Proxenetas en las mayordomías
religiosas de San Pablo del Monte

José Luis Puga Sánchez
 
   
 
 
Línea de vida

 

Tiene viejas y profundas raíces. Es parte de la sangre que anima a los pueblos. Define en gran medida formas de relación social… pero la religiosidad popular es también camuflaje para las peores prácticas criminales… Eso lo saben en San Pablo del Monte.

 

A propósito de la presentación del libro “Raíces de la religiosidad popular”, de Geovani Prisco Hernández, el pasado mes en el Museo de la Memoria de Tlaxcala, el historiador Nazario Sánchez Mastranzo dio cuenta que en no menos de dos ocasiones proxenetas abiertamente reconocidos han ocupado la mayordomía de su barrio en esa población.

 

San Pablo del Monte, como casi la totalidad de las comunidades de Tlaxcala, se rige por un simple pero inobjetable sistema de fiscalías y mayordomías. Pasan por ahí muchas de sus festividades, muchos de sus rituales y en gran medida sus relaciones personales, amorosas y afectivas. Pues ahí también los proxenetas ya han dejado su huella.

 

Las fiscalías se mantienen, aún, vírgenes de todo mal. No así las mayordomías. Ya ha habido proxenetas rindiendo culto a sus creencias desde esa posición. “Habría que repensar qué es lo que los motiva a ser mayordomos: uno de los puntos podría ser el aspecto económico, en el sentido de que son los que tienen solvencia económica, por lo cual en alguna forma se les busca para que se integren al sistema de cargos, sobre todo porque van a sobrellevar el gasto”, especula Sánchez Nazario.

 

El historiador reconoce, de entrada, que no se ha detenido a identificar las motivaciones que mueven a los padrotes para adentrarte en el sistema de cargos, “pero sí hemos visto su integración”.

 

Una causal posible advierte que dado su poder económico, ellos pueden solventar los gastos inherentes al cargo, gastos que normalmente el mayordomo puede cubrir solo con apoyo de la familia extensa. Los compadres, pues. También utilizan el cargo para, “digámoslo así”, mostrarse a la comunidad.

 

La experiencia. El ejemplo

 

En 1998 Nazario Sánchez Mastranzo hizo trabajo de campo en San Miguel Tenancingo, trabajo centrado en la festividad del padre Jesús en la sección cuarta… y “descubrí, tal cual, que el mayordomo del santo patrono de ese barrio era un chamaco de 21 años que no tenía muchos de los componentes (características), porque la carga para ser mayordomo se distribuye entre varias familias. Aquí era un único mayordomo y su familia tenía que hacer ¡la fiesta del barrio! Eso implicaba hacer la comida, comprar la ropa a la imagen, sacarla en procesión pagando música, pagando cohetes, pagar el adorno de todo el barrio, porque se trata que la imagen recorra las calles del barrio. Y él y su familia pagaron el adorno de todo el barrio, las enramadas y toda esta cuestión”.

 

Nazario fue, entonces, de sorpresa en sorpresa: la comida que sirvió el imberbe mayordomo fue diferente de la que normalmente se sirve en una fiesta de pueblo, cuando se sirve arroz, pollo con mole y frijoles. “Él dijo: yo no voy a dar eso porque ya soy diferente –así me lo dijo, así me lo expresó-“.

 

¿Entonces qué dio?...

 

Las responsabilidades de la mayordomía –explica Mastranzo- involucran no solo a la familia local, sino también a la familia extensa. “Y como él no tenía compadres, los compadres de su mamá, que era viuda (una limitante para ocupar la mayordomía, pero que esa ocasión se hizo a un lado), vinieron a ayudarle a envolver mixiotes de res, una comida que por supuesto es más cara que el mole con pollo y arroz”.

 

Sí. Fue una fiesta diferente…

 

El mayordomo proxeneta contrató juegos mecánicos que se ubicaron en el patio de la escuela del barrio. Ahí niñas y niños descocieron sus ganas de diversión cuantas veces quisieron, puesto que todo fue gratuito.

