeles.

 

Caeremos nuevamente.

 

 

 

 

contacto: piedra.de.toque@live.com

 

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