Reactivan a los artistas
asesinato y terremotos

José Luis Puga Sánchez
 
   
 
 
Chiapas después del terremoto

 

Una muerte y una convulsión terrestre. La violación y posterior asesinato en Puebla de una estudiante universitaria, Mara Castilla, y los dos terremotos registrados en México, hacen de septiembre un mes negro en este país. Y esta serie de sucesos finalmente movió a una buena parte de la comunidad de trabajadores de la cultura en el estado. Ambas y hondas contingencias lograron sacudir y activar a quienes entre sus muchas posibles incumbencias figura ser cronistas de su tiempo.

 

Mara Castilla había emigrado con su familia de su natal Veracruz para asentarse en la ciudad de Puebla y alejarse con ello de la violencia que ha tomado ya las calles de este país. Se inscribió en la Upaep y una noche salió con un grupo de amigos y cheleó hasta casi el amanecer. Pidió un taxi seguro Cabify y ya no se supo de ella viva. Su cuerpo apareció en una barranca casi una semana después en los límites de Puebla y Tlaxcala.

 

Gota a gota el vaso se ha ido llenando. Gota a gota el agua horada la roca. Y gota a gota el río remontó su cauce: En un estado como Tlaxcala, tan profundamente lastimado por el azote de la trata, insuficiente, en el mejor de los casos, para que el gobierno declare alerta de género en esta entidad, vino la violación y el asesinato de Mara. En un intenso intercambio en redes sociales de convocó a una manifestación de protesta, de condena… ¡de furia!

 

Alrededor de Xicohténcatl, en la plaza capitalina que lleva su nombre, trabajadoras de la cultura como Celia Osorno, como Minerva Aguilar, como Rosa Romero, como Ana Paredes, como Gabriela Conde, como Ana Laura Lima… y muchas más mujeres, estudiantes sobre todo, pero también trabajadoras, oficinistas. Muchas jóvenes, pero también adultas y una que otra embellecida por las canas del tiempo. Estas mujeres tuvieron a su lado algunos hombres, compartiendo el mismo dolor, la misma rabia y la misma impotencia.

 

Y leyeron, a nombre de todas las mujeres, una carta apuntada hacia Marco Mena:

 

Mtro. Marco Antonio Mena Rodríguez

Gobernador del estado de Tlaxcala

Presente

 

Por este medio, mujeres y hombres tlaxcaltecas externamos la necesidad de que en el estado exista la declaratoria de Alerta de género. Toda vez que a pesar de que se sabe la existencia de la Trata de personas en los municipios del sur, no se le ha dado la importancia que un tema como este debe abordar. Además, sabemos las constantes injusticias que reciben día a día miles de mujeres tlaxcaltecas simplemente por serlo.

 

Conocemos de antemano que las cifras son manipuladas con el único fin de minimizar el problema, no corresponden con la realidad que se vive, en las calles, en las escuelas, en los hogares, restándole gravedad a un problema que se está saliendo de control. Si empezamos a visibilizarlo, se pueden tomar las mejores acciones, si nuestras autoridades hacen el trabajo bajo parámetros transparentes, no tendría porque darse un cambio

 

Como ciudadanas vivimos con miedo de salir, nos han enseñado que una mujer debe salir acompañada, que debemos tener más precauciones para poder divertirnos en comparación con los hombres, que estamos supeditadas a nuestra apariencia y que eso en gran medida define nuestro trato y por lo tanto seguridad. Los feminicidios son una realidad y ¿entonces por qué no se hace realmente nada en materia de género?

 

Pedimos reflexionar cuál ha sido el papel de la mujer en el estado, ser empáticos ahora que quizá estemos a tiempo, que reflexionen que el fenómeno de la trata de personas, es una enfermedad social que debemos atacar y desaparecer; y nosotras seguiremos aquí, luchando para que ustedes reconozcan que es hora de tomar medidas por el bien de todas.

 

Señor gobernador, exigimos Alerta de género en el estado de Tlaxcala.

 

Se anexan nombres y firmas de ciudadanos con el fin de que se nos escuche a la brevedad.

