Una amistad entre telones:
Miguel N. Lira y Ofelia Guilmain

Olimpia Guevara Hernández
 
   
 
 
Miguel N. Lira y su madre Dolores Álvarez

 

La estancia de Miguel N. Lira en la ciudad de México, desde que se traslada para estudiar en la Escuela Nacional Preparatoria en 1919, pasando por la Universidad Nacional de México, ahora la UNAM, donde obtiene el título de licenciado en Derecho, hasta que ve sus obras representadas en los teatros Manolo Fábregas, el de Bellas Artes y el Ermilo Abreu Gómez, le da la oportunidad de conocer y establecer amistad con gente del medio artístico y cultural, pero sobre todo con figuras del teatro.

 

Su epistolario es clara evidencia de los diálogos que mantuvo con esas personalidades, inclusive una vez que regresó a su natal Tlaxcala, en 1951. Ahí están las cartas a Salvador Novo, Alfonso Reyes, Javier Villaurrutia, Mariano Azuela, Concepción Sada, María Luisa Ocampo… Y en esta primera recopilación de sus misivas, únicamente una dirigida a Ofelia Guilmain, fechada desde Tlaxcala el 24 de enero de 1957:

 

Mi querida Ofelia, quiero unirme al coro de aplausos que todavía escucha por su triunfo como actriz de la obra “Miércoles de ceniza”, de Basurto.

Reciba mi felicitación más sincera por cuanto más, seguramente más cordiales.

A pesar del tiempo y la distancia, no puedo olvidar nuestras sencillas y cariñosas veladas en el Abreu y nuestro ambular amistoso y fraternal en las calles de México. Creo que fui su primer amigo. Para mí, usted sigue siendo mi amiga entrañable con la que pasé tantos ratos agradables.

En aquella época ya le vaticinaba su triunfo. Ahora que lo reconocen, sólo me informo por la prensa, pues hace muchos años que no voy a México. Me da mucho gusto que hayan sido felices los augurios.

Que siga, mi querida Ofelia, triunfando y cuando esté muy sola, como en nuestras antiguas noches en México, recuerde a quien tanto la quiere.

 

¿Por qué Lira no puede olvidar las sencillas y cariñosas veladas en el Arbeu por allá de 1939 o 1940? y ¿cómo entender el deambular amistoso y fraternal por la ciudad de México? Sólo encuentro una razón: la amistad que Lira ofrecía era profunda y duradera siempre; por eso le reafirma, 17 años después y sin haberla frecuentado: “usted sigue siendo mi amiga entrañable con la que pasé tantos ratos agradables”.

 

Lo deseable hubiera sido conocer, si la hubo, la respuesta de Ofelia Guilmain, a quien no ha olvidado casi dos décadas después. Sin embargo, el epistolario no la contiene y la biografía de ella sólo alude a Luis G. Basurto, autor de la obra “Miércoles de ceniza” y a su experiencia con esa obra. He aquí las palabras de la gran actriz:

 

Basurto era, por mucho, uno de los más interesantes e inteligentes dramaturgos que estaban en activo en la década de los 50. Siendo de mi misma edad -nació también en 1921-, ya había sido director de escena en las compañías de Virginia Fábregas, María Teresa Montoya y Tita Madero. A los 25 años dirigió en México el estreno de La casa de Bernarda Alba en el Palacio de Bellas Artes y nada menos que con doña Virginia Fábregas, quien recibía así un homenaje nacional por su gran trayectoria.

Basurto me ofreció el papel principal de su nueva obra por una razón que a mí nunca se me habría ocurrido: era yo, según dijo, una de las actrices más arriesgadas que conocía. En mis pocos años había yo aceptado a una de las prostitutas regenteadas por Celestina, una sudamericana desvergonzada, una periodista sin escrúpulos, la concubina de Judas, una terrorista suicida. Quién mejor que yo para encarnar a una madre de familia que esconde su pasado como prostituta y se enamora, además, de un sacerdote.