 

Contrató también, con esas empresas que se dedican a promocionar la lucha libre, un set de luchadores para que la gente se divirtiera el domingo de fiesta.

 

Para el lunes, el día del recalentado, pagó al sacerdote para que fuera a oficiar la misa frente a su casa, donde instalaron el altar. “Pero al mismo tiempo le envió así como que su óbolo al sacerdote; es decir, su propina o su pago”.

 

Entonces… ¿Cómo queda ante la comunidad?, pregunta al aire Nazario Sánchez.

 

“El muchacho es muy devoto. No importa que es el diablo de muchas muchachas. Es muy devoto del santo patrón. Es buen cristiano (sic). Y era muy chistoso y muy interesante porque siendo un joven de 21 años, soltero además. El muchacho traía como unas diez cadenas de oro en el cuello, traía el celular de última generación en ese momento y traía un carro del año, creo que era de importación. Imagínense como se justifica ante la comunidad”.

 

Un proxeneta en cada linaje

 

La cosa no es muy diferente en el barrio de San Cosme, en San Pablo del Monte. Ahí, si bien no han sido muy abiertos a la participación de los proxenetas en las mayordomías, “sí de repente han dejado pasar alguno como componente o incluso como padrino de algún mayordomo”, acepta Mastranzo.

 

El santo patrón del barrio de San Cosme es San Damián. Si se revisa el martirologio podrá constatarse que San Cosme y San Damián eran dos médicos de principios de la era cristiana. Por lo tanto “los vestían con túnicas, como romanos. Pero si los ven ahora dirán: y esos padrotitos quiénes son. Porque parecen la imagen del padrino, el proxeneta, el que le regaló la vestimenta a los santos patrones”. Se les viste usualmente como doctores, con estetoscopio, filipina de médico y pantaloncito blanco, “pero a veces parecen más bien miembros de la Sonora Santanera, con unos colores muy chillantes… toda la imagen del padrino en turno. Pareciera que quieren dejar su huella, su impronta en él”.

 

Y Nazario Sánchez Mastranzo pregunta: ahora, ¿cómo dialogar con estas realidades?

 

Las tormentas económicas nacionales, la miserabilización del salario, el enflaquecimiento de los programas sociales… todo complota contra el ciudadano común. Y cuando al mayordomo no le alcanza para hacer la fiesta y los otros mayordomos no le pueden ayudar, recurren a los que pueden patrocinar. ¿Y quién va a poder patrocinar una fiesta de cincuenta, cien mil pesos? “Pues ellos…”.

 

Pero no -ataja apurado Mastranzo-, no se trata de un compromiso. No es el hecho de que yo te voy a patrocinar y me tienes que dar a una de tus hijas. No. Cuando menos en San Pablo del Monte está prohibido llevarse a una de la propia comunidad. No puede ser. Lo primero que se protege es la familia. Y siendo San Pablo, a pesar de tener casi más de cien mil habitantes, todos estamos relacionados de alguna manera, todos estamos emparentados, mucho más en los barrios.

 

En los barrios, antes de casarse lo primero que pregunta el muchacho es: ¿La muchacha es mi pariente? Y entonces los abuelos y los papás empiezan a recorrer el árbol genealógico y le dicen: es tu pariente en tercero o cuarto grado… ahí tú sabes.

 

En algún punto de tu línea genealógica va a haber un padrote… ¡siempre!

 

Y advierte: Ese es el gran riego de las familias extensas en San Pablo del Monte: cómo filtrar que esas nuevas formas accedan también a estos cargos: difícilmente se está dejando hacer; todavía ha resistido. En algunos barrios quizá sea más notorio que en otros, donde pasa más desapercibido, pasa por debajo del agua.

 

 

 

 

contacto: piedra.de.toque@live.com

 

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