 

Atentamente

Las ciudadanas y ciudadanos que estamos hartos de la violencia de género.

 

Y cantaron. Y gritaron. Y denunciaron. Como esa chica que acusó que estuvo a un paso, literalmente, de ser secuestrada en la capital tlaxcalteca y se salvó sólo por la intervención milagrosa de unas personas maravillosamente presentes.

 

Caminaron calles de Tlaxcala. Alrededor del zócalo capitalino. Frente a Palacio de Gobierno robustecieron su demanda, para después disgregarse y perderse en la oscuridad de la noche… justo ahí donde el peligro las acecha.

 

Pero en una manta quedó impreso su sentir:

 

Ser mujer en México es estar desnuda ante los elementos, vivir con miedo permanente ante la posibilidad del puño alzado, el cuchillo punzante, la mano que estrangula, el pene que viola.

 

El miedo es perene por la ley que no te protege, los jueces que no te creen y la ciudad que no te arropa.

 

 

LLENA DE CONVULSIONES ERES

 

La madre tierra habló. Lanzó un profundo lamento de protesta. La  depredación, la devastación que los seres humanos le han endosado la tienen en un estado de descomposición cada día más grave.

 

Dos terremotos, uno el 7 de septiembre, de 8.2 grados, el más grande del que se tenga registro en la historia de México, que devastó fundamentalmente Chiapas y Oaxaca. El otro el 19 de septiembre, justo cuando se conmemoraba el 32 aniversario del terremoto del 85; este mucho más suave, de 7.1 grados, pero con epicentro tan cercano, en el estado de Puebla, que sus efectos demolieron edificios en la ciudad de México, Morelos, Puebla y Tlaxcala.

 

La dimensión de la destrucción fue comprendida de inmediato por todos. Las reacciones solidarias de ayuda fueron un reflejo instantáneo y masivo.

 

Y la respuesta de la comunidad artística en Tlaxcala también veloz.

 

Primero en Facebook se reenviaba todo aquella información que parecía veraz y necesaria para la emergencia, tal como necesidades de suministro en determinado punto de la ciudad de México, los angustiosos llamados por ayuda desde otras entidades, apartadas del foco de atención por el racista y clasista centralismo, la ubicación de los alberges y centros de acopio…

 

Mención especial merece el trabajo del director teatral y actor Mauricio Garmona, quien se puso un casco, un cubrebocas, unos guantes y se encadenó a la robusta hilera de anónimos seres humanos que luchaban por salvar a sus congéneres. Mauricio reportó desde el mismo lugar de los hechos.

 

Y la fotógrafa Malena Díaz compartió información en redes, lo mismo la poeta Minerva Aguilar, o el multidisciplinario Abel Benítez, o la poeta Isolda Dosamantes… muchos más.

 

Un día… dos días después empezó la colecta y el envío de ayuda a las zonas afectadas, muchos a Morelos, Puebla, Oaxaca y Chiapas, como una clara evasión y reproche al brutal desequilibrio informativo.

 

Se organizaron eventos para recaudar víveres, ropa y medicamentos. El foro escénico Espejo Ilusión ofreció una función de colecta en coordinación con Teatrubu y Factor Teatro. En Apizaco un grupo de artistas jóvenes también recabó apoyos, hubo quien participó con su música en comunidades y ciudades afectadas, como Emanuel Márquez; el Instituto Tlaxcalteca de Cultura (ITC) organizó una jornada cultura en apoyo a damnificados, se llevó a cabo el festival TLAXCALACONUSTEDES, para concluir con la subasta de la comunidad artística del estado de Tlaxcala ‘Ayudarte Tlaxcala’.

 

Y salieron transportes cargados con pertrechos para las zonas en emergencia, como Factor Teatro a Morelos, la directora y actriz Hilda Serrano a Chiapas…

 

La chispa, el motor, están encendidos. La sensibilidad se encuentra en su fase de HD. Cuando menos un buena parte del gremio artístico se reencontró a sí mismo.

 

 

 

 

contacto: piedra.de.toque@live.com

 

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