Pues lucida estaba yo, así que tomé el reto de “Miércoles de ceniza” con todo el entusiasmo. No les hablaré de las críticas de los moralistas porque me da flojera. Son muy estúpidas y no los quiero aburrir. Sólo les diré que “Miércoles de ceniza” me dio la posibilidad de ganar, en 1956, el premio como mejor actriz y gracias a esta obra, se me empezó a dar el título nobiliario de “primera actriz”.

 

Unos párrafos antes, Ofelia había expresado:

 

“… y fue Basurto, que siempre me había dado seguimiento a mi carrera desde los montajes de Custodio, quien finalmente me llamó para ofrecerme la obra que daría una importante vuelta de tuerca a mi carrera: “Miércoles de ceniza”.

 

La amistad entre Ofelia y Miguel debió haber sido especial, pues ella era una actriz dramática en ciernes cuando la conoció, pero también una joven del exilio español, y Lira, lo mismo que Frida Kahlo y Diego Rivera, grandes amigos del tlaxcalteca, entablaron amistad con varios de estos españoles a quienes protegió, defendió, además de que los apoyó de distintas maneras, por ejemplo reproduciendo en México la hoja semanal elaborada por la alianza de intelectuales antifascistas el Mono Azul. Asimismo, su casa de la colonia Portales (Juárez 23 cerca de las estaciones Portales y Bretaña), recibió más de un español republicano en las tertulias que Miguel y su esposa Rebeca organizaban.

 

Manuel González Ramírez, uno de los “cachuchas”, escribe:

 

“En la casas de Portales se les rodeó, a los artistas y exiliados españoles, de múltiples consideraciones propias de la hospitalidad exquisita mexicana. Puede verse la asistencia asidua de Rafael Alberti y su esposa y una que otra ocasión llegaron hasta la casa de Lira los insignes comediantes Pepita Díaz y Manolo Collazo.

Inclusive, Lira llegó a publicar obra de varios de ellos en su editorial Fábula, en la cual abrió una serie llamada Amigos Españoles de Fábula. Entre los poetas publicados están Rafael Alberti y Enrique Diez Canedo.

Y fue tal la defensa por los refugiados españoles y las atenciones que tuvo para con ellos nuestro poeta, que la Agrupación Profesional de Periodistas y Escritores Españoles Exiliados lo consideran invitado de honor en el banquete que ofrecieron el primero de julio de 1943 en el Centro Vasco. La cita textual de algunas líneas de esa invitación, da una idea clara del afecto que le dispensaban:

Muy distinguido señor nuestro, entre las ilustres personalidades que en todo momento han defendido en México a los refugiados españoles figura usted, paras quien nosotros guardamos siempre un excelente recuerdo, que es hijo de la profunda gratitud que ha hecho nacer en nuestros pechos, por sus delicadas pruebas de afecto y consideración.

 

Cuando Lira recibe esta deferencia, era jefe de publicidad y propaganda de la Secretaría de Educación Pública, desde donde también se solidarizó con ellos dándoles empleo a algunos, entre los que se cuentan Zeferino R. Avisiya (dramaturgo), Rafael Alberti y su esposa María Teresa León.

 

El hecho de que Ofelia Guilmain fuera parte de ese grupo de españoles llegado a México en julio de 1939, y fuera además gente de teatro, hace suponer que su amistad fue algo más allá de un encuentro casual.

 

Lira le dice en su misiva que cree haber sido su primer amigo y que cuando esté muy sola, “como en nuestras antiguas noches en México, recuerde a quien tanto la quiere”.

 

Podemos deducir entonces que esa amistad fue muy al principio de la llegada de Ofelia a México, o sea entre agosto y septiembre de 1939, porque para nadie es desconocido, y la misma actriz lo consigna en su amenísima biografía, ella se fue haciendo de un lugar en el mundo artístico de la época y de amistades tan célebres como la de Agustín Lara, de quien dice:

 

“A lo largo de mis años, mi amistad, mi admiración, mi devoción por ese hombre tan divina y auténticamente cursi fue siempre en aumento. Qué deleite era su señorío y su clase. Agustín era un ser generoso, ocurrente, bueno. Que haya tenido ochos esposas y que las ocho lo amasen como locas, no me extraña en lo más mínimo. Agustín me enseñó las maravillosas noches de ronda que se podían vivir en la ciudad y después de hacer dos o tres cabarets en una noche, había que rematar la velada en casa de Agustín, quien se sentaba la piano tocando hasta el amanecer. Agustín me enseñó lo mejor de las farras que viví en noches interminables”.

 

¿Por qué Ofelia y Miguel no continuaron frecuentándose? ¿Por qué no continuaron lo que inició en las antiguas noches de México?

 

Armando un rompecabezas con las pocas piezas que cada uno nos proporciona, podemos deducir que se fueron alejando por varias razones, pero una en particular puede ser determinante: Ofelia conoció, hizo amistad y fue novia de David Alfaro Siqueiros, a saber si no enemigo, por lo menos excluido del círculo de amistades de Diego Rivera y por ende de Frida Kahlo, su compañera, mujer muy cercana a Miguel N. Lira al grado de tratarlo ella de ‘hermanito’ en sus cartas, puesto que perteneció al grupo de “los cachuchas”, el cual conformaron desde que eran estudiantes preparatorianos.

 

Su relación con Siqueiros la recuerda así Ofelia:

 

“Fue una bendición contar con la amistad de David, como lo fue ser su amiga hasta el día de su muerte.

Amé profundamente a David, pues profundamente lo admiré. Es algo que siempre me ha pasado. Es una ecuación inquebrantable. La admiración me lleva siempre al amor y me convertí amorosamente en su pupila, en su amiga, en su noviecita. Lo que él me decía era la verdad absoluta para mí”.

 

Confiesa que fue a través de Siqueiros como conoció a los protagonistas y creadores del México de los 40, pero además, y esto es importante para nuestro tema, Ofelia anota:

 

“Y supe también de los odios irracionales que pueden existir entre dos genios. Siqueiros y Rivera eran el agua y el aceite. Ahora, de vieja, me rio divertida al entender que la admiración que sentían David por Diego y Diego por David se disfrazó de odio.

 

Y miren ustedes si no era importante el uno para el otro. David me llevaba a los lugares más representativos de la ciudad y a sitios históricos incomparables. No podía faltar el paseo por Coyoacán, por supuesto. De hecho, siempre terminábamos nuestro paseo en Coyoacán… y de hecho siempre había que pasar frente a la casa de Diego Rivera y de Frida, la inconmensurable.

 

- ¿Sabes quién vive aquí?, me preguntaba enérgicamente.

 

- Sí. David. Me lo has dicho muchas veces.

 

- Aquí vive Diego, gritoneaba furioso, como retando a las paredes de la casa.

 

- ¿David, por qué tenemos que pasar siempre aquí si te enoja tanto?

 

Siqueiros se encendía…

 

- Pues para que nunca se te olvide que aquí vive ese hijo se la chingada”.

 

No sólo Siqueiros detestaba a Diego. Raúl Arreola Cortés, tal vez el mejor estudioso de la obra del tlaxcalteca, anota:

 

“Es muy conocida la nula simpatía que Lira tuvo por Diego, a causa de los malos tratos que este daba a Frida, a quien Lira amaba fraternalmente. Decía que el segundo accidente en la vida de su amiga había sido precisamente Diego”.

 

Otra situación que seguramente los alejó fue el casamiento de Ofelia con Lucilo en 1941, pues ella es quien reconoce que este evento la alejó de los escenarios por diez años, durante los cuales disfrutó la crianza de sus cuatro hijos, entre ellos Juan Ferrara.

 

Por su parte, Lira se fue quedando al margen de la cultura oficial que institucionalizó al grupo de los Contemporáneos como la modernidad poética. El mismo confiesa haberse sentido víctima de la mafia de los jóvenes genios, de los eruditos improvisados, al amparo oficial del instituto no nacional, sino particularmente privado de Bellas Artes.

 

Y le confiesa a Lola Vidrio: “empecé a escribir versos en época aciaga para la juventud, la que tenía entonces”.

 

Y cuando los poetas que formaban en México el grupo Contemporáneos había integrado una mafia tan estrecha, que era imposible colarse dentro de ella o llamar por lo menos su atención.

 

Y fue estigmatizado como un autor provinciano, folclorista, después del estreno de ‘Vuelta la Tierra’ en 1938 en el Teatro Arbeu.

 

Por cierto, el periodista Jacobo Dalevuelta escribe: “comparto yo la opinión de los críticos teatrales: Miguel N. Lira es sin duda el primer poeta folclorista de México”.

 

Pero el adjetivo no siempre fue considerado como virtud en la obra liriana y hubo que defender esa característica de su poesía. Varios escritores como Gabriel Menéndez Plancarte y Juan Marinello así lo hicieron. El primero señaló: “no folclorismo superficial para consumo de turistas hollywoodianos; hondo y veraz nacionalismo que sabe extraer del momento barro autóctono, sustancia viva de belleza”. Mientras que el segundo, Marinello, argumentó: “Lira y Guillén, como García Lorca, están unidos en un mismo intento: dar cuerpo a una poesía limpiamente popular, afincando el pie en un modo tradicional”.

 

Mientras tanto, Ofelia fue incursionando en el cine, por cierto a raíz de “Miércoles de ceniza” fue como recibió su primera invitación en plan estelar. Y en la televisión que iniciaba el monopolio actual de Televisa con su fundador Emilio Azcárraga Milmo, el “tigre” Azcárraga. Es decir, ella fue tomando una dirección opuesta a Lira, quien se alejó más del medio artístico cultural citadino al regresar a Tlaxcala, aunque en el cine la obra liriana dio argumento a “La escondida”, “Cielito lindo” y “Tierra de pasiones”.

 

En cambio, Ofelia nunca dejó la capital del país y ahí fincó su trabajo en el teatro clásico con personajes memorables como el de Celestina, Lisístrata, Fedra, Medea, María tudor, entre muchos otros.

 

Las circunstancias los fueron separando, sin embargo la vida los unió por su amor al teatro y por la admiración y la lealtad a un poeta dramático con el que se llegó a identificar plenamente Lira: Federico García Lorca.

 

Ofelia se inició en el teatro de guerrillas y también estuvo, todavía en España, en la compañía “El retablo rojo”, y reconocía que Álvaro Custodio, actor de la compañía trashumante de Federico García Lorca, había sido decisivo en su aprendizaje de este arte. Mientras que Lira se inicia como dramaturgo en 1937 con “Linda” y perteneció al grupo de teatro de México.

 

En cuanto a la figura de Federico García Lorca, era español como Ofelia, y también republicano como ella. Él fue asesinado por el franquismo y ella exiliada, que es otra forma de violentar la vida de una persona.

 

Escribe del poeta de Granada: “Sin haberlo conocido, Federico era para nosotros un amigo y un maestro. Por seguir su ejemplo, se crearon las guerrillas del teatro. Por bordar la nueva bandera republicana, a mi madre la llamaron Mariana Pineda. Cada vez que iniciábamos una representación, todos nos decíamos hacia nuestro interior: por ahí debe andar Federico haciendo lo mismo que nosotros y eso nos llenaba de orgullo”.

 

Por su parte, Lira nunca negó su admiración a Lorca y su amigo, el cachucha que nunca lo abandonó, Manuel González Ramírez, apunta lo siguiente respecto a la crítica al corrido liriano y su semejanza con el romance de Lorca: “La filiación que existe entre Lira y García Lorca debe fijarse antes que la tendencia imitativa del poeta mexicano en su respuesta al llamado de la tierra, porque tierra y romance, o mejor tierra y corrido, sin esencia y presencia de la poesía de Miguel, como lo fueron de García Lorca. Con todo, García Lorca y Miguel constituyen dos lados de un ángulo que se hayan unido por el vértice del romance popular, especifica y meditadamente por el romance de tipo andaluz. Cuando por ellos se asciende, más cerca se encuentran y son idénticos, pero al descender se apartan y se distinguen porque se enriquecen con nuevas y diferentes adquisiciones. El español burila el romance; el mexicano plasma el corrido”.

 

También Armando de María y Campos nota la influencia del español en el teatro del tlaxcalteca, precisamente en “Vuelta a la Tierra”, pero aclara: “aparte de la natural, nunca vergonzosa influencia lorquiana, hay que reconocer en la obra de este autor de teatro poético que tan dignamente se nos presenta, no pocas y muy altas cualidades que lo colocarán en un sitio de verdad envidiable”.

 

Es de suponerse que Ofelia y Miguel hablaron varias veces de Lorca en sus pláticas, porque ambos lo admiraban como artista y ambos compartían con él, por ende, sus ideas republicanas.

 

Esta identificación con Lorca le costó a nuestro poeta críticas encontradas y acerbas. Y a Ofelia, como quedó anotado arriba, el exilio.

 

Afortunadamente en México ella encontró una patria y una matria donde seguir con gran éxito su vida personal y profesional como actriz. Aquí echó raíces y nunca quiso irse a residir a otro país, aunque tuvo la oportunidad. La primera vez pudo quedarse en Argentina, pues Pepita y Pepito Cibrián la llevaron en su compañía, pero su reconciliación con Lucilo, su primer marido y padre de sus cuatro hijos, la convenció de regresarse.

 

Afirma categórica después de tomar esta decisión, para nada aprobada por los teatreros Cibrián: “Yo regresé a México y regresé a mis hijos, a mi esposo y a mi país”. Efectivamente, Ofelia se hizo mexicana en 1952.

 

La otra oportunidad para cambiar de patria fue cuando trató y trabajó, ya en México, en 1957, con la directora y actriz catalana nacionalizada uruguaya Margarita Xirgu en las obras de Lorca “Bodas de sangre” y “La casa de Bernarda Alba” que Federico escribió especialmente para Margarita.

 

Cuenta Ofelia: “La última noche que pasamos juntas me invitó a Uruguay a trabajar en su compañía, pero el abrazo de México era demasiado fuerte y ya no podía separarme”.

 

La anécdota que relata Ofelia cuando de regreso a México, después de haber realizado un viaje espontáneo a España a raíz de la muerte de Franco en 1975, es también ilustrativa de su arraigo a nuestro país: un oficial de migración en el aeropuerto de Barajas le pregunta: “Y dígame señora, ¿qué se siente regresar a su país?”. Dice Ofelia: “Yo lo miré sin mirarlo y tan sólo le contesté: ‘pues mira hijo, te lo diré cuando llegue a México”.

 

Curiosamente, en mayo de 1936 Lira –cuenta Raúl Arreola- se disponía a marchar a Buenos Aires para asistir a la representación de su drama “Una vez en las montañas”, por la gran actriz Margarita Xirgu, la más fiel intérprete del teatro lorquiano. Pero dicho plan no se llevó a cabo por circunstancias que todavía ignoramos.

 

¡Qué coincidencia! Margarita, la gran actriz de Lorca, iba a actuar en una obra de Lira, el fiel seguidor de Lorca. Y Ofelia admiró a Lorca, conoció a Margarita y fue amiga de Miguel. Pero el destino se opuso a un reencuentro entre Ofelia y Miguel en Argentina

 

Tanto Ofelia como Miguel amaron profundamente a México y nada ni nadie pudo contra este amor que expresaron abierta y sinceramente. Ambos, aunque con grandes diferencias, fueron trasterrados y esa experiencia también los une. Ella de un país a otro y para siempre. El, temporalmente pero dos veces.

 

En su infancia, porque la revolución obligó a la familia Lira Álvarez a refugiarse allá en Puebla, y cuando los janos, por motivos políticos, lo envían a Tapachula, tierra tan distinta a su niña Tlaxcala.

 

Este hecho le infringió hondo y profundo pesar, al grado de afectar su salud de manera importante. Voz de Lira:

 

“El cambio brusco de climas originaron la reaparición de mi malestar bronquial acompañado, por añadidura, de una lesión cardiaca que me llenó de preocupación”.

 

Testimonio de este profundo dolor de su destierro es su obra ‘Itinerario hasta el Tacaná’, donde al final escribe: “Estoy crucificado, en la mano del corazón me punza y sangra el clavo de Tlaxcala. En la mano con que escribo no me hace daño el clavo de Tapachula”.

 

Podría concluir diciendo que entre los telones del teatro mexicano dos figuras, Ofelia y Miguel, actuaron el mejor de los papeles: el de amigos, pese al tiempo, a la distancia y a las circunstancias que los fueron separando.

 

Sin embargo, no termino aquí porque en un pasaje del diario íntimo de Lira, fechado el 29 de febrero de 1960, nos confirma lo que él declaró poéticamente: la amistad es amor, pero callado.

 

Torrente de amor purificado que no tortura y que jamás olvida.

No la herida que sangra en el deseo, sino sólo tus ojos como lirios alumbrando de blanca astronomía, la vida de mi vida que encadenas.

 

Sí, un año antes de su muerte Lira escribe:

 

“Que no quiero verla, que no quiero oírla ni sentirla…”.

 

Aludiendo a la muerte con los versos del poema lorquiano “La sangre derramada”, segunda parte del “Llanto por la muerte” de Sánchez Mejías, torero y dramaturgo también… ¡Ah!... esto no tendría mayor importancia para nuestro trabajo si él no hubiera recordado estos versos precisamente al escuchar a Ofelia Guilmain recitándolos… Y leemos en su diario íntimo:

 

¿Conservará Ofelia el recuerdo de nuestras noches de México, recién llegada de Madrid, que juntos pasábamos en los teatros, charlando en los cafés, ambulando por las calles o sentados en el umbral de la puerta de su casa? Ahora puedo decirlo: Mis ojos no verían más que sus ojos y mis palabras eran una incansable laudanza a toda ella, tan mujer inquietante y subyugadora.

 

Los ojos Ofelia son algo especial no sólo para el poeta. Quienes la vimos actuar lo sabemos y el mismísimo Luis Buñuel se lo hace ver:

 

Tú dices más con la mirada que con las palabras

Ofelia, ¿acaso no has visto cómo hablan tus ojos?

 

Pues sí. Ofelia era una mujer de mirada y voz admirables. Lira cierra así el apunte de su diario:

 

Y hoy he oído su voz rechazando a la muerte,

Que no quiero verla, que no quiero verla,

Como yo tampoco quiero verla

Pero sí a Ofelia, a quien le diría:

Quizá sólo me conformaría con mirarla.

 

20 años después de haberla conocido, Lira confiesa un sentimiento más allá de la amistad por la suegra de México. Y esto nos humaniza al benemérito tlaxcalteca.

 

Miguel Nicolás Lira Álvarez era un hombre donde también cupo la tentación y otras pasiones que seguramente nos sorprendería, porque nos hemos hecho a la idea de un polígrafo recto y sin tacha.

 

Pero… por eso cierro estas elucubraciones afirmando: queda mucho por descubrir de esta relación en la que dos espíritus creativos dialogaron en el escenario del teatro mexicano, arte que los hizo coincidir con otras personalidades del teatro, del cine, del muralismo y la pintura en situaciones como el exilio, el ideologías republicanas y liberales y en sueños de un mundo más justo y menos doloroso que sólo el arte dramático puede representar.

 

Descorramos pues el telón para encontrarnos cara a cara en su persona y en su intimidad con Miguel y Ofelia.

 

 

* Nota de la conferencista: Artículo elaborado cuatro o cinco años atrás por encargo de Rafael García, director en ese momento del Museo Miguel N. Lira. “Rafael García convocó a siete personajes del área de la literatura en Tlaxcala, para que cada quien escribiera un artículo (se pensaba en un libro) sobre Lira y su relación con alguna mujer. El libro se titularía Lira y sus siete mujeres”.

 

** Conferencia presentada el 13 de octubre de 2017, en el Museo Miguen N. Lira de Tlaxcala capital, en ocasión del 113 aniversario del nacimiento de Miguel N. Lira

 

 

 

 

contacto: piedra.de.toque@live.com

 

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